EN LA ESCUELA DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

CONSERVANDO LOS RESTOS

SUMA TEOLÓGICA

IIIa Parte

Cuestión 69

LOS EFECTOS DEL BAUTISMO I

Esta cuestión plantea y exige respuesta a diez problemas:

1º. ¿Borra el bautismo todos los pecados?

2º. ¿Libra el bautismo al hombre de pagar cualquier clase de pena?

3º. ¿Suprime el bautismo las penalidades de la vida presente?

4º. ¿Confiere el bautismo al hombre la gracia y las virtudes?

5º. Efectos de las virtudes conferidas por el bautismo.

6º. ¿Reciben también los niños las gracias y las virtudes en el bautismo?

7º. ¿Abre el bautismo a los bautizados la puerta del reino de los cielos?

8º. ¿Produce el bautismo el mismo efecto en todos?

9º. ¿Impide la simulación al sacramento producir su efecto?

10º. ¿Produce el bautismo su efecto al desaparecer la simulación?

ARTÍCULO 1

¿Borra el bautismo todos los pecados?

Objeciones por las que parece que el bautismo no borra todos los pecados:

1ª. El bautismo es una regeneración espiritual que se contrapone a la generación carnal. Ahora bien, por la generación carnal el hombre contrae sólo el pecado original. Luego el bautismo borra solamente el pecado original.

2ª. Para la remisión de los pecados personales basta el arrepentimiento. Ahora bien, en los adultos, antes del bautismo, se requiere el arrepentimiento, según las palabras de Act., 2, 38: Arrepentíos y bautizaos. Luego el bautismo no tiene eficacia para borrar los pecados personales.

3ª. Diversas enfermedades requieren diversas medicinas, porque, como dice San Jerónimo: No sana el ojo con lo que sana el calcañal. Pero el pecado original, que se borra con el bautismo, pertenece a un género de pecado diverso del pecado personal. Luego el bautismo no perdona todos los pecados.

Contra esto está que dice Ez., 36, 25: Os rociaréis con agua pura y quedaréis purificados de todas vuestras manchas.

Respondo que dice el Apóstol en Rom., 6, 3: Así también vosotros consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

De lo cual se deduce que el hombre por el bautismo muere a la vejez del pecado, y comienza a vivir para la novedad de la gracia.

Pero todo pecado pertenece a la primitiva vejez.

Luego queda claro que el bautismo borra todos los pecados.

Respuesta a las objeciones:

1ª. Dice el Apóstol en Rom., 5, 15 que el pecado de Adán no tiene tanto poder como el don de Cristo que se recibe en el bautismo porque si por el delito de uno solo murieron todos, cuánto más la gracia, después de muchos delitos, justificará a todos. Por lo que dice San Agustín en el libro De Baptismo Parvulorum que por la generación de la carne solamente se contrae el pecado original, mientras que por la regeneración del espíritu no solamente se obtiene la remisión del pecado original, sino también la de los pecados voluntarios.

2ª. De ningún pecado se puede alcanzar la remisión si no es por la virtud de la pasión de Cristo, por lo que el Apóstol dice en Heb., 9, 22 que no hay remisión sin derramamiento de sangre. Por consiguiente, el arrepentimiento de la voluntad humana no sería suficiente para la remisión de la culpa sin la fe en la pasión de Cristo y el propósito de participar en ella recibiendo el bautismo o sometiéndose a las llaves de la Iglesia. Por eso, cuando un adulto arrepentido se acerca al bautismo obtiene, ciertamente, la remisión de todos sus pecados con el deseo del bautismo, pero más perfectamente todavía si le recibe en realidad.

3ª. El razonamiento es válido para cada una de las medicinas en particular. Pero el bautismo actúa en virtud de la pasión de Cristo, que es una medicina universal para todos los pecados, de tal manera que el bautismo borra todos los pecados.

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ARTÍCULO 2

¿Libra el bautismo al hombre de pagar cualquier clase de pena?

Objeciones por las que parece que el bautismo no libra al hombre de pagar cualquier clase de pena:

1ª. Dice el Apóstol en Rom., 13, 1 que cuanto procede de Dios está bien ordenado. Pero la culpa, como dice San Agustín, no se pone en orden más que con la pena. Luego el bautismo no libra de pagar la pena debida a los pecados anteriores.

2ª. El efecto del sacramento guarda una cierta semejanza con el mismo sacramento, porque los sacramentos de la nueva ley realizan lo que significan. Ahora bien, la ablución bautismal tiene cierta semejanza con la ablución de una mancha, y ninguna semejanza con la sustracción de una pena.

