MIRANDO AL MUNDO
MISTERIOS DE INIQUIDAD
ACUERDO ENTRE DECIMEJORGE Y LOS CHINOS
La Encíclica Ad apostolorum principis sepulcrum, ( Ver texto completo de la Encíclica aquí ) del 29 de junio de 1958, fue dada a publicidad recién el 8 de septiembre de ese año. Fue la última de Pío XII en publicarse y la penúltima en escribirse.
En 1947 China continental tenía ya su jerarquía propia formalmente establecida por Pío XII; allí había 20 Arquidiócesis, 85 Diócesis y 39 Prefecturas Apostólicas.
En 1926, Pío XI había consagrado personalmente a los primeros Obispos chinos en la Basílica de San Pedro, como recuerda Pío XII en la introducción de su Encíclica.
En 1947 se elevó este número a una veintena; mientras los sacerdotes chinos sumaban unos 2.500.
Desde 1952 se publican diversos documentos pontificios que denuncian los atentados siempre más graves contra la libertad de la iglesia católica en china.
En la Encíclica Evangelii praecones, de 1951, Pío XII evoca en general las dificultades que encuentran los misioneros en el extremo oriente; en 1952 en la Carta Cupimus imprimis, el Papa pone a los fieles cristianos en guardia contra el movimiento de la triple autonomía, la financiera, la administrativa y la apostólica; en 1945, la Encíclica Ad sinarum gentem, rechaza las calumnias que se estaban lanzando contra los católicos y la Sede Apostólica.
En la última Encíclica de Pío XII, Memmisse iuvat, no faltan alusiones severas a este estado de cosas, cuando pide oraciones especiales por la iglesia del silencio, y no dijo más el Sumo Pontífice porque ya obraba en manos de la autoridad eclesiástica china, aunque no se había publicado aún, la Encíclica en que se condena la separación abierta producida por las consagraciones episcopales recién realizadas.
En 1959, apareció en italiano un libro que traía, clasificados por países, todos los textos pontificios sobre la iglesia del silencio, en que la China continental ocupa un lugar tan doloroso; textos que complementan el anterior Libro rojo, consagrado a historiar los acontecimientos a que esas enseñanzas pontificias aluden.

Ahora resulta que, luego de muchos años de negociaciones, el Vaticano apóstata y China comunista anunciaron un acuerdo.
El subsecretario de Relaciones de la Santa Sede con los Estados, Antoine Camilleri, y el viceministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Chao, firmaron el acuerdo en Beijing, pero no explicaron mucho lo que se hizo.
En un comunicado, el Vaticano se limitó a señalar que el acuerdo es provisional, fruto de un acercamiento gradual y recíproco, hecho tras un largo proceso de delicadas negociaciones y que prevé evaluaciones periódicas sobre su implementación.
El director de la oficina de prensa del Vaticano, Greg Burke dijo: «Este acuerdo no es político, es pastoral. Lo que significa es que los creyentes en China tienen obispos que están en comunión con el Papa, pero al mismo tiempo son reconocidos por las autoridades chinas».
Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores de China en un breve comunicado dice que «continuarán sus comunicaciones para promover el progreso y avance de las relaciones bilaterales», lo que demostraría que este acuerdo no puede tener bases ni teológicas, ni litúrgicas, ni base en nada en lo que respecta a la validez de Sacramentos, es simplemente un acuerdo político.
Dicho pacto ha sido considerado como algo positivo por los políticos; mientras que los chinos que han sufrido la persecución comunista lo consideran una traición. La prensa, por su parte, anuncia que el acuerdo superó la división entre la Iglesia Patriótica, que respondía al régimen, y la Iglesia Clandestina leal al Papa de Roma.
No faltan quienes sostienen que, demostrando la solidez del pacto para el nombramiento de obispos al que llegaron Bergoglio y el gobierno de Beijing, se anunció que dos obispos chinos han sido autorizados a participar por primera vez de un Sínodo Mundial de Obispos, que comenzará el 5 de octubre y reunirá a delegaciones de las conferencias episcopales de todo el mundo e invitados especiales, que tratarán los problemas de la juventud hasta el 24 de octubre.
