TRATADO DE LA ESPERANZA CRISTIANA

ARMADURA DE DIOS

CONTRA EL ESPÍRITU DE PUSILANIMIDAD Y DESCONFIANZA

Y CONTRA EL TEMOR EXCESIVO.

Traducida del francés en 1856. Autor desconocido (Rogad por su alma).

 

 “No hay ningún cristiano tan desesperado que rehúse el amar a Dios, si pudiere persuadirse que Dios le ama, y que le ama tanto, que quiere llegar a hacerlo eternamente participante del trono y reino de su Unigénito Hijo”.

Durante el mes de mayo, dedicado a la Esperanza Cristiana, les entregaremos un capítulo cada día. Finalizaremos el 31 de mayo, Fiesta de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, Esperanza de los Desesperados, con una consagración a Ella.

Día 23

ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS

Dios omnipotente, ante cuya soberana presencia dedicamos a María este Mes bajo el excelso título de Nuestra Señora del Sagrado Corazón Esperanza de los Desesperados, derramad sobre nuestras almas vuestras más abundantes misericordias y abrasadlas en el fuego santo de la caridad, para que nuestra devoción a la Purísima Madre del Verbo hecho carne, al paso que redunde en obsequio de Aquella que es Todopoderosa en sus súplicas al Corazón de Jesús, nos alcance su maternal protección, y sea poderoso auxilio que nos conserve en el camino del bien en esta vida, fuerte escudo que nos defienda contra los ataques de los enemigos de nuestra salvación y segura esperanza de la gloria que nos está prometida. Amén.

III

 Fuerza de nuestros enemigos.

1-La fe no solo nos enseña cuánta sea la flaqueza de nuestro entendimiento y de nuestra voluntad, sino que también nos explica cuánta sea la fuerza de los enemigos contra quienes tenemos que mantener un duro combate, que no ha de finalizarse sino con nuestra vida. No hay poder en la tierra comparable con el de los demonios: Non est super terram potestas quce comparetur ei. Su malicia y su mafia igualan a su poder: nos sitian, nos persiguen, nos atacan en todo tiempo y en todo lugar, y hasta en los lugares más santos. Si alguno de estos temibles enemigos teme que no ha de conseguir su intento, se acompaña con otros siete espíritus más malos y más perniciosos que él, y reunidas sus fuerzas y su maña, procuran abrir brecha para tomar la plaza.

2-Nos atacan de todos modos, ya cara a cara y con toda su fuerza, ya a lo lejos y con rodeos. Si no consiguen de un golpe precipitarnos a una acción u omisión gravemente culpable, esperan conseguirlo al fin por sendas distantes. Procuran meternos en vocaciones, en empleos, y aun en empresas de devoción, que sean superiores a la capacidad de nuestro entendimiento, de nuestros talentos, de nuestro valor, de nuestra virtud; ó que por el trato y comercio que estos empleos o empresas nos obligarán a tener con el mundo insensiblemente nos entibiaremos; poco a poco iremos perdiendo el aborrecimiento del mundo, el amor al retiro y a la humildad, el espíritu de oración y penitencia, y en fin vendrán ser la ocasión y la causa de nuestra pérdida.

3-También nos atacan por sí misal obrando sobre nuestro entendimiento, sois, nuestra memoria, sobre nuestro corazón, sobre todos nuestros sentidos, según el poder que tienen. Nos atacan por medio de otros hombres, y esto de mil modos: bien sea rugiendo como leones, o arrastrándose o deslizándose imperceptiblemente como las serpientes, u ocultándose bajo las hojas y las flores para picarnos con mayor seguridad. Los bienes y los males de esta vida, les sirven igualmente, o para espantarnos o para al afeminarnos. Así emplean las promesas y las amenazas de los poderosos para excitamos a que faltemos a alguna de nuestras obligaciones. Se valen de nuestros enemigos para amilanarnos y enojarnos contra ellos por sus persecuciones o por sus calumnias. Se valen de nuestros amigos para engreírnos o seducirnos con sus lisonjas y sus alabanzas. Y abusan hasta de las verdades más santas para inspirarnos, o una presuntuosa confianza o un temor excesivo. En el fin, el mundo entero, con casi todas las criaturas que contiene, puede servirle para ponernos lazos, según aquel dicho del sabio: Las criaturas de Dios se han hecho asunto de tentación a los hombres, y red para los pies de los insensatos.

