CONSERVANDO LOS RESTOS
SUMA TEOLÓGICA
IIIa Parte
Cuestión 66
EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO I
Este sacramento plantea una doble consideración. Primera, el bautismo en sí mismo. Segunda, la preparación del bautismo.
La primera implica cuatro aspectos. Primero, elementos constitutivos del bautismo. Segundo, el ministro de este sacramento. Tercero, los que reciben este sacramento. Cuarto, el efecto de este sacramento.
El primer aspecto (elementos constitutivos del bautismo) plantea y exige respuesta a doce problemas:
1º. ¿Consiste el bautismo en la ablución?
2º. La institución de este sacramento.
3º. ¿Es el agua la materia propia de este sacramento?
4º. ¿Se requiere que el agua sea pura?
5º. ¿Es yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo la forma adecuada de este sacramento?
6º. ¿Se puede bautizar con la fórmula yo te bautizo en el nombre de Cristo?
7º. ¿Es necesaria la inmersión en el bautismo?
8º. ¿Se requiere la triple inmersión?
9º. ¿Puede reiterarse el bautismo?
10º. El rito bautismal.
11º. La diversidad de bautismos.
12º. La relación entre ellos.
ARTÍCULO 1
¿Consiste el bautismo en la misma ablución?
Objeciones por las que parece que el bautismo no consiste en la misma ablución:
1ª. La ablución corporal pasa, mientras que el bautismo permanece. Luego el bautismo no consiste en la ablución, sino que es más bien regeneración y sello y custodia e iluminación, como dice San Juan Damasceno.
2ª. Dice Hugo de San Víctor que el bautismo es el agua santificada por la palabra de Dios para borrar los pecados. Pero el agua no es la ablución, sino que la ablución es un uso del agua.
3ª. Dice San Agustín: Cae la palabra sobre el elemento y se hace el sacramento. Pero el elemento es la misma agua. Luego el bautismo es la misma agua, y no la ablución.
Contra esto está que se dice en Eclo., 34, 30: Quien se lava por haber tocado un muerto, y de nuevo vuelve a tocarle, ¿para qué le aprovecha su ablución? Parece, pues, que el bautismo es la misma ablución o lavado.
Respondo que en el sacramento del bautismo hay que distinguir tres cosas: lo que es sacramentum tantum, lo que es res et sacramentum y lo que es res tantum.
Pues bien, el sacramentum tantum es el elemento visible y externo, signo del efecto interior: en eso consiste la noción de sacramento.
Pero lo que exteriormente impresiona los sentidos es el agua y su uso, que es la ablución. Por eso algunos opinaron que el sacramento es el agua, como parecen decir las palabras de Hugo de San Víctor, quien define el sacramento en general diciendo que es un elemento material, y, al hablar de la definición del bautismo en concreto, dice que es el agua.
Puesto que los sacramentos de la nueva ley producen una cierta santificación, para que haya sacramento deberá producirse una santificación.
Ahora bien, en el agua esta santificación no se produce, sino que en ella tiene lugar una virtud instrumental de santificación no permanente, sino fluyendo hacia el hombre, que es el sujeto de la verdadera santificación.
Por lo que el sacramento no se realiza en el agua, sino en la aplicación del agua al hombre, que es la ablución.
Por eso el Maestro, en 3 dist. IV Sent. c.l, dice que el bautismo es la ablución exterior del cuerpo realizada con las palabras prescritas.
La res et sacramentum es el carácter bautismal, que es la cosa significada por la ablución exterior y es el signo sacramental de la justificación interior.
Y la res tantum es esta justificación interior, o sea, es la cosa significada sin que ella sea signo.
Respuesta a las objeciones:
1ª. En el bautismo permanecen lo que es sacramentum et res, esto es, el carácter, y lo que es res tantum, o sea, la justificación interior. El carácter, sin embargo, permanece indeleblemente, mientras que la justificación permanece de modo que se puede perder.
