ESPECIALES DE RADIO CRISTIANDAD
EL PADRE MANUEL DE LACUNZA Y DÍAZ
Cuarta entrega

“El error que no es resistido es aprobado y la verdad que no es defendida es oprimida”
(Félix III, Papa)
Continuación…
DIVERSAS EDICIONES
Antes de estar terminada, en forma de extractos más o menos auténticos, la obra de Lacunza había circulado en Italia, España y América del Sur.
Había provocado una viva admiración en unos y un verdadero furor en otros. Los amigos de Lacunza querían imprimirla, esperando que su circulación tuviera el mismo efecto que el sol cuando disipa las brumas matinales.
Una carta del jesuita argentino, Padre Gaspar Juárez (1731-1804), en enero de 1791, testifica que los sabios jesuitas se esforzaron por publicar la obra de Lacunza en diversos idiomas.
Los admiradores de Lacunza, extranjeros en su mayor parte, estaban secundados por un eclesiástico italiano que debe haber sido el jesuita Giovanni Vincenzo Bolgeni (1733-1811).
Todo parecía favorecer el proyecto. Las suscripciones estaban ya reunidas, pero Lacunza había puesto una condición: debía obtenerse las aprobaciones necesarias. La oposición de la jerarquía hizo naufragar la empresa.
Para demostrar la hostilidad de las altas esferas romanas contra el sistema de Lacunza, basta citar al Padre Manuel Luengo (1735-1816), que escribió en su Diario inédito: “La venida del Mesías no se ha impreso todavía, y verosímilmente no se imprimirá jamás”.
En Venecia, unos judíos se ofrecieron para publicar la obra, pero Lacunza no consintió.
Las ediciones son todas póstumas. Helas aquí, repartidas geográficamente:
A. En España
“La primera edición de la obra de Lacunza fue impresa en la Isla de León, frente a Cádiz, probablemente en 1811.
La segunda edición es la de Tournachon-Molin, impresa en 1812, que se basó en la primera. El lugar de su impresión no es la Isla de León, sino probablemente Valencia.
La tercera edición fue hecha en 1815 en la Isla de León, al igual que la primera, y también basada en ésta. Para la tercera edición se hizo posteriormente un agregado que contenía la censura de Fray Pablo de la Concepción (1), pero anónima y sin fecha.
Parece que la edición más corriente es la segunda. Después sigue la primera. La tercera es más rara”. (2)
¿A qué debemos la primera edición? “Alvear, gobernador de la Isla de León, en tiempos de la libertad de imprenta en España, la imprimió allí en castellano”. (3)
Don Felipe Tolosa, cuyo nombre figuraba en la portada, era impresor de Vic, en Cataluña. Habiendo hecho la Inquisición un sumario acerca de él, declaró no haber participado en la publicación de la obra. Ninguna aprobación eclesiástica acompañó esa edición. Pedro Segovia “tenía la imprenta de la Marina, en la Isla de León”. (4)
La segunda edición, de 1812, es un poco abreviada. Furlong dice haber visto un ejemplar de esa edición, la cual vio la luz en Valencia, España. La aprobación está firmada por Pablo de la Concepción, carmelita descalzo, y fechada en Cádiz el 17 de diciembre de 1812. Al principio del primer volumen se encuentra una advertencia a los lectores, firmada por Tournachon-Molin. (5)
En la portada figura el nombre del impresor, Felipe Tolosa, como en la primera edición. Los pasajes bíblicos están citados en latín.
La tercera edición es casi idéntica a la primera, con caracteres tipográficos muy pequeños, sin aprobación eclesiástica y los pasajes bíblicos en latín.
Hay otra edición española: “Yo tengo una edición, en dos tomos, impresa en Granada por Francisco de Benavides en el año de 1823”. (6)
B. En Inglaterra
“Belgrano, después de ser reemplazado por San Martín en el mando del Ejército del Norte, fue enviado con Rivadavia a Europa en misión diplomática. Ambos se embarcaron el 28 de diciembre y llegaron a Londres a mediados de mayo de 1815. Belgrano, embarcado nuevamente el 15 de noviembre, estaba de vuelta en Buenos Aires en febrero de 1816. Había llevado el manuscrito que el Padre Guerra (7) poseía de la obra de Lacunza, con el fin de hacerlo imprimir en Londres. Era uno de los más decididos partidarios con que las ideas lacuncianas contaban en el Río de la Plata…
Durante los siete meses de su misión en Londres, Belgrano encontró tiempo para tratar a cerca de la impresión del libro, que saldría a luz en el año 1816, en cuatro gruesos volúmenes… Según Eduardo Irving, esta edición, de mil quinientos ejemplares, estaba destinada a Sudamérica, a donde fue expedida en su totalidad.” (8)
La última edición en 3 volúmenes se considera la mejor; se hizo en Londres en 1826. Contiene un retrato de Lacunza en el primero y la aprobación de Pablo de la Concepción. Incluye una carta apologética de Valdivieso y Viescas en el tercero. Los pasajes bíblicos están traducidos al castellano en el texto, pero aparecen en latín en las notas.