 4-¿Pues, cómo siendo tan flacos, tan débiles y tan corrompidos como somos, podremos esperar resistir a tales enemigos, si no somos sostenidos con el auxilio de aquel que, siendo infinitamente poderoso e infinitamente sabio, puede con una sola mirada anonadar todos sus esfuerzos y disipar todos sus designios? ¿Cómo podríamos evitar por nosotros mismos esa innumerable multitud de lazos tendidos por todas partes, y ocultos con tanto artificio, si no dependiese nuestro socorro de aquel que hizo la tierra, que puede únicamente conducirnos con seguridad en medio de tantos peligros, y ponernos en estado de cantar el cántico de nuestra libertad? Bendito sea el Señor, que no nos ha entregado en presa a los dientes de nuestros enemigos. Nuestra alma se ha escapado como un pájaro de la red del cazador: las redes se han roto, y nosotros hemos quedado libres. Si el Señor no hubiera estado por nosotros, ellos nos hubieran devorado a todos vivos. ¿Cómo podríamos esperar escaparnos de todas las profundidades de Satanás, de aquellas flechas que vuelan por el día, de aquellos males preparados durante las tinieblas de la noche, de todos los ataques de demonio meridiano, que a nuestra vista hacen caer mil a nuestra izquierda y diez mil a nuestra derecha, si no nos acogiésemos a la protección del Dios del cielo, si no nos mantuviese como a la sombra de sus alas, y si no nos cercase con su verdad como un broquel impenetrable ? ¿Quién podrá asegurarse que andará sobre el áspid y el basilisco, y que hollará al león y al dragón, espíritus incomparablemente mas malvados, mas crueles y mas artificiosos, que todos estos animales que el Profeta nos acaba de nombrar; si no esperase en el socorro y en la fortaleza de Aquel que ha prometido que los que creyeren y esperaren en su nombre, pondrán debajo de los pies todo el poder del enemigo, sin que nada pueda perjudicarles? Con razón, pues, nos anima S. Pablo, diciendo: Fortificaos, hermanos míos (no contando con vosotros, o con cualquiera otra criatura, sea la que fuere), sino fortificaos en el Señor y en su virtud omnipotente. Revestíos de todas las armas de Dios , para poder defenderos de las asechanzas y artificios del diablo. Porque nosotros no hemos de combatir con enemigos de carne y sangre, sino contra los principados o príncipes del mundo, esto es, de este siglo tenebroso, contra los espíritus de malicia esparcidos por el aire. Por tanto tomad todas las armas de Dios, para que estando fortalecidos y cubiertos por todas  partes podáis en el día malo resistir y manteneros firmes, invocando a Dios en espíritu y en todo tiempo con toda suerte de oraciones y súplicas, y empleándoos en esto con una vigilancia y perseverancia continua. Es menester velar y estar alerta contra tan terribles enemigos; pero aún es más preciso el orar: porque si el Señor por sí mismo no guarda la ciudad, vanamente esta de centinela el que la guarda.

ORACIÓN FINAL

ACORDAOS A NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN

ACORDAOS, ¡oh Señora Nuestra del Sagrado Corazón!, del inefable poder que vuestro Hijo divino os ha dado sobre su Corazón adorable. Llenos de confianza en vuestros merecimientos, acudimos a implorar vuestra protección. ¡Oh celeste Tesorera del Corazón de Jesús, de ese Corazón que es el manantial inagotable de todas las gracias, y el que podéis abrir a vuestro gusto para derramar sobre los hombres todos los tesoros de amor y de misericordia, de luz y de salvación que encierra! Concedednos, os lo suplicamos, los favores que solicitamos.

No, no podemos ser desairados, y puesto que sois nuestra Madre, ¡oh Señora Nuestra del Sagrado Corazón!, acoged favorablemente nuestros ruegos y dignaos atenderlos. ¡Amén!

¡Nuestra Señora del Sagrado Corazón, abogada de las causas difíciles y desesperadas, rogad por nosotros! (3 veces)