3ª. Cuando a uno se le libra de pagar la pena, no queda sujeto a la pena, de tal manera que sería injusto castigarlo. Luego si el bautismo libra de pagar la pena, sería injusto, después de recibir el bautismo, ahorcar a un ladrón culpable de homicidio, con lo que el bautismo debilitaría el vigor de la justicia humana. Y esto no parece razonable. Luego el bautismo no libra de pagar la pena.

Contra esto está que comentando las palabras de Rom., 11, 29: los dones y la vocación de Dios son irrevocables, dice San Ambrosio: la gracia de Dios condona todo gratuitamente en el bautismo.

Respondo que uno se incorpora a la pasión y muerte de Cristo a través del bautismo, según la expresión de Rom., 6, 8: Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él.

De donde se deduce que a todo bautizado se le aplica la pasión redentora de Cristo como si Él mismo hubiese padecido y muerto.

Pero la pasión de Cristo ha satisfecho de modo suficiente por los pecados de todos los hombres.

Por tanto, el que se bautiza queda libre de la pena que debería pagar por sus pecados, como si Él mismo hubiese satisfecho de modo suficiente por todos ellos.

Respuesta a las objeciones:

1ª. Al hacerse miembro de Cristo, la pena de la pasión de Cristo se le aplica al bautizado como si Él mismo la hubiese sufrido. Por tanto, sus pecados quedan puestos en orden por la pena de la pasión de Cristo.

2ª. El agua no solamente limpia, sino que también refresca. Y así, el frescor significa la liberación de pagar la pena, como la ablución, la liberación de la culpa.

3ª. En las penas que están sometidas a la justicia humana, no sólo se tiene en cuenta el castigo que el hombre merece ante Dios, sino también las deudas contraídas con respecto a los hombres a quienes se ha dañado y escandalizado con el pecado de alguien. Por tanto, aunque el homicida quede liberado por el bautismo de pagar la pena con respecto a Dios, queda obligado todavía con respecto a los hombres, a los que es justo restituir con la pena, de la misma manera que antes se les lesionó con la culpa.

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ARTÍCULO 3

¿Debe el bautismo suprimir las penalidades de la vida presente?

Objeciones por las que parece que el bautismo debería suprimir las penalidades de la vida presente:

1ª. Como dice el Apóstol en Rom., 5, 15, el don de Cristo es más potente que el pecado de Adán. Ahora bien, por el pecado de Adán entró la muerte en el mundo, y con ella, todas las penalidades de la vida presente. Luego, con mayor motivo, el don de Cristo, que se recibe en el bautismo, debería liberar al hombre de las penalidades de la vida presente.

2ª. El bautismo borra la culpa original y la personal, como se acaba de decir. Y de tal modo libra de pagar la culpa personal que libra de pagar la pena merecida por la culpa personal. Luego debe liberar también de las penalidades de la vida presente, que son la pena del pecado original.

3ª. Suprimida la causa, desaparece el efecto. Pero la causa de estas penalidades es el pecado original, que se borra con el bautismo. Luego no deben permanecer todas estas penalidades.

Contra esto está que comentando las palabras de Rom., 6, 6: para que fuera destruido este cuerpo de pecado, dice la Glosa: Por el bautismo se obtiene la crucifixión del hombre viejo y la destrucción del cuerpo pecador, aunque no de tal manera que repentinamente desaparezca de la carne la concupiscencia, innata y como salpicada en toda ella, sino que lo que se obtiene es que no dañe, después de la muerte, la que llevamos con nosotros desde el nacimiento.

Respondo que el bautismo es capaz de quitar las penalidades de la vida presente, pero no las quita ahora, sino que por su virtud desaparecerán de los justos en la resurrección, cuando este ser corruptible se revista de inmortalidad, como se dice en I Cor., 15, 54.

Y es razonable que suceda así.

Lo primero, porque por el bautismo el hombre se incorpora a Cristo y se hace miembro suyo. Por tanto, es justo que se realice en el miembro incorporado lo que se ha realizado en la cabeza.

Ahora bien, Cristo, desde el primer instante de su concepción, estuvo lleno de gracia y de verdad. Asumió, sin embargo, un cuerpo pasible que a través de la pasión y la muerte fue resucitado a la vida gloriosa.

Pues, de modo parecido, el cristiano recibe en el bautismo la gracia para el alma, aunque conserva un cuerpo pasible, con el que pueda padecer por Cristo, pero, finalmente, será resucitado para una vida impasible. Por lo que el Apóstol dice en Rom., 8, 11: Quien resucitó a Jesucristo de entre los muertos vivificará también nuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en nosotros. Y poco después (v.17) añade: Herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser con él también glorificados.

En segundo lugar, es conveniente que no desaparezcan las penalidades ahora para el ejercicio espiritual, o sea, para que combatiendo el hombre contra la concupiscencia y las demás flaquezas, obtenga la corona de la victoria.

