La consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento del Altar, ocurrió el 2 de julio de 1899. El culto a Jesús Sacramentado estaba teniendo entonces gran incremento, especialmente desde la fundación de la adoración perpetua en la Iglesia de Las Mercedes, en Caracas, en 1882.
El principal propulsor de la consagración oficial fue el Padre Juan Bautista Castro, capellán de la Santa Capilla, quien más tarde se convertiría en el 8º Arzobispo de Caracas.

Para preparar este homenaje fue constituida una junta nacional, la cual solicitó del Episcopado que consagrara a perpetuidad Venezuela a Jesús Sacramentado. La petición fue unánimemente acogida por los obispos, y el 2 de julio de 1899 el arzobispo de Caracas, Críspulo Uzcátegui, leyó el Acto de la Consagración.
Hoy, 120 años después, el mundo observa por las pantallas, en vivo y directo, la peor crisis que haya vivido ese país, y también una de las mayores campañas de manipulación para polarizar a la opinión pública. Tenemos al “dictador y al libertador” a punto de medir sus fuerzas en las fronteras con sendos conciertos musicales en “fiestas de la democracia” ¿es que ya nadie reza? ¿Es que decenas de cantantes, muchos de ellos sodomitas y depravados van a ser los salvadores de esa nación?
Una forma de hacer que la gente se vaya hacia el mal es convenciéndola de que están del lado del bien. En Venezuela no hay antagonistas, porque ya no hay posiciones opuestas en los políticos del mundo, sólo matices.
Aunque esto es difícil de analizar para quienes han vivido la agonía del hambre y el miedo, para quienes han tenido que dejarlo todo para salvar sus vidas, es necesario volver los ojos a lo alto y clamar al cielo por la venida de Nuestro Salvador, porque la única paz verdadera es la que viene de Él. Es imperioso rezar y hacer penitencia por la patria, así es cómo se arrancan las gracias del cielo, de rodillas y no en medio de la furia de un concierto.
Roguemos por Venezuela católica, el único país del mundo consagrado al Santísimo Sacramento, para que sus fieles vean la realidad y sean capaces de buscar la verdad que es Dios.
A continuación les presentamos la consagración original realizada en 1899.
Consagración de Venezuela al Santísimo
Sacramento del Altar
Soberano Señor del Universo y Redentor del mundo, clementísimo Jesús que por un prodigio inenarrable de tu caridad te has quedado con nosotros en este sacramento hasta el fin de los siglos; aquí venimos a tus pies a proclamarte solemnemente y a la faz del cielo y de la tierra, nuestro único rey y dominador santísimo.
A quien consagramos todos nuestros afectos y servicios y a quien ponemos todas nuestras esperanzas. Tú eres nuestro Dios, y no tendremos otro alguno delante de Ti, en tus manos ponemos nuestra suerte y con ella los destinos de nuestra Patria. Muchos te hemos ofendido, y como el hijo pródigo hemos disipado en los desórdenes tu herencia, perdónanos que ya volvemos con espíritu contrito a tu casa y a tus brazos. Recíbenos, salvador nuestro, y concédenos que venga a nosotros tu reino eucarístico. Levanta bien alto tu trono en nuestra República, a fin de que en ella te veas glorificado por singular manera y sea honra nuestra, de distinción inapreciable, el llamarnos la República Venezuela del Santísimo Sacramento del Altar.
Te entregamos cuanto somos y cuanto tenemos cubre nuestra ofrenda con tú mirada paternal y hazla aceptable y valiosa en tú divina presencia. Otra vez te pedimos nos recibas, que no nos deseches, y que este acto de nuestro amor y de nuestra gratitud sea repetido, cada vez con mayor fervor, de generación en generación, mientras Venezuela exista, para que jamás la apartes de tú Sagrado Corazón. Que así sea para nuestra vida del tiempo y después. Por los Siglos de los Siglos. Amén.
Monseñor Juan Bautista Castro
Arzobispo de Caracas
2 de julio de 1899
