TRATADO DE LA ESPERANZA CRISTIANA

ARMADURA DE DIOS

CONTRA EL ESPÍRITU DE PUSILANIMIDAD Y DESCONFIANZA

Y CONTRA EL TEMOR EXCESIVO.

Traducida del francés en 1856. Autor desconocido (Rogad por su alma).

 

 “No hay ningún cristiano tan desesperado que rehúse el amar a Dios, si pudiere persuadirse que Dios le ama, y que le ama tanto, que quiere llegar a hacerlo eternamente participante del trono y reino de su Unigénito Hijo”.

Durante el mes de mayo, dedicado a la Esperanza Cristiana, les entregaremos un capítulo cada día. Finalizaremos el 31 de mayo, Fiesta de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, Esperanza de los Desesperados, con una consagración a Ella.

Día 29

ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS

Dios omnipotente, ante cuya soberana presencia dedicamos a María este Mes bajo el excelso título de Nuestra Señora del Sagrado Corazón Esperanza de los Desesperados, derramad sobre nuestras almas vuestras más abundantes misericordias y abrasadlas en el fuego santo de la caridad, para que nuestra devoción a la Purísima Madre del Verbo hecho carne, al paso que redunde en obsequio de Aquella que es Todopoderosa en sus súplicas al Corazón de Jesús, nos alcance su maternal protección, y sea poderoso auxilio que nos conserve en el camino del bien en esta vida, fuerte escudo que nos defienda contra los ataques de los enemigos de nuestra salvación y segura esperanza de la gloria que nos está prometida. Amén.

V

La dependencia de la misericordia de Dios y de los méritos de Jesucristo con que vive un verdadero cristiano, debe consolarle y fortificar su esperanza, lejos de debilitarla.

9-Todo lo que está escrito se ha escrito para nuestra instrucción, para que concibamos una esperanza firme por la paciencia y consuelo que las Escrituras nos dan (3). Todo se ha escrito, así para instrucción y consuelo de los flacos como de los buenos. ¿Más de qué sirven los mejores remedios a un enfermo, si no se los aplica? Apliquémonos, pues, a nosotros mismos estas palabras, que el Espíritu Santo dictó a los profetas y a los apóstoles, o que el mismo Jesucristo profirió para consolarnos y animarnos. Digamos con David: Por lo que hace a mí, Señor, en ti esperé. Yo he dicho: Tú eres mi Dios; mi suerte está en tus manos (1). Recíbeme, Señor, según tu palabra, para que yo viva; y no permitas que quede confundido en mi esperanza (2). Tuyo soy: sálvame pues (3). Esta, Señor, es causa vuestra y negocio vuestro; porque yo ya soy tuyo y no mio, y tú me has comprado a tan gran precio; y no me hubierais comprado tan caro, sino para poseerme únicamente en el tiempo, y por toda la eternidad. Si, Señor, yo he esperado en ti; y no seré confundido en la eternidad (4). Digamos con S. Pablo: Yo sé quién es aquel a quien loe con fiado el depósito de mi alma y de mi salvación; Y que él es bastante poderoso para conservarle contra todos mis enemigos, y contra mí mismo hasta el día del juicio (5). Conservará con cuidado un depósito que le pertenece, y que le ha costado tan caro. Así, aun cuando nosotros creyésemos que vemos el abismo abierto a nuestros pies, arrojémonos atrevidamente entre sus brazos. No, no se retirará para dejarnos caer. Projice te in eo; non se subtrahet, ut cadas. Projire te securus, excipiet, et sanabit te (6). Él nos recibirá en sus manos… y nos salvará, porque hemos esperado en él (7). Es imposible que perezca aquel que se une, y con perseverancia se mantiene asido a Jesucristo. El cielo y la tierra pasarán; pero sus palabras, por las cuales tantas veces ha prometido, y basta, jurado de no abandonar nunca a los que esperaren en él, no pasarán jamas (8). Abracémonos pues con Jesucristo, y no temamos acercarnos así con él al trono de la justicia y santidad del mismo Dios.

(1) Psalm. 30. 

(2) Ibid. 118-

(3) Ibid. 04.

(4) Ibid. 30.

(5) II Tim., I , 12.

(6) S. AUG., in lib. VIII Conf., cap. u.

(7) Psalm. 36.

(8) Matth., XXIV, 35.

ORACIÓN FINAL

ACORDAOS A NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN

ACORDAOS, ¡oh Señora Nuestra del Sagrado Corazón!, del inefable poder que vuestro Hijo divino os ha dado sobre su Corazón adorable. Llenos de confianza en vuestros merecimientos, acudimos a implorar vuestra protección. ¡Oh celeste Tesorera del Corazón de Jesús, de ese Corazón que es el manantial inagotable de todas las gracias, y el que podéis abrir a vuestro gusto para derramar sobre los hombres todos los tesoros de amor y de misericordia, de luz y de salvación que encierra! Concedednos, os lo suplicamos, los favores que solicitamos.

No, no podemos ser desairados, y puesto que sois nuestra Madre, ¡oh Señora Nuestra del Sagrado Corazón!, acoged favorablemente nuestros ruegos y dignaos atenderlos. ¡Amén!

¡Nuestra Señora del Sagrado Corazón, abogada de las causas difíciles y desesperadas, rogad por nosotros! (3 veces)