ACLARACIÓN DEL PADRE JUAN CARLOS CERIANI
Debido a que mis sermones están siendo publicados en otro blog, sin mi nombre y sin hacer referencia de dónde son tomados, me veo en lo obligación de aclarar que el único blog al cual envío mis sermones para su publicación es Radio Cristiandad, que lo viene haciendo con empeño y esmero desde septiembre de 2009, lo cual agradezco vivamente.
Por supuesto que no puedo más que alegrarme de que mi prédica se difunda y llegue al mayor número de lectores. ¡Enhorabuena! No hay en esto inconveniente alguno.
Pero lo mínimo que puede esperarse de un blog serio y cabal es que, al menos, indique el autor del escrito, aun cuando no quiera mencionar el blog del cual lo obtiene, lo cual indica ya una grave anomalía.
Que quede claro, entonces, que cuando mis sermones sean reproducidos por cualquier otro blog que no sea Radio Cristiandad, de aquí han sido obtenidos.
CUARTO DOMINGO DE EPIFANÍA SOBRANTE
En aquel tiempo entró Jesús en una barca, acompañado de sus discípulos, y he aquí que se levantó una tempestad tan recia en el mar que las ondas cubrían la barca; mas Jesús estaba durmiendo. Y, acercándose a Él sus discípulos, le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Díceles Jesús: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, puesto en pie, mandó a los vientos y al mar que se apaciguaran, y siguióse una gran bonanza. De lo cual asombrados todos los que estaban allí, se decían: ¿Quién es éste que los vientos y el mar le obedecen?
Entró Jesús en una barca, acompañado de sus discípulos…
Fueron diversas las ocasiones en que Jesús estuvo relacionado con una embarcación…, y siempre fue en circunstancias que incomodan, importunan, fastidian, irritan, abruman a nuestras apreciaciones y deseos…, aunque, por lo general, el final fue dichoso…
En una oportunidad lo hizo para predicar desde ella, dada la cantidad de gente que se había congregado en la playa. Y luego pidió a Pedro dirigir la nave a alta mar; el famoso duc in altum, a pesar de toda una noche previa de trabajo infructuoso…
Poco tiempo después, caminando junto al mar de Galilea, vio a Pedro y Andrés, que echaban la red en el mar, y les dijo: Venid en pos de Mí y os haré pescadores de hombres. Al instante, dejando las redes, le siguieron. Pasando adelante, vio a Santiago y Juan en su barca, con Zebedeo su padre, que estaban arreglando sus redes, y los llamó. Ellos al punto, abandonando la barca y a su padre, le siguieron.
En otra ocasión, la que relata el Evangelio de hoy, mientras Jesús dormía, se levantó una tempestad tan recia en el mar, que las ondas cubrían la barca…
La siguiente situación fue más incomprensible para los Apóstoles, dado que, después de la primera multiplicación de los panes, los obligó a reembarcarse, precediéndole, a la ribera opuesta, mientras Él despedía a la muchedumbre. Mas, estando la barca muchos estadios lejos de la orilla, era combatida por las olas, porque el viento era contrario. Y a la cuarta vigilia de la noche vino Jesús a ellos, caminando sobre el mar. Mas los discípulos viéndolo andar sobre el mar, se turbaron diciendo: Es un fantasma; y en su miedo, se pusieron a gritar.
Las circunstancias de la quinta oportunidad sirvieron para una gran, pero áspera lección. En efecto, los Apóstoles habían olvidado tomar pan, y no tenían consigo en la barca más que un solo pan. Jesús les hizo entonces esta advertencia: ¡Cuidado! Guardaos de la levadura de los fariseos, de los saduceos y de Herodes. Por lo cual ellos se hicieron esta reflexión unos a otros: Es que no tenemos panes. Mas conociéndolo, Jesús les dijo: ¿Por qué estáis pensando en que no tenéis panes? ¿No comprendéis todavía? ¿No caéis en la cuenta? ¿Tenéis endurecido vuestro corazón? ¿Teniendo ojos, no veis; y teniendo oídos, no oís? Cuando partí los cinco panes entre los cinco mil, ¿cuántos canastos llenos de pedazos recogisteis? “Doce”, le dijeron. Y cuando partí los siete panes entre los cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de trozos os llevasteis? Le dijeron: “Siete.” Y les dijo: ¿No comprendéis todavía? ¿Cómo no entendéis que no de los panes os quería hablar al deciros: Guardaos de la levadura de los fariseos, de los saduceos y de Herodes? Entonces, comprendieron que no había querido decir que se guardasen de la levadura de los panes, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos.
