JUICIO CRÍTICO SOBRE LA EDUCACIÓN ANTIGUA Y LA MODERNA

CONSERVANDO LOS RESTOS II

 

Primer entrega

 

“La buena educación de los jóvenes es, en verdad, el ministerio más digno, el más noble, el de mayor mérito, el más beneficioso, el más útil, el más necesario, el más natural, el más razonable, el más grato, el más atractivo y el más glorioso”

San José de Calasanz

 

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A raíz del desastre existente en la educación, que toca fondo hoy con la implementación de la execrable ideología de género, hacemos llegar a nuestros lectores este libro, cuya finalidad es desarmar todo mito contra la educación tradicional; las fábulas que han difundido los pedagogos seguidores de Rousseau para imponer la modernidad en este ámbito; y cuyo fracaso, a más de un siglo de su puesta en marcha, podemos ver y padecer en la actualidad.

La presente versión que iremos publicando, fue editada por CUBA CATÓLICA, y es una corrección de la publicada en 1886 por “IMPRENTA DE PABLO E. CONI e HIJOS” en Buenos Aires, Argentina.

JUICIO CRÍTICO SOBRE LA EDUCACIÓN ANTIGUA Y LAMODERNA

PABLO HERNANDEZ S.J

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

PRIMERA PARTE – DEL SISTEMA MODERNO

CAPÍTULO I – Los dos sistemas

CAPÍTULO II – Decadencia de la instrucción media

CAPÍTULO III – Movilidad de los planes de estudios

CAPÍTULO IV – Recargo excesivo de los estudios

CAPÍTULO V – Inconvenientes del método simultáneo

CAPÍTULO VI – Del fin de la segunda enseñanza

CAPÍTULO VII – Tendencia del sistema moderno al materialismo

CAPÍTULO VIII – De la enseñanza religiosa

CAPÍTULO IX – Del estado docente

SEGUNDA PARTE – DEL SISTEMA ANTIGUO

CAPÍTULO I – De los estudios clásicos considerados como medio para desarrollar las facultades del alumno

CAPITULO II – Otras razones que comprueban la importancia de los estudios clásicos

CAPÍTULO III – El latín lengua universal de los sabios y llave de las ciencias

CAPÍTULO IV – De la guerra contra los estudios clásicos y particularmente contra el latín

CAPÍTULO V – Del método que emplea el sistema antiguo para enseñar fructuosamente las lenguas clásicas

CAPÍTULO VI – Medios que sugiere el antiguo sistema para auxiliar la enseñanza clásica y conservar su fruto

CAPÍTULO VII – Otros medios eficaces del método antiguo para ayudar la enseñanza

CAPÍTULO VIII – Importancia que da el sistema antiguo a la filosofía y a las ciencias

CAPÍTULO IX – Doctrina y método para el estudio de este segundo período

CAPÍTULO X – Resultados de los dos sistemas y solución de algunas dificultades

CONCLUSIÓN

APÉNDICE

PARTE I – Origen sospechoso del sistema moderno

PARTE II – Razones particulares que hacen estimable el latín a todos los católicos

INTRODUCCIÓN

La felicidad de los reinos y de los pueblos, y muy principalmente la conservación de un Estado cristiano, depende de la buena educación de la juventud”. Estas palabras, que Enrique IV puso a la cabeza del Reglamento que dictó para la Universidad de París, explican el motivo que nos impulsó a trazar este humilde ensayo de un Juicio crítico sobre la educación antigua y la moderna, para concurrir al certamen que la ACADEMIA LITERARIA DEL PLATA celebrará este año en conmemoración del tercer centenario de Santa Rosa de Lima.

Más al tratar de la educación, no se crea que hayamos de exponer las múltiples y variadas cuestiones que con ella se enlazan, ni que pretendamos abarcar con toda su amplitud una materia tan vasta y fecunda.

Nuestro plan está delineado en el mismo lema propuesto para el certamen: un Juicio crítico sobre la educación antigua y la moderna; no se extiende, no puede extenderse más que al examen de los caracteres principales en que la una se diferencia de la otra, para afirmar cuál de ellos está en lo verdadero y cuál en lo falso.

Pero como quiera que se trata aquí de educación y ésta se inicia en la enseñanza primaria, se desenvuelve completa y adecuadamente en la secundaria y sólo se perfecciona y remata en la superior; todavía nos parece que este nombre de educación compete con más propiedad al período de la segunda enseñanza, que es cuando se forma el joven con el desarrollo gradual y metódico de sus facultades, y así en ésta principalmente nos ocuparemos, puesto caso que acerca de ella es donde más discrepan los modernos de los antiguos, y es éste el campo en el cual con mayor arresto lidian los defensores de uno y otro sistema.

Y a la verdad con harto fundamento, pues muchas de las bases de educación son comunes a todo género de enseñanza; tanto más ahora que, como cuerdamente advierte el Sr. Martínez y González, Profesor de la Universidad de Salamanca,

“… éste es uno de los grandes vicios que tiene la enseñanza moderna: en lugar de estar clasificada por sus fines lo está por su extensión. En todos los grados de la enseñanza el objeto del estudio es uno mismo: lo propio se estudia en las escuelas de primeras letras que en las Universidades; rudimentos en las escuelas de primeras letras; rudimentos más ampliados en las Normales; rudimentos más ampliados aún en los Institutos; y fundamentos en las Universidades. ¿Y quién hay capaz de señalar los límites de tantos grados de la enseñanza?”

