JORGE DORÉ: POESÍA

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¡Qué horror! Hemos clavado la luz en un madero,
coronado de espinas al mismísimo amor
y rehusado la gloria de un mundo venidero
a cambio de mendrugos de placer y de honor.

¡Qué horror! Hemos dormido mientras, secretamente,
el suelo se empapaba de Dios vuelto rocío.
¿Cómo es que consentimos abandonar la fuente
de la misericordia en un sepulcro frío?

La rebelión del barro llegó hasta el alfarero
y para no quebrarnos como a vasos inmundos
el Hijo asumió el golpe de la ira paterna.

¡Qué horror! ¿Cómo se puede decirle a Dios –¡No quiero!
y optar por la negrura de fétidos submundos
en vez de arriar las velas hacia la gloria eterna?