Finalmente, luego de varias apariciones después de resucitado, cansados de esperar a Jesús en Tiberíades, algunos discípulos subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. Cuando ya venía la mañana, Jesús estaba sobre la ribera, pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dijo: Muchachos, ¿tenéis algo para comer? Le respondieron: ¡No! Respuesta seca y áspera…
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Si releemos estos pasajes y reflexionamos sobre todas las circunstancias, podremos apreciar que siempre fue en medio de contrariedades y situaciones enojosas a nuestra voluntad y a sus gustos que Jesús se relacionó con los discípulos y la barca…
Evidentemente, las dos más dramáticas fueron aquellas en que una tormenta amenazaba la estabilidad de la embarcación y la vida de los navegantes; una estando Jesús embarcado, aunque durmiendo, la otra viniendo hacia la nave, caminando sobre las aguas, cuando la situación era ya desesperada…
Por lo general, en la barca suelen ver los exégetas una imagen de la Iglesia. También puede simbolizar cada alma en particular.
Si hacemos una aplicación de la tempestad sosegada a nuestra situación actual, podemos extraer fructuosas lecciones que confirmen nuestra fe y exciten nuestra confianza frente a las tempestades que hoy se levantan por todas partes.
Tenemos que convencernos de que nuestros temores son infundados, pues Nuestro Señor no permanece ajeno a estos asaltos y, lo que es más importante, Él intervendrá en el momento oportuno.
Por lo tanto, debemos afrontar las tempestades con espíritu sereno y corazón tranquilo, sin apoyarnos en recursos humanos, sino sólo en Dios.
Al mismo tiempo, hemos de rechazar el miedo que debilita; y, al contrario, debemos vivir con plena confianza; lo cual no impide sufrir, ni orar, ni pensar en los medios de defensa… Pero que Nuestro Señor no tenga que dirigirnos la amarga reprensión: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe?
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En la excelsa poesía del Padre Leonardo Castellani Jauja encuentro simbolizada la clave de nuestra perseverancia en medio de las diversas vicisitudes de la travesía hacia el Reino de los Cielos.
El poema se transcribe al final; consta de diez estrofas; al citarlas pongo entre paréntesis la que corresponde para facilitar su ubicación.
Recomiendo vivamente la lectura meditada de la Tesis Doctoral de la doctora Liliana Beatriz Pinciroli: “Busco la isla de Jauja, sé lo que busco y quiero” – Jauja como clave de lectura en la obra de Leonardo Castellani. De ella me he servido en gran medida para lo que sigue de este sermón.
Intentemos profundizar en su idea, símbolo de la audacia y del denuedo del alma.
Ante todo, notemos que el Padre Castellani identifica la Isla Jauja con el Reino de los Cielos, al cual se llega al cabo de un itinerario lleno de dificultades y que exige un gran esfuerzo, propio del magnánimo: La isla prometida que hechiza y que descansa cederá a mis conatos cuando no pueda más (4).
En este contexto, las ideas centrales del poema son las siguientes:
— El viajero sabe adónde va: Busco la isla de Jauja, sé lo que busco y quiero (9).
— El viaje es hacia una isla que no figura en los mapas, pues no es de este mundo; y para cuyo acceso no alcanza, pues, el conocimiento de la geografía, ni de la cartografía, ni de las ciencias naturales de este mundo; el viajero hubo de deshacerse, de romper todas estas cosas: Mis libros de Estrabonio de Plutarco y de Plinio (2), pues no le proporcionaban el saber necesario para este viaje. Por eso no la pueden ver los marinos comunes, aunque sean descubridores de mundos: Y no la hallaron Vasco de Gama ni Colón (1).
