RESPUESTA DE LA SEMANA

EN HONOR A LA VERDAD

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¿Hay un fin último de la vida humana?

Fundamento Teológico

Santo Tomás

Suma Teológica

Ia-IIæ Parte

Cuestión 1

Artículo 4

Objeciones por las que parece hay no que admitir un fin último de la vida humana:

1ª Parece que la vida humana no tiene último fin alguno, sino que la serie de fines procede interminable al infinito. El bien según su propia razón de ser es difusivo de sí mismo. Si pues lo que procede del bien es asimismo otro bien, es natural que conduzca a otro bien, y así se propague en progresión infinita. Y como el bien tiene razón de fin, se sigue que en los fines se da una serie continuada hasta lo infinito.

2ª Los entes de razón pueden multiplicarse al infinito: he aquí porqué las cantidades matemáticas se aumentan hasta lo infinito; y por lo mismo las especies de números pueden ser infinitas; pues que, dado un número cualquiera, siempre podrás idear otro mayor. Ahora bien: el deseo del fin va anexo a la aprehensión de la razón, y por consiguiente la serie de fines debe ser infinita.

3ª El bien y el fin es el objeto de la voluntad, y la voluntad puede reflectar sobre sí misma infinitas veces; porque yo puedo querer algo, y querer que yo lo quiera, y así indeterminadamente. Por lo tanto en los fines de la voluntad humana existe una serie interminable, sin que pueda concebirse un último fin de la humana voluntad.

Por el contrario, dice Aristóteles que los que admiten el infinito, destruyen la naturaleza del bien. El bien es lo que tiene razón de fin, y por consiguiente el suponer una serie infinita está en pugna con la razón de fin. Por lo que necesariamente hay que admitir un fin último.

Respondo que, hablando en rigor, es imposible proceder en una serie de fines hasta el infinito bajo cualquier concepto.

En todas las cosas correlacionadas entre sí por su propia naturaleza, es preciso que la supresión de la primera importe la de las demás con ella relacionadas. Por eso Aristóteles prueba que en las causas motoras no es posible proceder al infinito; pues no habría un primer motor, el cual suprimido las otras no pueden mover, toda vez que no transmiten movimiento, sino en virtud del que a su vez reciben del primero.

En los fines hay que reconocer un doble orden, de intención y de ejecución; y en uno y otro tiene que haber algo que sea lo primero; porque lo que es primero en el orden de la intención, es como el principio que mueve el apetito; de modo que, suprimido ese principio, el apetito por nada sería movido.

Y lo que es principio en la ejecución es por donde empieza la operación; de suerte que, suprimido el tal principio, nadie comenzaría a obrar algo.

Pero el principio de intención es el último fin; y el principio de ejecución es lo primero en cuanto al fin se relaciona.

Así que por ninguno de estos dos conceptos es imposible proceder al infinito; toda vez que, si no hubiese un fin último, ni se intentaría cosa alguna, ni acción alguna se terminaría, ni aun subsistiría la intención del agente; y, si no hubiera algo primero entre las ideas referidas al fin, no habría quien comenzase a obrar algo, ni la resolución se llevaría a cabo, sino que se prorrogaría al infinito.

Más en cuanto a las cosas, que sólo accidental y no esencialmente se correlacionan recíprocamente, nada obsta a su progresión al infinito; puesto que las causas accidentales son indeterminadas: y de este modo aun en los fines y en lo que al fin dice relación puede darse progresión accidentalmente infinita.

Respuesta a las objeciones:

1ª Está en la razón de bien el que algo proceda de él, mas no el que él proceda de otro; y así, teniendo el bien razón de fin, y siendo el primer bien último fin, la razón aducida no prueba que no exista un último fin, sino que del supuesto primer fin parta una serie descendente al infinito hacia los fines referidos a él. Y esto tendría lugar, considerando únicamente la virtud del primer bien, que es infinita. Mas, como la difusión del primer bien se concreta a la intervención de la inteligencia, a la cual compete propagarse a los causados según alguna causa cierta o determinada, recibe una cierta limitación a la derivación de bienes del primer bien, de cuya virtud difusiva participan la suya todos los demás bienes. Por cuya razón la difusión de los bienes no procede al infinito; sino que, como dice el sabio (Sap. 11, 21) Dios todo lo dispuso en cuenta y peso y medida.

2ª En las cosas, que tienen existencia propia, la razón comienza por principios naturalmente conocidos y procede hasta algún límite; por lo que Aristóteles prueba que en las demostraciones no hay progresión al infinito, puesto que en ellas se considera el orden de algunos conceptos conexionados mutuamente por sí mismos, y no accidentalmente; mientras que en las cosas conexionadas sólo accidentalmente nada se opone a que la razón proceda indefinidamente. Así a una cantidad o a un número preexistente, y en concepto de tal, se añade accidentalmente otra cantidad o una unidad; y en este caso ningún inconveniente hay en admitir razón de semejante procedimiento hasta el infinito.

3ª Esa multiplicidad de actos de la voluntad, reflejándose accidentalmente sobre sí misma, se ha de un modo asimismo accidental en orden a la sucesión de los fines; como lo patentiza el hecho mismo de que la voluntad reflecta sobre sí misma y respecto de un mismo y solo acto, ya una o muchas veces indiferentemente.

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Insistimos en la importancia de conocer la doctrina de nuestra Iglesia para conservar intacta nuestra fe como nos ha sido mandado por Nuestro Señor y, de esta manera, no correr el riesgo de ser engañados por los errores, que pueden llevarnos a una eternidad sin Dios.