PARA SANTIFICAR EL DOMINGO- FIESTA DE LA VISITACIÓN

PARA AQUELLOS QUE NO TIENEN LA POSIBILIDAD DE ASISTIR A LA SANTA MISA

Recordamos a nuestros queridos lectores la posibilidad santificar el día Domingo a través de Nuestro Blog.

En la parte superior del mismo se encuentra una pestaña o página donde están los diferentes medios para realizar la Santificación del Día Domingo o Fiestas de Precepto, además de contar con los Sermones de los Queridos Padres: Juan Carlos Ceriani y  Basilio Méramo.

A continuación, los propios de la Fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen.

FIESTA DE LA VISITACIÓN DE NUESTRA SEÑORA
Con conmemoración del V Domingo de Pentecostés

Introito

Dios te salve, Santa Madre, que engendraste al Rey que gobierna cielos y tierra por toda la eternidad. Hirviendo está el pecho mío en sublimes pensamientos; al Rey consagro yo esta obra. Gloria al Padre…

Colecta

Te rogarnos, Señor, concedas a tus siervos el don de la gracia celestial; a fin de que, los que hemos recibido las primicias de la salvación en el alumbramiento de la Santísima Virgen, merezcamos tener un aumento de paz con la solemnidad de su Visitación. Por N. S.J.C.

Colecta del V Domingo de Pentecostés

Oh Dios, que has preparado bienes invisibles para los que te aman, infunde en nuestros corazones el afecto de tu amor; para que, amándote a Ti en todo y sobre todo, consigamos tus promesas que superan todo anhelo. Por N.S.J.C.

Epístola

(Del Libro del Cantar de los Cantares, II, 8-14) Helo aquí que viene, saltando por los montes, brincando sobre los collados. Es mi amado como el gamo, o como el cervatillo. Vedlo ya detrás de nuestra pared, mirando por las ventanas, atisbando por las celosías. Habla mi amado, y me dice: Levántate, amiga mía; hermosa mía, ven. Porque, mira, ha pasado ya el invierno, la lluvia ha cesado y se ha ido; aparecen ya las fibras en la tierra; llega el tiempo de la poda, y se oye en nuestra tierra la voz de la tórtola. Ya echa sus brotes la higuera, esparcen su fragancia las viñas en flor. ¡Levántate, amiga mía; hermosa mía, ven! Paloma mía, que anidas en las grietas de la peña, en los escondrijos de los muros escarpados, hazme ver tu rostro, déjame oír tu voz; porque tu voz es dulce, y tu rostro es encantador.

Gradual

Bendita y veneranda eres, Virgen María, que sin menoscabo de la tu virginal integridad has sido hecha Madre del Salvador. Virgen, Madre de Dios, el que no cabe en los cielos, se encerró, hecho hombre, en tus entrañas.

Aleluya

Aleluya, aleluya. Feliz y digna de toda alabanza eres, sagrada Virgen María, porque de Ti nació el Sol de justicia, Cristo Señor Nuestro. Aleluya.

Evangelio

(Según San Lucas, I, 39-47) En aquellos días, María se levantó y fue apresuradamente a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió cuando Isabel oyó el saludo de María, que el niño dio saltos en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo. Y exclamó en alta voz y dijo: “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu seno! ¿Y de dónde me viene que la madre de mi Señor venga a mí? Pues, desde el mismo instante en que tu saludo sonó en mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Y dichosa la que creyó, porque tendrá cumplimiento lo que se le dijo de parte del Señor”. Y María dijo: “Glorifica mi alma al Señor, y mi espíritu se goza en Dios mi Salvador”.

Ofertorio

Bienaventurada eres, Virgen María, que engendraste a quien te crio, y llevaste en tu seno al Criador de todas las cosas, permaneciendo siempre Virgen.

Secreta

Socórranos, Señor, la humanidad de tu Unigénito, a fin de que, ya que nacido de una Virgen no mermó la integridad de su Madre, sino que la hizo más santa; purificándonos de nuestras culpas en la solemnidad de su Visitación, te haga aceptable nuestra oblación Jesucristo Nuestro Señor. Que vive…

Secreta del V Domingo de Pentecostés

Sé propicio, Señor, con nuestras súplicas, y acepta benigno estas oblaciones de tus siervos y siervas; para que, lo que te ha ofrecido cada cual en honor de tu nombre, aproveche a todos para su salvación. Por N.S.J.C.

Prefacio de la Santísima Virgen María:

Latín

Vere dignum et iustum est, æquum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, æterne Deus. Et te in Visitatione beatæ Mariæ semper Virginis collaudare, benedicere et prædicare. Quæ et Unigenitum tuum sancti Spiritus obumbratione concepit: et virginitatis gloria permanente, lumen æternum mundo effudit, Iesum Christum Dominum nostrum.

Per quem maiestatem tuam laudant Angeli, adorant Dominationes, tremunt Potestates. Cæli, cælorumque Virtutes, ac beata Seraphim, socia exsultatione concelebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admitti iubeas, deprecamur, supplici confessione dicentes:

Sanctus, Sanctus, Sanctus

Castellano

En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, que en todo tiempo y lugar te demos gracias, Señor santo, Padre todopoderoso, Dios eterno. Y el alabarte, bendecirte y glorificarte en la Visitación de la bienaventurada siempre Virgen María, que habiendo concebido a tu único Hijo por virtud del Espíritu Santo, dio a luz, conservando siempre la gloria de su virginidad, a la Luz eterna, Jesucristo Nuestro Señor.

Por Quien los Ángeles alaban a tu Majestad, las Dominaciones la adoran, tiemblan las Potestades; los Cielos y la Virtudes de los cielos y los bienaventurados Serafines la celebran con recíproca alegría. Te rogamos que, con sus alabanzas, recibas también las nuestras, cuando te decimos con humilde confesión:

Sanctus, Sanctus, Sanctus

Comunión

Dichosas las entrañas de la Virgen María, que llevaron al Hijo del Eterno Padre.

Poscomunión

Habiendo recibido los Sacramentos en la celebración de esta fiesta anual, te suplicamos, Señor, que nos sirvan de remedio para la vida presente y futura. Por N.S.J.C.

Poscomunión del V Domingo de Pentecostés

Te suplicamos, Señor, hagas que, los que has saciado con tu celestial don, nos purifiquemos de nuestras manchas ocultas, y nos libremos de las asechanzas de los enemigos. Por N.S.J.C.

Último Evangelio (tomado del Evangelio del V Domingo de Pentecostés)

(San Mateo, V, 20-24) En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Si no abundare vuestra justicia más que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás, mas el que matare, será reo de juicio. Pero yo os digo que, todo el que se enojare con su hermano, será reo de juicio. Y, el que llamare a su hermano raca, será reo de concilio. Y, el que le llamare fatuo, será reo del fuego del infierno. Por tanto, si ofreciereis tu presente en el altar, y te recordares allí de que tu hermano tiene algo contra ti; deja tu presente allí, ante el altar y vete antes a reconciliarte con tu hermano; y, volviendo después, ofrecerás tu presente.