ESPECIALES DE RADIO CRISTIANDAD
EL PADRE MANUEL DE LACUNZA Y DÍAZ
Primera Entrega

“El error que no es resistido es aprobado y la verdad que no es defendida es oprimida”
(Félix III, Papa)
Como es bien sabido, una de las cuestiones que más nos interesa y es característica de nuestro blog, es el estudio del Apocalipsis. Siguiendo las directivas de Nuestro Señor de examinar los signos de los tiempos y convencidos de que esta crisis religiosa y moral que se vive es el prolegómeno de los últimos tiempos, volvemos con un cuestionado autor que nos introduce de una manera racional y deductiva, sin alejarse ni por un momento de las Sagradas Escrituras, dando luz al último libro de la Biblia.
Para muchos de nuestros lectores, es éste un tema ya muy estudiado y comprendido; pero no para muchas otras personas (sobre todo los de aquellas latitudes que no han tenido acceso a escritos de autores argentinos o chilenos, como Castellani, Eyzaguirre, Urzúa, como también Van Rixtel o Straubinger, entre otros), que quizás han llegado a la verdad en estos últimos años, o bien al no tener una buena información del tema, se ven excedidos o temerosos de adentrarse en él.
Por haber sido puesto en el Index su libro, el sólo nombrar al Padre Lacunza provoca en muchos una reacción adversa y de rechazo. Esto es entendible.
El motivo de este trabajo es hacer conocer un poco más a este cuestionado autor y su obra (así como a otros que han escrito sobre el tema), e intentar desentrañar cuáles fueron los motivos de dicha prohibición, a fin de las personas aprensivas y recelosas puedan vislumbrar, así como nosotros, que todo va encajando con los tiempos actuales y que, lejos de constituir esta lectura una novedad que pervierte nuestra fe, por el contrario la reafirma y la endereza, la ratifica y la consolida, y nos prepara para ser de aquellos que aún conserven la fe íntegra cuando se cumpla la promesa de Nuestro Señor y vuelva EN GLORIA Y MAJESTAD.

Veremos a continuación algunos temas básicos y controvertidos, para exponerlos más adelante en profundidad.
DIVISION DEL MILENISMO
(Extractos de La Iglesia Patrística y la Parusía, Alcañiz- Castellani)
En el milenismo pueden distinguirse tres clases, conforme se desarrolló en la historia:
1ª) el milenismo espiritual (exégesis patrística);
2ª) el milenismo craso, o carnal, o judaico (Kerinthos o Cerinto);
3ª) el mixto (muchos modernos).
El primero no fue llamado «milenismo espiritual» sino después de la aparición de la herejía de Cerinto o Kerinthos; pues no había de quién distinguirlo entonces y era simplemente la exégesis común.
Para entender la controversia, comenzamos con el milenismo craso.
1.- La herejía de Cerinto, cuyo nombre técnico exacto es (o debería ser) «kiliasmo», imaginó para los hombres justos después de su resurrección una vida de muchos siglos jubilosa, a la manera del Viejo Testamento (para no usar los epítetos feroces de San Jerónimo, al cual en nuestros días la Unesco llamaría antisemita); o sea con matrimonios, procreación de hijos, circuncisión, venganza contra los infieles, sacrificios de animales y demás prescripciones de la Ley de Moisés; en fin, una vida no muy diferente de la actual mortal, pero mucho más próspera y feliz.
Además este milenismo interpreta en sentido literal crudo tanto la Ciudad de Jerusalén Nueva, que en San Juan y Ezequiel vemos, como todas las demás promesas de los Profetas, las colinas manando leche y miel, grandes banquetes y festoleras, y qué no. Todo eso se debería cumplir durante los Mil Años como compensación a los trabajos y dolores de los justos en este tiempo malo. Eso y no más es el Mesías. Como se ve, no defiere mucho del Reino de tierra terreno que los fariseos soñaban y que pretendieron tacataca de Cristo.
