P. LEONARDO CASTELLANI: A MARTITA STUTZ

CONTEMPLATIVOS EN LA ACCIÓN

 

Hace unos años el divorcio, mas tarde el casamiento de homosexuales y ayer el asesinato de niños. Esta patria ya entró definitivamente en la carrera del «progreso» que se pagará con sangre y almas.

Les acercamos este bello poema del Padre Castellani (siempre tan actual…) que escribió con motivo de la muerte de una niña.

Martita Stutz, ¿será cierto
que no hay infierno?
Martita Stutz, por lo menos
yo estoy seguro que hay cielo.

¡Hubierais visto la entrada
de Marta Stutz en el cielo!
San Dominguito del Val,
que mataron los hebreos,
Justo y Pastor que mataron
los fachistas de aquel tiempo.
El Santo Niño Pelayo
muerto por los sarracenos.
Santa Inés, muerta de niña
por un lascivo frenético,
y los Santos Inocentes
que por el Niño murieron.
(Cristo a nosotros nos salva,
y a Cristo salvaron ellos),
con los niños bautizados,
que son las flores del séquito,
con las vírgenes intactas,
con las madres que cumplieron,
brincan y gritan y chillan
y con bulla de jilgueros
en torno de un gran soldado
que porta dormido un cuerpo,
entonan el coro antiguo,
inventan un coro nuevo.

“Como una madre bañando
su niñito desnudito,
San Sebastián trae un cuerpo
muerto como un pajarito,
que viva Martita Stutz”.

“San Sebastián pisa fuerte,
como haciendo el ejercicio,
y el cuerpo está recién hecho
por Santa Inés y Tarsicio,
que viva Martita Stutz”.

“El cuerpo está recién hecho
nieve, nácar, rosa y luz.
La niña viene durmiendo
con los bracitos en cruz,
que viva Martita Stutz…”

La Virgen besa sus ojos
para borrar lo que vieron.
El Niño Jesús le pasa
las manitos por el pelo.
Y el Niño Jesús le dice,
del regazo descendiendo:
“—Vamos a jugar, Martita
—tironeándola de un dedo—.
No te avergüences de nada,
que sin querer vos te hicieron”.

Pero Martita no juega
ni en la tierra ni en el cielo:
“—De la tierra en que he nacido
—dice Marta—, me avergüenzo”.
Y se pone de rodillas
entre el coro boquiabierto.

“—Vamos a jugar, Martita
—de noche no más yo rezo—;
ahora es tiempo de jugar,
vamos a jugar primero”.

“—Ahora es tiempo de rezar
por el argentino pueblo,
y los que son para más,
besen la cruz del acero”.
Y se puso de rodillas
Martita Stutz en el cielo.
“—Ruego a Dios, que me ha sacado
de un horror que no me recuerdo,
que no castiguen al monstruo
que vi en el mal sueño, sueño”.

“—Martita, Martita, calla;
Martita, ¡no pidas eso!
Eso es crueldad excesiva,
peor que matarlo a tormentos”.

“—¿Qué pedir al Niño, entonces,
en el primer dulce encuentro?”

“—Pide, Marta, por la tierra
donde reposan tus huesos.
La Conferencia de Lima
con los premios, y los premios,
y los premios literarios
y el progreso y el progreso.
La Avenida, el Obelisco,
la democracia y el crédito.
El libro criollo en París
y el libro francés-porteño.
La prensa mejor del mundo
y el libro barato a un peso.
Las elecciones frecuentes
y los gordos presupuestos.
Mar del Plata, las ruletas,
el Hipódromo, el Congreso,
la plata en poder de pocos
y la Escuela del Gobierno…”

“—¿Y yo qué sé de política?”
—dice Martita sonriendo.

“—Es que con tu vida, Marta,
compramos ese progreso.
Ese progreso epatante,
todo ese progreso inmenso,
con sangre y almas de niños
pagamos ese progreso.
Tú no sabías, Martita,
los avances del progreso.
Tú naciste en esta tierra,
bandera color de cielo.
Te enseñaron qué es la Patria,
que es amor como el paterno.
Te decían en la Escuela
que hay que amar el patrio suelo.
Que Dios mismo lo mandaba,
que es de Dios como un reflejo…
Saliste un día a la calle;
cayó sobre ti el infierno.
Ahora veremos qué dice
la sangre del criollo pueblo.
¡Oh Dios, que no hagan discursos,
que alce un grande y noble gesto!
¡Oh, que limpien los que pueden
la forma de nuestro ensueño!”

“—Mi misión —dice Martita—,
ha de ser rogar por eso”.

“—¡Oh Dios, escucha a Martita
y el grito de todo un pueblo!
¡Que no caiga sobre todos
lo que unos cuantos hicieron!”

 

MARTITA OFELIA Y OTROS CUENTOS  DE FANTASMAS

Leonardo Castellani