BREVIARIO ROMANO: FIESTA DE LA VISITACIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA

Sermón de San Juan Crisóstomo

Cuando el Redentor de nuestro linaje hubo venido al mundo, quiso visitar ante todo a su amigo Juan, que estaba aún en el seno de su madre.

Desde el seno de Isabel Juan reconoció a Jesucristo encerrado en el de María; y como forcejando por vencer los obstáculos naturales, exclama: Yo veo al Señor, al que ha fijado límites a la naturaleza, y no espero a que transcurra el tiempo señalado para mi nacimiento; puedo prescindir del plazo de nueve meses porque tengo en mí al que es eterno; saldré de este lugar tenebroso, y predicaré el conocimiento compendioso de cosas admirables. Yo soy una señal; anunciaré la venida de Cristo. Soy una trompeta; anunciaré el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Resonaré como una trompeta; bendeciré la lengua de mi padre y la desataré para que hable. Resonaré como una trompeta, y vivificaré el seno de mi madre.

Ya ves, amado mío, cuán nuevo y admirable es este misterio.

Juan no ha nacido todavía, y ya se expresa con saltos de gozo; aún no se ha mostrado al exterior, y ya formula amenazas; aún no se halla en situación de dar voces, y ya se da a entender con actos; no ha comenzado aún el curso de su vida, y ya publica la gloria de Dios; no ve aún la luz, y ya señala el sol verdadero; antes del parto se apresura ya a obrar como precursor.

En presencia del Salvador no puede contenerse, no puede esperar el término fijado por la naturaleza, sino que parece esforzarse para romper la prisión del seno materno y anticiparse a dar a conocer el advenimiento del Salvador.

Ya ha llegado, exclama, el que rompe las cadenas: ¿por qué debo continuar yo encadenado y permanecer aquí por más tiempo? Ya ha venido el Verbo para restablecer todas las cosas: ¡y yo sigo todavía cautivo! ¡Ea! Saldré, me adelantaré, y diré a todos en alta voz: “He aquí el Cordero de Dios, el que quita los pecados del mundo”.

Mas, dinos, Juan: ¿cómo puedes ver y oír estando aún encerrado en el obscuro recinto del seno materno? ¿Cómo percibes las cosas divinas? ¿Cómo puedes entregarte a saltos y a transportes de gozo?

Y el responde: En virtud de un gran misterio que se está cumpliendo, de un acto que excede a la inteligencia humana. Es preciso que yo dé a conocer en el orden natural al que deberé dar a conocer en el orden sobrenatural. Yo veo desde el seno de mi madre, porque me alumbra el Sol que se encierra en el seno de la Virgen. Oigo, porque estoy destinado a ser la voz del que es el Verbo por excelencia. Prorrumpo en exclamaciones, porque contemplo al Hijo Unigénito del Padre envuelto en carne humana. Me lleno de alegría, porque veo al Creador del Universo que se apropia la naturaleza humana. Me siento transportado, porque el Redentor del mundo ha tomado un cuerpo mortal. Soy el Precursor de su advenimiento, y me adelanto a confesarlo ante vosotros.