San Juan Damasceno, por tanto, definió el bautismo no como un rito externo, que es el sacramentum tantum, sino como una realidad interna, utilizando dos denominaciones que se refieren al carácter: sello y custodia. Y esto porque el carácter, que se llama sello, custodia, de suyo, el alma en el bien. Y aplica también dos denominaciones al último efecto del sacramento: la de regeneración, porque el hombre por el bautismo comienza la nueva vida de justicia, y la de iluminación, que pertenece especialmente a la fe con la que el hombre recibe la vida sacramental, conforme a las palabras de Heb., 2, 4: el justo vive de la fe. El bautismo, en efecto, es una profesión de fe. Por eso se le denomina sacramento de la fe.
De modo semejante, Dionisio definió el bautismo con relación a los otros sacramentos diciendo que es un cierto principio que dispone nuestras almas para la oportuna recepción de las acciones sagradas prescritas para nosotros. Y también lo define con relación a la gloria celestial, que es el fin común de los sacramentos, diciendo que es camino que nos lleva al descanso celestial. Y lo define, además, con relación al principio de la vida espiritual, con estas palabras: Transmisión de nuestra sagrada y divinísima regeneración.
2ª. Ya hemos dicho que no se puede seguir la opinión de Hugo de San Víctor en este punto. Puede, no obstante, decirse que el bautismo es el agua considerando que el agua es el principio material del bautismo, en cuyo caso sería una denominación causal.
3ª. Cayendo la palabra sobre el elemento se hace el sacramento, pero no en el elemento, sino en el hombre, a quien se aplica el elemento con la ablución. Y esto es lo que significan las palabras que acompañan al elemento cuando se dice: Yo te bautizo, etc.
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ARTÍCULO 2
¿Fue instituido el bautismo después de la pasión?
Objeciones por las que parece que el bautismo fue instituido después de la pasión de Cristo:
1ª. La causa es anterior al efecto. Pero la pasión de Cristo opera en los sacramentos de la nueva ley. Luego la pasión de Cristo es anterior a los sacramentos de la nueva ley. Y muy especialmente a la institución del bautismo, puesto que dice el Apóstol en Rom., 6, 3: Los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte.
2ª. Los sacramentos de la nueva ley reciben su eficacia del mandato de Cristo. Pero Cristo dio a sus discípulos el mandato de bautizar cuando, después de su pasión y resurrección, les dijo: Id y enseñad a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre, etc., como se dice en Mt., 28, 19. Luego parece que el bautismo fue instituido después de la pasión de Cristo.
3ª. El bautismo es un sacramento necesario. Y así vemos cómo desde el momento de su institución los hombres han sido obligados a bautizarse. Pero antes de la pasión de Cristo los hombres no tenían obligación de bautizarse, ya que todavía estaba en vigor la circuncisión, que fue reemplazada por el bautismo. Luego parece que el bautismo no fue instituido antes de la pasión de Cristo.
Contra esto está que dice San Agustín en un Sermón De Epiphania: Desde el momento en que Cristo se sumergió en el agua, el agua borra los pecados de todos. Pero esto sucedió antes de su pasión. Luego el bautismo fue instituido antes de la pasión de Cristo.
Respondo que los sacramentos tienen el poder de conferir la gracia por su institución, de donde se deduce que el momento de la institución de un sacramento es cuando recibe el poder de producir su efecto.
Pero el bautismo recibió este poder cuando Cristo fue bautizado.
Luego en aquel momento quedó instituido el bautismo como sacramento.
Sin embargo, la obligación de bautizarse fue impuesta a los hombres después de la pasión y resurrección, sea porque en la pasión de Cristo acabaron los sacramentos prefigurativos, a los que reemplazó el bautismo y los otros sacramentos de la nueva ley, sea también porque el hombre queda configurado por el bautismo a la pasión y resurrección de Cristo en cuanto muere al pecado y comienza una nueva vida de justicia.