(Esto sabemos por las polémicas de los Santos Padres contra Cerinto. Deste heresiarca no nos queda ni un libro ni una sola palabra directa. San Jerónimo y otros Padres se desatan contra él en improperios y muestran máxima indignación: se ve que los pormenores de la herejía eran odiosos para los cristianos y quizás no muy decentes).
2.- El milenismo espiritual no atribuye a los justos resurrectos ni bodas ni francachelas ni nada de lo que mandaba la Ley Mosaica, ni banquetazos que fueran o premio o necesidad de sustento; y todo lo que la Escritura con tropos o imágenes orientales promete de felicidad en el paraíso o en la Nueva Jerusalén declara que ha de entenderse simbólicamente, exprimiendo todo lo que aparezca como incongruo y a los Santos ridículo, pueril, o indecoroso. Y esto lo expresa con máxima energía, aunque sostenga al mismo tiempo todo lo que resumido habemos como las líneas principales desta doctrina. De manera que este milenismo se constriñe a lo que llamamos «puntos capitales», dejando todo lo que ha sido añadido a las palabras de la Escritura, y todo lo que suene a grosero o menos delicado.
(«Teología para negros… yanquis» llamaba un publicista argentino a una pequeña explosión de milenismo craso que hubo aquí en 1945. Imaginarse a Cristo sentado en un trono en Jerusalén y reinando sobre el mundo, con ministros de Agricultura y de Economía interinamente de Trabajo y Previsión, e incluso con ejércitos, eso no es milenismo espiritual, ni milenismo mitigado, sino milenismo craso; o quizás simple falta de educación. Este milenismo fue condenado (o mejor dicho disciplinariamente «prohibido») en una carta del Santo Oficio del 22-IV-1940 dirigida al Arzobispo de Santiago de Chile, extendido cuatro años más tarde por decreto a toda América del Sur; el cual copiaremos y anotaremos en su propio lugar).
3.- La tercera suerte de milenismo, que llamamos «mixto» y otros llaman «mitigado», no atribuye a los justos resurrectos ni bodas ni triunfos militares ni carnavales ni la restauración de los ritos del Antiguo Testamento; pero interpreta con literalismo la prosperidad terrena y los bienes temporales que describen los Antiguos Profetas y se complace como si dijéramos en la restauración del Paraíso Terrenal. En esta doctrina se pueden hallar muchos grados según lo más o menos que los autores sus adeptos emprestan de los otros dos milenismos polos, el espiritual y el craso.
El milenismo craso, que se atribuye a Cerinto, abrazaron muchos herejes durante el período patrístico; y parece haber constituido un peligro en tiempo de San Jerónimo y San Agustín.
El milenismo espiritual sostuvieron casi todos los Padres de los primeros siglos, hoy día muchos católicos, y siempre en toda la historia algunos teólogos, como veremos.
El milenismo mixto sostuvieron algunos Santos Padres, aunque pocos, de la primitiva Iglesia.
LA EXÉGESIS ALEGÓRICA
Los antimilenistas —llamados aquí «alegoristas», y por otros autores «amilenaristas» (Murray), «evolucionistas» (Van Rixtel) y «premilenistas» (Ironside Harry, Barhounse P. G., Case Shirley…)— son los que enseñan que el Milenio no es otra cosa que este tiempo, es decir, todo el «reinado» de la Iglesia desde la Ascensión de Cristo; y que así debe interpretarse el capítulo XX del Apocalipsis, es decir, como una «alegoría» de la actual vida de la Iglesia, excepto tres versículos del medio (7 a 10) que ésos sí se refieren literalmente al fin del mundo. De donde no hay «resurrección primera y segunda», como dice el texto, sino una sola.
Si se les dice cómo es posible que esa alegoría que debiera estar al comienzo, siendo como es según ellos una especie de resumen general, está al FIN DEL APOKALIPSIS.: responden que es debido al fenómeno de la «recapitulación» (vuelta atrás o resumen) que es propio del Apk.
