EN HONOR A LA VERDAD

¿Es mudable la voluntad de Dios?
Respuesta
NO
Fundamento teológico
SANTO TOMÁS DE AQUINO
Suma Teológica
I Parte
Cuestión 19
Artículo 7
Objeciones por las que parece que la voluntad de Dios es mudable:
1ª Dice el Señor en Gén., 6, 7: Me pesa de haber hecho al hombre; y el que se arrepiente de lo que ha hecho, tiene una voluntad mudable. Luego lo es la de Dios.
2ª Jeremías dice en nombre del Señor Jer., 18, 7-8: Yo hablaré contra una nación y contra un reino, para desarraigarlo y destruirlo y maltratarlo; pero si aquella nación se arrepintiese de su mal, yo me arrepentiré también sobre el mal, que he pensado hacer sobre ella. Luego Dios tiene voluntad mudable.
3ª Todo lo que Dios hace, lo hace voluntariamente. Mas no hace siempre lo mismo; pues hubo un tiempo en que mandó observar las ceremonias legales y después las ha prohibido. Luego tiene voluntad mudable.
4ª Dios no quiere necesariamente lo que quiere; luego puede querer y no querer una misma cosa. Ahora bien, todo ser que puede optar entre cosas opuestas, es mudable según la voluntad; como el que puede ser y no ser, lo es en cuanto a la sustancia, y lo que puede estar y no estar aquí, es mudable según el lugar. Luego la voluntad de Dios es mudable.
Contra esto está lo que se dice en Núm., 23, 19: Dios no es como el hombre, para que mienta; ni como el hijo del hombre, para que se mude.
Respondo que la voluntad de Dios es de todo punto inmutable.
Debemos notar acerca de esto que hay diferencia entre mudar la voluntad y querer la mutación de algunas cosas; porque se puede, permaneciendo inalterable la misma voluntad, querer que una cosa se realice de presente, y que después tenga lugar su contrario.
Habría mudanza en la voluntad, cuando uno empezase a querer lo que antes no quería, o dejar de hacer lo que ha querido; lo cual por cierto no puede suceder sino presupuesta una mudanza, ya por parte del conocimiento, o ya acerca de la disposición de la sustancia del mismo volente.
Teniendo, pues, la voluntad por objeto el bien, puede uno comenzar a querer de nuevo una cosa de dos maneras:
1º porque de nuevo empiece a ser bueno aquello para él, lo cual supone un cambio en el sujeto; cual sucede, cuando, al sentir el frío, comienza a ser bueno sentarse junto al fuego, no siéndolo antes.
2º porque comienza a conocer la bondad de un objeto, que había ignorado hasta entonces; pues tomamos consejo, para saber lo que es bueno con relación a nosotros.
Mas ya queda demostrado que tanto la sustancia como la ciencia de Dios son absolutamente inmutables; luego no puede menos de serlo asimismo su voluntad.
Respuesta a las objeciones:
1ª Aquellas palabras del Señor deben entenderse metafóricamente proferidas, a imitación de nuestra manera de hablar; porque, cuando tenemos arrepentimiento, destruimos lo que hemos hecho; lo cual, por otra parte, no arguye cambio en la voluntad; puesto que bien puede un hombre, sin cambiar de voluntad, querer hacer una cosa con la simultánea intención de destruirla después. Así, comparando la acción de Dios con la nuestra, se dice que se arrepintió; lo cual significa que destruyó al hombre que había formado, exterminándolo de la faz de la tierra por las aguas del diluvio.
2ª Siendo la voluntad de Dios la causa primera y universal, no excluye las causas segundas, que tienen la virtud de producir ciertos efectos. Mas, no teniendo estas causas segundas la misma potencia que la causa primera, hay en la virtud y en la ciencia y voluntad de Dios muchas cosas que no son en modo alguno dominio de las causas inferiores: tal es la resurrección de Lázaro; de modo que el que no se fijase más que en las causas segundas, hubiera podido decir Lázaro no resucitará; más, elevándose hasta la causa primera, es decir, hasta Dios, pudo decir: Lázaro resucitará.
Dios quiere estas dos cosas, esto es, quiere algunas veces que una cosa se realice por obra de alguna causa segunda, pero que, sin embargo, no llegue a efectuarse según la causa superior, y recíprocamente.
Es preciso pues reconocer que Dios anuncia a veces que una cosa será, según que se halla en el orden de las causas inferiores, por ejemplo, atendida la disposición de la naturaleza o la consideración de los méritos; pero que no tiene efecto, porque la causa superior, que es la voluntad divina, ordena la contario. Así, cuando el Señor predijo a Ezequías Is. 38, 1: Dispón tu casa, porque morirás y no vivirás, el suceso no confirmó esta predicción; porque de toda la eternidad había decidido en esto de distinto modo la ciencia y voluntad de Dios, que es inmutable. Por lo cual dice San Gregorio que Dios cambia su sentencia, sin cambiar el consejo de su voluntad. Así, pues, lo que dice Dios, yo haré también penitencia, debe entenderse metafóricamente, para acomodarse a nuestro lenguaje; porque, cuando un hombre no realiza sus amenazas, parece que se arrepiente.
3ª Este razonamiento no prueba que la voluntad de Dios sea mudable, sino que quiere la mutación de las cosas.
4ª Aunque no sea absolutamente necesario que Dios quiera algo, no obstante sí lo es hipotéticamente, a causa de la inmutabilidad de la divina voluntad.
De un total de 101 respuestas:
14 contestaron SI
87 contestaron NO
Según esta estadística la mayoría contestó CORRECTAMENTE.
Insistimos en la importancia de conocer la doctrina de nuestra Iglesia para conservar intacta nuestra fe como nos ha sido mandado por Nuestro Señor y, de esta manera, no correr el riesgo de ser engañados por los errores, que pueden llevarnos a una eternidad sin Dios.