Por eso, fue preciso que Cristo padeciese y resucitase antes de imponer a los hombres la necesidad de configurarse a su muerte y resurrección.
Respuesta a las objeciones:
1ª. También antes de la pasión de Cristo el bautismo recibía su eficacia de la pasión de Cristo en cuanto la prefiguraba, pero de distinto modo que los sacramentos de la antigua ley. Porque éstos eran solamente figuras. El bautismo, sin embargo, recibía la virtud de justificar del mismo Cristo, virtud que también hacía salvífica la pasión de Cristo.
2ª. No era conveniente que Cristo, venido para abolir las figuras cumplidas en él, coartase a los hombres con muchas de estas figuras. Por eso, antes de su pasión no impuso como precepto el bautismo, que ya estaba instituido, sino que quiso habituar a los hombres a recibirlo, y especialmente al pueblo judío, para el que todos los acontecimientos eran prefigurativos, como dice San Agustín. Pero después de la pasión y resurrección impuso como precepto la necesidad del bautismo no sólo a los judíos, sino también a los gentiles, cuando dijo: Id, enseñad a todas las gentes.
3ª. Los sacramentos no son obligatorios hasta que se imponen bajo precepto. Lo cual, como hemos dicho antes, no tuvo lugar antes de la pasión. Porque las palabras del Señor a Nicodemo según Jn., 3, 5: El que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios, parecen referirse más al futuro que al presente.
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ARTÍCULO 3
¿Es el agua la materia propia del bautismo?
Objeciones por las que parece que el agua no es la materia propia del bautismo:
1ª. El bautismo, según Dionisio ‘ y San Juan Damasceno, tiene una fuerza iluminativa. Pero iluminar es propio sobre todo del fuego. Luego el bautismo debe hacerse más con fuego que con agua, teniendo en cuenta especialmente que Juan el Bautista, preanunciando el bautismo de Cristo en Mt., 3, 11, afirmó: Él os bautizará con Espíritu y con fuego.
2ª. En el bautismo se quiere significar el lavado de los pecados. Pero hay muchas cosas que sirven para lavar, además del agua, como el vino, el aceite y otras semejantes. Luego también con estas cosas se puede bautizar. Luego el agua no es la materia propia del bautismo.
3ª. Los sacramentos de la Iglesia brotaron del costado de Cristo suspendido en la cruz. Pero de allí brotó no solamente agua, sino también sangre. Luego parece que también pueda bautizarse con sangre. Lo cual sería congruente con el efecto del bautismo, porque se dice en Ap., 1, 5: Nos lavó de nuestros pecados con su sangre.
4ª. Dicen San Agustín y San Beda que Cristo con el contacto de su carne purísima confirió a las aguas fuerza regeneradora y purificadora. Pero no todas las aguas están en comunicación con el agua del Jordán, que es la que Cristo tocó con su cuerpo. Luego parece que no se puede bautizar con cualquier agua. En cuyo caso el agua, en cuanto tal, no es la materia propia del bautismo.
5ª. Si el agua en cuanto tal fuese la materia propia del bautismo, no se necesitaría hacer ninguna cosa más con ella para bautizar. Pero en la celebración del bautismo solemne se exorciza y se bendice el agua que se va a utilizar en el bautismo. Luego parece que el agua en cuanto tal no es la materia propia del bautismo.
Contra esto está que el Señor dice en Jn., 3, 5: El que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.
Respondo que por institución divina el agua es materia propia del bautismo. Y las conveniencias para ello son varias.
En primer lugar, por la naturaleza misma del bautismo que es regeneración para la vida espiritual, función que está muy de acuerdo con el agua. De hecho, los gérmenes de todos los vivientes, tanto de plantas como de animales, son húmedos y compuestos de agua. Por lo que, basados en esto, algunos filósofos sostuvieron que el agua es el principio de todas las cosas.
