LA ARMADURA DE DIOS
La llave de oro del Cielo

Introducción
Al apreciar el librito “La Llave de oro del cielo” , usted observará, querido lector, experimentará, me supongo, la curiosidad de ver si el contenido corresponde a su título.
Posiblemente, la desconfianza lo inspirará y usted se preguntará con duda si esto se trata de fragmentos literarios llenos de sensacionalismo, de esos que han sido calificados: fragmentos infalibles de valor literario y que han circulado en el mercado.
No, querido lector, esto se refiere a una llave genuina y tangible y por supuesto, fácil de manejar: es la perfecta contrición. Esta le puede abrir el Cielo, cada día y en cada momento; si usted ha sufrido la desgracia de que se le haya cerrado la puerta del Cielo por causa del pecado mortal, especialmente si a la hora de su muerte, no tiene a su lado a un sacerdote quien es repartidor de la divina misericordia. La perfecta contrición será la
última llave, que por la gracia de Dios, le abrirá el Cielo.
Sin embargo, para hacer esto, usted debe desarrollar la costumbre de emplearla con eficacia durante su vida. Cúantas almas, gracias a la perfecta contrición, han obtenido la seguridad del Cielo, que sin esta garantía sus almas, irremediablemente, se hubieran perdido! “Si yo fuera capaz de atravezar los campos predicando la palabra divina”, dijo el muy ilustrado y piadoso Cardenal Franzelin, “mi tema de predicación favorita, sería sobre la perfecta contrición”.
III
¿Es difícil hacer un acto de perfecta contrición?
Sin duda alguna, el acto de la perfecta contrición es más difícil que el acto de la contrición imperfecta la cual es requerida para la confesión. Sin embargo, no hay nadie que con la gracia de Dios, no pueda obtener la perfecta contrición sí sinceramente la está buscando y la desea. La contrición reside en la voluntad que se tenga y no en los sentimientos, aunque a veces, la intensidad de ésta cause que derramemos lágrimas al darnos cuenta y al aceptar con humildad la gravedad de nuestros pecados.
Además, para animarnos, es importante considerar que antes de que Nuestro Señor viviera en la tierra, en la antigua ley, la perfecta contrición fue durante 4.000 años, la única manera de obtener el perdón de los pecados.
Ahora, en nuestros tiempos, no existe otro medio de perdón para miles de paganos y herejes. La verdad es que Dios no desea la muerte del pecador.
El no puede desear el imponer una perfecta contrición imposible de obtener.
La contrición debe, por el contrario, estar dentro de la posibilidad de todo hombre. Entonces, sí muchos desafortunados que viven y que han muerto, han podido obtener esta perfecta contrición aún estando alejados (sin tener culpa alguna) de los torrentes de la gracia y de la Iglesia Católica. No es difícil para usted obtenerla ya que ha tenido la inmensa fortuna de ser Cristiano y Católico por consiguiente, no es usted el objeto de recibir numerosas gracias y al mismo tiempo de gozar de una mejor preparación religiosa que estos pobres infíeles?
Profundizando un poco más a menudo, sin sospecharlo, usted ha obtenido la perfecta contrición. Por ejemplo, cuando asiste con devoción a la celebración de la Santa Misa, cuando medita con fervor en el Viacrucis, cuando reflexiona con mucho fervor y piedad ante una imagen de Jesús crucificado o de su Divino Corazón.
Solo unas palabras son necesarias para expresar el más ardiente amor y sincera contrición.
Algunas se encuentran en las oraciones jaculatorias: “Mi Dios y mi Todo”; “Misericordia mi Jesús”; “Mi Dios, te amo sobre todas las cosas”; “Mi Dios, ten misericordia de mí que soy un pobre pecador”; “Mi Jesús, te amo”.
