Padre Juan Carlos Ceriani: SERMÓN DEL VIGESIMOQUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS – QUINTO MOVIBLE DE EPIFANÍA

 

Sermones-Ceriani

ACLARACIÓN DEL PADRE JUAN CARLOS CERIANI

Debido a que mis sermones están siendo publicados en otro blog, sin mi nombre y sin hacer referencia de dónde son tomados, me veo en lo obligación de aclarar que el único blog al cual envío mis sermones para su publicación es Radio Cristiandad, que lo viene haciendo con empeño y esmero desde septiembre de 2009, lo cual agradezco vivamente.

Por supuesto que no puedo más que alegrarme de que mi prédica se difunda y llegue al mayor número de lectores. ¡Enhorabuena! No hay en esto inconveniente alguno.

Pero lo mínimo que puede esperarse de un blog serio y cabal es que, al menos, indique el autor del escrito, aun cuando no quiera mencionar el blog del cual lo obtiene, lo cual indica ya una grave anomalía.

Que quede claro, entonces, que cuando mis sermones sean reproducidos por cualquier otro blog que no sea Radio Cristiandad, de aquí han sido obtenidos.

VIGESIMOQUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

QUINTO MOVIBLE DE EPIFANÍA

Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró grano bueno en su campo. Pero, mientras la gente dormía, vino su enemigo, sobresembró cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó, pues, el trigo y dio grano, apareció también la cizaña. Y fueron los siervos al dueño de casa y le dijeron: Señor ¿no sembraste grano bueno en tu campo? ¿Cómo, entonces, tiene cizaña? Les respondió: Algún enemigo ha hecho esto. Le preguntaron: ¿Quieres que vayamos a recogerla? Mas él respondió: No, no sea que al recoger la cizaña, desarraiguéis también el trigo. Dejadlos crecer juntamente hasta la siega. Y al momento de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y al trigo juntadlo en mi granero.

La parábola del trigo y la cizaña es el centro mismo de todas las que hay en el Evangelio; es como el foco y a la vez el marco general de todas: contiene la existencia del bien y del mal en el mundo y sus causas.

La cizaña designa tres cosas: los herejes, los malos pastores y los cristianos de nombre.

La peor tentación para los fieles y la peor objeción de los infieles es la existencia del mal en el mundo, y la presencia de la corrupción en la Iglesia de Jesucristo.

Además de la cizaña de las herejías (¡tanta hoy en día que da miedo!), hay cizaña dentro del templo… ¡y da más miedo todavía!

La existencia del dolor, del error y del pecado en el mundo milita contra la fundación divina de la Iglesia, contra la infinita bondad divina, e incluso contra la existencia de Dios.

La tentación se acerba cuando uno tiene el mal encima; y se vuelve suprema cuando su causa proviene desde el interior mismo de la misma Iglesia.

Jesucristo respondió por anticipado a esta tentación con esta parábola; y el grito mudo de los mártires le hace eco a través de los siglos.

Siempre hubo cizaña en la Iglesia; pero desde el Renacimiento ha aumentado y se ha sutilizado.

El misterio de la iniquidad está en marcha desde ahora, le escribía San Pablo a la joven cristiandad de Tesalónica, hace ya veinte siglos, dando el significado y la aplicación de la parábola de la mala hierba: Porque el ministerio de la iniquidad ya está actuando. Tan sólo con que sea quitado de en medio el que ahora le retiene, entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida.

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Sea que consideremos el misterio de iniquidad como obrando ya en los hipócritas, que están haciendo el oficio del Anticristo…, sea que atendamos a las persecuciones a la Iglesia de este tiempo presente como figura de la última persecución…, hay motivos de preocupación…

¿Qué podemos hacer para no caer en el desánimo, para permanecer de pie y poder hacer frente a la acción del cizañero?

Debemos meditar los datos que nos proporcionan la Sagrada Escritura y la Tradición; así como también las enseñanzas de la Teología respecto de la historia de la Iglesia, dejándonos esclarecer y fortalecer por esa viva luz.

Ahora bien, esta doctrina de la Revelación y de la Teología nos suministra pormenores claros y precisos.

Si aceptamos esta realidad, si reconocemos el estado de hecho de la Iglesia, con esa mezcla de trigo y cizaña hasta el fin, estaremos inmunizados contra la ilusión que espera un tiempo en que la Iglesia no contará más con pecadores, al abrigo de los traidores, sin tener que cargar con la Cruz junto con su divino Esposo.

