ARMADURA DE DIOS
CONTRA EL ESPÍRITU DE PUSILANIMIDAD Y DESCONFIANZA
Y CONTRA EL TEMOR EXCESIVO.
Traducida del francés en 1856. Autor desconocido (Rogad por su alma).
“No hay ningún cristiano tan desesperado que rehúse el amar a Dios, si pudiere persuadirse que Dios le ama, y que le ama tanto, que quiere llegar a hacerlo eternamente participante del trono y reino de su Unigénito Hijo”.
Durante el mes de mayo, dedicado a la Esperanza Cristiana, les entregaremos un capítulo cada día. Finalizaremos el 31 de mayo, Fiesta de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, Esperanza de los Desesperados, con una consagración a Ella.
Día 17
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Dios omnipotente, ante cuya soberana presencia dedicamos a María este Mes bajo el excelso título de Nuestra Señora del Sagrado Corazón Esperanza de los Desesperados, derramad sobre nuestras almas vuestras más abundantes misericordias y abrasadlas en el fuego santo de la caridad, para que nuestra devoción a la Purísima Madre del Verbo hecho carne, al paso que redunde en obsequio de Aquella que es Todopoderosa en sus súplicas al Corazón de Jesús, nos alcance su maternal protección, y sea poderoso auxilio que nos conserve en el camino del bien en esta vida, fuerte escudo que nos defienda contra los ataques de los enemigos de nuestra salvación y segura esperanza de la gloria que nos está prometida. Amén.
IV
Faltar a la confianza en Dios es, según los Padres una especie de idolatría.
1-Ya mucho tiempo ha que los ídolos de madera, de piedra o de metal se destruyeron en el mundo, y se demolieron los templos de los falsos dioses del paganismo; pero en lugar de estos ídolos materiales, el diablo ha sustituido otros más espirituales. Según S. Agustín y S. Bernardo, los cristianos que se representan a Dios de otro modo que es, y forman de él una falsa idea, se forman un ídolo en su corazón, y se hacen un dios falso en vez del Dios verdadero: Formant sibi idolum pro Deo. Aquellos que en medio de sus pecados se figuran a Dios como si no tuviese más que bondad sin justicia, y esperan que continuando en vivir violando sus mandamientos y los de la Iglesia, Dios no los dejará de salvar, y no castigará sus excesos, se forjan un ídolo, y hacen en su corazón un Dios falso en lugar del verdadero, pues es muy otro de lo que se figuran. Si es infinitamente bueno, es infinitamente justo. Si hace experimentar cuán rico es en misericordia con aquellos que sinceramente se convierten dejando sus delitos, también es imposible que no haga sentir el rigor de su justicia a los que no los dejan.
2-Más los que están siempre agitados de desconfianza y de inquietudes, figurándose a Dios como un juez severo, que solo tiene rigor y justicia, que es inexorable en las menores faltas (como si no buscase más que ocasiones para perder a los hombres), se forjan también otro ídolo en sí mismos por la falsa idea que forman del Dios verdadero porque este es muy otro del que se imaginan. Si es infinitamente justo, es también infinitamente bueno. Castiga, si, a los que perseveran en sus pecados, porque es justo, pero perdona a todos aquellos que se convierten, porque es bueno. Castiga y tiene misericordia; pero con esta diferencia, que castiga con repugnancia y porque le obligan a ello y perdona, a nuestro modo de hablar, su propio genio: De nostro justus, dice un Padre de la Iglesia, de suo misericors. No encuentra en sí, sino en nosotros, el porqué de la justicia; pero no encuentra sino en sí y en el fondo infinito de su bondad los motivos que le hacen ejercitar su misericordia: porque perdonando y teniendo misericordia es como gusta particularmente que luzca su omnipotencia: Deus, qui omnipotentiam tuam parcendo maxime, et miserando manifestas ¡Oh, cuán grande es la misericordia del Señor y su bondad en perdonar a los que se convierten a él, porque no todo se puede encontrar en los hombres: es decir, porque los hombres no pueden ser perfectos, y carecer de delitos ni pecado. Tanto como el cielo se eleva sobre la tierra, otro tanto afirma su misericordia sobre los que le temen. Así como un padre tiene una tierna compasión de sus hijos, así el Señor se compadece de los que le temen; porque él mismo conoce la fragilidad de nuestro origen, y se ha acordado que nosotros somos polvo, pero la misericordia del Señor es ab eterno, y se mantendrá eternamente sobre los que le temen.
3-Luego los que le temen y se esfuerzan en testificarle su fidelidad, huyendo de todos aquellos pecados que matan al alma de un golpe, y que no obstante por los pecados que los más justos no pueden enteramente evitar entre las tentaciones de esta vida, están con turbación, con espanto, con desconfianzas perpetuas; ¿no deben temer que se forjan un ídolo por la falsa idea que ponen en el lugar del Dios verdadero? S. Juan dice, que el que no ama, no conoce a Dios: pues es igualmente verdadero decir, que el que no espera, no conoce a Dios «Todos aquellos, dice S. Bernardo, que no quieren convertirse a Dios, o que no estando ya convertidos no esperan en su misericordia, no le conocen: porque sin duda no permanecen en esta desconfianza, sino porque se representan a Dios como duro y severo, siendo la misma piedad; como duro e inexorable el que está lleno de misericordia; como cruel y terrible, el que es infinitamente a amable y en esto la iniquidad, según la expresión del Profeta, se miente a sí misma, y se forma, en lugar de Dios un ídolo que no es el mismo Dios.»
ORACIÓN FINAL
ACORDAOS A NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN
ACORDAOS, ¡oh Señora Nuestra del Sagrado Corazón!, del inefable poder que vuestro Hijo divino os ha dado sobre su Corazón adorable. Llenos de confianza en vuestros merecimientos, acudimos a implorar vuestra protección. ¡Oh celeste Tesorera del Corazón de Jesús, de ese Corazón que es el manantial inagotable de todas las gracias, y el que podéis abrir a vuestro gusto para derramar sobre los hombres todos los tesoros de amor y de misericordia, de luz y de salvación que encierra! Concedednos, os lo suplicamos, los favores que solicitamos.
No, no podemos ser desairados, y puesto que sois nuestra Madre, ¡oh Señora Nuestra del Sagrado Corazón!, acoged favorablemente nuestros ruegos y dignaos atenderlos. ¡Amén!
¡Nuestra Señora del Sagrado Corazón, abogada de las causas difíciles y desesperadas, rogad por nosotros! (3 veces)