En segundo lugar, por los efectos del bautismo, que son afines a las propiedades del agua. La cual, porque es húmeda, lava, lo cual es conveniente para significar y causar la ablución de los pecados. Por su frescura mitiga el exceso de calor, por lo que es apta para significar la mitigación del ardor y de la concupiscencia. Por su transparencia es permeable a la luz, y esto es muy armonizable con el bautismo, que es sacramento de la fe.
En tercer lugar, porque es apta para representar los misterios de Cristo por los que somos justificados. Porque, como dice San Juan Crisóstomo comentando las palabras de Jn., 3, 5: El que no nazca, etc., Sumergiéndonos la cabeza en el agua, como si fuese en un sepulcro, el hombre viejo es sepultado y ocultado en el fondo, para emerger el hombre nuevo.
En cuarto lugar, porque siendo tan común y tan abundante es una materia apta para la necesidad de este sacramento, ya que puede encontrarse fácilmente en cualquier sitio.
Respuesta a las objeciones:
1ª. Iluminar pertenece al poder activo del fuego. Ahora bien, quien se bautiza no se convierte en un agente de luz, sino que es iluminado por la fe, que nace de escuchar la palabra, como se dice en Rom., 10, 17. Y por eso es más apta el agua para el bautismo que el fuego.
En la frase Él os bautizará con Espíritu Santo y con fuego, por fuego puede entenderse, como dice San Jerónimo, el Espíritu Santo, quien, según Act., 2, 3, apareció sobre los discípulos en forma de lenguas de fuego. Puede entenderse también por fuego, según San Juan Crisóstomo, la tribulación, porque la tribulación purifica de los pecados y disminuye la concupiscencia, o porque a los bautizados en el Espíritu Santo sólo les resta la consumación en el fuego del juicio, como dice San Hilario.
2ª. El vino y el aceite no se utilizan comúnmente para la ablución como el agua. Ni lavan con la misma perfección, porque después de lavar con ellos queda un mal olor que no queda con el agua. Además de que esos elementos no son tan comunes ni tan abundantes como el agua.
3ª. Del costado de Cristo brotó agua para lavar y sangre para redimir. Por eso, a la sangre le corresponde el sacramento de la Eucaristía, y al agua, el sacramento del bautismo. El bautismo, sin embargo, recibe su fuerza purificadera de la sangre de Cristo.
4ª. La virtud de Cristo ha sido comunicada a todas las aguas no porque éstas estén en contacto con las del Jordán, sino por la semejanza específica. De hecho, dice San Agustín en un Sermón De Epiphania: La bendición que fluyó del bautismo del Salvador invadió, como un río espiritual, el curso de todas las aguas y los manantiales de todas las fuentes.
5ª. La bendición que se hace del agua no es necesaria para el bautismo, sino que pertenece a una cierta solemnidad que mueve a la devoción de los fieles e impide que la astucia del demonio obstaculice el efecto del bautismo.
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ARTÍCULO 4
¿Se requiere para el bautismo que el agua esté limpia?
Objeciones por las que parece que no se requiere agua limpia para el bautismo:
1ª. El agua que solemos tener a mano no es pura, y esto se constata especialmente en el agua del mar, con la que se mezclan tantos elementos terrestres, como dice Aristóteles. Sin embargo, con esta agua se puede bautizar. Luego no se requiere agua limpia y pura para el bautismo.
2ª. En la celebración solemne del bautismo se mezcla crisma con el agua. Pero esto es suficiente para que el agua no sea pura y limpia. Luego no se requiere para el bautismo agua pura y limpia.
3ª. El agua que brotó del costado de Cristo pendiente de la cruz era signo del bautismo. Pero aquélla no parece que fuese agua pura, porque en un cuerpo mixto, cual era el cuerpo de Cristo, los elementos no se encuentran en estado simple. Luego parece que no se requiere agua pura y limpia para el bautismo.