Se afirma que la presencia por primera vez de dos obispos chinos en el Sínodo crea un motivo extra de interés, porque esta institución está en importancia sólo por debajo de un Concilio Ecuménico.
Uno de los obispos que viajará al Sínodo de Roma es el actual secretario general de la conferencia de obispos chinos, en realidad la Asociación Patriótica de la Iglesia China, creada por el gobierno comunista en 1957, cuyos obispos no contaban con la autorización papal.
Guo Jincai era uno de los siete obispos rechazados por su falta de comunión con Roma; y que fueron canónicamente legitimados y acogidos en plena comunión con Decimejorge en el cuadro del acuerdo entre China y el Vaticano firmado en Beijing.
El cardenal Joseph Zen, arzobispo emérito de Hong Kong, que ha pasado gran parte de su vida ayudando a los católicos perseguidos por el régimen comunista, llama «traición» al acuerdo. En Facebook publica:
¿Cuál es el mensaje que este comunicado envía a los creyentes en China? (…) Con el acuerdo, el gobierno puede decir a los católicos: “¡Obedézcanme! ¡Estamos en acuerdo con su Papa!” (?)
El Partido Comunista tiene una largo historial de promesas rotas, por eso, en una carta firmada por unas 2.400 personas, los católicos dicen:
«La persecución religiosa nunca ha parado. Xi (El presidente chino) ha dejado claro que el Partido reforzará su control sobre las religiones (…) Estamos preocupados de que el acuerdo no sólo no garantice la libertad limitada deseada por la Iglesia, sino que también dañe la santidad, la catolicidad y la apostolicidad de la Iglesia».
Está claro que los verdaderos católicos se dan cuenta de que esto romperá con la sucesión apostólica y la validez de sacramentos.
Este acuerdo demuestra, una vez más, que la iglesia conciliar es simplemente una organización política, mientras que la remota China, hay quienes todavía tienen Fe.
El Partido Comunista lleva gobernando al país más poblado del mundo desde 1949 y gobernando a sus “católicos” desde 1951. ¿Acaso se puede pensar que Pekín ha reconocido de pronto el valor de la religión? Más bien debemos decir que Pekín comprueba que la Roma apóstata ya no constituye ni un desafío ni un peligro para Partido Comunista, sino un aliado.

El nombramiento de obispos ha sido la clave de las diferencias entre el gobierno Chino y el Papado desde que se rompieron las relaciones cuando Pío XII excomulgó en 1951 a dos obispos designados por Beijing y el régimen respondió expulsando al nuncio apostólico.
Desde entonces, los fieles católicos, obedientes a Roma, se transformaron en una Iglesia clandestina, la Iglesia de las Catacumbas de China.
Por su parte, la iglesia cismática fiel al gobierno Chino, la iglesia patriótica, denominada oficialmente Asociación Patriótica Católica de China, no fue reconocida por la Santa Sede. Ella está estrictamente controlada por el Partido Comunista.
Durante los años de disputa, los católicos, obispos sacerdotes y laicos, han sido perseguidos, destituidos de sus propiedades, asesinados, mandados a campos de re-entrenamiento psicológico, como en todos los países de la iglesia del silencio.
Mientras tanto, el gobierno chino realizó nombramientos episcopales sin el consentimiento del Vaticano. Esto arroja un manto de duda seria sobre la validez de los sacramentos en la Iglesia Patriótica.
En cuanto a los católicos de la iglesia clandestina, que siguieron administrando y recibiendo sacramentos válidos por mucho tiempo, puede que hayan adoptado los cambios del concilio vaticanezco y que estén usando ahora los nuevos sacramentos, provenientes de los nuevos obispos y los nuevos sacerdotes de la Nueva Roma apóstata.
