CONSERVANDO LOS RESTOS II
Cuadragésimo séptima entrega
Confesiones disidentes
LOS PROTESTANTES
Tres facetas podemos distinguir en la vida protestante de este período: conatos de ortodoxia y renovación, con realidades de racionalismo intenso; conatos de unión, de donde nacen innúmeras escisiones; y, por fin, la realidad de la expansión misionera.
1. Conatos de ortodoxia
a) El racionalismo
La gran plaga del protestantismo en su actividad intelectual, y en particular en los estudios filosófico-teológicos, ha sido el racionalismo.
Los esfuerzos de los sabios se fijaron principalmente en la Biblia, la historia eclesiástica y el dogma. Una vez que la antigua fe quedó ofuscada por las luces falaces de la falsa Ilustración, salió a flote el principio del libre examen.
La filosofía idealista, y sobre todo el racionalismo y criticismo de Kant, ejercieron grandísimo influjo en los teólogos de la Reforma. Es cierto que en alas del romanticismo se despertaron anhelos de ortodoxia, pero estaban inficionados de subjetivismo.
Al lado de ese romanticismo soñador, surgió pujante el idealismo filosófico con tendencias panteísticas y especulaciones racionalistas. Sus representantes más conspicuos fueron Juan Gottlieb Fichte, Federico Guillermo Schelling y Jorge Guillermo Federico Hegel.
Sobre la filosofía hegeliana fundaron los teólogos su ciencia. Ante las nuevas conquistas de la ciencia moderna, ante los postulados de la razón natural y de la crítica racionalista, fueron cayendo la revelación, la fe, los misterios. Todos los problemas de la teología y de la exégesis se habían de explicar prescindiendo de todo elemento sobrenatural.
Es verdad que, en medio de esta devastación, el ardor de la investigación y el progreso de las ciencias naturales y positivas lograron en el terreno positivo apreciables resultados filológico-exegéticos y de investigación histórica; pero de hecho las ruinas espirituales han sido inmensas.
En medio de esta desviación no faltaron conatos de ortodoxia protestante, aunque la escuela liberal dominaba el campo. El nombre más representativo es el de Schleiermacher.
Federico Schleiermacher, profesor de Halle y de Berlín, gran predicador por otra parte, pasa por el fundador de la moderna teología protestante. Con su religión del sentimiento y su percepción inmediata del infinito, favorece así al pietismo como al racionalismo panteístico. Al fin de su vida terminó por admitir un cristianismo más positivo, con ciertos atisbos de revelación e iglesia visible.
Pero el idealismo hegeliano, infiltrándose en la teología luterana, exigía mayores radicalismos. De hecho, de allí arrancan diversas tendencias teológico-escriturísticas. Una fue la tendencia abiertamente racionalista, representada por Gottlob Paulus, que profesaba verdadero horror al milagro y al orden sobrenatural; por Feuerbach, Bruno y David Strauss, quien llegó a negar abiertamente la revelación y aun la existencia de un Dios personal. En su “Vida de Jesús”, editada por primera vez en 1834, presenta al Cristo bíblico como un mito forjado por la fantasía de los primeros cristianos.
La escuela de Tubinga, con su fundador, Cristián Baur, siguió estos derroteros; apoyándose en los principios hegelianos, esta escuela tomó un carácter crítico histórico, que aplicó implacablemente a la Sagrada Escritura, y sobre todo al Nuevo Testamento. Baur admitía como auténticas solamente las cuatro grandes Epístolas de San Pablo. Los Evangelios, según él, nacieron hacia el año 150 en el medio ambiente de las primeras divergencias cristianas entre petrinos y paulinos. Pero los discípulos de Baur tuvieron que admitir, forzados por la evidencia de las investigaciones históricas la autenticidad de los tres Sinópticos.