4ª. La lejía no parece que sea agua pura, ya que tiene propiedades contrarias a las del agua, como son la de calentar y secar. Sin embargo, parece que con la lejía se puede bautizar; como se puede bautizar con aguas termales que atraviesan capas sulfurosas, así también se puede bautizar con lejía filtrada a través de cenizas. Luego parece que no se requiere agua limpia para bautizar.
5ª. El agua de rosas se obtiene por destilación de rosas, como las aguas químicas se obtienen por destilación de algunos cuerpos. Pero con estas aguas parece que se puede bautizar, como con el agua de lluvia que se obtiene por la condensación del vapor. Y puesto que estas aguas no son puras y limpias, no parece que para bautizar se requiera el agua pura y limpia.
Contra esto está que la materia propia del bautismo es el agua. Pero solamente el agua limpia es verdaderamente agua. Luego para bautizar se necesita agua pura y limpia.
Respondo que el agua puede perder su pureza y limpieza de dos maneras: por mezcla con otro cuerpo y por alteración. Y tanto la una como la otra pueden acontecer artificial o naturalmente.
Las obras realizadas artificialmente, sin embargo, tienen menos poder que las realizadas por la naturaleza. Porque la naturaleza da la forma sustancial, mientras que artificialmente eso no se puede hacer, sino que todas las formas artificiales son accidentales, a no ser que se ponga en contacto el propio agente con la propia materia, como es el caso del fuego y del combustible. De este modo algunos consiguen producir por putrefacción algunos animales.
Así pues, cualquier transmutación operada artificialmente en el agua, sea por mezcla o alteración, no cambia la naturaleza del agua. Por tanto, con esta agua se puede bautizar, a no ser que se mezcle artificialmente tan poca cantidad de agua con otro cuerpo, que el resultado sea más otra cosa que agua, como es el caso del lodo, que es más tierra que agua, o el caso del vino aguado, que es más vino que agua.
La transmutación natural, sin embargo, a veces destruye la naturaleza del agua, y esto ocurre cuando el agua entra a formar parte sustancial de un cuerpo mixto, como sucede con el agua convertida en jugo de uva, que es vino, y no tiene ya naturaleza de agua. Otras veces, no obstante, esta transmutación natural no destruye la naturaleza del agua, ya se haga por alteración —como ocurre con el agua calentada por el sol—, ya se haga por mezcla —como sucede con el agua del río enturbiada por partículas de tierra—.
Hay que decir, por tanto, que se puede bautizar con toda clase de agua, con la condición de que la alteración que se produzca en ella no destruya su naturaleza de agua.
Respuesta a las objeciones:
1ª. La transmutación producida en el agua del mar y en otras aguas que están a nuestro alcance, no es tanta que destruya la naturaleza del agua. Por eso, con estas aguas se puede bautizar.
2ª. La mezcla con el crisma no destruye la naturaleza del agua, como tampoco la destruye la cocción de la carne o materias similares en ella, a no ser que se disuelva en ella tal cantidad de los cuerpos cocidos, que el resultante sea más otra sustancia que agua, lo cual podrá verificarse por su espesura. Pero si de este líquido espeso se pudiera obtener agua fluida, con esta agua se puede bautizar, como también se puede bautizar con el agua obtenida del lodo, aunque con el lodo no se puede bautizar.
3ª. El agua que brotó del costado de Cristo pendiente de la cruz no fue un humor flemático, como algunos dijeron. Con tal humor, en realidad, no se podría bautizar, como tampoco se podría con la sangre de un animal, o con vino, o con un líquido extraído de una planta. Aquello fue un agua pura, que brotó milagrosamente del cuerpo ya muerto junto con la sangre para demostrar, contra los errores de los maniqueos, la realidad del cuerpo del Señor. El agua, en efecto, que es uno de los cuatro elementos, demostraba que el cuerpo de Cristo estaba compuesto por los cuatro elementos; y la sangre demostraba que estaba compuesto por los cuatro humores.
4ª. Con lejía o con aguas sulfurosas se puede bautizar, porque tales aguas no entran a formar parte natural o artificial de cuerpos mixtos, sino que solamente reciben una cierta alteración por pasar por otros cuerpos.
