RESPUESTA DE LA SEMANA

EN HONOR A LA VERDAD

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¿EXISTE UNA LEY HUMANA?

 

Respuesta

SI

Fundamento teológico

SANTO TOMÁS DE AQUINO

Suma Teológica

Parte Ia-IIae – Cuestión 91

De las distintas clases de leyes

Artículo 3

Objeciones por las que parece que no existe una ley humana:

1ª. La ley natural es una participación de la ley eterna. Pero mediante la ley eterna todas las cosas están perfectamente ordenadas. Luego la ley natural basta para ordenar todas las acciones humanas y, por tanto, no es necesaria una ley humana.

2ª. La ley tiene carácter de medida. Pero la razón humana no es medida de las cosas, sino más bien a la inversa. Luego ninguna ley puede proceder de la razón humana.

3ª. La medida debe ser establecida con toda certeza. Mas el dictamen de la razón humana en la gestión de sus asuntos es incierto, según aquello de Sab., 9, 14: Los pensamientos de los mortales son inseguros, y nuestras previsiones inciertas. Luego la razón humana no puede dar origen a ley alguna.

Contra esto está lo que San Agustín dice de que hay dos leyes, una eterna y otra temporal, y a ésta le llama humana.

Respondo que la ley es un dictamen de la razón práctica.

Ahora bien, el proceso de la razón práctica es semejante al de la especulativa, pues una y otra conducen a determinadas conclusiones partiendo de determinados principios.

De acuerdo con esto, debemos decir que, así como en el orden especulativo partimos de los principios indemostrables naturalmente conocidos para obtener las conclusiones de las diversas ciencias, cuyo conocimiento no nos es innato, sino que lo adquirimos mediante la industria de la razón, así también, en el orden práctico, la razón humana ha de partir de los preceptos de la ley natural como de principios generales e indemostrables, para llegar a sentar disposiciones más particularizadas.

Y estas disposiciones particulares descubiertas por la razón humana reciben el nombre de leyes humanas, supuestas las demás condiciones que se requieren para constituir la ley.

Por eso dice Tulio en la Retórica que en su origen el derecho procede de la naturaleza; luego, con la aprobación de la razón, algunas cosas se convirtieron en costumbres; finalmente, estas cosas surgidas de la naturaleza y aprobadas por la costumbre, fueron sancionadas por el temor y el respeto de las leyes.

Respuesta a las objeciones:

1ª. La razón humana no puede participar plenamente del dictamen de la razón divina, sino sólo a su manera e imperfectamente. Por eso, así como en el orden especulativo, por una participación natural de la sabiduría divina, tenemos conocimiento de algunos principios generales, pero no propiamente de todas las verdades particulares tal como se contienen en la sabiduría de Dios, así también, en el orden práctico, el hombre participa naturalmente de la ley eterna en cuanto a algunos principios generales, mas no en cuanto a la ordenación peculiar de cada una de las cosas singulares, por más que esta ordenación se contenga también en la ley eterna. Por eso es necesario que la razón humana proceda ulteriormente a sancionar algunas leyes más particulares.

2ª. La razón humana por sí misma no es regla y medida de las cosas. Pero los principios que adquiere naturalmente son reglas generales que han de servir de medida para todas las acciones humanas. La razón natural es, pues, regla y medida de estas acciones, aunque no lo sea de las cosas naturales.

3ª. La razón práctica versa sobre la operable, que es singular y contingente, y no sobre lo necesario, como la razón especulativa. Por eso las leyes humanas no pueden alcanzar aquella infalibilidad que tienen las conclusiones científicas obtenidas por demostración. Aunque tampoco es necesario que toda medida sea absolutamente infalible y cierta, sino sólo en cuanto cabe en su género.

De un total de 61 respuestas:
39 contestaron SI  
22 contestaron NO 

Según esta estadística la mayoría contestó CORRECTAMENTE .

Insistimos en la importancia de conocer la doctrina de nuestra Iglesia para conservar intacta nuestra fe como nos ha sido mandado por Nuestro Señor y, de esta manera, no correr el riesgo de ser engañados por los errores, que pueden llevarnos a una eternidad sin Dios.