Aunque cediendo a la evidencia, esta escuela ha proseguido su marcha con nombres como Koestlin, Hilgenfeld, Weizsacher, Pfleiderer, Volkmar, Lipsius, Wellhausen, Jülicher, etc. La teología libre, que no reconoce más autoridad que la de la pura razón, es hija de esta escuela.
b) Tendencia ortodoxa
Enfrente de esta tendencia destructora, completamente racionalista, se levantó la tendencia ortodoxa de los protestantes creyentes, que, basándose en las enseñanzas positivas de Lutero más que en su principio del libre examen, tratan de salvar la fe en Cristo.
Citemos a Neander, profesor de historia de la Iglesia en Berlín; Hofmann, con la escuela de Erlangen; Vilmar, de Marburgo; Thomasius F. Delitzsch, etc. No han faltado en este campo trabajos eminentes, como los de Tischendorf, Mayer y Zahn, insignes escriturarios, y los de Hauck y Seeberg, historiadores.
Entre estas dos tendencias o escuelas opuestas ha surgido una posición media o de unión, cuyos partidarios se consideran seguidores de Schleiermacher. Su conato es hermanar y armonizar el cristianismo con el racionalismo moderno. No niegan abiertamente la revelación, lo sobrenatural, el milagro, la divinidad de Jesús; pero tampoco lo admiten sin reserva y sin alguna explicación racionalista. Su obsesión es presentarnos la persona de Cristo con el mayor realce posible, como la aparición histórica cumbre, pero sin el destello de la verdadera divinidad. Admiten como auténticos e históricos algunos de sus milagros, pero les dan una explicación natural.
Uno de sus jefes fue Alberto Ritschl. Su escuela histórico-crítico-bíblica recuerda la de Schleiermacher; separa la filosofía de la teología, la metafísica de la experiencia religiosa. Admite como postulados la inmortalidad y libertad del alma, la existencia de Dios, la divinidad de Jesucristo en sentido metafórico, la gran autoridad de la Escritura como libro humano.
Por esos mismos derroteros caminan Ullman, Dorner y sobre todo el que durante el siglo XX ha sido el portaestandarte de esta tendencia en Alemania, Adolfo Harnack. En Inglaterra, la Broad Church Party sigue las tendencias racionalistas con F. W. Robertson, T. Erskine, J. M. Campbell.
2. Conatos de unión
Nota de Radio Cristiandad: cuando LLORCA, GARCIA VILLOSLADA, MONTALBAN publicaron su libro, ya existían intentos de poner en práctica el falso ecumenismo, que irrumpiría con fuerza en el conciliábulo vaticanezco. Por eso hemos suprimido algunos pasajes. El lector sabrá comprender si quedan algunos conatos de ecumenismo.
a) Liga de Gustavo Adolfo, Alianza Evangélica
Dos factores han contribuido a despertar en el seno del protestantismo ciertos conatos de unión. De una parte, el ver los estragos causados por la incredulidad como fruto del racionalismo y protestantismo liberal; de otra, el ver el progreso del catolicismo aun en las naciones protestantes.
Con ocasión del centenario de Lutero, en 1817 se intentó la famosa unión en el ducado de Nassau, que Federico Guillermo implantó en Prusia y en los años siguientes fue cundiendo por Hessen, el Palatinado del Rhin, Badén, etc.
Pero en 1822 se levantó gran oposición, sobre todo en Silesia; ni la cárcel ni la pérdida del cargo bastó para que los luteranos antiguos se sometieran. Con esto se constituyó en Prusia la Iglesia evangélico-luterana, con su Colegio en Breslau (1841). En 1850, con ocasión de la nueva Constitución de Prusia, se formó el Consejo eclesiástico evangélico.
Más éxito tuvieron los conatos de unión libre de los cristianos de Alemania y del extranjero. La Asociación de Gustavo Adolfo, que en 1842 se fundó en Leipzig, a instigación de Zimmermann, se fue extendiendo por toda Alemania, y tenía por fin principal proteger las comunidades necesitadas en la diáspora y aglutinar de algún modo a todos los protestantes sin atender a sus diferencias religiosas. Hasta 1914 había recogido 60 millones de marcos para este fin.