Tampoco podemos esperar una época en que la sociedad temporal se transforme en un nuevo y renovado paraíso terrenal…

Siempre, de una u otra manera, la Iglesia y la Sociedad estarán inficionadas por los venenos diabólicos, la cizaña, a pesar de que la Iglesia, incansablemente, se esfuerce por contrarrestarlos, no cesando de predicar, inspirar y promover la restauración en Cristo y por Cristo.

La lucha entre el demonio y la Ciudad Santa durará hasta la Parusía… No podemos soslayarlo ni olvidarlo… Esta lucha no se aplacará ni endulzará progresivamente… No hay reconciliación posible…

Siempre la cizaña intentará sofocar y oprimir al trigo, aunque se organicen muchos Congresos Interreligiosos de Asís y muchas Jornadas Internacionales por la Paz…, menos aún si la estructura y disposición de estos es irreverente, sacrílega y blasfema…, simple y pura cizaña…

En cuanto a la Iglesia en sí misma, el Evangelio nos enseña que, lejos de encontrar un trigo de calidad superior, que iría mejorando de siglo en siglo, por el contrario, siempre se encontrará mezclado con la cizaña; la cual, a medida que nos vayamos acercando del fin, crecerá en poder y malignidad, a punto de sofocar completamente al trigo… Le será dado poder a la Bestia para hacer la guerra a los santos y vencerlos…

Del mismo modo que el Evangelio y las Cartas de San Pablo, el Apocalipsis no nos descubre una domesticación progresiva de las famosas Bestias…, Anticristo y Falso Profeta…

Resulta gracioso, pero al mismo tiempo grotesco, observar a ciertos clérigos y seglares arrojando cacahuetes a los orangutanes apocalípticos con la intención de aplacarlos, incluso civilizarlos…

El Diablo, la Bestia y su Falso Profeta, a medida que nos acercamos del fin de los tiempos, perfeccionan sus métodos, mejoran su cizaña y organizan más inteligente y eficazmente su terrible contra-Iglesia…

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Esto es lo que nos enseñan la Revelación y la Teología…, lo que la simple experiencia y observación atenta de la realidad nos muestra…

Algunos encuentran decepcionante, pesimista y negativa esta prédica…

Nosotros sabemos que, incluso en ese período en que todo se fundirá ante el avance irresistible de las fuerzas del mal, el Señor estará presente, a pesar de las apariencias… Tal vez durmiendo, como en la baraca en medio de la tormenta…

Y lo que Él nos pide es que permanezcamos unidos a Él, para hacer todo lo posible para ayudar a la perseverancia o a la conversión de nuestros compañeros de lucha.

Cuando la soldadesca de Caifás y Pilato conducía a Nuestro Señor al Calvario, a la Cruz, a la muerte…, no les fue pedido a los Apóstoles ni a las Santas mujeres impedir un suplicio en ese momento inevitable, ni se les mandó oponerse a la apostasía de un pueblo sumido en la anarquía…

Pero sí se le pidió a los fieles del rebañito no temer, conservar la fe, perseverar en la caridad, sostenerse mutuamente, confesar la misión divina del crucificado…

Debemos continuar nuestro pequeño servicio, por muy limitado que sea.

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Nuestro Señor Jesucristo nos explica claramente el accionar de Satanás en la Parábola de la Cizaña. El enemigo representa la temprana y continuada actividad del diablo entre los cristianos.

La cizaña, que son los hijos del Maligno, crece junto con el trigo. Y Dios exige de los criados que se inclinen frente a este insondable misterio de iniquidad, prohibiéndoles arrancar la cizaña, no sea que, juntamente con ella, arranquen también el trigo.

Entonces, ante tanta claridad, ¿cómo es posible afirmar que la Iglesia está llamada a conquistar el mundo, llegando a una dominación espiritual que abarque a todas las naciones, si el mismo Jesús nos enseña explícitamente, y sin lugar a dudas, lo contrario?

¿Qué otra enseñanza se puede sacar de esta parábola, sino la de que la pequeña grey de verdaderos fieles, el trigo bueno, ha de estar mortificada y acrisolada por la continua y creciente infiltración de los hijos del maligno, la cizaña?

El completo olvido de esta enseñanza entre la gran mayoría de los cristianos, con mayor razón su desprecio, es una de las pruebas más palpables de la verdad que Jesucristo anunció…, ese olvido y ese desprecio son cizañeros…

Terminantemente, pues, se nos enseña, no sólo que el mundo no mejorará poco a poco, sino que, por el contrario, irá obrando de más en más el misterio de iniquidad en el seno mismo de la Cristiandad.