— Lanzarse a la aventura de buscar Jauja implica una decisión personal y exige el salto al vacío de la fe: Yo salí de mis puertos tres esquifes a vela y a remo a la procura de la Isla Afortunada (1); Busco la isla de Jauja de mis puertos orzando (10).
— El viajero se mueve por la fe, que pide arriesgarlo todo aun sin ver, y por la esperanza, que todavía no posee: Mis galeotes de balde me lloran: ¿Cuándo, cuándo? Ni les perdono el remo ni les cedo el timón. Este es el viaje eterno que es siempre comenzando; pero el término incierto canta en mi corazón (10). Como en la mañana en el Tiberíades: Jesús estaba sobre la ribera, pero los discípulos no sabían que era Jesús.
— Por eso, se llega a Jauja en soledad; y el estado de alma del viajero es un estado de desapropiación y aislamiento: Quedé sin rey ni patria, refugio ni dominio, mi madre y su pañuelo llorando en el balcón (2).
Santa Teresita escribió: Por tu amor, oh Jesús, yo prodigué mi vida, prodigué mi futuro. Jesús, amarte es pérdida fecunda.
— No es una empresa para el hombre común; y esto implica ascesis, sufrimiento y soledad; en resumen, magnanimidad: Surqué rabiosas aguas de mares ignorados, cabalgué sobre olas de violencia inaudita, sobre mil brazas de agua con cascos escorados (5). Sólo se aborda al precio de naufragio y procela (1). Pero arriesgarlo todo justamente es el modo, pues Jauja significa la decisión total, y es el riesgo absoluto; y el arriesgarlo todo es la fórmula única para hacerla real (6).
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Un análisis desde el punto de vista meramente literario nos deja ver que el motivo del viaje es la búsqueda, pues no se trata de un paradero incierto, sino de la prosecución de un objetivo: Busco la isla de Jauja, sé lo que busco y quiero (9).
No está indicada, pero se presupone la vocación, el llamado; de otro modo el viajero no se habría embarcado hacia Jauja; al contrario, lo hizo porque es la isla prometida (4).
Dicha promesa la formuló alguien que merece crédito, y que tiene derecho a exigir lanzarse a una travesía tan arriesgada.
Duc in altum et laxate retia in capturam… Rema mar adentro… dirígete hacia aguas profundas… y echa las redes para pescar… He aquí, manifestada por estas pocas palabras, la vocación de San Pedro.
Duc in altum… significa o se traduce por grandes deseos, ideales nobles y elevados…
¿Y cuál fue la respuesta de San Pedro? Maestro, toda la noche hemos estado trabajando y no hemos pescado nada… No obstante, fiado en tu palabra, lanzaré las redes…
Pero hay más, la promesa de la isla incluye una visión previa: Muchas veces la he visto, diferentes facciones, diferentes lugares, siempre la misma Jauja (3) que, por su atractivo, justifica su búsqueda: Su señuelo hechicero de aromas y canciones enfervecía el celo de mi tripulación (3).
También encierra un llamado a conquistarla: Si estuviera en el mapa y estuviera a la vista … eso sería negocio, ya no fuera conquista (7).
Antes de iniciar la travesía hay que hacer los preparativos: Pinté verdes los cascos y los remos de minio y las velas como alas de halcón y de ilusión; hay que despojarse e incluso romper lazos puramente naturales, como los Discípulos al dejar las redes, la barca: Rompí todas mis cosas implacable exterminio, mi jardín con sus ramos de cedrón y de arauja … quedé sin rey ni patria, refugio ni dominio, mi madre y su pañuelo llorando en el balcón (2).
Prodigar la vida…, prodigar el futuro…: Jesús, amarte es pérdida fecunda…
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Jauja no está a la vista, no aparece en un mapa, es incógnita, desconocida del vulgo; pero como la promesa de su hallazgo hacía de incentivo, el viajero se lanzó en su búsqueda.
