RESPUESTA DE LA SEMANA

EN HONOR A LA VERDAD

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LA LEY DIVINA, ¿ES SOLAMENTE UNA?

 

Respuesta

NO

Fundamento teológico

SANTO TOMÁS DE AQUINO

Suma Teológica

Parte Ia-IIae – Cuestión 91

De las distintas clases de leyes

Artículo 5

Objeciones por las que parece que la ley divina es solamente una:

1ª. Un rey y un reino piden una sola ley. Pero Dios es el rey único de todo el género humano, según aquello del Salmo 46, 8: Dios es rey de toda la tierra. Luego sólo hay una ley divina.

2ª. Toda ley se ordena al fin que el legislador se propone conseguir en los destinatarios de la misma. Pero lo que Dios intenta obtener de todos los hombres es idéntico, según se dice en I Tim 2,4: Quiere que todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de la verdad. Luego la ley divina es solamente una.

3ª. A la ley eterna, que es única, parece aproximarse más la ley divina que la ley natural, por lo mismo que la revelación sobrenatural es superior al conocimiento natural. Pero la ley natural es única para todos los hombres. Luego con mayor razón será única la ley divina.

Contra esto está lo que el Apóstol dice en Heb., 7, 12: Mudado el sacerdocio, por fuerza ha de mudarse también la ley. Más el sacerdocio, según se dice en el mismo lugar (v. 11s), es doble, a saber, el sacerdocio levítico y el sacerdocio de Cristo. Luego también es doble la ley divina: la antigua y la nueva.

Respondo que la distinción es causa del número.

Ahora bien, las cosas pueden distinguirse de dos maneras: bien como realidades diversas en su especie, cual es el caso del caballo y el buey, bien como lo perfecto y lo imperfecto dentro de la misma especie, cual sucede con el niño y el adulto. Y esta segunda es la distinción que media entre la ley antigua y la ley nueva.

De aquí que el Apóstol, en Gál., 3, 24-25, compare el estado de la ley antigua al del niño, que se halla sometido a su ayo; y el estado de la ley nueva, al del hombre maduro, que ya no necesita del ayo.

Por otra parte, la perfección e imperfección de una y otra ley han de determinarse atendiendo a las tres condiciones de la ley señaladas.

Porque ante todo, la ley debe ordenarse al bien común como a su fin.

Pero este bien puede ser doble. Uno es el bien sensible y terreno; y a éste ordenaba directamente la ley antigua. Por eso, en su mismo exordio, en Ex., 3, 8-17, el pueblo es convidado al reino terreno de los cananeos. El otro es el bien inteligible y celeste; y a éste ordena la ley nueva. Por eso Cristo, desde el principio de su predicación, convoca para el reino de los cielos, diciendo, según Mt, 4, 17: Haced penitencia, porque se acerca el reino de los cielos. Lo que mueve a San Agustín a escribir que en el Viejo Testamento se contienen promesas de bienes temporales, y por eso se le llama viejo; mas la promesa de la vida eterna pertenece al Nuevo Testamento.

En segundo lugar, la ley debe dirigir los actos humanos según el orden de la justicia.

Y en esto también la ley nueva supera a la antigua, al ordenar los actos internos del alma, según aquello de Mt, 5, 50: Si vuestra justicia no supera a la de los letrados y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Por eso se ha dicho que la ley antigua modera la mano; la nueva, el alma.

En tercer lugar, corresponde a la ley inducir a los hombres al cumplimiento de los propios preceptos.

Esto lo hacía la ley vieja mediante el temor de las penas; la ley nueva lo hace, en cambio, mediante el amor, que es infundido en nuestros corazones por la gracia de Cristo. Y esta gracia se confiere en la ley nueva, mientras que en la antigua estaba solamente prefigurada. De aquí que diga San Agustín: Ligera es la diferencia entre la Ley y el Evangelio: temor y amor.

Respuesta a las objeciones:

1ª. En una casa, el padre de familia manda unas cosas a los niños y otras a los adultos. Y de la misma manera, el único rey, que es Dios, estableció en su único reino una ley para los hombres que aún se hallaban en estado imperfecto, y otra más perfecta para aquellos que habían sido conducidos por la ley anterior a una mayor capacidad para lo divino.

2ª. La salvación de los hombres no podía provenir sino de Cristo, según aquello de Act., 4, 12: Ningún otro nombre se ha dado a los hombres por el cual podamos ser salvos. Por eso la ley capaz de llevar a todos a la salvación plena no pudo ser dada más que tras el advenimiento de Cristo. Pero fue conveniente que antes se le diera al pueblo del que Cristo había de nacer una ley que lo preparara para recibirle, en la que se anticiparan algunos rudimentos de la justicia salvadora.

3ª. La ley natural dirige al hombre según algunos preceptos comunes que valen igualmente para los perfectos y los imperfectos. Por eso esta ley es única para todos. Mas la ley divina dirige al hombre también en ciertos aspectos particulares, en los que no se comportan igual los perfectos y los imperfectos. Y esto es lo que hizo necesaria una doble ley divina, como acabamos de exponer.

De un total de 72 respuestas:
61 contestaron SI  
11 contestaron NO 

Según esta estadística la mayoría contestó INCORRECTAMENTE.

Insistimos en la importancia de conocer la doctrina de nuestra Iglesia para conservar intacta nuestra fe como nos ha sido mandado por Nuestro Señor y, de esta manera, no correr el riesgo de ser engañados por los errores, que pueden llevarnos a una eternidad sin Dios.