5ª. El agua de rosas es un líquido exprimido de las rosas. Por eso no se puede bautizar con ella, y, por la misma razón, tampoco con líquidos químicos, como el vino. Pero no está en el mismo caso el agua de lluvia, producida en su mayor parte por condensación del vapor de agua, y en la que casi nada subsiste del líquido de los cuerpos mixtos. Por otra parte, estos líquidos así extraídos por proceso natural, que es más fuerte que el artificial, se transforman en verdadera agua, cosa que artificialmente no se puede hacer. El agua de lluvia, por tanto, no retiene ninguna propiedad del cuerpo mixto. Lo cual no se puede afirmar del agua de rosas ni de las aguas químicas.
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ARTÍCULO 5
¿Es ésta la forma adecuada del bautismo: yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo?
Objeciones por las que parece que la forma adecuada del bautismo no es yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo:
1ª. Una acción debe atribuirse más al agente principal que al ministro de esa acción. Ahora bien, en el sacramento el ministro actúa en calidad de instrumento; y el agente principal del bautismo es Cristo, como se dice en Jn., 1, 33: Aquel sobre quien veas que desciende y permanece el Espíritu Santo ése es quien bautiza. Luego es inadecuado que el ministro diga: Yo te bautizo. Además de que la palabra bautizo, de suyo, presupone el yo, en cuyo caso este pronombre es superfluo.
2ª. No hace falta que quien hace una cosa diga que hace esa cosa, como quien enseña no hace falta que diga yo os enseño. Ahora bien, el Señor transmitió conjuntamente el precepto de bautizar y el de enseñar cuando dijo en Mt., 28, 19: Id y enseñad a todas las gentes, etc. Luego no hace falta que en la forma del bautismo se mencione el acto de bautizar.
3ª. Quien recibe el bautismo a veces no entiende las palabras, como, por ej., si es sordo o es un niño. Pero es inútil dirigirle a él la palabra, según aquello de Eclo., 32, 6: Cuando no se te escucha no te extiendas en palabras. Luego inadecuadamente se dice yo te bautizo, dirigiéndose al bautizado.
4ª. Puede acontecer que simultáneamente sean varios los bautizandos y varios también los ministros, como es el caso de los Apóstoles, que bautizaron en un solo día tres mil, y en otro, cinco mil, como se dice en Act., 2, 41 y 4, 4. No debe, por tanto, ir la forma del bautismo en singular: Yo te bautizo, sino que se puede decir: Nosotros os bautismos.
5ª. El bautismo recibe su poder de la pasión de Cristo. Pero la santificación del bautismo viene de la forma. Luego parece que en la forma del bautismo deberá hacerse mención de la pasión de Cristo.
6ª. El nombre designa la propiedad de una cosa. Pero las propiedades personales de las divinas personas son tres. Luego no se debe decir en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, sino en los nombres.
7ª. La persona del Padre puede ser designada no sólo con el nombre de Padre, sino también con el nombre de Innascible y Genitor. El Hijo, con el nombre de Verbo, Imagen y Engendrado. Y el Espíritu Santo, con el nombre de Don, Amor y Procedente. Luego parece que utilizando estos nombres también se puede bautizar.
Contra esto está que el Señor dice en Mt., 28, 19: Id y enseñad a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Respondo que la confección del bautismo se realiza por su forma, según las palabras de Ef., 5, 26: Purificándola mediante el baño del agua con la palabra de vida. Y San Agustín dice que el bautismo es reconocido como sagrado por las palabras evangélicas.
Por eso es conveniente que en la forma del bautismo se mencione su causa.
Pero esta causa es doble: una, principal, y de la que el bautismo recibe su poder, la santa Trinidad; otra, instrumental, o sea, el ministro que realiza externamente el sacramento.
Y por eso, de ambas debe hacerse mención en la forma.