Vamos, pues, a estudiar la educación moderna y la antigua, aplicando el escalpelo de la crítica a los métodos que en una y otra prevalecen, para separar lo precioso de lo vil, el oro acrisolado de la despreciable escoria.

Escribiendo principalmente para la República Argentina, procuraremos dar cierto colorido e interés local a nuestro trabajo, ya porque así parece exigirlo la utilidad que de él pueden reportar los que habrán de constituir la mayoría de nuestros lectores, si el presente escrito mereciese ver la luz pública, ya también porque nuestra actual enseñanza sigue las huellas de la que prima en otros países, y no difiere sino en leves accidentes de la que suele darse en todas las naciones donde ha prevalecido el sistema moderno.

Finalmente, advertimos que al refutar ideas de otros, como la índole de nuestro tema lo requiere, deseamos sí esclarecer la verdad, pero no es nuestro ánimo herir en lo más mínimo los sentimientos de persona alguna: se juzgan las opiniones, no los individuos. De suerte que, si bien escribimos con pleno conocimiento de causa, por haber saboreado con experiencia propia lo dulce y lo amargo de entrambos sistemas, y pesado con nuestras manos lo vano y lo sólido de sus frutos; no fallaremos sin embargo con otro fallo que el inspirado por la evidencia de la razón, o por el peso de la autoridad.

PRIMERA PARTE – DEL SISTEMA MODERNO

CAPÍTULO I – LOS DOS SISTEMAS

A dos pueden reducirse los sistemas que actualmente se disputan el campo de la enseñanza: el uno adoptado en los tiempos antiguos, y que floreció en los pueblos cristianos desde época inmemorial; el otro que data de un siglo a esta parte en su pleno desarrollo, y que ha venido tentando innumerables ensayos en diferentes países, sin que haya todavía alcanzado la meta.

El sistema moderno se ha presentado con la pretensión de sustituir al antiguo en todos los grados de la enseñanza, condenando como defectuosos los procedimientos de éste. El fin que se propone en la enseñanza secundaria es dejar a los jóvenes que con él se educan suficientemente instruidos y preparados para seguir los cursos de cualquier facultad científica, o para ocupar dignamente cualquier posición social, que no exija diploma universitario.

Por esto, desechando todo lo que no es de utilidad inmediata para las necesidades de la vida material, dirige todos sus esfuerzos a comunicar en poco tiempo y con poco trabajo la mayor suma de conocimientos posibles. De la Religión prescinde por completo, y si en alguna parte la mantiene, es más bien una apariencia engañosa que una realidad sincera; puesto que, incluyéndola en el plan de estudios como una asignatura cualquiera, le dedica cierto número de lecciones periódicas, a veces en condiciones harto desfavorables, pero sin cuidarse de que el conjunto de la instrucción esté en consonancia con el dogma religioso.

Quita toda la importancia que puede al estudio de las lenguas clásicas y no oculta su tendencia a suprimirlas enteramente. A la filosofía le concede un lugar muy secundario, contentándose con dar nociones someras que la despojan de todo carácter científico y deprimen la nobleza de su dignidad.

En vez de estos estudios, que forman la base del sistema antiguo, el moderno ha sustituido una caterva de materias, a las cuales se van añadiendo cada día otras nuevas, y las subdivide en varios cursos, de lo cual resulta que en un mismo año se aglomera una multitud de asignaturas diversas.

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El sistema antiguo se proponía un fin más elevado. Estudiada a fondo la naturaleza del niño, cuidaba de acomodarse a ella, ayudándole en el desarrollo gradual de sus facultades, para dejarlo en aptitud de emprender por sí solo cualquier género de estudios, por arduos y difíciles que estos fuesen.

Para no comprometer el éxito de la instrucción con el recargo y simultaneidad de materias heterogéneas, consideraba divididos en dos períodos los estudios que hoy comprende la segunda enseñanza: el primero, esencialmente preparatorio, lo dedicaba por entero a la formación literaria, mediante el conocimiento serio y profundo de las lenguas y literaturas latina, griega y nacional; el segundo período, que podría llamarse filosófico, lo consagraba a la filosofía como rama principal, y a las ciencias naturales y exactas en calidad de estudios accesorios.

Ni olvidaba que la parte superior del hombre debía ser cultivada por la Religión, no permitiendo, por consiguiente, que en ninguna de las clases fuese ni levemente atacada o menospreciada; antes bien, lejos de establecer, como el sistema moderno, una fría clase al nivel de las demás, en que el alumno aprenda lo que es la Religión, como aprende en la historia de la China o de la India las doctrinas de Confucio o de Buda; considerándola como sol divino que alumbra todas las esferas de la ciencia humana, se esforzaba en hacer que sus resplandores se difundieran por toda la enseñanza y acompañaran todos los conocimientos para darles luz, calor y vida.

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Si examinamos quiénes son los sostenedores de estos dos sistemas, veremos que el moderno es profesado casi universalmente en todos los países en que el Estado, arrogándose el cargo de maestro, ha establecido escuelas que él mismo dirige, cuyos profesores nombra y retribuye, a las cuales con leyes más o menos arbitrarias sujeta todos los otros establecimientos de enseñanza.

De esta manera, el sistema antiguo, que en la mayoría de estos reinaba mientras que el Estado no usurpó el monopolio magisterial, se va refugiando al abrigo de aquellas instituciones que, por su naturaleza, se sustraen a la influencia secularizadora de nuestro siglo, como son los Seminarios y los cuerpos religiosos docentes.

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