MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

Por la fe hicieron los Santos maravillas, sufrieron persecuciones, practicaron virtudes excelentes, y padecieron con heróica constancia todo género de adversidades. Y bien, ¿no tenemos nosotros la misma fe? ¿no profesamos La misma religión? Pues, ¿en qué consiste que seamos tan poco parecidos a ellos? ¿en qué consiste que imitemos tan poco sus ejemplos? Siguiendo un camino enteramente opuesto al que los Santos siguieron, ¿nos podemos racionalmente lisonjear de que llegaremos al mismo término? Una de dos, o los Santos hicieron demasiado, o nosotros no hacemos lo bastante para ser lo que ellos fueron. ¿Nos atreveremos a decir que los Santos hicieron demasiado para conseguir el cielo, para merecer la gloria, y para lograr la eterna felicidad que están gozando? Muy de otra manera discurrían ellos de lo que nosotros discurrimos; en la hora de la muerte, en aquel momento decisivo en que se miran las cosas como son, y en que de todas se hace el juicio que se debe, ninguno se arrepintió de haber hecho mucho, todos quisieran haber hecho mas, y no pocos temieron no haber hecho lo bastante.
Hoy nos encomendamos a:
San Simeón, obispo y mártir.

La vida, y martirio de san Simeón. obispo de Jerusalén, escribe Hegesipo, autor antiquísimo, y refiere Eusebio Cesariense en su historia eclesiástica de esta manera.
Fue san Simeón hijo de Cleofás, y primo (segun la carne) de Cristo nuestro Redentor, y de tan santa vida, y tan altos merecimientos, que Santiago el menor, primero obispo de Jerusalén, muerto de los judíos, por haber confesado públicamente con gran libertad a Jesucristo; los apóstoles y discípulos del Señor, que en aquella sazón vivían, juntándose de diversas partes, le eligieron por sucesor de Santiago, y segundo obispo de Jerusalen.
Gobernó santísimamente algunos años aquella Iglesia, hasta que la ciudad fue destruida por Vespasiano y Tito, que después fueron emperadores, y vivió hasta el imperio de Trajano: el cual por razón falsa de estado persiguió crudamente a los cristianos, como a enemigos de sus dioses, y a todos los judíos, que descendían del linaje de David, por haber entendido que de él había de nacer un rey y Mesías, tan poderoso, que librase aquel pueblo de servidumbre y le magnificase y engrandeciese.
Fue acusado Simeón, siendo de ciento y veinte años, delante de Ático, consular y teniente del emperador, por ambos títulos, por cristiano y por pariente de David. Tuvo Ático muchas pláticas con Simeón, para persuadirle que dejase la fe de Cristo y obedeciese al César; y como las palabras no fuesen de efecto, le mandó muchas veces y por muchos días azotar y dar otros graves tormentos; los cuales el santo viejo padeció con tan admirable serenidad y constancia, que el mismo juez y circunstantes se maravillaban como un cuerpo de tanta edad y tan consumido, pudiese sufrir penas tan atroces y duras.
Mas el Señor, que a tantos niños delicados y doncellas tiernas dio esfuerzo para pasar por su amor por agua y fuego y por todos los tormentos, que la ingeniosa y bárbara crueldad de los tiranos supo inventar; ese mismo esforzó y alentó a san Simeón en aquella decrépita edad, para que resistiese varonilmente a los azotes y tormentos, y después muriese en una cruz, como murió, imitando al mismo Señor, en los 18 días del mes de febrero, en que la santa Iglesia celebra su fiesta, en el año del Señor de 109, y en el décimo del imperio de Trajano.
Niceforo Calixto escribe el martirio de este santo ; y los martirologios romanos, y los demás hacen mención de él.
EL SANTO DE CADA DÍA
EDELVIVES