Al ministro se alude con las palabras yo te bautizo.
Y a la causa principal, cuando se dice en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Por tanto, la forma del bautismo: Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo es una forma adecuada.
Respuesta a las objeciones:
1ª. La acción se atribuye al instrumento como agente inmediato, y al agente principal como principio en virtud del cual el instrumento actúa. Por eso, en la forma del bautismo se designa adecuadamente al ministro ejerciendo el acto del bautismo con las palabras yo te bautizo, y el mismo Señor atribuye a los ministros el acto de bautizar cuando dice: bautizándoles, etc.; y se designa la causa principal, como principio en virtud del cual el instrumento actúa, con las palabras: en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Porque Cristo no bautiza sin el Padre y el Espíritu Santo.
Los griegos, sin embargo, no atribuyen el acto del bautismo a los ministros para evitar el error antiguo, que atribuía la virtud del bautismo a los bautizadores, cuando decían: Yo soy de Pablo, y yo, de Cefas (I Cor., 1, 12). Y por eso dicen: Sea bautizado tal siervo de Cristo en el nombre del Padre, etc. Con esta fórmula se confiere el sacramento, ya que expresa el acto realizado por el ministro con la invocación de la Trinidad.
El pronombre yo que se añade en la forma nuestra no atañe a la sustancia de la forma, sino que se usa para intensificar la expresión.
2ª. Puesto que la ablución de un hombre con agua puede hacerse por diversas razones, es necesario que las palabras de la forma expresen el fin concreto de esa ablución. Mas para esto no bastan las palabras en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, porque todas las cosas debemos hacerlas en su nombre, como se enseña en Col., 3, 17. Por tanto, si no se expresa el acto del bautismo con la forma nuestra o con la forma de los griegos, no se realiza el sacramento, como advierte Alejandro III: Si alguien sumergiese tres veces en el agua a un niño en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Y no dijera: yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén, el niño no quedaría bautizado.
3ª. Las palabras que se emplean en las formas de los sacramentos no se destinan sólo a significar, sino también a causar efecto, ya que tienen la eficacia de aquella palabra por la que todas las cosas han sido hechas (Jn., 1, 3). Este es el motivo de dirigirlas no sólo a los hombres, sino también a las creaturas insensibles, como cuando se dice: Yo te exorcizo, creatura.
4ª. Varios ministros no pueden bautizar simultáneamente a una misma persona porque las acciones se multiplican según la multiplicación de los agentes, si cada uno de ellos ejecuta su acción de manera integral. Y así, si se juntasen dos ministros, uno de los cuales fuese completamente mudo, y el otro completamente manco, no podrían bautizar conjuntamente, pronunciando uno las palabras y el otro realizando las acciones.
Pueden, sin embargo, si la necesidad lo exige, varias personas ser bautizadas simultáneamente porque ninguno de ellos recibe más que un bautismo. Pero entonces será necesario decir yo os bautizo. Esto, en realidad, no hace variar la forma, porque os equivale a te y te. Pero cuando se dice nosotros no se sobreentiende yo y yo, sino yo y tú, y esto sí que hace variar la forma.
Igualmente se cambiaría la forma si se dijera yo me bautizo. Por eso, nadie puede bautizarse a sí mismo. Y por esto también, Cristo quiso ser bautizado por Juan, como se lee en las Decretales.
5ª. La pasión de Cristo es causa principal con respecto al ministro, pero es causa instrumental con respecto a la Santa Trinidad. Y por eso se menciona la Trinidad en lugar de la pasión de Cristo.
6ª. Aunque son tres los nombres personales de las tres personas, es único su nombre esencial. Ahora bien, la virtud divina que actúa en el bautismo pertenece a la esencia. Y por eso se dice en el nombre, y no en los nombres.
7ª. De la misma manera que se utiliza agua en el bautismo porque es el líquido más usado para lavar, así para mencionar a las tres personas en la forma bautismal se utilizan los nombres más comúnmente usados para designar a las personas en una lengua. Y con otros nombres no se realizaría el sacramento.
