Mirando al mundo
UNA IMAGEN NO VALE MÁS QUE MIL PALABRAS…
Y, sin embargo…
Conocida y trillada es la frase “Una imagen vale más que mil palabras”…
Y se la ha escuchado tanto que nadie se atreve a desafiar esa afirmación, que, paradojalmente, es una frase de siete palabras, y no una imagen…

El conocimiento humano es un acto, que consta de dos dimensiones y cinco etapas.
En la dimensión sensible encontramos la sensación externa y la percepción.
En la dimensión intelectual, encontramos la conceptualización, el juicio y el razonamiento.
La dimensión intelectiva es espiritual pues tiene un contenido abstracto, espiritual (el concepto), no depende intrínsecamente de la materia, no está limitada al espacio ni a la temporalidad.
Pensar implica tres actividades: conceptualizar, juzgar y razonar.
El hombre, partiendo de los datos de los sentidos externos, forma conceptos; uniendo conceptos forma juicios; y relacionando juicios, razona.
Este es el proceso propio y exclusivo del hombre, que es capaz de llevar a cabo gracias a la abstracción.
Los animales conocen sólo el particular. El hombre conoce el universal por medio de la abstracción.
El concepto o idea es una imagen mental, no es sensible, y por tanto no es captable a través de los sentidos. Para conocer un concepto necesitamos signos.
Ese signo externo del concepto es el término oral o la palabra.
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Fray Mario José Petit de Murat, O.P., en su conocido ensayo El último progreso de los tiempos modernos: La Palabra violada, nos ha dejado preciosas enseñanzas. Entre otras muchas verdades, allí nos dice:
La palabra humana constituye la última perfección de las cosas sensibles.
Cuando el hombre nombra a una de ellas, la define, manifiesta su peso y medida ónticos. Por eso se puede afirmar que el logos humano corona con una epifanía del ser al mundo sensible.
El vigor vital de un pueblo ha muerto cuando su propio verbo le resulta un conjunto de términos convencionales. Las palabras, quebradas en sus relaciones trascendentales con las esencias, flotan sobre las olas del naufragio, como formas yertas, esquilmadas por los comerciantes y los periódicos.
Pues bien, el triunfo de la iniquidad moderna, su carcajada final frente al Verbo sangrante consiste en que ha logrado clavar su aguijón en las junturas mismas del concepto con su vocablo.
Este último ha sido raptado para violarlo e imponerle el feto de una significación precisamente contraria, que desde dentro le devora su propio ser significante; se explota su sentido original para inocular en la mentalidad de los pueblos la idea adversa a lo que él, necesaria e inmediatamente, sugiere.
La confusión ha impregnado, como aceite derramado, los sentidos más recónditos del verbo humano, hasta el punto de desposeerlo de sus repercusiones cargadas de sugerencias y analogías.
Tratamos palabras profanadas y muertas.
Por eso hoy se da el hecho diametralmente opuesto al del nacimiento de los idiomas. Éstos nacen en momentos frescos, en albas poéticas, de fervoroso encuentro del hombre con el universo.
En cambio, nosotros estamos viviendo días desprovistos de venas esenciales; tiempos opacos terriblemente mudos: la poesía y la filosofía han muerto.
No disponemos de signos veraces.
La confusión ha engendrado, al fin, un lenguaje; el propio de la ramera y el mercader, soberanos del mundo actual…
La confusión inoculada es tal que hablamos palabras mentirosas aunque no queramos…
Así está el hombre: se revuelve en paroxismo de radios, periódicos, propaganda y televisión.
Todos vociferan, pero es en vano; nadie cree a nadie.
Se busca más producir efectos que impresionen por algún momento el apetito, no pronunciar palabras que pesen tanto como la verdad. Aunque se quisiera, no se las encuentra, pues cualquiera de ellas lleva latente en sí misma su contradicción.
El mundo está infestado de demonios.
El síntoma de que el hombre dice una palabra y se entiende, por lo menos, dos cosas distintas, manifiesta que ha llegado el turno de aquél que se complace en reducirlo a la condición de un sordomudo.
Según el Señor Jesús, tal generación de espíritus inmundos es echada fuera sólo con la oración y el ayuno. Siendo en este caso la palabra la ultrajada, el ayuno que cabe es el silencio.
Los espíritus cultivados que aún existen, perciben el silencio muerto de la alta ausencia del verbo desflorado, y callan…
Cuando el hombre calla, Dios habla…
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Por todo esto, si bien una imagen no vale más que mil palabras…, sin embargo…
ATENCIÓN: algunas de las siguientes imágenes pueden chocar la sensibilidad del vidente… No todas… Sólo algunas… Cuatro… Usted es responsable de verlas o no…




































¡¡ATENCIÓN…!!
Porque el fanatismo ideológico ciega a los adultos y pervierte a los niños… Y las siguientes imágenes dicen mucho…



Cambian el lema Salvemos las dos vidas

Foto durante una marcha a favor del aborto: una niña con un pañuelo verde pisando un bebote de juguete con un pañuelo celeste que dice: Salvemos las dos vidas
El hecho ocurrió en Buenos Aires, durante la marcha pro aborto llamada “pañuelazo” del 19 de febrero pasado, organizada por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito (léase Ilegal, Inseguro y Pago con los impuestos de todos).
Una de las manifestantes del «pañuelazo» subió la polémica foto de su hija con el pañuelo verde a su cuenta de Instagram, la que rápidamente fue viralizada en redes sociales y provocó distintas reacciones.
La Directora Ejecutiva de la agrupación Frente Joven en Argentina (pro-vida) declaró:
“Ver la imagen de una niña pisando un bebé de juguete nos tiene que alarmar.
Este tipo de ideologías se vuelven tan extremas y fanatizadas que terminan haciendo absurdo el reclamo: dicen querer defender la libertad de las mujeres, pero vemos cómo se apropian de una menor de edad para fanatizarla y adoctrinarla.
Muestran al aborto como un juego, deshumanizando a las personas, al punto tal de que se celebre a una niña que pisa a un bebé de juguete.
Hay una gran incoherencia: dicen querer salvar a las mujeres y proteger a las niñas, pero las utilizan para promocionar su ideología y les mienten, manipulándolas para causas políticas.
Con este tipo de mensajes vemos la crueldad del aborto: una madre enseñándole a su propia hija a descartar personas.
¿Qué sociedad nos espera si los padres enseñan a sus hijos a pisar la cabeza de otros seres humanos? ¿Qué futuro nos espera si les enseñamos a nuestros niños que los más vulnerables pueden ser descartados o que la violencia es un medio para justificar nuestros deseos?
Así como esa madre manipuló a su hija, hoy se busca manipular a los jóvenes en todos los ámbitos. Tenemos que cuidar a los jóvenes”.
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Por todo esto, si bien una imagen no vale más que mil palabras…, sin embargo…
Porque… ni las fieras más salvajes…




¡¡Ni las hienas…!!