C. En México
La edición de Puebla de los Ángeles, en 5 tomos, es de 1822-1823. Fue mencionada por José Nicolás Maniau y Torquemada en la aprobación que ocupa la cabeza de la colección Discursos varios en defensa de J. J. Ben-Ezra, México, 2-6-1824. Dice que esta edición fue hecha con el consentimiento del Obispo de Puebla. Los pasajes bíblicos están en latín.
Otra edición hecha en México en 1825, consta de 3 volúmenes, en 5 tomos. Tiene un retrato de Lacunza en el primer tomo, un parecer del mercedario Fray Manuel Mercadillo, el dictamen del Dr. José Nicolás Maniau y Torquemada, la licencia del ordinario y el dictamen de Fray Pablo de la Concepción. Los pasajes bíblicos están citados de la versión española de Felipe Scío de San Miguel.
D. En Francia
Hay una edición en cinco volúmenes enmendada, particularmente en cuanto a las citas, hecha por Pedro de Chamrobert (9), en París en 1825. Lleva la aprobación del Padre Pablo de la Concepción, calificador del Santo Oficio.
Menéndez y Pelayo (10) dice que esta edición ha sido hecha según un manuscrito que pertenecía al cardenal Miguel García-Cuesta (11), y que pasó a manos de los jesuitas de Santiago de Chile.
Según Quérard (12), Chamrobert había usado también el manuscrito latino de Grégoire. (13)
Notas:
(1) Pablo Francisco José Galisteo (1751-1819), natural de Carcabuey (reino de Córdoba), predicador del Rey Fernando VII, orador muy elocuente. Sermón, Córdoba, 1788. Sermón, Cádiz, 1808. Censura dada a dos cartas de observaciones hechas contra la obra titulada: La venida del Mesías en gloria y majestad, por Juan Josafat Ben-Ezra, Cádiz, 11-4-1818, manuscrito Archivo Silveriano de Burgos, caj. 52. El Monte Carmelo, Burgos, 1956, pág. 92-97. Ismael de Santa Teresita, O.C.D., ¿El P. Pablo de la C. milenarista? El Monte Carmelo, 1956, págs. 88-97. La Censura de 1812 fue impresa en Buenos Aires bajo el nombre de Salvador de la Concepción. El franciscano José Vidal y Galiana, La venuta del Messia in gloria e maestà, I, Roma, 1834, pág XIII, dice: “Il P. Salvatore della Concezione Carmelitano scalzo di Cadice un uomo chenella famiglia religiosa alla quale apparteneva era molto considerato per la suadottrina e per la sue religiose virtù”.
(2) Víctor Anzoátegui y Enrique Sanhueza Beltrán, “Vulgarización de Lacunza y el lacuncismo”, Revista Mapocho, Santiago, tomo III [1965], No. 3, pág. 105. Carl Heinrich Schaible, Las primeras ediciones de la obra del P. Lacunza, Santiago, 1948.
(3) José Servando Teresa de Mier-Noriega y Guerra (1763-1827), Memorias, Madrid, 1915, pág. 321. Sabinade Alvear y Ward, Historia de D. Diego de Alvear y Ponce de León (1749-1830), brigadier de la Armada, Madrid, 1891. Gobernador de la Isla de León desde el 6 de marzo de 1810 al 23 de marzo de 1811.
(4) Dionisio Pérez, Ensayo de bibliografía y tipografía gaditanas, Madrid, 1903.
(5) La librería Tournachon-Molin, rue de Savoie, 6, París. Emilio Vaïsse Revista de bibliografía chilena y extranjera, Santiago, 1917, pág 187.
(6) Ludwig Albrecht (1861-1931), Sobre la obra del jesuita español Lacunza, Madrid, 1903, pág. 7. “Edición corregida y aumentada, con adiciones y apéndices, Granada, Francisco Benavides, 1823, 2 volúmenes en 4”. Antonio Palau y Dulcet (1867-1954), Manual del librero hispano-americano, Barcelona, IV, 1926, p. 167. 2ª ed., VII, 1954, pág. 322.
(7) El dominicano Isidoro Celestino Guerra, nacido en Buenos Aires, fallecido en 1820.