Otro conato importante fue realizado en 1846 en Londres. El escocés Chalmers, a una con el embajador Bunsen, fundó la Alianza Evangélica, que intentaba unir a todos los protestantes del mundo; por su parte, en Alemania los creyentes protestantes formaron su Deutscher Evangelischer Kirchenbund, que celebraba sus asambleas anuales.
Pero era imposible convenir en una base doctrinal, ya que ni siquiera la Confessio augustana la admitían todos, En 1865, el profesor Bluntschli, con otros de Heidelberg, Berlín y Rostock, organizaron la Asociación Protestante; su orientación era marcadamente racionalista, pues profesaba como norma que el cristianismo no tiene necesidad de milagros, ni de Biblia, ni de dogmas. Su fin, decía, era «la renovación de la iglesia protestante con el espíritu de la libertad evangélica y en armonía con el progreso de la cultura moderna». Este carácter cultural hizo que se extendiera en todos los medios cultos de Alemania. Con una tendencia más abiertamente anticatólica que las anteriores, se organizó en 1886-1887 la Unión Evangélica, que tenía por objeto oponerse al progreso amenazador del catolicismo al final del Kulturkampf. Sus fundadores fueron: Beyschlage, de Halle; Nippold, Lipsius, de Jena. Al mismo tiempo trataban de favorecer el movimiento de Austria de Los-von-Rom o alejamiento de Roma.
b) Conatos unionistas ingleses
En cambio, en Inglaterra el movimiento unionista es más amplio y sincero. El primer paso negativo fue el Test of Act de 1828 en favor de los reformistas o disidentes y el Emancipation Bill de 1829 en favor de los católicos.
La fuerte secularización y mundanidad que se había apoderado de la Iglesia anglicana oficial, despertó el llamado Movimiento de Oxford, y que provocó notables conversiones; mientras Pusey quedó a la mitad de camino, dando origen al puseysmo o ritualismo, que puso su meta en la restauración del antiguo culto, la construcción de suntuosas iglesias con espléndidos altares, vistosos ornamentos sagrados, luces, inciensos, libros litúrgicos, confesión sacramental, culto de los santos, órdenes religiosas, celibato, fiestas; en una palabra, todo el aparato externo de la Iglesia católica. Son los llamados católicos anglicanos.
Las mismas tendencias unionistas ha venido patrocinando lord Halifax mediante sus conferencias de Malinas con el cardenal Mercier (1921-1925). Pero adolecían de un defecto capital, que Roma no podía aceptar: el indiferentismo dogmático, que supone que la verdadera Iglesia de Cristo, una, santa, católica y apostólica, se compone de las tres ramas: anglicanismo, iglesia ortodoxa separada de Roma y catolicismo.
Este principio fue expresamente condenado por Pío XI en su encíclica Mortalium animos, del 6 de enero de 1928. Dice que sólo hay un camino para la unión: la vuelta a la casa paterna.
Por su parte, los protestantes han celebrado en 1925 en Estocolmo, con la representación de 600 delegados, y en Lausana, en 1927, con 400 delegados, sus congresos unionistas, a los que acudieron algunos delegados de las iglesias orientales. La Iglesia católica, aunque fue invitada, no pudo acudir a una asamblea donde se abandonaban los dogmas y sólo se buscaba cierto enlace práctico y social.
Los congresos de Estocolmo y de Lausana, promovidos por «Life and Work» y «Faith and Order», organizaciones que aspiraban a un cristianismo práctico, bajo la inspiración del arzobispo luterano de Upsala, Nathan Soderblom (+ 1931), contribuyeron a formar el actual movimiento unionista de todas las iglesias cristianas, que denominamos Ecumenismo. Revela el ansia de unidad en Cristo que late en muchas almas rectas y profundamente religiosas; pero los católicos no pueden admitir simple y llanamente sus presupuestos, que son:
1) todas las iglesias deben reconocerse igualmente culpables de la separación que existe entre ellas;
2) ninguna Iglesia puede decirse la única verdadera Iglesia de Cristo, sino sólo una parte de la Iglesia total;
3) la Iglesia futura, resultante de la unión, no podrá ser idéntica a ninguna de las Iglesias actuales.