La verdadera doctrina, el alimento de los hijos del Reino, por la sutil actividad de Satanás, será mezclada, de un modo lento y progresivo, con la falsa y corruptora doctrina de los hijos del maligno, representada en la cizaña.

Este hecho, bien triste y desagradable de consignar, es el contenido del misericordioso y alarmante aviso de la Parábola con que Jesús quiso prevenir a todos los que creen en Él, para que se guarden de la cizaña.

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Se ha objetado que esta doctrina presenta una sombría perspectiva del futuro…, que desalienta a los fieles…, que los arroja en la pasividad…, que es la filosofía de la desesperación…, que está opuesta a la idea popular de que el mundo va progresando en el bien… Y muchos agregan, sarcásticamente: «Si todo esto es verdad, podemos cruzarnos de brazos y esperar la Venida de Cristo».

El fondo de la cuestión no radica en pasividad o actividad, sino en que la verdad divina no es agradable al cristiano mundano. El católico de nombre no entiende que el combate en la inhóspita trinchera no es pasividad…; el activista tiene que moverse continuamente, aunque no sepa por qué y para qué se mueve…, y aunque caiga en excitación, el frenesí y el paroxismo…

La predicación de la Palabra de Dios, tal como está consignada en las Sagradas Escrituras, jamás puede ser agradable al mundo y al mundano, por cuanto el espíritu de estos es diametralmente opuesto al Espíritu de Dios.

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De todo esto se concluye que la Iglesia, lejos de vencer la iniquidad que hay en el mundo, será acrisolada por esa misma iniquidad, que va penetrando desde el principio entre los cristianos; y de este modo la iniquidad irá aumentando hasta llegar esos tiempos peligrosos, que las Escrituras anuncian con tanta insistencia.

Y agradable o no, tenemos que clamar a voz en cuello; y exhortar de este modo para que el trigo no sea totalmente sofocado por la cizaña, y para los panes ázimos se guarden de la levadura, sea farisaica, saducea o herodiana…

Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, antes bien, teniendo comezón de oír se amontonarán maestros conforme a sus propios deseos, y cerrarán sus oídos a la verdad y los aplicarán a las fábulas.

Por eso insistimos en que antes de la Segunda Venida del Señor no se convertirán a Él todos los pueblos de toda la tierra; ni todos adorarán al verdadero Dios; ni todos entrarán en la Iglesia Católica; ni todos vivirán en mutua paz y en concordia admirable; ni todos compondrán una grey mansa, pacífica, inocente, bajo el cuidado y dirección de un mismo pastor.

Todo lo contrario, antes de la Segunda Venida del Señor, y en todo el tiempo que debe mediar entre su Primera Venida y la Parusía, si bien se habrá predicado el Evangelio por todo el mundo, no todas las gentes lo recibirán, sino pocas, comparadas con la muchedumbre.

E incluso entre estas pocas que recibirán el Evangelio, no todas lo observarán, cayendo frecuentemente el buen grano, una parte junto al camino, otra sobre piedra y otra entre espinas.

Es más, habrá sin interrupción grandes y terribles escándalos, habrá herejías, habrá cismas, habrá apostasías formales, habrá odios mutuos, envidias y guerras sangrientas e interminables…

También habrá, de más en más, costumbres antievangélicas, muchas de ellas cuales ni aun entre los gentiles; y no pocas asentadas pacíficamente y miradas como justas, o a lo menos como indiferentes…

No faltarán sin cesar, ya por una parte, ya por otra, ya por muchas a un mismo tiempo, vientos furiosos y tempestades horribles con que la nave de Pedro será combatida de las ondas, y será necesario clamar diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos!…

En una palabra, habrá siempre cizaña que oprima y no deje crecer ni madurar el trigo. ¡Y así hasta la siega!

Todo esto se lee frecuentemente en los Evangelios y en los escritos de los Apóstoles… La experiencia confirma la verdad y la divinidad de estas profecías…

Por lo tanto, desde la predicación de Jesucristo hasta su Parusía, deberá estar siempre mezclado en el mundo el buen grano con la cizaña; deberán estar siempre inmiscuidos entre sí los hijos del reino y los hijos de la iniquidad; y estos últimos haciendo siempre todo aquel daño que hace la cizaña.