(8) Rubén C. González, Un ilustre editor de Lacunza: el General Manuel Belgrano (Londres, 1816), Criterio, 27-1-1955, Buenos Aires, pág. 50. Paul Henri Besson (1848-1932), M. Belgrano, editor de un comentario del Apocalipsis, La Reforma, B. A., 1923 págs. 148-150.
(9) El jansenista Paulin Pierre de Chamrobert (1799-1879).
(10) Marcelino Menéndez y Pelayo (1856-1912), Historia de los Heterodoxos Españoles, 2ª ed., VI, Madrid, 1930, pág. 484.
(11) Miguel García Cuesta (1803-1873).
(12) Joseph-Marie Quérard (1797-1869), Les supercheries littéraires dévoilées, 2ª ed., I, París, 1869, pág. 508.
(13) El jansenista Henri-Baptiste Grégoire (1750-1830)
LAS TRADUCCIONES
En el curso de un viaje hecho por Europa en 1797, un chileno llamado Nicolás de la Cruz y Bahamonde, conde de Maule, pasó por Ímola y encontró a Lacunza en compañía de otros sesenta jesuitas venidos de Chile veinte años antes. Hablando de esa entrevista, dijo que la obra de Lacunza sobre el Apocalipsis (La venida del Mesías en gloria y majestad) había “sido traducida en casi todas las lenguas cultivadas de Europa”. (1)
Lorenzo Hervás y Panduro, que escribió en 1794, había visto en Roma los manuscritos de dos traducciones latinas y de una italiana. (2)
El misionero José Wolff, que se sirvió de la traducción inglesa, se refirió a una traducción alemana (3), de la cual creo que no subsiste ningún rastro.
Escribiendo desde Roma a Ambrosio Funes el 12 de enero de 1791, un tal Padre Juárez dijo que un sabio jesuita había trabajado en una traducción del español al latín, y otro en una traducción italiana. (4)
Juan Buenaventura Bestard dijo también que la obra de Lacunza había sido admirada en toda Italia, donde se la había traducido inmediatamente al italiano y al latín. (5)
Primera traducción latina
Codronchi, arzobispo de Rávena, a partir de 1785, estuvo en posesión de una traducción latina completa, manuscrita, de la obra de Lacunza. Se han sacado de ella muchas copias, de las cuales una fue propiedad del obispo de Pavía, D’Allegre, quien legó esos manuscritos a Benedetto Vejluva, un canónigo de Asti. (6)
Bestard vio también una copia en La Habana, en 1814. (7)
Finalmente, una copia fue donada por D’Allegre a Grégoire, quien la prestó a Agier. Los dos últimos volúmenes de ese precioso manuscrito se encuentran en la Biblioteca del Arsenal, en París. El primer volumen falta.
La Biblioteca del Instituto Pontificio, en Roma, posee un manuscrito que contiene lo que le falta al de París.
Ahora transcribiré los testimonios inéditos de dos contemporáneos de Lacunza, que pude copiar en los archivos del Colegio de Loyola (Azpeitia).
En la nota dedicada a Narciso González, Hervás y Panduro declara:
“Dejó manuscritos dos tomos de la obra del ex jesuita Lacunza sobre el reino temporal de Jesucristo, traducidos al latín”. (8)
Por otra parte, aquí está lo que escribió Manuel Luengo: “Estos dos tomos fueron traducidos a dicho idioma por el Padre Narciso González, de la provincia de Méjico (sic), que murió pocos meses ha en la misma ciudad de Bolonia; y verosímilmente había puesto la mano en la traducción del tercero, y después se ha encargado de la continuación alguien que hasta ahora no me es conocido”. (9)
La muerte impidió a Narciso González terminar su trabajo. La traducción del tercer tomo se debió a la pluma del jesuita Maneiro, de Veracruz. Sin duda Juárez se refería a Maneiro, cuando escribió desde Roma en 1791: “En Bolonia se está traduciendo en latín por un docto mejicano (sic) que fue también jesuita”. (10)
Segunda traducción latina
En una nota de Hervás y Panduro sobre Miguel García (1741-1794), encontré lo siguiente: “Traducción latina de la obra del señor Lacunza sobre la segunda venida de Jesucristo”.
Aquí todavía Luengo aporta una confirmación más: “Los dos primeros tomos de esta obra, escritos en español por el jesuita chileno Lacunza y puestos en latín por el mejicano (sic) Narciso González, aparecerán en la misma lengua escritos por el Padre Miguel García”.
Un ejemplar de esta traducción de los dos primeros tomos subsiste en los archivos de la provincia de Toledo, en el Colegio de Nuestra Señora del Recuerdo, en el barrio Chamartín de la Rosa, al norte de Madrid.
