CONTEMPLATIVOS EN LA ACCIÓN

Santa Juana, la Virgen de Orleáns, y Santa Teresa, la Virgen de Lisieux, son dos modelos de la militancia católica, combatiendo contra los enemigos de la Iglesia y de la Civilización Cristiana. Dos grandes santas, que llevaron vidas tan diferentes – una estrictamente militar y la otra contemplativa- tienen sin embargo profundas afinidades entre si.
Santa Teresa no vivió para ver la canonización de Santa Juana, y ella estaba muy lejos de imaginar que el 18 de mayo de 1925 el Papa Pío la presentaría a ella misma al mundo Católico como “la nueva Juana de Arco“; y que durante la Segunda Guerra Mundial, el Papa Pío XII la declararía, al igual que a la Virgen de Orleáns, “patrona secundaria de Francia“.
Novena a Santa Teresita aquí
S.S. Benedicto XV: «Contra la presunción de alcanzar con medios humanos un fin sobrenatural»
Pío X no tuvo tiempo de seguir el camino de la causa de beatificación. Su sucesor, Benedicto XV (1914-1922), la aceleró. El 14 de agosto de 1921 publicó el Decreto sobre las virtudes heroicas de la pequeña Teresa y, por primera vez, un papa usó la expresión “infancia espiritual” para referirse a la “doctrina” de la santa de Lisieux: «La infancia espiritual», dijo el Papa, «está constituida por la confianza en Dios y por el ciego abandono en sus manos […]. No es difícil notar los méritos de esta infancia espiritual tanto por lo que excluye como por lo que supone. Excluye, en efecto, la soberbia; excluye la presunción de alcanzar con medios humanos un fin sobrenatural; excluye la falacia de bastarse a sí mismo en la hora del peligro y de la tentación. Y, por otra parte, supone fe viva en la existencia de Dios; supone homenaje práctico a la potencia y misericordia de Él; supone confiada invocación a la providencia de Aquel, del que podemos obtener la gracia y evitar todo mal y conseguir todo bien […] Deseamos que el secreto de la santidad de sor Teresa del Niño Jesús sea conocido por todos».
