LA ARMADURA DE DIOS
LA VIRGEN MARÍA
Y SU PATRONATO EN EUROPA
INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA
Patrona de España
España fue la primera nación del mundo en defender el dogma de la Inmaculada Concepción de María.
Su historia muestra que Reyes, teólogos, artistas, literatos, ejército y pueblo creyeron, esperaron y amaron la Inmaculada Concepción de María
Desde el 646, en el siglo VII, gracias a San Ildefonso, Arzobispo de Toledo, se celebra en España la fiesta de la Concepción Inmaculada de María.
El Rey visigodo Ervigio declara su fiesta como ley de Estado.
El Rey Fernando III, el Santo, llevaba pintada su imagen en su estandarte.
Desde el siglo XIII, en 1266, todos los vecinos del municipio de Villalpando (en Zamora) juran solemnemente defender la Inmaculada Concepción de María «por siempre jamás».
Desde entonces lo fueron haciendo multitud de villas, ciudades, provincias, reinos, universidades, cofradías, hermandades y otras instituciones españolas, en particular nuestros Reyes, quienes asumieron como razón de Estado la defensa del dogma, enviando durante dos siglos por el mundo entero a sus embajadores y legados con la misión de hacer todo lo posible por la proclamación de este dogma.
En 1334 se erigía en Zaragoza la primera Cofradía de la Inmaculada, en 1390 los Concellers de Barcelona mandaron que se celebrase con solemnidad la fiesta de «la Purísima».
En 1394 el rey Juan I de Aragón, Cataluña y Valencia se había consagrado junto con todos sus territorios a la Inmaculada Concepción de María.
Los Reyes, Jaime I, el Conquistador, y Juan I de Aragón ordenaron celebrar su fiesta en todos sus reinos.
Las Universidades de Salamanca, Alcalá de Henares, Granada, Zaragoza, Valladolid y Valencia, los teólogos y Santos españoles defendieron y festejaron la Concepción Inmaculada de María como dogma de fe cristiana.
Concretamente, el sabio y celoso gallego Rodrigo de Padrón, arzobispo de Santiago de Compostela, en 1310, ordenaba que el Cabildo de la iglesia basílica catedral del Apóstol Santiago celebre solemnemente la fiesta de la Purísima Concepción de María en el día 8 de diciembre, y recen la Salve después de las Completas durante todos los días del año, a excepción de las fiestas mitradas y de los días de Semana Santa y Pascua.
Durante los siglos XV y XVI fue creciendo la devoción a la Inmaculada en todos los reinos de España, hasta llegar a su culmen en el siglo XVII.
En 1438, tras una terrible epidemia de cólera, el Consejo de la ciudad de Madrid instituye un voto perpetuo a la Inmaculada Concepción en acción de gracias por su protección.
En 1456, Juan II de Aragón, al promulgar las Constituciones de Cataluña, puso pena de destierro a quien hablase contra la Inmaculada. Por lo que fue el primer documento oficial en defender este dogma.
Los Reyes Católicos enviaron nueve embajadas a Roma rogando al Papa definiese la Concepción Inmaculada de María como dogma de fe católica.
El rey Felipe II mandó grabar su imagen en su escudo real.
Las Cofradías Sevillanas fueron las primeras que en 1615 pidieron la proclamación dogmática de la Inmaculada
Desde 1641 la fiesta de la Inmaculada Concepción se celebra en España como fiesta de precepto.
La creencia y amor de los ciudadanos españoles a la Inmaculada Concepción de María está manifestada en su culto y en su gran veneración popular, que aparece bellamente expresada y representada en las ocho pinturas de Murillo, en las de Rivera, de Juan de Juanes, en tantas y tantas tallas y pinturas artísticas bellísimos que hay en catedrales, parroquias, templos, conventos, santuarios y ermitas de España, y así como en la poesía y literatura españolas de nuestros poetas y literatos, desde Gonzalo de Berceo, a Zorrilla y a Gabriel y Galán.
Pedro Calderón de la Barca, miembro de los Tercios españoles, firmó con su propia sangre, como tantos otros muchos españoles, morir, si fuere necesario, en defensa de este gran Misterio mariano.
Se acogieron a la protección de la Inmaculada muchas órdenes religiosas y militares, así como instituciones académicas.
Las Universidades de Valencia, Granada y Alcalá y Barcelona, Salamanca y Valladolid proclamaron a la Virgen Inmaculada patrona de sus universidades; y juraron defender con voto la Inmaculada Concepción de María.
Aunque también hubo ciudades donde el voto inmaculista databa del siglo XV, en fechas próximas a las de las Universidades, o en las mismas, también hicieron y juramento la mayoría de los Cabildos seculares de las respectivas ciudades.
En 1664, el rey Felipe IV, por Real Decreto, pide que a los que se incorporen a las Universidades de Salamanca, Alcalá y Valladolid, y a los que vayan a recibir en ellas algún grado, que antes de ser admitidos por estas Universidades, realicen el voto de defender el dogma de la Inmaculada Concepción de María.
En 1779 el Rey Carlos III lo extendió a todas las Universidades de su Reinos. No se extendía título universitario en España a quien no hiciere voto, con juramento, de defender el dogma de la Inmaculada Virgen María
En 1759 las Cortes de Madrid tomaron a la Inmaculada como Patrona de todos los reinos españoles, incluidos los territorios de las Indias.
En 1761 el Rey Carlos III consagró España a la Inmaculada Concepción y la tomó “por singular y universal Patrona y Abogada de todos mis reinos de España y los de las Indias y demás dominios y señoríos de esta monarquía”. Creó además en su honor la Real y Distinguida Orden de Carlos III.
