CONTEMPLATIVOS EN ACCION

La vida que he buscado por tantísimos años
de tortuosos caminos e interior soledad
no estaba en la cabaña que soñé entre los pinos
ni en el sereno encanto de un pueblito de mar;
no estaba en la imponente soledad de la estepa
ni en cumbres que destacan su pétrea majestad,
ni en las reconditeces de misteriosas selvas,
ni en la apacible calma de una vida rural.
La vida que he buscado no estaba en las ciudades
de asfalto y de concreto –estresante panal–,
ni en las disquisiciones de esotéricos libros,
ni en exóticas tierras que invitan a soñar.
La vida que he buscado por tantísimos años
se encuentra en la medida de un católico altar
donde el Señor renueva su pasión redentora
cuando baja del cielo revestido de pan.
Por eso, ya curtido por tantos sinsabores
y vanas ambiciones comunes al mortal,
la vida que soñaba la he hallado en Jesucristo.
La búsqueda ha cesado. Ya puedo descansar.