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ARTÍCULO 6
¿Se puede bautizar en el nombre de Cristo?
Objeciones por las que parece que se puede bautizar en el nombre de Cristo:
1ª. En Ef., 4, 5 se dice que hay una sola fe y un solo bautismo. Pero en Act., 8, 12 se dice que en nombre de Jesucristo se bautizaban hombres y mujeres. Luego también ahora se puede bautizar en el nombre de Cristo.
2ª. Dice San Ambrosio: Si nombras a Cristo indicas también al Padre que le ungió, y al Hijo que recibió la unción y al Espíritu Santo con el que fue ungido. Pero en el nombre de la Trinidad se puede bautizar. Luego en el nombre de Cristo también.
3ª. El papa Nicolás I, respondiendo a una consulta de los búlgaros, dice: Quienes fueron bautizados en el nombre de la Santa Trinidad o tan sólo en el nombre de Cristo, como se lee en los Hechos de los Apóstoles, no deben ser rebautizados, pues, como dice San Ambrosio, las dos fórmulas son idénticas. Ahora bien, habrían sido rebautizados, si no hubiesen recibido el sacramento del bautismo con la segunda fórmula. Luego se puede bautizar en el nombre de Cristo con esta forma: Yo te bautizo en el nombre de Cristo.
Contra esto está que dice el papa Pelagio II al obispo Gaudencio: Si quienes viven cerca de tu amado territorio confiesan haber recibido el bautismo sólo en el nombre del Señor, los bautizarás al venir a la fe católica, sin ningún género de dudas, en el nombre de la santa Trinidad. Y Dídimo en II De Spiritu Sancto escribe: Si hubiera alguno tan insensato que, al bautizar, omitiese cualquiera de los nombres anteriormente dichos, o sea, de las personas, no bautizaría en realidad.
Respondo que los sacramentos tienen eficacia por la institución de Cristo.
Por tanto, si se omite alguno de los elementos establecidos por Él para cada sacramento, ese sacramento pierde su eficacia, a no ser que lo dispense el que no ha vinculado su poder a los sacramentos.
Ahora bien, Cristo estableció que se diese el bautismo con la invocación de la Trinidad (Mt., 28, 19).
Por consiguiente, todo lo que falte de la plena invocación de la Trinidad destruye la integridad del bautismo.
Y no vale decir que el nombre de una persona supone el de la otra, como el nombre del Padre supone al Hijo; o que quien nombre una persona puede tener fe verdadera en las tres.
Porque el sacramento, de la misma manera que requiere una materia sensible, requiere también una forma sensible.
Por consiguiente, no es suficiente la nominación implícita, o la fe en la Trinidad, para la realización del sacramento, si la Trinidad no se hace explícita con las palabras sensibles.
Por eso, también en el bautismo de Cristo, donde tuvo origen la santidad de nuestro bautismo, estuvo presente la Trinidad de forma sensible: el Padre en la voz, el Hijo en la naturaleza humana, el Espíritu Santo en la paloma.
Respuesta a las objeciones:
1ª. Por una especial revelación de Cristo, los Apóstoles bautizaban en la Iglesia primitiva en el nombre de Cristo, para que el nombre de Cristo, que era odioso a los judíos y a los gentiles (I Cor., 1, 23), llegase a ser honrado por el hecho de que se daba el Espíritu Santo en el bautismo, invocando su nombre.
2ª. San Ambrosio da la razón por la que fue conveniente esa dispensa en la Iglesia primitiva, o sea, porque en el nombre de Cristo se entendía toda la Trinidad. De esta manera se salvaba, al menos con una integridad conceptual, la forma que Cristo nos dio en el evangelio.
3ª. El papa San Nicolás fundamenta su decisión en los textos de las dos primeras objeciones. Por lo que la respuesta se encuentra en las dos primeras soluciones.
Continuará…

