ARMADURA DE DIOS
CONTRA EL ESPÍRITU DE PUSILANIMIDAD Y DESCONFIANZA
Y CONTRA EL TEMOR EXCESIVO.
Traducida del francés en 1856. Autor desconocido (Rogad por su alma).
“No hay ningún cristiano tan desesperado que rehúse el amar a Dios, si pudiere persuadirse que Dios le ama, y que le ama tanto, que quiere llegar a hacerlo eternamente participante del trono y reino de su Unigénito Hijo”.
Durante el mes de mayo, dedicado a la Esperanza Cristiana, les entregaremos un capítulo cada día. Finalizaremos el 31 de mayo, Fiesta de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, Esperanza de los Desesperados, con una consagración a Ella.
Día 18
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Dios omnipotente, ante cuya soberana presencia dedicamos a María este Mes bajo el excelso título de Nuestra Señora del Sagrado Corazón Esperanza de los Desesperados, derramad sobre nuestras almas vuestras más abundantes misericordias y abrasadlas en el fuego santo de la caridad, para que nuestra devoción a la Purísima Madre del Verbo hecho carne, al paso que redunde en obsequio de Aquella que es Todopoderosa en sus súplicas al Corazón de Jesús, nos alcance su maternal protección, y sea poderoso auxilio que nos conserve en el camino del bien en esta vida, fuerte escudo que nos defienda contra los ataques de los enemigos de nuestra salvación y segura esperanza de la gloria que nos está prometida. Amén.
IV
Faltar a la confianza en Dios es, según los Padres una especie de idolatría.
4-Queriendo retirarse Jesucristo solo a un monte para orar, obligó a sus discípulos que volviesen a embarcarse para venir a Cafarnaúm. La barca en que iban, toda la noche estuvo agitada de vientos contrarios una violenta tempestad. Acercándose el amanecer, fue hacia ellos andando sobre el mar. Pero lo que debería disipar su temor lo aumentó más, porque las tinieblas de la noche les impidieron el reconocer que era Jesucristo, y juzgaron que era un fantasma y el espanto que les sobrecogió el corazón, les hizo dar grandes gritos. Esta es una imagen muy natural del estado en que se hallan aquellas personas de quienes vamos hablando. Siempre están combatidas de tempestad, siempre agitadas de los diferentes movimientos que experimentan en su interior, siempre turbadas, y con miedo de naufragar. Si Jesucristo se les presenta en lo más fuerte de la tempestad, este pensamiento que debiera consolarlas y asegurarlas, las más veces no sirve sino para aumentar su turbación y su espanto; porque la oscuridad y ofuscación de su entendimiento les estorba el conocimiento de lo que es Jesucristo: y hace que le tengan por un fantasma. No ven que está lleno de una bondad y de una caridad que sobrepuja todo conocimiento; que está siempre pronto a socorrerlas en los mayores peligros. No advierten en él sino severidad, un Juez irritado, que solo viene hacia ellos para darles muerte y abandono. En una palabra, es un fantasma lo que tienen por Jesucristo: porque Jesucristo es muy otro de lo que se imaginan; y esta falsa idea que de él se forman, es la que mantiene o aumenta más sus desconfianzas, su turbación y su espanto.
5-Mas si alguna cosa debiera espantarnos sería la poca confianza que tienen en la bondad de aquel que por su misma boca declaró, haber venido a salvar lo que estaba perdido; que los enfermos, y no los sanos son los que necesitan de médico. Este Señor nos manda que le busquemos con sencillez de corazón; y muy distantes de desanimarnos con nuestros discursos, nos asegura que se dejará hallar de los que en él confían. Estas personas, pues, que siempre están asustadas y desconfiadas, y que tienen sentimientos dignos de su bondad, le hacen una grande injuria. Aquellas desconfianzas casi continuas de los Israelitas en el desierto fueron las que irritaron y enojaron principalmente a Dios contra su pueblo. Por esto, dice el Profeta, el Señor difirió el ejecutar sus promesas, se encendió fuego contra Jacob, y la ira del Señor se levantó contra Israel, porque no creyeron en Dios, y no esperaron en su asistencia saludable. Toleró en ellos muchos delitos, que nos podrían parecer más grandes; pero no pudo sufrir sus desconfianzas y tomó de ellas una ventaja ruidosa.
6-Efectivamente no se falta a la confianza en Dios, sino porque que se cree que, aunque sea omnipotente para librarnos de todo, no tiene bastante bondad para quererlo; y esto ¿qué es, sino otra especie de infidelidad? Pensar y juzgar así de Dios, es portarse como los infieles que no le conocen, es acotar su poder o su bondad: y así no hay que admirarse, si esta injuria que se le hace, le es tan odiosa y tan insoportable, y más capaz que todos los demás pecados de irritarle contra nosotros, e inclinarle a arrojarnos de su presencia. Con que si nosotros no experimentamos los efectos de su misericordia, no busquemos otra causa que nuestras desconfianzas.
ORACIÓN FINAL
ACORDAOS A NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN
ACORDAOS, ¡oh Señora Nuestra del Sagrado Corazón!, del inefable poder que vuestro Hijo divino os ha dado sobre su Corazón adorable. Llenos de confianza en vuestros merecimientos, acudimos a implorar vuestra protección. ¡Oh celeste Tesorera del Corazón de Jesús, de ese Corazón que es el manantial inagotable de todas las gracias, y el que podéis abrir a vuestro gusto para derramar sobre los hombres todos los tesoros de amor y de misericordia, de luz y de salvación que encierra! Concedednos, os lo suplicamos, los favores que solicitamos.
No, no podemos ser desairados, y puesto que sois nuestra Madre, ¡oh Señora Nuestra del Sagrado Corazón!, acoged favorablemente nuestros ruegos y dignaos atenderlos. ¡Amén!
¡Nuestra Señora del Sagrado Corazón, abogada de las causas difíciles y desesperadas, rogad por nosotros! (3 veces)