Una vez emprendida la navegación, comienzan los obstáculos a sortear, que son de diversas clases:
1ª) Las fuerzas de la naturaleza, como para los Apóstoles en el Mar de Galilea: Esfuerzo de mil años de huracán (4); Rabiosas aguas de mares ignorados, Olas de violencia inaudita y Tiempo malo (5).
Distancias excesivas: Recorrí la traidora pampa que el sol limita. Desde el cabo de Hatteras al golfo de Mogados (5).
2ª) Las relaciones humanas, sea el dolor de la despedida, como los Discípulos con su padre Zebedeo: Mi madre y su pañuelo llorando en el balcón (2); sean las dudas que plantean: Me decían los hombres serios de mi aldehuela: “Arriesgarlo todo sin saber, es locura…” (6); sean las burlas que hacen: Las gentes de los puertos donde iba a bastimento, risueñas me miraban pasar como a un tilingo (8); sean las murmuraciones y críticas: Yo entendía en sus ojos su irónico comento (8); sean las tentaciones e insinuaciones a abandonar la travesía: Doncellas que querían sacarme a salvamento, me hacían ojos dulces o charlas de pasión (8).
3ª) Las condiciones propias del viaje y de sus tripulantes: Cascos escorados a causa de las turbulencias del mar (5); Motines de la tripulación (5); sus impaciencias: ¿Cuándo, cuándo? (10); incluida la expectativa del inminente naufragio, pues El naufragio es seguro y es la ley del crucero (9) y a Jauja Sólo se arriba lanzando al arrecife el bote y atacando desnudo a nado el caz (9).
4ª) Flaquezas del mismo navegante: cansancio, Esfuerzo de mil años (4); Hambre (5), no habían pescado nada…, no llevaban más que un pan…; Riesgo absoluto (6), tentaciones: La sangre se me alzaba de sed o sentimiento (8).
Además de todo esto, como para los Apóstoles, cuando no está Jesús presente, el pasaje por la oscuridad se verifica en la desaparición de las Mágicas visiones de Jauja (3), que hacen de la travesía una labor audaz y da a la misma Jauja una apariencia fantasmagórica, pues apenas se atisba, entre las brumas (4), enseguida desaparece Apenas la ardua proa tocaba el malecón (3) y obliga al marinero a marchar a oscuras.
Como en el lago: Jesús estaba sobre la ribera, pero los discípulos no sabían que era Jesús…
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Hasta aquí, un somero análisis del poema desde el punto de vista literario, que nos permite y facilita su lectura alegórica y mística, pues, para el Padre Castellani, Jauja simboliza el itinerarium mentis ad Deum, pues para alcanzar el Reino de los Cielos es menester realizar un recorrido espiritual, se trata del estadío religioso del que ha superado el meramente ético. Hay que conocer y entender bien esta descripción magnífica realizada por el Padre Castellani de los tres estadíos, o también tres clases de almas (Un trabajo al respecto de puede ver Aquí).
Es el movimiento hacia Dios, es el Camino de Perfección o Las Moradas, de Santa Teresa; la Subida al Monte Carmelo, de San Juan de la Cruz. De este modo, la navegación hacia Jauja exige la resignación de todo, la aceptación del sufrimiento y el empeño de toda la vida hacia la santidad.
La vida del hombre religioso es una peregrinación, un camino de sangre, un vía crucis, una especie de oscuridad, porque Dios le resulta inaccesible e incomprensible; y, sin embargo, se aferra a Él con obstinación, es como navegar sobre 10.000 metros de agua en una canoa que hace agua: Sobre mil brazas de agua con cascos escorados (5).
Al inicio del camino espiritual hay un llamado, que es el toque de Dios en el alma, es la herida del ciervo herido, es la dulce llaga: La isla prometida que hechiza y que descansa, y cederá a mis conatos cuando no pueda más (4).