Ya que en lo dogmático parece todavía lejana y difícil la unión, han optado recientemente algunos representantes de las diversas Iglesias, incluso de la católica, por reunirse para orar juntos al mismo Cristo, ut sint unum.
En 1946, las dos asociaciones unionísticas, «Life ánd Work» y «Faith and Order», se fundieron en una bajo el título de «Concilio Ecuménico», cuyo primer congreso se celebró en Amsterdam en 1948.
c) Multitud de sectas
Las realidades tangibles de todos estos conatos de unión protestante han sido una multitud de escisiones y sectas, que se acentúan sobre todo en América. Allí la suprema aspiración es la libertad e independencia. En parte se explica porque sus elementos, en sus orígenes, sufrieron la opresión y la persecución religiosa de parte del anglicanismo oficial.
Además de las antiguas ramas protestantes, luteranismo, anglicanismo, calvinismo, con las sectas de puritanos, presbiterianos, congregacionalistas, baptistas, cuáqueros y metodistas de los siglos anteriores, en esta época se multiplican asombrosamente las denominaciones o sectas independientes. Tipo característico del protestantismo norteamericano es la participación absorbente de los laicos y su actividad práctica y social en la nación misma y en el extranjero.
Participando de cierto carácter común de remozamiento (Revival), con cierto tinte escatológico, adventista y milenarista, casi todas esas sectas nacen en el siglo XIX en América, de donde pasan al continente europeo. Citemos en primer lugar a los irvingianos, fundados en 1830 en Londres por el presbiteriano Eduardo Irving; renueva las ideas montañistas y milenaristas e instituye su iglesia al estilo antiguo, con sus 12 apóstoles y 72 discípulos. Su característica es el oficio apostólico. Algún parentesco con los irvingianos tienen los darbistas, fundados por Darby.
Otra secta son los mormones, o «santos de los últimas días», fundados por el americano Joe Smith. Se establecieron en Ohío e Illinois; pero el pueblo les hizo tanta resistencia, que el profeta y su hermano Hyrum fueron fusilados en la cárcel en 1844. Los mormones en dos años de peregrinación por el desierto se encaminaron hacia el oeste en la tierra de Utah. Allí el nuevo Moisés de los mormones, Young, fundó una comunidad teocrática comunista, con Salt Lake como centro. En 1852 declararon obligatoria la poligamia. No es extraño que tales seres sean perseguidos. Sin embargo, en conjunto, son unos 600.000 miembros; por Alemania, Austria y Suiza, unos 13.000.
Los adventistas, también secta americana, que brotó de los conatos del Revival de la primera mitad del siglo XIX, tienen por fundador a Guillermo Miller (1840), que, siendo de la secta de los baptistas, comenzó a anunciar en 1831 la segunda venida del Señor para el año 1844. Le siguió gran muchedumbre; pero, al no suceder la profecía, se fueron dividiendo los adventistas en seis denominaciones, de las cuales las principales son los adventistas del séptimo día, que son unos 270.000. Estos rechazan el domingo como pagano y celebran el sábado, requieren el bautismo de los adultos, celebran el lavatorio y cobran diezmos.
