DEVOCIONES: MES DEDICADO A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO – DÍA 4

MES DEDICADO A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

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DIA CUARTO

ORACIÓN

¡Oh Sangre Preciosísima de vida eterna, precio y rescate de todo el universo, bebida y salud de nuestras almas, que protegéis continuamente la causa de los hombres ante el trono de la suprema misericordia y os adoro profundamente y quisiera compensar, en cuanto me fuese posible, las injurias y ultrajes que continuamente estáis recibiendo de las creaturas humanas y con especialidad de las que se atreven temerariamente a blasfemar de Vos. ¡Oh! ¿Quién no bendecirá esa Sangre de infinito valor? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor a Jesús que la ha derramado? ¿Qué sería de mí si no hubiera sido rescatado con esa Sangre divina? ¿Quién la ha sacado de las venas de mi Señor Jesucristo hasta la última gota? ¡Ah! Nadie podía ser sino el amor. ¡Oh amor inmenso, que nos ha dado este bálsamo tan saludable! ¡Oh bálsamo inestimable, salido de la fuente de un amor inmenso! Haced que todos los corazones y todas las lenguas puedan alabaros, ensalzaros y daros gracias ahora, por siempre y por toda la eternidad. Amén.

 

María Santísima fue la primera devota de la Preciosa Sangre

  1. Ocho días después de su nacimiento, Jesús quiso ser circuncidado. La circuncisión se ejecutaba haciendo un tajo en el cuerpecito del niño. La Santísima Madre, toda compasión y dolor en tal circunstancia, viendo padecer a su Hijo, primero que todos adoro la Sangre derramada por el Niño, y en espíritu le ofreció a Dios, conociendo plenamente que era esa sangre divina y precio de la humana redención. ¡Oh Virgen Santa, vos habéis dado al mundo a Jesús y con él la devoción a su Sangre! Esta devoción, por tanto, será siempre el objeto mas querido de nuestro corazón.
  2. El Calvario fue el lugar donde principalmente Jesús derramó su Sangre por nosotros, y allí mas que en parte alguna, María se mostró amante de ella. No sólo, dice S. Bernardo, besó repetidas veces con tierno afecto la cruz y la tierra en los lugares que veía salpicados con la Preciosa Sangre, sino que recibido en su seno el Hijo Muerto, imprimió en sus sangrientas llagas los más afectuosos besos, lavándolas con sus lágrimas.
    ¡Tanto era su afecto hacia la divina Sangre! Luego recogió la sangre manada de las Divinas Llagas y la guardó consigo cual prenda querida, por todo lo restante de su vida; y a la hora de la muerte lo dio como el más preciado don, a su hijo adoptivo Juan. Quien desea, pues, ser mirado por María como hijo querido, debe ser tierno devoto de la Preciosa Sangre.
  3. El amor a la Sangre divina, no se extinguió en la Santísima Virgen, con la muerte y sepultura de Jesús, sino que se mantuvo en ella siempre vivo, durante todo el tiempo que aún permaneció en la tierra. Todos lo afectos de su corazón y los pensamientos de su mente, eran enderezados a Jesús, manante Sangre; de modo que, dice el doctor S. Alfonso <la mente de María estaba teñida en la Preciosa Sangre, y esta misma coloreaba cada uno de sus pensamientos>. Ella misma lo reveló a Santa Brígida, diciéndole:< En cada una de mis ocupaciones, tenía yo presente a la mente la memoria de la sangrienta pasión y muerte de mi Hijo, y mientras viví, a menudo visitaba los lugares donde El derramó su Sangre>. ¡Oh amor verdadero y grande de María, hacia la Preciosa Sangre! Si queremos pues, cautivarnos su corazón, imitémosla en esta devoción.