En España se celebra la fiesta de la Inmaculada desde 1644, más de doscientos años antes de la proclamación del dogma por la Iglesia en 1854.
Por todo esto, desde 1864 el Vaticano concedió a los sacerdotes españoles el privilegio de vestir casulla azul en esta gran fiesta de la Virgen, como agradecimiento a España por la defensa del dogma de la Inmaculada Concepción.
A propuesta unánime de las Cortes Generales Españolas, el Rey Carlos III solicita a la Santa Sede que la Inmaculada Concepción de María sea proclamada Patrona de España. A esta petición, el 8 de noviembre de 1760 el Papa Clemente XIII firmó un Decreto proclamando a la Inmaculada como Patrona de España.
Un poco más tarde, el 25 de diciembre de 1760, presentó la Bula Quantum Ornamenti en la que de manera solemne ratificaba esta proclamación.
El 16 de enero de 1761 el Rey Carlos III firmaba un Decreto-Ley por el que proclamaba Patrona de todos sus Reinos “a esta Señora en el misterio de su Inmaculada Concepción”. Esta disposición de Ley lleva por título “Universal Patronato de Nuestra Señora en la Inmaculada Concepción en todos los Reinos de España e Indias”.
También, a instancias de Carlos III, concedió Su Santidad que en las letanías de la Virgen se añadiese a continuación de la invocación Mater intemerata la de Mater inmaculata.
Cuando el 19 de septiembre de 1771 se instituyó la Real y distinguida Orden de Carlos III, se puso bajo la protección de María Santísima en su misterio de la Inmaculada Concepción, declarándola patrona de la Orden.
El dogma de la Inmaculada Concepción de María, creído ya por los españoles y hasta defendido por muchos con voto de sangre, fue proclamado en 1854 por el Beato Papa Pío IX. Su día quedó establecido el 8 de diciembre.
El 8 de Diciembre de 1857, el mismo Papa hizo construir en la Plaza de España de Roma el monumento a la Inmaculada, que sigue enalteciendo a la ciudad eterna.
Al bendecir la imagen, declaró al embajador español: Fue España la nación que trabajó más que ninguna otra para que amaneciera el día de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.
¿Será azul el dulce manto
De la Virgen, mi Señora,
Por el cielo donde mora
Con el Dios tres veces santo?
¿O no será que el encanto
De este cielo y su color
Vienen de que el Creador
Pensando estaba aquel día
En la Virgen que vendría
Y en su manto acogedor?
Una de las más bonitas plazas de Roma es la Piazza di Spagna, con la archifamosa Escalinata obra de Alessandro Specchi y Francesco de Sanctis; con la Embajada de España ante la Santa Sede; con la iglesia de la Trinitá dei Monti; con la Fontana della Barcaccia de Bernini, y por último, pero no por menos, con el maravilloso Monumento a la Inmaculada Concepción.
La Plaza de España de Roma recibe su nombre del Palazzo di Spagna, el edificio que desde 1647 alberga la Embajada de España ante la Santa Sede, así como la Embajada de España ante la Soberana Orden de Malta y también las Obras Pías de los Establecimientos Españoles en Italia, de las que el embajador de España es gobernador. Se trata, al decir de muchos, de la más antigua embajada permanente de un estado ante otro, una muestra más de la importancia de España en la historia.
El Palazzo di Spagna fue adquirido para España por el Conde de Oñate, embajador de Felipe IV, quien encargó su rehabilitación al gran arquitecto Borromini. La embajada será testigo desde ese momento de tantas de las gestiones realizadas desde la Casa real española, y muy concretamente por Felipe IV, para conseguir del Papa, precisamente, la declaración del dogma de la Inmaculada Concepción, razón por la que, una vez proclamado éste en 1854 por Pío IX, se consideró que la plaza en la que se ubicaba era el sitio idóneo para emplazar el monumento.
En cuanto a éste, reposa sobre una columna de 11,81 ms. hallada en el Monasterio de Santa María de la Inmaculada Concepción, en el Campo de Marte, en 1777, de mármol de Corinto. El monumento en sí es obra del arquitecto Luis Poletti, que adosó en su base a los personajes veterotestamentarios David, Isaías, Ezequiel y Moisés; se supone que cada uno de ellos protagonista de alguno de los pasos dados hacia la configuración del dogma. Las cuatro caras de la base contienen escenas en bajo relieve de la definición del dogma, del sueño de San José, de la comunión de la Virgen y de la Anunciación.
La estatua de la Virgen, en su cúspide, es obra del escultor modenense Giuseppe Obici (1807-1878), y fue fundida en bronce por Luigi Derossi.
La Virgen posa los pies sobre una esfera con la media luna que a su vez, reposa sobre los cuatro evangelistas representados por sus símbolos, a saber, el ángel de San Mateo, el león de San Marcos, el toro de San Lucas, y el águila de San Juan.
El monumento se levantó el año 1857 y fue inaugurado por el Papa Pío IX en persona, quien, una vez más no por casualidad, lo hizo desde la terraza de la Embajada española.
La fiesta de la Inmaculada registra en Roma, concretamente en la Plaza de España una importante tradición que se remonta a la declaración del dogma. Los primeros en hacer acto de presencia en ella el día de la Inmaculada son los bomberos de Roma, que entre las 7:30 hs y las 7:45 hs cuelgan con su larga escalinata una guirnalda de flores blancas al brazo de la imagen a la que saludan militarmente.
A continuación tienen lugar una serie de procesiones en honor a la Inmaculada. Y sobre las cuatro de la tarde, suele acudir el Papa, que coloca ante la imagen de la Inmaculada una cesta de rosas blancas, hecho lo cual, numerosos romanos y visitantes continúan depositando flores ante el monumento.