Una de las sectas modernas en boga es la del Ejército de Salvación (Salvation Army), que ostenta cierto metodismo militar organizado. Su existencia se debe al predicador Guillermo Booth (1829-1912) y a su esposa Catalina. Comenzó en Londres en 1878; su finalidad es el mejoramiento religioso, moral y económico de las clases abandonadas. Booth fue el primer general de este ejército, y envió sus oficiales y soldados, aun mujeres, por Norteamérica, Francia, Alemania. Cierto aparato de organización militar, los socorros prestados a los sin trabajo y sin hogar, ciertos visos de ascetismo y su finalidad filantrópica en la lucha contra el alcoholismo y la inmoralidad, le han atraído muchos secuaces. En 1932 contaba con 15.304 korps, dispersos por 83 países, con 156.980 oficiales y 140.618 auxiliares. No se preocupan del dogma ni de los sacramentos; su fin es la conversión interna de los pecadores, el cambio psicológico del hombre.
Los científicos (Christian Science) los fundó la americana María Baler, muerta en 1890. En su libro Ciencia y salud enseña que sólo el espíritu, y no la materia, es real; toda enfermedad se cura por un medio espiritual, principalmente por la oración. Su doctrina es un naturalismo panteístico, en el que van unidos íntimamente el espiritismo, el ocultismo y la teosofía. Esta última fue fundada en Nueva York por la señora Blavatsky y el coronel Olcott en 1875. La antroposofía la fundó Rodolfo Stciner.
Citemos, por fin, la Asociación internacional de los Serios intérpretes de la Biblia, fundada en América en 1872 por Carlos Russel, secta racionalista fantástica, que esperaba la próxima venida de Cristo y su reino milenario para el año 1874 y después para 1914 y para 1925. Por la interpretación arbitraria de la Biblia ha trastornado antes y después de la guerra europea muchas cabezas; en 1926 eran unos 89.000 miembros en todo el mundo. En Alemania había unos 22.000.
Inútil es detallar las diversas sectas: América es su tierra de promisión. Un 50 ó un 60 por 100 de la población de los Estados Unidos son hombres sin religión, aunque muchas veces oficialmente figuran entre los protestantes. Los católicos son unos 34 millones. Los demás protestantes de las diversas ramas se fraccionan en 220 sectas antagónicas, Los que más partidarios tienen son: los metodistas, con unos nueve millones; los baptistas, con 8,4 millones, pero muy fraccionados; los presbiterianos, con 2,5 millones; los luteranos, con 2,5 millones; los discípulos de Cristo, con 1,7 millones; los episcopalianos, con 1,2 millones; los congregacionalistas, con 908.000 socios; los reformistas, con 553.000.
El distintivo americano es la acción, las cuestiones sociales y benéficas, la enseñanza. Su generosidad para fines religiosos y benéficos es asombrosa. Aunque la escuela oficial es laica y el Estado se desentiende de los asuntos religiosos, sin embargo, el protestantismo goza de preferencias ante el Estado. Para su campaña proselitista en la América latina se unen todas estas fuerzas en sí disgregadas; en este punto las asociaciones más poderosas y extendidas son Y.M.C.A., o sea Young Men’s Christian Association, y Y.W.C.A., o sea Young Wornen’s Christian Association, asociación cristiana juvenil, masculina y femenina.
3. Expansión misionera
a) Ideas de la ortodoxia
Tendencias más modernas
El protestantismo oficial ha sido refractario al movimiento misionero. Cuando en 1590 el pastor protestante Adrián Saravia publicaba su tratado sobre la obligación misional, los corifeos del protestantismo Teodoro Beza y el architeólogo de la Reforma después de Melanchton, Juan Gerhard, lo refutaron diciendo que la obligación de evangelizar había terminado con los apóstoles. Contra la idea misional salió también la Universidad de Wittenberg.
Las ideas calvinistas sobre la predestinación y la teoría de la massa damnata contribuyeron a extinguir todo entusiasmo evangelizador en el protestantismo. Pero, sobre todo, el principio de «Cuius regio, huius et religio» y el sistema de iglesias nacionales ahogan todo conato de salir fuera del territorio sujeto a determinado príncipe. De ahí que los primeros brotes de apostolado misionero entre los protestantes hayan nacido de los disidentes.