Es el llamado de Jesús a los discípulos en la playa, invitándolos a dejarlo todo…, el Duc in altum a San Pedro…
En Jauja, es la promesa la que pone el alma en marcha en la búsqueda del Bien atisbado, y cuya ausencia vale todos los sacrificios y dolores, tentaciones y despojos.
Todo el poema está escrito en primera persona del singular porque el viajero se ha tenido que hacer Singular, otro tema preferido del Padre Castellani (Un trabajo sobre este tema se puede ver Aquí).
En el poema Jauja, la nave es el alma, y la tripulación, los galeotes, son sus facultades, inteligencia, voluntad, afectos y especialmente pasiones, que en el inicio del recorrido espiritual son fervientes, porque ya no hay otro objeto que reemplace al deseo de la fruición de Dios y las cosas no son obstáculo para la búsqueda de la fuente de todos los bienes creados.
El recorrido espiritual es propiamente la búsqueda, porque Dios es oculto, y en sus designios está el hacerse buscar. Jesús, que se hace el encontradizo en medio del mar embravecido… caminando sobre las olas encrespadas…, o no se deja reconocer estando en la playa…
Se trata, como ya sabemos, de una búsqueda guiada por la fe, zarandeada por las pruebas y purificada por las dos noches, la del sentido y la del espíritu.
Toda la poesía es una exposición de las purificaciones activa y pasiva, construida mediante antítesis y paradojas: Esfuerzo de mil años de huracán y bonanza, empresa irrevocable pues no hay volver atrás, la isla prometida que hechiza y que descansa cederá a mis conatos cuando no pueda más (4).
Para que el alma no desfallezca durante la noche del sentido, Dios va alternando períodos de luz y oscuridad, desolaciones y consolaciones: huracán y bonanza.
En cuanto a la noche del espíritu, exige la superación de las pruebas espirituales de diverso origen: el demonio, el mundo, la carne: Surqué rabiosas aguas de mares ignorados, cabalgué sobre olas de violencia inaudita, sobre mil brazas de agua con cascos escorados, recorrí la traidora pampa que el sol limita (5).
El demonio sacude al alma desde afuera, como las fuerzas naturales a la nave.
La carne también se rebela; son los motines de la tripulación, es decir, de las pasiones y de los apetitos, que deben ser sometidos y apaciguados… El desgano de los Apóstoles tras la noche de trabajo infructuoso…
Es clara la referencia al ejercicio ascético del agere contra ignaciano: Con buena cara al tiempo malo y trucos osados, al hambre y los motines de la tripulación (5); así como a la resistencia heroica a las tentaciones sensuales: Doncellas que querían sacarme a salvamento, me hacían ojos dulces o charlas de pasión, la sangre se me alzaba de sed o sentimiento; mas yo era como un Sísifo volcando su peñón (8).
El mundo, por su parte, suma su persecución, siembra la duda y atenta contra la fe, pues las objeciones en contra del viaje del alma hacia Dios son presentadas por hombres serios, sensatos, representantes de la sabiduría o filosofía, de la prudencia o ética laica y de la ciencia humana del descreído mundo actual: Me decían los hombres serios de mi aldehuela: Si eso fuera seguro con su prueba segura, también me arriesgaría, yo me hiciera a la vela, pero arriesgarlo todo sin saber, es locura (6).
Es la levadura farisaica, saducea, herodiana…
La respuesta es tajante y firme, propia del magnánimo: Pero arriesgarlo todo justamente es el modo; pues Jauja significa la decisión total. Y es el riesgo absoluto y el arriesgarlo todo es la fórmula única para hacerla real.
Confiado en tu nombre lanzaré las redes…
Como no hay mapas para acceder a Jauja, cada viajero debe realizar su propio derrotero: Si estuviera en el mapa y estuviera a la vista, con correos y viajes de ida y vuelta y recreo, eso sería negocio, ya no fuera conquista, y no sería Jauja sino Montevideo (7).