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Pero también enseña Nuestro Señor, al dar la explicación de la parábola: la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

¡Sí!… El que tenga oídos, que oiga

Porque el Señor quiso darnos la luz acerca de los últimos días y de las circunstancias extraordinarias que los ponen aparte, no podemos prescindir ni posponer el considerarlas de frente.

Más allá del carácter incomprensible y temible de estos tiempos del ocaso definitivo, lo que debe conmovernos es su carácter común con los siglos que los han precedido hasta el Medioevo y con los que los han preparado desde el siglo XIV.

Estos últimos tiempos se injertan en la plenitud de los tiempos, como todos los demás siglos de la era cristiana desde la Encarnación.

El don que ha sido hecho al mundo por la Encarnación del Verbo no será retirado; el poder con el cual está revestido Cristo no será atenuado.

Es por un designio de amor que el Señor quiere que su Esposa, la Santa Iglesia, sea configurada a su Pasión, que pase, en cierta medida, por la experiencia de las tinieblas y de la agonía del Huerto de Getsemaní.

La Iglesia debe sentir, en su medida, el alcance misterioso de este sinite usque huc que Jesús pronunciara en su Santa Agonía.

Si el Señor quiso para su Esposa, al fin de los tiempos, una experiencia más profunda de la Agonía de Getsemaní, conforme al dejad haced hasta el fin, es también porque quiso darle pruebas todavía más profundas de la eficacia de su poder y de la intensidad de su caridad.

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Las profecías sobre la paz universal y la concordia en la Iglesia no se han cumplido aún; y, por tanto, se han de cumplir un día. ¿Cuándo? No son profecías solamente mesiánicas sino netamente parusíacas.

Esto vendría a decir que las promesas se engloban en la vida futura: en el milenio.

La única solución teórica a la pesadilla provocada por la crisis actual está en la parábola del trigo y la cizaña y en el dogma de la Parusía.

Llegará un tiempo en el que el trigo y la cizaña, mezclados siempre en las eras humanas durante el curso de las edades, llegarán a la lucha suprema, la que no conoce piedad; y la cizaña crecida oprimirá al trigo de Dios de un modo insoportable, rodeándolo por todas partes como sin esperanza y sin respiro; tiempo en que la persecución, prometida a todo creyente, se hará interna a más de externa; y en que gemirá su carne a punto de aniquilarse.

Para ese tiempo se escribieron las últimas y más terribles, pero también las más consoladoras profecías.

La Iglesia no deja de compartir la Pasión de su Esposo… ¡Ni tampoco de su victoria!

El día del regreso del Señor está cerca. Después de este día, el Diablo no tendrá más la manera de acechar el talón de las murallas de la Ciudad Santa para intentar seducir y corromper.

Cristo obtuvo la victoria por la Cruz, en unión con la Iglesia su Esposa, que es custodiada en oración junto a la Virgen Inmaculada.

En sus luchas, la Santa Iglesia no cesa de ser asistida por la Santísima Virgen, que desde el momento de su Inmaculada Concepción ha aplastado la cabeza de la serpiente y por su Compasión ha obtenido la gracia de interceder universalmente por los hombres.

Y en la medida que el demonio, desde hace casi cuatro siglos, redobla su acción y su violencia, la Santísima Virgen nos da pruebas más vivas de su intercesión. Incluso por sus apariciones en Rue du Bac, Lourdes, Fátima… nos da pruebas milagrosas.

Y hemos de destacar que estos mensajes se reducen a una sola cosa: reactualizar el mensaje inmutable del Evangelio en las luchas de nuestro tiempo.

Si en lugar de soñar con ilusionadas restauraciones o en quiméricos triunfos temporales de la Iglesia, escuchásemos con plena docilidad las solicitudes de la Virgen Santísima, seríamos mucho más fuertes para aplastar con Ella la cabeza de la serpiente.

Nosotros creemos y confiamos en que la Virgen Inmaculada, Reina de los Mártires y Nuestra Señora del Apocalipsis, nos rodea con una ternura tanto más fuerte, tanto más atenta, cuanto más y más seamos hostigados por los enemigos.

Que estas reflexiones sobre la historia humana en presencia de Jesucristo, que es el Soberano Señor de ella, nos persuadan de que somos amados y custodiados por Dios.

Que, a través de todas las contingencias de la vida y las vicisitudes del mundo, nos sea dado el ser vencedores en Jesucristo por su Cruz, junto a su Santísima Madre. Amén.