El pietismo de Spener marca la primera reacción contra el antimisionarismo protestante. Ziszendorf, con sus Hermanos moravos y sus Herrnhüttern, lleno de entusiasmo pietista, se lanza a misionar; parten para las Antillas, Groenlandia, Pensilvania, África del Sur y las mesetas del Asia central.
Los baptistas, también disidentes, desde el famoso discurso de 31 de mayo de 1792, tenido por el zapatero Guillermo Carey en Nottingham, se lanzaron al apostolado misionero. Doce baptistas se alistaron incontinenti y se formó el Baptistmissionary Society. Pero la East Iridian Company no quería proselitismos, y estos baptistas hubieron de refugiarse en el establecimiento danés de Serampore, cerca de Calcuta, y organizar el apostolado de la prensa, pues se les prohibió el de la palabra. Se distinguieron en esta labor Marsham y Ward. Allí se tradujo la Biblia al chino, y desde allí, a mediados del siglo XIX, pasaron a evangelizar en Shantung y Shansi. En el África central, los baptistas se adelantaron a los demás y se señalaron por sus trabajos lingüísticos. También en Birmania, entre las tribus montañesas, y entre los negros de Estados Unidos hicieron prosélitos.
Los metodistas, otro grupo disidente, a pesar de las escisiones internas, comienzan con maneras un tanto rudas su evangelización; las Antillas, la costa occidental del África y el archipiélago oceánico, la India y China fueron su campo escogido.
b) Sociedades y sectas misioneras
Al lado de estos grupos de credo homogéneo, el apostolado misionero creó las Sociedades misioneras, donde entraban todas las ideologías protestantes. Administradas por comités metropolitanos, en que predomina el elemento laico, examinan, preparan las aptitudes técnicas, financian las empresas de sus socios. Ellas corren con el servicio médico, de educación, de predicación, de reparto de Biblias, de visitas a domicilio. Los comités directores tienen la gestión de fondos.
La mayor parte de los organizadores de estas sociedades son disidentes. De este tipo de sociedades es la London Missionary Society, fundada en 1895, que ha servido de ejemplar a otras muchas. Fundada por independientes y presbiterianos, ha pasado a ser congregacionalista. Después de sus desastrosos comienzos de Polinesia, se ha establecido en la India en 1798, en África del Sur en 1799, en África central en 1877, en Madagascar en 1818, en Nueva Guinea en 1871. Por los años de 1914 recaudaba anualmente unos tres millones de francos oro.
Sobre las mismas bases se fundaba en Basilea la Basler Mission, que sólo en 1821 enviaba sus primeros misioneros; en 1827 emprendía su apostolado en África septentrional; en 1834 iban a la India occidental, y en 1846, a China.
En los mismos principios se basaba la Junta americana de comisarios para las misiones extranjeras, fundada en 1810 en Boston. Citemos además la Sociedad misionera de la Iglesia anglicana, fundada en 1799, que trabaja en la India, China, Japón, Palestina, Egipto; la Wesleyana-Metodista, fundada en 1813; la de Berlín, en 1824; la del Rhin, en 1828.
En este movimiento misional, las iglesias oficiales no podían permanecer por más tiempo impasibles. Efectivamente, a medida que la pujanza colonial iba expasionándose, iba en aumento la creación de estos organismos misionales para las colonias. Por fin, el movimiento salvó las fronteras coloniales, y entonces resultaba ridícula e inconducente la formación de una Iglesia de Inglaterra en China o Japón, en la cual el Parlamento de Wéstminster dictaminase sobre asuntos del Imperio chino o del Sol Naciente. Se ha obviado en parte la dificultad usurpando el nombre de la Iglesia católica Sheng Chio Juei.
La Sociedad para la propagación del Evangelio en el extranjero se extiende por África austral desde 1819, por las Indias (1820), Borneo (1848), Birmania (1859), Madagascar (1864), Japón (1878), China (1880). En 1914 reunía unos seis millones de francos oro al año.
