“Y habrá señales en el sol, la luna y las estrellas y, sobre la tierra, ansiedad de las naciones, a causa de la confusión por el ruido del mar y la agitación de sus olas”. (San Lucas, XXI, 25).
Cuando esta mañana me resolví, como lo hago diariamente, a observar las noticias e ingresé en distintos portales de internet comencé a sentirme realmente asqueada, un tanto cansada… Gracias a Dios, todavía sorprendida… Y digo así porque, cuando pierda la capacidad de sorprenderme con lo que leo, ese día será realmente trágico para mí, ya que me daré cuenta de que me he acostumbrado a las aberraciones en la que estamos sumergidos en este mundo.
Los titulares no son más que depravaciones, asesinatos, discursos vacíos, intereses egoístas, manejo de información altamente doctrinante, escasez de valores, y, lo peor, ese dejo recalcitrante de aplastar las almas que buscan elevarse…
El mundo ha girado, dando vuelta la cara a Dios, ya hace mucho tiempo; el hombre no ha aprendido en lo que va desde la creación del mundo hasta nuestro presente; la tendencia al mal que nos acompaña desde el vientre materno con el pecado original se puede ver plasmado en las acciones cotidianas; a eso sumemos la falta de fe en la tierra, una falsa iglesia (con un nefasto mentiroso pastor, que lleva a las ovejas al precipicio de manera escalofriante), la falta de pensamiento activo, valores pisoteados a diario, placeres entregados a mansalva, mentes huecas y atolondradas con el mal uso de la tecnología, falta de presencia familiar (que va creando seres vacíos y carentes emocionalmente, logrando un desbarranco en sus vidas, que sólo pueden aspirar al fracaso), fármacos que adormecen no sólo los sentidos sino la posibilidad de enfrentar las frustraciones, música que sólo empuja al no pensar, al no sentir en lo más profundo del alma sino sólo con el cuerpo y ensamblándose en el resto del cuadro, que simula una obra oscura e inteligible…; en fin, tantas cosas que seguramente me quedan en el tintero, pero no por eso dejan de existir o las dejo de percibir…
Sé que todo este entorno maquiavélico debe suceder, entiendo que es parte del plan para destruir la obra maravillosa de Dios, comprendo inexorablemente que el hombre (y cuando digo hombre, lo aplico en el término que debe ser, genérico, y no con la triste gramática de hoy en día de tener que nombrar hombre y mujer para no ofender a los orcos verdes que andan infectando con su odio demoniaco por doquier sin darse cuenta de que son simples marionetas de una obra infernal)…, vuelvo unas líneas más atrás y retomo, comprendo inexorablemente que el hombre se ha abajado poniéndose al mismo nivel de un animal o de una planta, creyendo elevar lo que ha sido puesto para ser dominado en él y por él al mismo nivel de importancia, y de allí se desata toda la vorágine ambientalista, veganismo, personas que prefieren tener un perro que un hijo, y no sólo les dan el lugar privilegiado a sus mascotas, sino que las visten y hasta festejan sus cumpleaños y las llevan al psicólogo, cuando en realidad tendrían que ir ellas al psiquiatra, previo paso por un verdadero exorcista… Pero…, ¡por favor!, si todavía estuviese viva mi abuela, saldría disparada observando la estupidez a la que está sujeta el hombre de hoy…, claro que estaría más que escandalizada porque no comprendería cómo en estos tan escasos años el hombre ha logrado recibirse de estúpido con honores…
Pero volviendo a lo que noté esta mañana cuando buscaba algo sobre qué formar (y no simplemente informar, y menos desinformar) en nuestro blog, me di cuenta que no tenía más que seguir revolviendo este estiércol diario, sabiendo perfectamente que las noticias para nuestra sección del Asedio del enemigo no serán otra cosa que más de lo mismo: grupos LGTB y todas las letras del abecedario, que creo que ya no alcanzan para seguir poniendo nombres a estas aberraciones sexuales y desviaciones a lo más fangoso que se pueda imaginar; aunque también sé que seguirán sorprendiéndonos siempre con una nueva, que encontraré más sobre el aborto, cada vez más encarnizado el odio hacia los niños…
Y sé también que este odio, no sólo es en cuanto al asesinato de estos inocentes, que nunca gozarán del Cielo, sino también el asesinato cruelísimo de las almas de nuestros pequeños en cuanto a la deseducación religiosa, pedagógica y emocional…
Y también encontraré rechazo al sufrimiento físico de la enfermedad terminal, que lleva a concluir la vida de alguien antes del tiempo que el Señor tiene previsto para él; y qué decir de los ancianos o personas con discapacidades físicas o mentales, que sólo son consideradas como estorbos para el disfrute de esta vida por quienes están a cargo de ellos…
Y así estaré encontrando cómo el hombre quiere ser Dios, cometiendo una y otra vez el mismo pecado de soberbia que cometió en el Paraíso y terminó con él…
Entonces, después de todo esto me digo a mí misma: tranquila, que todo esto irá empeorando, y así debe suceder; porque de esta manera nos estamos acercando, cada vez más rápido, a la venida de Nuestro Señor…
Y mientras recuerdo el programa de Fabián, Mientras el mundo gira, la Cruz permanece, reflexiono; cómo no decir, con más fuerzas que nunca y también con más fe y esperanza, Ven Señor Jesús. Ven pronto a socorrernos. Aquí estamos, tu rebaño pequeñito, esperando tu llegada. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Madre Nuestra y Señora, vencedora del mal, Reina bendita, aplasta la cabeza de la serpiente infernal.
Pidamos al Señor acortar los tiempos…
“Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la Parusía del Señor. Mirad al labrador que espera el precioso fruto de la tierra aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia de otoño y de primavera. También vosotros tened paciencia; confirmad vuestros corazones, porque la Parusía del Señor está cerca”. (Santiago, V, 7-8).
“Mas cuando estas cosas comiencen a ocurrir, erguíos y levantad la cabeza, porque vuestra redención se acerca”. (San Lucas, XXI, 28).