Pero, precisamente, se trata de apostarlo todo para perderlo todo; por eso Jauja no tiene tantos adeptos y muchas almas retroceden cuando empiezan las dificultades: Dar dos recibir cuatro, cosa es de petardista, Jauja no es una playa –Hawai o Miramar. No la hizo un matemático sino el Gran Novelista, ni es hecha sino para marineros de mar (7).
La dificultad crece cuando la persecución proviene desde el interior mismo de la Iglesia, que es el puerto donde el alma debe abastecerse con la Doctrina y los Sacramentos: Las gentes de los puertos donde iba a bastimento, risueñas me miraban pasar como a un tilingo. Yo entendía en sus ojos su irónico comento, aunque nada dijeran o aunque hablaran en gringo (8).
Esta ha sido siempre y será la mayor cruz de los mártires y de los santos: el rechazo y exclusión por parte de las autoridades constituidas, las mismas que debían haberlos protegido.
Entre tanto, durante el vencimiento de obstáculos, tienen lugar las iluminaciones que mantienen al alma en camino hacia Jauja: La he visto muchas veces de mi puente de mando, al sol de mediodía o a la luz de la luna (10).
Es Jesús que se hace presente, sea al despertar en la barca, sea acercándose a ella caminando sobre las aguas, sea desde la playa: La he visto entre las brumas la he visto en lontananza, a la luz de la luna y al sol del mediodía (4).
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Con la octava estrofa termina la descripción del recorrido realizado, pues todas están construidas en tiempo pretérito. Todos los sufrimientos, soportados con paciencia y magnanimidad, han robustecido el alma para lo que se avecina, y la han confirmado en su única aspiración: Busco la isla de Jauja, sé lo que busco y quiero (9).
Para alcanzar el Reino de los Cielos, el despojo ha de ser total; el naufragio y la desnudez equivalen la Nada de San Juan de la Cruz, que es el medio para alcanzar el Todo: El naufragio es seguro y es la ley del crucero, pues los que quieren verla sin naufragar, son locos… Quieren llegar a ella sano y limpio el esquife, seca la ropa y todos los bagajes en paz, cuando sólo se arriba lanzando al arrecife el bote y atacando desnudo a nado el caz. Busco la isla de Jauja de mis puertos orzando y echando a un solo dado mi vida y mi fortuna (9 y 10).
Es temerario jugarse la vida y la fortuna si se cuenta con una sola tirada de dados, pero en este caso la partida se está jugando contra Dios.
Santa Teresita lo expresó de este modo: Vivir de amor es darse sin medida, sin reclamar salario aquí en la tierra, yo me doy sin cuento, bien segura de que en amor el cálculo no entra…
La espera puede hacerse larga y ardua: Mis galeotes de balde me lloran: ¿Cuándo, cuándo? Ni les perdono el remo ni les cedo el timón (10). Pero la perseverancia y constancia son condiciones para la victoria, pero serán premiadas con la posesión de Jauja…
Junto a la incertidumbre del momento en que ocurrirá, la seguridad del acceso definitivo al encuentro con Dios aligera y alivia un tanto el corazón: Este es el viaje eterno que es siempre comenzando; pero el término incierto canta en mi corazón (10).
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Y Jesús dormía o no estaba con ellos. ¿No parece que Dios duerme o nos deja solos en medio de todas nuestras pruebas actuales?
En medio de la tormenta, Dios parece permanecer ausente o sordo… mientras la tempestad prosigue sus estragos…
Desatinan y se acobardan las almas: ¡Dios nos abandona! ¡Se aproxima el fin!
Las borrascas del mar fueron prontas y pasajeras. Su simbolismo no exigía más; pero la realidad simbolizada, sí, pues las convulsiones o revoluciones se van sucediendo y se prolongan en el tiempo, y hacia el fin de los tiempos, ¡nuestros tiempos!, se han instalado como un estado y ambiente habitual.
En esta situación, nuestra perseverancia encuentra su sostén y firmeza en las claridades del pasado; su confianza y esperanza en el claroscuro futuro de las profecías; y su mérito en la obscuridad del presente.