Todavía en 1792 apenas se podía hablar de movimiento misional protestante. Cuatro sociedades representaban todo su esfuerzo, con un total de 190 misioneros, de los cuales 137 eran hermanos moravos, y los otros, en su mayor parte, ministros de los colonos blancos.
Para 1900 el número de misioneros subía a 18.164, más unos 4.000 indígenas, repartidos en unas 558 sociedades. Los recursos ascendían a 20 millones de dólares anuales; el número de convertidos alcanzaba unos cuatro millones en total. Fuera del Tibet, Afganistán, alguna región de África y algunas islas del Pacífico, por todas partes asentaban sus estaciones misioneras, aunque siempre se concentraban alrededor de las grandes ciudades.
c) Peligros en la multiplicidad. Crisis actual
Sin embargo, se notaba una dispersión anárquica de actividades esterilizantes y del antagonismos. En una misma localidad bullían media docena de denominaciones o sectas, que se hacían la guerra con gran escándalo de los neófitos. Para remediar estos inconvenientes se pensó en reunir la Gran Conferencia de Edimburgo (1910), que congregó más de 1.200 representantes de todas las denominaciones. La orden del día fue: estrategia, método y cooperación.
Se nombra un comité permanente, compuesto por diez americanos, diez ingleses, diez continentales y cinco indígenas, el cual había de dirigir y regular las actividades diversas. Por la estrategia se habían de elegir los puntos de ataque; por el método se había de seleccionar y formar el misionero; por la cooperación, todos habían de predicar a Jesucristo evitando cualquier divergencia, puestos los ojos en el fin común.
Pero en punto a dogma se dejó la más plena libertad, y ese punto era para muchos el capital. Este fallo dogmático y la primera guerra europea dieron al traste con aquellos acuerdos prácticos de Edimburgo. Pero, además, es imposible que ni la Conferencia de Edimburgo ni la Junta internacional de Misiones unifique la acción de tantas sectas independientes sin una autoridad común. Sin embargo, después de la guerra del 14 siguió el apostolado protestante, que se intensifica de un modo especial en la América española. Sus agentes misioneros muchas veces son médicos, maestros, comerciantes o representantes de casas comerciales, que llevan el encargo de misionar; se han duplicado y triplicado, y sus recursos pecuniarios son fabulosos; pero el resultado no corresponde a tanto esfuerzo. Las conversiones protestantes andarán por los siete millones, y nosotros sabemos lo que esas conversiones significan en profundidad.
Uno de los medios empleados es la repartición de Biblias. Con este fin actúan multitud de sociedades bíblicas. La primera y principal es la fundada en Londres el año 1804; siguen la de Basilea del mismo año, la de Stuttgart de 1812, la de Berlín de 1814, la de Nueva York de 1816. Sólo la de Londres ha repartido más de 385 millones de ejemplares en 608 lenguas o dialectos. Los años pasados se calculaba que las sociedades bíblicas repartían un promedio de 10 millones de Biblias al año.
Otros dos medios indirectos son la instrucción y la beneficencia. Como que el pensamiento dominante actual entre los protestantes no busca ya la conversión de los paganos, sino el remediar sus necesidades con tendencia filantrópica y desterrar su ignorancia y su retraso material.
De ahí nace la multiplicación de centros docentes, desde lo escuelas primarias hasta las universidades, y de centros de beneficencia, como orfanotrofios y hospitales. Claro está que esta táctica supone sumas inmensas de recursos: la colecta anual de todas las sociedades protestantes fácilmente llega a la suma de 15 millones de libras esterlinas.
Pero la escisión intestina reflejada en las conferencias de Shangai y las controversias iniciadas en Chinese Reccorder nos están diciendo que el apostolado protestante está en crisis. Sin negar heroísmos individuales, los acontecimientos de China de 1927 y 1932 para acá proclaman con evidencia el nivel inferior de abnegación y sacrificio del pastor protestante respecto al misionero católico. Además, la cuestión de las iglesias nacionales o iglesias indígenas es para los protestantes un problema atormentador.
