EL ASEDIO ENEMIGO
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Uno de los argumentos que utilizan los embanderados a favor de la muerte del niño por nacer, es utilizar la falacia del ejemplo extremo. En este sentido, la mayor premisa en cualquier país para aprobar el aborto o para justificarlo, es el supuesto de la violación.
En nuestro país, así como en la mayoría, no es punible (lamentablemente), desde 1921, un aborto por violación a una demente o idiota. Dice el artículo 86 del Código Penal:
Incurrirán en las penas establecidas en el artículo anterior y sufrirán, además, inhabilitación especial por doble tiempo que el de la condena, los médicos, cirujanos, parteras o farmacéuticos que abusaren de su ciencia o arte para causar el aborto o cooperaren a causarlo.
El aborto practicado por un médico diplomado con el consentimiento de la mujer encinta, no es punible:
1º. si se ha hecho con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la madre y si este peligro no puede ser evitado por otros medios;
2º. si el embarazo proviene de una violación o de un atentado al pudor cometido sobre una mujer idiota o demente. En este caso, el consentimiento de su representante legal deberá ser requerido para el aborto.
Sin embargo y aunque el citado artículo es muy claro, los injustos de la corte que no legislan, sino que interpretan y reinterpretan a su gusto, en el año 2012, por el caso de una menor de 15 años abusada por su padrastro que resultó embarazada, el máximo tribunal sentó jurisprudencia al declarar que las mujeres violadas, sean insanas o normales, podrán practicarse un aborto sin necesidad de autorización judicial previa ni temor a sufrir una posterior sanción penal.
Por esta brecha se quieren abrir camino las activistas pro aborto imponiendo en la sociedad, con ejemplos de casos muy penosos (que suman un porcentaje ínfimo en nuestro país), que el aborto debe ser legal. Pero, escondida detrás de esta falacia, está el concepto de que hay vidas que tienen más valor que otras.
Así como las pañuelo verde, y sus representantes en la cámara de diputados y senadores, no toleran ver un vídeo explícito del asesinato de un niño en el vientre materno, tampoco han prestado atención a los muchísimos testimonios de personas que han sido el fruto de una violación y han nacido. Por supuesto, no les conviene a su propaganda que se sepa lo felices y agradecidas que ellas están por haberlas dejado nacer.
Dejamos a continuación tres testimonios que desarman por completo las argumentaciones de quienes creen que un hijo, fruto de una violación, no debe nacer.
KARINA ESTRELLA:
“¡A ver quién se atreve a decir que su vida vale más que la mía!”
REBECCA KIESSLING:
“Mi madre me dijo que me hubiera abortado si hubiera sido legal”
LIANNA REBOLLEDO:
“La ley está con usted para que aborte; el producto de esta violación siempre le recordará a sus agresores, le dijo el médico”
“Yo no te di la vida, hija; tú me la diste a mi”
Nuestra Santa Iglesia Católica, la Única y Verdadera, en su sabiduría, como explicábamos en entregas anteriores, (ver aquí , aquí y especialmente aquí), condena el aborto sin excepciones ni interpretaciones:
“Los que procuran el aborto, sin exceptuar a la madre, incurren, si se sigue el efecto, en excomunión latæ sententiæ reservada al ordinario, y si son clérigos deben además ser depuestos”. (C.I.C. Canon 2350 §1).
“Todo ser humano, aunque sea el niño en el seno materno, recibe derecho a la vida inmediatamente de Dios, no de los padres, ni de clase alguna de la sociedad o autoridad humana. Por eso no hay ningún hombre, ninguna autoridad humana, ninguna ciencia, ninguna “indicación” médica, eugenésica, social, económica, moral, que pueda exhibir o dar un título jurídico válido para una disposición deliberada directa sobre una vida humana inocente; es decir, una disposición que mire a su destrucción, bien sea como fin, bien como medio para otro fin que acaso de por sí no sea en modo alguno ilícito”.
Y sabemos muy bien que “condenar” significa el infierno, para quienes mueren sin arrepentimiento…
Reflexionemos un poco, para finalizar.
Santo Tomás considera que el fuego del infierno es de la misma especie que el de la tierra, aunque con ciertas propiedades diferentes, principalmente en cuanto que no necesita combustible para alimentarse, atormenta a las almas además de los cuerpos y atormentará eternamente a los réprobos sin destruirlos. Además, no ilumina…; en el infierno reinan las tinieblas…
Interesante este dato, sobre todo para aquellos que vociferan que la única iglesia que ilumina es la que arde…, pues bien, si no se convierten y hacen penitencia, ellos arderán por la eternidad sin iluminar.