Mientras perseveramos, admiremos y adoremos la conducta de Dios…
Tal perseverancia es muy razonable, y Dios la espera. Es bienhechora, y el gozo y la paz son sus frutos.
Este es el viaje eterno que es siempre comenzando…, pero el término incierto canta en mi corazón…
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JAUJA
Reverendo Padre Leonardo Castellani
De Kirkegord a Tomás de Aquino – Apéndice II
Su Majestad Dulcinea, página 101
El año cincuenta – y, antes del 60 (no recuerdo la fecha) – acabé de leer meditadamente el gran tratado de Kirkegord “Posdata definitiva no científica a las Nonadas Filosóficas”, después de haber leído otras obras menores para alcanzar su comprensión. El libro me fascinó (o más elegante me impactó) de tal modo que ese mismo día escribí el poema kierkegordiano Jauja, el mejor de los míos (esto quizá no sea decir mucho) con una facilidad no ordinaria, como si alguien me lo dictase.
Uso allí la alegoría de un viaje arriscado por mar a una de las Islas Afortunadas para corporizar el “Itinerarium Mentis” del místico danés; como Fray Juan de Yepes usó la de una subida a la montaña, Santa Teresa el ingreso a la cámara más íntima de un palacio, el Inglés Bunyan el de un viaje a pie plagado de obstáculos y peripecias alegóricas; y así otros poetas místicos.
La escrición del poema, que va aquí en apéndice, me dejó la impresión de que el danés me había ayudado, como se lo pedí, lo cual significaba que se había salvado y estaba con Dios, lo cual se puede tener por superstición (y Uds. caros lectores pueden tenerlo) pero en mí es convicción soberana.
(1) Yo salí de mis puertos tres esquifes a vela
Y a remo a la procura de la Isla Afortunada
Que son trescientas islas, mas la flor de canela
De todas es la incógnita que denominan Jauja
Hirsuta, impervia al paso de toda carabela
La cedió el Rey de Rodas a su primo el de León
Sólo se aborda al precio de naufragio y procela
Y no la hallaron Vasco de Gama ni Colón.
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(2) Rompí todas mis cosas implacable exterminio
Mi jardín con sus ramos de cedrón y de arauja
Mis libros de Estrabonio de Plutarco y de Plinio
Y dije que iba a América, no dije que iba a Jauja.
Pinté verdes los cascos y los remos de minio
Y las velas como alas de halcón y de ilusión
Quedé sin rey ni patria, refugio ni dominio
Mi madre y su pañuelo llorando en el balcón.
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(3) Muchas veces la he visto, diferentes facciones,
Diferentes lugares, siempre la misma Jauja
Sus árboles, sus frondas floridas, sus peñones
Sus casas, maderamen del más perito atauja.
Su señuelo hechicero de aromas y canciones
Enfervecía el celo de mi tripulación,
Mas desaparecían sus mágicas visiones
Apenas la ardua proa tocaba el malecón.
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(4) La he visto entre las brumas la he visto en lontananza
A la luz de la luna y al sol del mediodía
Con sus ropas de novia de ensueño y esperanza
Y su cuerpo de engaño decepción y folía.
Esfuerzo de mil años de huracán y bonanza
Empresa irrevocable pues no hay volver atrás
La isla prometida que hechiza y que descansa
Cederá a mis conatos cuando no pueda más.
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(5) Surqué rabiosas aguas de mares ignorados
Cabalgué sobre olas de violencia inaudita
Sobre mil brazas de agua con cascos escorados
Recorrí la traidora pampa que el sol limita.
Desde el cabo de Hatteras al golfo de Mogados
Dejando atrás la isla que habitó Robinson
Con buena cara al tiempo malo y trucos osados
Al hambre y los motines de la tripulación.
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(6) Me decían los hombres serios de mi aldehuela
“Si eso fuera seguro con su prueba segura
También me arriesgaría, yo me hiciera a la vela,
Pero arriesgarlo todo sin saber, es locura…”
Pero arriesgarlo todo justamente es el modo
Pues Jauja significa la decisión total
Y es el riesgo absoluto, y el arriesgarlo todo,
Es la fórmula única para hacerla real.
