JAFG: DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2023

Misterios de iniquidad

NOTAS Y ESCÁNDALOS

La Jornada Mundial de la Juventud celebrada recientemente en Lisboa, Portugal (JMJ Lisboa 2023) ha resultado ser todo un éxito como evento mediático en las llamadas redes sociales y aún en otros medios de comunicación.

El sitio oficial del evento lo definió de la siguiente forma:

«La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es un encuentro de jóvenes de todo el mundo con el Papa. Es, además, una peregrinación, una fiesta de la juventud, una expresión de la Iglesia universal y un fuerte momento de evangelización del mundo juvenil. Se presenta como una invitación a una generación determinada en construir un mundo más justo y solidario. A pesar de su identidad claramente católica, está abierta a todos, tanto a los más cercanos a la Iglesia, como a los más distanciados.»

La difusión de vídeos de la JMJ ha desencadenado un intenso debate sobre la integración de la música popular en un evento religioso. Por un lado, algunos arguyen el riesgo de diluir el sentido espiritual y religioso alejándose de la autenticidad de la fe cristiana, en tanto que otros alegan que dicha inclusión puede ser atractiva a un sector más joven y diverso. Por supuesto que, bajo ese último razonamiento, se deberían incluir muchas otras cosas y aun algunas de ellas pecaminosas: eso garantizaría una mayor afluencia de jóvenes.

Si de lo que se trata es volumen, la fórmula es sencilla.

En lo relacionado con la inclusión de música popular profana, destaca el papel de Guilherme Peixote –ahora conocido como el “cura DJ”–, como controlador de la música con que inició el último día del evento, pues despertó a los asistentes con una muy intensa música tecno, que también ha causado grande polémica.

Algo que ha llamado la atención es la presencia de centenar y medio de confesionarios que se vieron repletos los primeros días.

Un grande escándalo en la JMJ fue el uso de cuencos de plástico como “copones” para distribuir el pan supuestamente consagrado (decimos supuestamente, por las dudas respecto a la validez de los sacramentos conciliares). En las fotografías de los cuencos, se pueden ver que aún llevaban la etiqueta y el código de barras.

Aunado a esto, se difundió la noticia de que se habían preparado unas carpas para resguardar los “sagrarios” para la “Reserva”. Esto no habría sido noticia si no fuera porque los supuestos sagrarios eran unas cajas industriales de plástico sobre una mesa.

Todo esto en plena contradicción de las recientes palabras de Bergoglio, quien en la fiesta de San Alfonso María de Ligorio hizo una reflexión sobre la urgencia de retomar «la oración de adoración» ante el sagrario, afirmando que «sólo en la adoración, sólo ante el Señor se recuperan el gusto y la pasión por la evangelización».

«Curiosamente, la oración de adoración la hemos perdido. La hemos perdido, y todos: sacerdotes, obispos, consagradas, consagrados, laicos, tienen que recuperarla. Es estar en silencio, delante del Señor», remató.

La fotografía de unos cuántos fieles arrodillados y rezando ante el “sagrario de plástico” dio la vuelta al mundo en poco tiempo, generando una intensa polémica. Se llegó a decir que unos tradicionalistas “infiltrados” habían posado y tomado la fotografía para tener material para criticar la JMJ. Sea verdad o no, es deplorable que muestren su indignación por una pretendida infiltración y callen ante lo que sería un sacrilegio material, aunque sí lo es formal debido a la intención.

Alguien que firma como Juan María Vianney acusa: «los grupos sectarios que se hacen llamar Católicos tradicionalistas ellos no están bajo el gobierno del obispo de Roma, quieren imponer de nuevo la Misa en latín, usan faldas como los testigos de Jehová, así que fácil reconocer a las mujeres, ellos mandaron gente a la JMJ para sacar fotos y desprestigiar el evento católico».

Pero ¿qué prestigio puede tener un evento que se ostenta como católico en el que se da poca o nula importancia a los elementos de la liturgia católica?

Se reportó la celebración de una “misa” (?) para “católicos LGTB+” (?) en Nuestra Señora de la Encarnación, a la que acudió un grupo de jóvenes para sabotear el acto “profano y homohereje”, según lo describieron. Intervino la policía, aunque la iniciativa era plenamente pacífica.

A la llegada de Bergoglio al evento de la JMJ, tuvo lugar una representación sui generis –para llamarla de algún modo– del Camino de la Cruz. Se alejó de todo lo que tradicionalmente se conoce como un Via Crucis y fue más bien un espectáculo montado en una escenografía imponente por sus dimensiones: un conjunto de altas torres de andamios (de esos que suelen usarse en las construcciones) sostenían varias plataformas en las que grupos de jóvenes se movían y contorsionaban en actitudes grotescas, cuando no ridículas, mientras en diversos idiomas se leía una reflexión distinta para cada estación.

Las reflexiones hacían referencia a las dificultades que la juventud afronta en estos tiempos aciagos. Sin duda un espectáculo impactante por su magnitud, pero carente del sentido propio del Via Crucis tradicional, en el que espiritualmente se acompaña a Nuestro Señor Jesucristo y a Su Santísima Madre en ese camino de dolor y amargura que culminó en el Calvario.

Aquí un vínculo a uno de los muchos vídeos que muestran ese espectáculo de danza moderna: Ver Aquí