LLORCA, GARCIA VILLOSLADA, MONTALBAN
HISTORIA DE LA IGLESIA CATÓLICA
Primer entrega: LAS GRANDES HEREJÍAS ¿Qué es una herejía y cuál es la importancia histórica de ella?
Segunda entrega: La herejía en sus diferentes manifestaciones
Tercer entrega: Herejías durante el siglo IV. El Concilio de Constantinopla (381)
Cuarta entrega: Grandes cuestiones dogmáticas. San Agustín. Pelagianismo y semipelagianismo
Quinta entrega: El semipelagianismo
Sexta entrega: Monofisitismo y Eutiques. San León Magno. Concilio cuarto ecuménico. Calcedonia (451)
Séptima entrega: Lucha contra la heterodoxia. Los monoteletas
Octava entrega: Segunda fase del monotelismo: 638-668
Novena entrega: La herejía y el cisma contra el culto de los íconos en oriente
Décima entrega: El error adopcionista
Undécima entrega: Gotescalco y las controversias de la predestinación
Duodécima entrega: Las controversias eucarísticas del siglo IX al XI
Decimotercera entrega: El cisma de oriente
Decimocuarta entrega: El cisma de oriente (continuación)
Decimoquinta entrega: La lucha de la Iglesia contra el error y la herejía
Decimosexta entrega: Herejía de los Cátaros o Albigenses
Decimoséptima entrega: Otros herejes
Entrega especial (1era parte): La inquisición medieval
Entrega especial (2da parte): La inquisición medieval
Vigésima entrega: La edad nueva. El Wyclefismo
Vigésimo primera entrega: El movimiento husita
Vigésimo segunda entrega: El movimiento husita (cont.)
Vigésimo tercera entrega: El pontificado romano en lucha con el conciliarismo
Vigésimo cuarta entrega: Eugenio IV y el concilio de Basilea
Vigésimo quinta entrega: La edad nueva. El concilio de Ferrara-Florencia
Vigésimo sexta entrega: Desde el levantamiento de Lutero a la paz de Westfalia (1517-1648). Rebelión protestante y reforma católica
Vigésimo séptima entrega: Primer desarrollo del luteranismo. Procso y condenación de Lutero
Vigésimo octava entrega: Desarrollo ulterior del movimiento luterano hasta la confesión de Augsburgo (1530)
Vigésimo novena entrega: El luteranismo en pleno desarrollo hasta la paz de Ausgburgo
Trigésima entrega: Causas del triunfo del protestantismo
Trigésimoprimera entrega: Calvino. La iglesia reformada
Trigésimosegunda entrega: El cisma de Inglaterra. El anglicanismo
Trigésimotercera entrega: El cisma de Inglaterra. El anglicanismo (cont,)
Trigésimocuarta entrega: Movimientos heterodoxos y controversias. Los disidentes
Trigésimoquinta entrega: Las sectas sismáticas orientales
Trigésimosexta entrega: La iglesia y el absolutismo regio
Trigésimo séptima entrega: España y Portugal. El regalismo
Trigésimo octava entrega: El imperio alemán. Febronianismo y Josefinismo
Trigésimo novena entrega: La Iglesia y los disidentes
Cuadragésima entrega: El jansenismo
Cuadragésima primer entrega: El jansenismo, continuación.
Cuadragésima segunda entrega: En plena lucha jansenista
Cuadragésima tercera entrega: Aspecto moral del jansenismo
Cuadragésima cuarta entrega: Blas pascal, abanderado del jansenismo
Cuadragésima quinta entrega: Blas Pascal, abanderado del jansenismo, continuación
Cuadragésima sexta entrega: Queshel, tercer caudillo del jansenismo

