LA ARMADURA DE DIOS
La llave de oro del Cielo

Introducción
Al apreciar el librito “La Llave de oro del cielo” , usted observará, querido lector, experimentará, me supongo, la curiosidad de ver si el contenido corresponde a su título.
Posiblemente, la desconfianza lo inspirará y usted se preguntará con duda si esto se trata de fragmentos literarios llenos de sensacionalismo, de esos que han sido calificados: fragmentos infalibles de valor literario y que han circulado en el mercado.
No, querido lector, esto se refiere a una llave genuina y tangible y por supuesto, fácil de manejar: es la perfecta contrición. Esta le puede abrir el Cielo, cada día y en cada momento; si usted ha sufrido la desgracia de que se le haya cerrado la puerta del Cielo por causa del pecado mortal, especialmente si a la hora de su muerte, no tiene a su lado a un sacerdote quien es repartidor de la divina misericordia. La perfecta contrición será la
última llave, que por la gracia de Dios, le abrirá el Cielo.
Sin embargo, para hacer esto, usted debe desarrollar la costumbre de emplearla con eficacia durante su vida. Cúantas almas, gracias a la perfecta contrición, han obtenido la seguridad del Cielo, que sin esta garantía sus almas, irremediablemente, se hubieran perdido! “Si yo fuera capaz de atravezar los campos predicando la palabra divina”, dijo el muy ilustrado y piadoso Cardenal Franzelin, “mi tema de predicación favorita, sería sobre la perfecta contrición”.
VI
¿Cuando se debe hacer un Acto de Contrición?
Si usted con diligencia e interés me ha seguido hasta ahora, querido lector, permítame de una vez pedirle lo siguiente: por Dios y por su alma, no deje de hacer un Acto de Contrición junto con sus oraciones.
Le aseguro, que no es un pecado el no hacerlo algunas veces pero lo que yo le ofrezco es un consejo muy válido y útil. No diga que el examen de conciencia y el acto de perfecta contrición solo es aconsejable que la hagan los sacerdotes y las almas perfectas. No diga “no tengo tiempo y por la noche estoy muy cansado!”
Cúanto tiempo necesita? Media hora? Quince minutos?
Solo unos segundos es suficiente. No recita usted algunas oraciones cuando está acostado? Entonces, después de rezar, reflexione sobre los pecados y faltas que haya cometido durante el día y recite lentamente y con mucho fervor, al pie del crucifijo, el Acto de Contrición. Empiece a hacerlo esta noche; no se arrepentirá.
Si alguna vez tiene la mala fortuna de cometer pecado mortal, no se mantenga en este estado. Recobre su estado inmediatamente, por lo menos, después de haber recitado las oraciones y sin demora vaya a confesarse.
Finalmente, querido lector, tarde o temprano la hora de la muerte le llegará y Dios no lo quiera, ésta le puede llegar repentinamente pero usted ya tiene la solución, ya sabe usted donde encontrar la llave del Cielo.
Sí usted no tiene tiempo de prepararse, que su última acción sea un acto de amor hacía Dios, su Creador, su Redentor, su Salvador y un acto de perfecta contrición por todos los pecados cometidos durante su vida. Después arrójese en los brazos de la divina misericordia.
Ahora lo dejo, querido lector; vuelva a leer este pequeño libro y póngalo en práctica. Aprecie y valore con especial afecto la perfecta contrición; práctique este precioso medio de obtener la gracia, la cual la Providencia ha puesto en sus manos. En resumidas, la llave verdadera que nos conduce al Cielo.