Por eso, comentando las palabras de Rom., 6, 6: para que fuera destruido el cuerpo de pecado, dice la Glosa: Si después del bautismo continúa el hombre viviendo en esta tierra, tiene que luchar contra la concupiscencia y, con la ayuda de Dios, tiene que vencerla. Este combate fue prefigurado así en Jue., 3, 1-2: Estos son los pueblos que Yahvé dejó subsistir para probar con ellos a Israel… para que las generaciones de los hijos de Israel aprendieran el arte de la guerra.

En tercer lugar, fue conveniente que no desapareciesen las penalidades aquí para que los hombres no se acercasen al bautismo con el fin de obtener la impasibilidad de la vida presente en lugar de acercarse para alcanzar la vida eterna.

Por lo que el Apóstol dice en I Cor., 15, 19: Si solamente pensando en esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, somos los más desgraciados de todos los hombres.

Respuesta a las objeciones:

1ª. Comentando la expresión de Rom., 6, 6: para que no sirvamos al pecado, dice la Glosa: De la misma manera que quien hace prisionero a un enemigo ferocísimo, no lo mata en el acto, sino que lo deja vivir algún tiempo con deshonor y sufrimiento, así Cristo primero nos ha ligado a la pena, para desligarnos de ella en el futuro.

2ª. En el lugar anteriormente citado, dice la Glosa: La pena del pecado es doble: infernal y temporal. Cristo destruyó enteramente la infernal para que no la experimenten los bautizados y los verdaderamente arrepentidos. Pero no suprimió del todo la pena temporal: ya que permanece el hambre, la sed, la muerte, pero ha destruido su reino y su dominio, de tal modo que el hombre no les tema, pero al final la destruirá del todo.

3ª. El pecado original siguió este proceso: primero, la persona contagió a la naturaleza, y, después, la naturaleza contagió a la persona. Pero Cristo, siguiendo un orden inverso, repara primeramente lo concerniente a la persona, y, después, repara, de modo simultáneo en todos, lo concerniente a la naturaleza. Por tanto, el bautismo borra instantáneamente en el hombre la culpa del pecado original y también la pena, consistente en carecer de la visión divina, cosas ambas que pertenecen a la persona. Pero las penalidades de la vida presente, como la muerte, el hambre, la sed y otras semejantes, corresponden a la naturaleza, cuyos principios las causan, en la medida en que está despojada de la justicia original. Por tanto, estos defectos sólo desaparecerán en la reparación definitiva de la naturaleza mediante la resurrección gloriosa.

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ARTÍCULO 4

¿Confiere el bautismo al hombre la gracia y las virtudes?

Objeciones por las que parece que el bautismo no confiere al hombre la gracia y las virtudes:

1ª. Los sacramentos de la nueva ley realizan lo que significan. Ahora bien, la ablución del bautismo significa que el alma es purificada de sus culpas, y no que se le infundan la gracia y las virtudes. Luego parece que el bautismo no confiere al hombre la gracia y las virtudes.

2ª. Lo que uno ha conseguido ya no necesita recibirlo de nuevo. Ahora bien, algunos se acercan al bautismo teniendo ya la gracia y las virtudes, como se lee en Act., 10, 1-2: Había en Cesárea un hombre, llamado Cornelio, centurión de la cohorte itálica, piadoso y temeroso de Dios, quien, sin embargo, fue después bautizado por Pedro (v. 48). Luego el bautismo no confiere la gracia y las virtudes.

3ª. La virtud es un hábito definido como una cualidad difícilmente mudable, por la que uno actúa fácil y deleitablemente. Ahora bien, después del bautismo permanece en el hombre la inclinación al mal, por el que desaparece la virtud, y uno encuentra dificultades para el bien, que es el acto virtuoso. Luego el bautismo no confiere al hombre la gracia y las virtudes.

Contra esto está lo que dice el Apóstol en Tito 3, 5-6: Nos salvó por el baño de la regeneración, o sea, por el bautismo, y por la renovación del Espíritu Santo, que derramó abundantemente sobre nosotros; es decir, para la remisión de los pecados y para la abundancia de las virtudes, como explica la Glosa . Luego el bautismo confiere la gracia del Espíritu Santo y la abundancia de las virtudes.

Respondo que dice San Agustín que el bautismo sirve para que los bautizados se incorporen a Cristo como miembros suyos.

Ahora bien, de Cristo Cabeza fluye a todos sus miembros la plenitud de gracia y de virtud, según las palabras de Jn., 1, 16: De su plenitud todos hemos recibido.

Es, por tanto, manifiesto que con el bautismo se consiguen la gracia y las virtudes.