Ejemplo: La beata Verónica de Binasco, queriendo hacerse monja empezó a aprender a leer, rogando ala Virgen que la ayudara. La cual apareciéndosele un día le dijo: <Quiero que aprendas bien estas tres letras. La primera es blanca, es decir, no debes dejar entrar en tu corazón, afecto alguno que no sea por Jesús. La segunda es negra, a saber, que no debes escandalizarte ni murmurar por los pecadores, sino rogar por esas almas, que cuestan sangre a mi Hijo. La tercera roja, es decir, que debes meditar siempre en su pasión; pues esta enciende el alma de amor divino y la enriquece con gracias especiales>. Oído lo cual entro Verónica de conversa en el monasterio de Santa Marta en Milán, donde se entregó de lleno a ejecutar cuanto le había enseñado María, especialmente a meditar los dolores de Jesús. Haciendo lo cual era arrobada en éxtasis y derramaba tal copia de lagrimas, que empapaba sus vestidos. Para premiar tal devoción, la Virgen se le apareció varias veces; y por largo tiempo los Sábados la llevo consigo al cielo. A veces Jesús le dio por su mano la comunión, y la hizo ver los siete principales derramamientos de su Preciosa Sangre, y le dijo que hasta una lágrima derramada por su pasión le es muy agradable, y de utilidad para quien la vierte. Habiendo tenido anticipado el anuncio de su muerte, se voló al cielo el Viernes 13 de Enero de 1497. Aprovechémonos, oh fieles, de la lección que dio María a esta beata, siendo devotos de la Preciosa Sangre, y participaremos también nosotros de sus favores.

Se medita y se pide lo que se desea conseguir

Obsequio: Mientras oís la Santa Misa, pensad en la pasión y muerte de Jesús.

Jaculatoria

Yo quiero, oh |Virgen

Por vuestro amor

A tanta sangre

Rendir honor

Oración para este día

Virgen mía querida, es justo que el hijo imite el bien de la madre, y que yo siga vuestro ejemplo de amor hacia la Preciosa Sangre. Vuestro corazón nutrió siempre la más tierna devoción a ella, y vuestra alma ardió entera por su amor. También yo, Made mía divina, quiero abrazar una devoción tan agradable a vos: quiero ser siempre devoto de la Preciosísima Sangre. Una sola chispa del fuego en que por ella ardíais os pido que me deis, y seré vuestro fiel imitador en amar la Sangre de vuestro divino Hijo.

ORACION FINAL

¡Oh Corazón de mi amado Jesús, cargado con la pesada cruz de mis culpas, coronado con las espinas de mis ingratitudes y llagado con la lanza de mis pecados! ¡Oh Jesús de mi vida! cruz, espinas y lanza he sido para vuestro Corazón con mis repetidas ofensas: éste es el retorno con que, ingrato, he correspondido a las dulces y amorosas lágrimas de Belén y a la extrema pobreza en que por mi amor nacisteis; éste es el agradecimiento y recompensa que han tenido vuestros trabajos y vuestra Preciosísima Sangre derramada con tanto amor por la salud de mi alma; esta es la paga de aquella excesiva fineza que obrasteis en el Cenáculo, cuando, abrazado en caridad y encendido en divinas llamas, os quedasteis por mi amor sacramentado, buscando amante la bajeza de mi pecho para recreo de vuestra bondad. ¡Oh Jesús de toda mi alma! Parece que hemos andado a competencia los dos, Vos con finezas, yo con ingratitudes; Vos con un amor que no tiene igual, y yo con un menosprecio que no tiene semejante; Vos con tanto amor regalándome y dándome en el Sacramento la dulzura de vuestro Corazón y yo dándoos por la cara con la hiel de mis culpas. ¡Oh Corazón de mí amado Jesús! ¡Oh Jesús de mi corazón, piadosísimo en esperarme! Compadeceos de mi, misericordia y perdonadme misericordioso cuanto ingrato os he ofendido, concediéndome benigno que esas espinas con que os veo punzado saquen lágrimas de mi corazón contrito, con que llore mis repetidas ingratitudes, y por esas vuestras amorosas y dulces llagas, llagad y herid éste mi corazón con la dulce y ardiente flecha de vuestro amor, para que os ame y sirva, para que os alabe y bendiga, y después eternamente gozaros. Amén.

V: Señor nos redimisteis con vuestra sangre

         R.: Y nos habéis hecho un Reino para nuestro Dios

OREMOS

Dios omnipotente y eterno, que habéis constituido a vuestro Hijo único Redentor del mundo y que quisisteis ser aplacado con su Sangre; te rogamos nos concedas que de tal modo veneremos el precio de nuestra salvación, y por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la presente vida, que nos regocijemos después con fruto perpetuo. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor que contigo vive y reina por los siglos de los siglos, amén.