Traducción latina abreviada
El Padre Marcadillo, en el aviso favorable con el cual hizo preceder la edición de México (1825), dijo haber leído en manuscrito la traducción latina de la obra, ejecutada por el sabio e ilustre Maneiro. Al volver a México en 1799, Maneiro traía una elegante edición de la traducción latina de la cual era autor. La Biblioteca de la ciudad de Niza y la del Vaticano, poseen cada una un ejemplar de esta traducción abreviada.
Otra traducción latina abreviada
Se ha atribuido un resumen de la obra de Lacunza a Giovanni Vincenzo Bolgeni (1733-1811).
Después de una visita que hice en 1937 a los archivos de la Compañía de Jesús, en Roma, el Padre Jesús Juambelz me mostró una colección manuscrita que lleva sobre la tapa la inscripción: «Lacunza-Bolgeni», y que comprende dos partes.
Traducción italiana completa
Desde el año 1790, un jesuita se dedicó a traducir al italiano la obra de Lacunza. Si creemos a Luengo, que desaprobó esa empresa, el traductor fue Bolgeni.
En 1794, Hervás ya pudo ver el manuscrito de esta traducción.
En el curso del verano de 1948, el Dr. Giuseppe Mazzini me mostró un manuscrito conservado en el Convento de los Franciscanos Menores de la Observancia, en Ímola, un grueso volumen encuadernado en tres partes.
Una corta biografía de Lacunza, anónima, ocupa las páginas 3-8 del primer tomo.
Medina menciona una copia que estaba en posesión de don Carlos Morla Vicuña, de Chile.
La Biblioteca Classense, de Rávena, posee otra copia que pertenecía al bibliotecario, Paolo Pavirani (1804-1855).
Traducción italiana abreviada
La citada Biblioteca Classense conserva el manuscrito de otra traducción italiana, obra de Giuseppe Cristino Mazzotti, entonces (desde 1802) cura de Santa María Magdalena, en Rávena, más tarde obispo de Tívoli (1818-1820) y luego de Cervia (1820-1825).
Mazzotti comenzó su trabajo, dedicado a Pío VII, en junio de 1809 y lo terminó en enero de 1811. Mazzotti se propuso publicar su traducción; pero los teólogos de Roma hicieron fracasar la empresa.
Traducción inglesa completa
En su discurso preliminar, que lleva la fecha del 17 de enero de 1827 y que ha sido reimpreso en 1859 con otro ensayo en Edimburgo, el traductor, Edward Irving (1792-1834), relata en qué circunstancias conoció la obra de Lacunza. Cerca de 1823, un clérigo anglicano recibió un ejemplar de la edición española de 1812 y lo prestó a un amigo de Irving. Éste, en 1827, tradujo y publicó en Londres toda la edición de 1812.
Traducción inglesa abreviada
Fue impresa en Dublín en 1833; pero no se nombra al compilador, a pesar de que éste escribió un prefacio en que se muestra muy entusiasta.
Traducción francesa
Comprende cuatro volúmenes. Fue hecha para el conde Gabriel Paisselier (1767-1846), erudito de la ciudad de Lyon, por el Sr. Delompnes (padre) en Lyon, en 1827 y 1828, según la edición española impresa en Londres en 1816. El manuscrito está en los archivos de la iglesia jansenista de Lyon.
Notas:
(1) Nicolás de la Cruz y Bahamonde (1760-1828), Viaje de España, Francia e Italia, VI, pág. 61, Madrid, 1808.
(2) Lorenzo Hervás y Panduro (1735-1809), Bibl. Jes. Esp., II, folio 28.
(3) Travels and Adventures of the Rev. JosephWolff, I, Londres, pág. 455, 1860; y págs. 282, 623, 1861.
(4) Pedro Juan Grenón, Los Funes y el Padre Juárez, I, pág. 233, Córdoba, 1920.
(5) Juan Buenaventura Bestard (1763-1831),“Observaciones que presenta al público por precaverle de la seducción que pudiera ocasionarle la obra intitulada La Venida del Mesías en Gloria y Majestad de J. J. Ben-Ezra”,I, Madrid, 1824, pág. 6.
(6) El jansenista Benedetto Vejluva (1763-1835).
(7) Juan Buenaventura Bestard, I, pág. 6.
(8) Hervás, II, folio 23.
(9) Manuel Luengo (1735-1816), Diario de la expulsión de los jesuitas de los dominios del Rey de España, tomo 24, 1790, pág. 254.
(10) Grenón, I, pág. 149
Continuará…