Respuesta a las objeciones:

1ª. Como el agua del bautismo significa por la ablución la purificación de la culpa, y por el frescor la liberación de la pena, así por su transparencia significa el esplendor de la gracia y las virtudes.

2ª. Antes del bautismo se puede conseguir la remisión de los pecados por el deseo del mismo, ya sea explícito o implícito. Y, sin embargo, al recibirlo realmente, se verifica una remisión de la pena mucho más completa. Pues así también Cornelio y otros en su caso, consiguen la gracia y las virtudes antes del bautismo por la fe en Cristo y por el deseo del bautismo, ya sea implícito o explícito. Pero después, al recibirlo, consiguen una mayor abundancia de gracia y de virtudes. Por eso, comentando las palabras del Salmo 22, 2: hacia las aguas de reposo me conduce, dice la Glosa: Hacia el aumento de la virtud y de las buenas obras me conduce en el bautismo.

3ª. La dificultad para el bien y la inclinación al mal se encuentra en los bautizados no por la falta de hábitos y virtudes, sino a causa de la concupiscencia, que no desaparece con el bautismo. Pero de la misma manera que el bautismo disminuye la concupiscencia, de modo que no domine ya en el hombre, así también disminuye la dificultad para el bien y la inclinación al mal, de modo que el hombre no sea vencido por ellas.

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ARTÍCULO 5

Ciertos actos de las virtudes, como son la incorporación a Cristo, la iluminación y la fecundidad, ¿son atribuidles al bautismo como efectos de él?

Objeciones por las que no parece razonable considerar como efectos del bautismo ciertos actos de las virtudes, a saber: la incorporación a Cristo, la iluminación y la fecundidad:

1ª. No se da el bautismo al adulto si no cree, conforme a lo que se dice en Mc., 16, 16: El que creyere y se bautizare se salvará. Pero a Cristo uno se incorpora por la fe, según lo que se dice en Ef., 3, 17: Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones. Luego nadie se bautiza sin que ya esté incorporado a Cristo. Y, consiguientemente, la incorporación a Cristo no es efecto del bautismo.

2ª. La iluminación se produce a través de la enseñanza, conforme a lo que se dice en Ef., 3, 8-9: A mí, el menor de todos los santos, me fue otorgada la gracia de iluminar a todos… Pero la enseñanza catequética precede al bautismo. Luego la iluminación no es efecto del bautismo.

3ª. La fecundidad pertenece a la generación activa. Pero por el bautismo uno es pasivamente reengendrado a la vida espiritual. Luego la fecundidad no es efecto del bautismo.

Contra esto está que dice San Agustín: El bautismo sirve para que los bautizados se incorporen a Cristo. Y Dionisio atribuye la iluminación al bautismo. Y, comentando las palabras del Salmo 22, 2: hacia las aguas de reposo me conduce, dice la Glosa que el alma de los pecadores, estéril por la aridez es fecundada por el bautismo.

Respondo que a través del bautismo uno es regenerado a la vida espiritual, que es propia de los fieles de Cristo, como dice el Apóstol en Gal., 2, 20: la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios.

Ahora bien, la vida pertenece a los miembros que están unidos a la cabeza, de la que reciben sensibilidad y movimiento.

Por consiguiente, el bautismo incorpora necesariamente a Cristo, como miembro suyo.

Pues bien, como de la cabeza natural fluye a los miembros la sensibilidad y el movimiento, así de la cabeza espiritual, que es Cristo, fluye a sus miembros la sensibilidad espiritual, que consiste en el conocimiento de la verdad, y también el movimiento espiritual, que es un impulso de la gracia.

Por lo que se dice en Jn., 1, 14-16: Le hemos visto lleno de gracia y de verdad… De su plenitud hemos recibido todos.

Por tanto, se deduce que los bautizados son iluminados por Cristo con el conocimiento de la verdad, y son fecundados por él con la fecundidad de las buenas obras mediante la infusión de la gracia.

Respuesta a las objeciones:

1ª. Los adultos que ya creen en Cristo están incorporados a Él mentalmente. Pero cuando se bautizan, se incorporan a Él en cierto modo corporalmente, o sea, a través del sacramento visible, sin cuyo propósito ni mentalmente se hubiesen podido incorporar a Él.

2ª. El sabio ilumina desde fuera enseñando, pero Dios ilumina interiormente a los bautizados disponiendo los corazones para recibir la doctrina de la verdad, según las palabras de Jn., 6, 45: Está escrito en los profetas: todos serán enseñados por Dios.

3ª. Es efecto del bautismo la fecundidad por la que una persona produce buenas obras, pero no la fecundidad por la que uno engendra a otros en Cristo, según la expresión del Apóstol en I Cor., 4, 15: Yo os ensenaré en Cristo Jesús o por el evangelio.