ARMADURA DE DIOS
CONTRA EL ESPÍRITU DE PUSILANIMIDAD Y DESCONFIANZA
Y CONTRA EL TEMOR EXCESIVO.
Traducida del francés en 1856. Autor desconocido (Rogad por su alma).
“No hay ningún cristiano tan desesperado que rehúse el amar a Dios, si pudiere persuadirse que Dios le ama, y que le ama tanto, que quiere llegar a hacerlo eternamente participante del trono y reino de su Unigénito Hijo”.
Durante el mes de mayo, dedicado a la Esperanza Cristiana, les entregaremos un capítulo cada día. Finalizaremos el 31 de mayo, Fiesta de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, Esperanza de los Desesperados, con una consagración a Ella.
Día 21
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Dios omnipotente, ante cuya soberana presencia dedicamos a María este Mes bajo el excelso título de Nuestra Señora del Sagrado Corazón Esperanza de los Desesperados, derramad sobre nuestras almas vuestras más abundantes misericordias y abrasadlas en el fuego santo de la caridad, para que nuestra devoción a la Purísima Madre del Verbo hecho carne, al paso que redunde en obsequio de Aquella que es Todopoderosa en sus súplicas al Corazón de Jesús, nos alcance su maternal protección, y sea poderoso auxilio que nos conserve en el camino del bien en esta vida, fuerte escudo que nos defienda contra los ataques de los enemigos de nuestra salvación y segura esperanza de la gloria que nos está prometida. Amén.
CAPITULO IV.
(Continuación del mismo asunto.)
Lo que la fe enseña al hombre para humillarle
I. Debilidad de nuestro entendimiento.
1-La fe nos enseña que el entendimiento del hombre abandonado a su propia flaqueza es capaz de toda suerte de ilusiones y errores los más monstruosos; y para convencer plenamente de esto a, todos los hombres, Dios, por uno de los más terribles efectos de su justicia, ha dejado a todas las naciones andar por sus caminos, por espacio de aquellos siglos de ignorancia que precedieron a la Encarnación de su Hijo. Porque en verdad, ¿puede, espantosas fueron las tinieblas de que todos los pueblos de la tierra estuvieron cercados por una revolución de muchos millares de años sin sentirse sobrecogido de admiración o penetrado de espanto? El criador de todas las cosas, desconocido de todo el universo a excepción del rincón de la Judea, en donde sólo era Dios conocido, y su nombre solo era grande en el pequeñito Israel. No había idolatría tan criminal y tan ridícula que no fuese seguida y practicada en el mundo como una ley santa: Error tanquam lex o toditus est. Por todas partes se veían templos y altares levantados en honor de los hombres que aún no merecían tener sepulcros. La adoración y todos los honores de la divinidad prostituidos a un Júpiter, Apolo, a un Cupido, a un Baco, a un Pri a una Juno, a una Diana, a una Venus, etc., esto es, a los pérfidos, a los incestuosos, los adúlteros, a los ebrios, y a aquellos infames que no eran dignos sino de la execración del cielo y de la tierra. Toda la religión se volvió con el culto de tales dioses y tales diosas una disciplina de una escuela de todo género de infamias y de toda suerte de delitos e impiedades. La divinidad y adoración suprema atribuidas divinidad atribuidas a los brutos más viles y más enemigos del hombre, esto es, a los reptiles y dragones, rehusadas a solo Dios, bondad soberana, y único manantial de todo bien. Las mismas obras fabricadas por los hombres, cuales eran ídolos de oro y de plata, de metal, de madera o de tierra, imágenes o figuras de hombres, de animales, de pájaros, de serpientes, adoradas e invocadas como dioses por las naciones, que no se avergonzaban de recurrir en todas sus necesidades y aprietos a unos dioses que no podían ver, oír, hablar, ni andar.
2-¿Quién podrá, aun después de tales pruebas de la extrema debilidad de la razón humana abandonada a sus propias tinieblas, fiarse de las fuerzas y luces de su entendimiento? Después de tan larga y terrible experiencia del mas monstruoso embeleso, a que las tinieblas del entendimiento humano, redujeron, todos los pueblos de la tierra, ¿deberá admirarse que el entendimiento de una gran parte de los que los mismos cristianos sea tan susceptible de tantas falsas opiniones, de tantas reglas tan relajadas , de tantas falsas regla de moral, de tantas erradas costumbres, que reinan aun en nuestros días y vienen a ser después los principios o máximas de su porte y de sus acciones, y finalmente la funesta causa de la pérdida de sus almas?
3-Todo esto es un justísimo castigo dela presunción del entendimiento humano, que desconfía poco de sí mismo, que cuida poco de recurrir a aquel que únicamente es la luz de los entendimientos, la razón soberana, y la verdad infalible en quien solo debernos poner toda nuestra esperanza, y a quien debemos recurrir sin cesar, y como lo hacía aquel santo Rey y Profeta tan iluminado, para pedirle, que no quite jamás de nuestra boca la palabra de la verdad; que nos de la inteligencia para conocer su Ley; que nos instruya de lo justo de sus preceptos; que nos quite la venda que tenemos sobre nuestros ojos, para que consideremos las maravillas que comprende su Ley; que alumbre nuestros ojos, a fin de que no nos durmamos en la muerte; que encienda nuestras lámparas, e ilumine nuestras tinieblas, etc.
Es cosa muy extraña que al mismo tiempo que un Profeta tan iluminado teme, ora y gime de este modo en la mayor parte de sus salmos temamos tan poco nosotros el estar seducidos con las tinieblas de nuestro entendimiento, los errores que reinan en el mundo, y los artificios del demonio.
ORACIÓN FINAL
ACORDAOS A NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN
ACORDAOS, ¡oh Señora Nuestra del Sagrado Corazón!, del inefable poder que vuestro Hijo divino os ha dado sobre su Corazón adorable. Llenos de confianza en vuestros merecimientos, acudimos a implorar vuestra protección. ¡Oh celeste Tesorera del Corazón de Jesús, de ese Corazón que es el manantial inagotable de todas las gracias, y el que podéis abrir a vuestro gusto para derramar sobre los hombres todos los tesoros de amor y de misericordia, de luz y de salvación que encierra! Concedednos, os lo suplicamos, los favores que solicitamos.
No, no podemos ser desairados, y puesto que sois nuestra Madre, ¡oh Señora Nuestra del Sagrado Corazón!, acoged favorablemente nuestros ruegos y dignaos atenderlos. ¡Amén!
¡Nuestra Señora del Sagrado Corazón, abogada de las causas difíciles y desesperadas, rogad por nosotros! (3 veces)

