LOS INNUMERABLES MÁRTIRES DE ZARAGOZA

MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

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 Hoy nos encomendamos a:

LOS INNUMERABLES MÁRTIRES DE ZARAGOZA

A principios del siglo IV, durante la persecución de Diocleciano, ofrecieron los cristianos de Zaragoza un ilustre espectáculo de constancia y de viva fe en Jesucristo.
Viendo Daciano, prefecto de la España citerior, que la matanza que había hecho en los cristianos nobles no disminuía el fervor y la constancia del pueblo, inventó un medio digno de su ferocidad para acabar de una vez con los fieles que allí había. Fingió dar licencia a los cristianos para que viviesen en su religión con tal que todos juntos saliesen de Zaragoza a avecindarse en otros lugares. Al mismo tiempo puso fuera de la ciudad apostados unos soldados, para que al salir los fieles se echasen sobre ellos de repente y los pasasen a cuchillo. Cerráronse todas las puertas, menos una, la occidental, para que saliendo todos por allí ninguno se escapase. Salieron en efecto; pero así que lo hubieron verificado vino sobre ellos la pelea de la fe, y de la mano de Dios recibieron la fidelidad y el premio de ella, que es la corona que a los soldados leales de su milicia tiene guardada en el cielo. Para que los cristianos no recogiesen los cuerpos de aquellos mártires Daciano los mandó quemar juntamente con los de algunos facinerosos, con el fin de que se mezclasen unas cenizas con otras; pero Dios frustró sus intentos. Del fuego salieron los cuerpos de los malhechores en la misma forma que antes, y los de los mártires reducidos a una masa muy blanca, la cual recogieron los fieles y la ocultaron en el campo, hasta que restituida la paz a la Iglesia en tiempo de Constantino hicieron en el mismo sitio una iglesia subterránea y en ella los colocaron, y se llamó esta capilla, ya desde muy antiguo, la iglesia subterránea de las Santas masas. Algunos han supuesto que todos estos Santos fueron llevados presos a Zaragoza, donde sufrieron martirio; pero esto no es exacto: de sus Actas, escritas por san Braulio, se ve claramente que todos estaban avecindados en la ciudad, y que eran muchos miles los que perecieron.

Leyenda de oro

DR. José Palau

Leer el Santo Evangelio del día  y catena aurea