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(7) Si estuviera en el mapa y estuviera a la vista
Con correos y viajes de ida y vuelta y recreo
Eso sería negocio, ya no fuera conquista
Y no sería Jauja sino Montevideo.
Dar dos recibir cuatro, cosa es de petardista,
Jauja no es una playa —Hawai o Miramar.
No la hizo un matemático sino el Gran Novelista,
Ni es hecha sino para marineros de mar.
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(8) Las gentes de los puertos donde iba a bastimento
Risueñas me miraban pasar como a un tilingo
Yo entendía en sus ojos su irónico comento
Aunque nada dijeran o aunque hablaran en gringo.
Doncellas que querían sacarme a salvamento
Me hacían ojos dulces o charlas de pasión.
La sangre se me alzaba de sed o sentimiento
Mas yo era como un Sísifo volcando su peñón.
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(9) Busco la isla de Jauja, sé lo que busco y quiero
Que buscaron los grandes y han encontrado pocos
El naufragio es seguro y es la ley del crucero
Pues los que quieren verla sin naufragar, son locos…
Quieren llegar a ella sano y limpio el esquife,
Seca la ropa y todos los bagajes en paz,
Cuando sólo se arriba lanzando al arrecife
El bote y atacando desnudo a nado el caz.
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(10) Busco la isla de Jauja de mis puertos orzando
Y echando a un solo dado mi vida y mi fortuna;
La he visto muchas veces de mi puente de mando
Al sol de mediodía o a la luz de la luna.
Mis galeotes de balde me lloran: ¿Cuándo, cuándo?
Ni les perdono el remo, ni les cedo el timón.
Este es el viaje eterno que es siempre comenzando
Pero el término incierto canta en mi corazón.
ORACIÓN
Gracias te doy Dios mío que me diste un hermano
Que aunque sea invisible me acompaña y espera.
Claro que no lo he visto, pretenderlo era vano
Pues murió varios siglos antes que yo naciera
Mas me dejó su libro que, diccionario en mano,
De la lengua danesa voy traduciendo yo
Y se ve por la pinta del fraseo baquiano
Que él llegó, que él llegó.
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Breve diccionario
Esquife: Barco pequeño que se lleva en el navío para saltar a tierra y para otros usos.
Hirsuto: De carácter áspero.
Impervio: Inaccesible.
Procela: Borrasca. Tormenta.
Arauja: Planta trepadora.
Minio: Óxido de plomo que se emplea como pintura antioxidante.
Malecón: Murallón o terraplén que se hace para defenderse de las aguas.
Folía: Locura.
Conato: Tenacidad, empeño en el logro de una cosa.
Escorado: Dicho de un buque: Inclinarse por la fuerza del viento, o por otras causas.
Cabo de Hatteras: Antiguamente Cabo Medanoso. Cabo en la costa de Carolina del Norte. Conocido como «el cementerio del Atlántico» debido a la gran cantidad de barcos que naufragaban en la región.
Osado: persona que se atreve a afrontar situaciones difíciles o peligrosas con valentía y entereza.
Petardista: Persona que estafa.
Bastimento: Provisión para sustento.
Tilingo: Que es superficial, ridículo, tonto, y demuestra poca inteligencia al hablar.
Comento: Comentario, explicación o interpretación.
Salvamento: Lugar en que alguien se asegura de un peligro.
Sísifo: Personaje de la mitología griega, fundador y rey de Éfira (nombre antiguo de Corinto). Es conocido por su castigo: empujar cuesta arriba por una montaña una piedra que, antes de llegar a la cima, volvía a rodar hacia abajo, repitiéndose una y otra vez el frustrante y absurdo proceso.
Caz: Canal.
Orzar: Inclinar la proa hacia la parte de donde viene el viento.
Galeote: Hombre que remaba forzado en las galeras.