Si se les pregunta cómo la misma palabra «éxesan» o «resucitar» tiene dos sentidos diversos en el mismo párrafo; cómo el feroz jinete blanco, espada desenvainada y salpicado de sangre puede representar al Niño Dios en el seno de María Virgen; o cómo se puede decir que ahora, cuando yo esto escribo, Satanás está ligado con cadenas y no puede tentarme a mí ni a ningún otro, maldita sea mi alma; —a éstas y otras preguntas responden que ése es el estilo alegórico propio del Apk.
Debido a la expansión del milenarismo carnal se produjo entre varios autores, especialmente San Jerónimo y San Agustín, una reacción adversa a la exégesis milenarista, sin diferenciar y muchas veces confundiendo al carnal con el espiritual. Lo que llevó a que la Iglesia se inclinara por la exégesis alegórica del capítulo XX del Apocalipsis.
La exégesis Milenarista fue retomada y reintroducida en América gracias a la obra del sacerdote Jesuita Manuel de Lacunza, quien a fines del siglo XVIII escribió “La Venida del Mesías en Gloria y Majestad”, obra impresa en España e Inglaterra y que tuvo gran difusión en la Argentina, hasta que el Santo Oficio prohibió su lectura colocándola en el Índice de libros prohibidos sin condenar la obra y a su autor.
En torno al primer centenario de las independencias americanas resurge el estudio del milenarismo durante la primera mitad del siglo XX, conociendo a numerosos estudiosos, tanto en la Argentina como en Chile, hasta que se volvió a “prohibir” su enseñanza a todo el continente según nos lo explica a continuación el Padre Castellani. Ahora bien, ¿en qué consistió exactamente dicha “prohibición” y a qué exégesis se aplica?
CONDENA DEL MILENISMO
(cfr. La Iglesia Patrística y la Parusía, Alcañiz- Castellani, págs.. 349-353)
Hallamos en muchos autores, incluso «serios», el aserto de que «el milenismo ha sido condenado». O «lo será». O «debe serlo». Eso es falso.
El milenismo carnal o «kiliasmo» SÍ, ha sido condenado.
¿Dónde?
No hay ningún decreto Conciliar o Pontifical condenatorio del que nosotros sepamos. En la recopilación del Denzinger se nombra ciertamente a Kerinthos pero no como milenista sino como negador de la divinidad de Cristo —como muchos judíos actuales, Kerinthos parece haber aceptado a Cristo como Mesías o Profeta, pero no como Hijo de Dios— en la condena a los Ebionitas («Ebionem, Cerinthum, Marcionem, Paulum Samosatenum, Photinum… qui… Jesum Christum Dominum Nostrum verum Deum esse negaverunt:…), en el Decreto para los Jacobitas del Concilio de Florencia, 1438, Denz. 710.
Los que hubieren leído los 12 tomos del Mansi, si acaso han hallado la condena expresa del milenismo camal, haríannos favor nos la indicando.
Pero el Kiliasmo Kerinthiano está seguramente condenado en los escritos de los Santos Padres; en lo que llaman «el magisterio ordinario». Ni una sola línea de las que escribió Kerinthos nos ha llegado; lo cual puede explicar la ausencia de condena expresa y formal. No conocemos propriis terminis la herejía de Kerinthos.
Los Santos Padres se desencadenan contra ella, algunos con verdadera furia; por su afirmación de que habría bodas después de la resurrección (entre los resurgidos); contra la afirmación del Evangelio, Lc., XX, 27.
El milenismo espiritual por el contrario no ha sido condenado, ni jamás lo será: la Iglesia no va a serruchar la rama donde está sentada; es decir, la Tradición.
Hubo hace poco dos decretos disciplinares para la América del Sur de una Sacra Congregación Romana en que se prohíbe enseñar como «peligroso» (sin condenarlo como «erróneo») una especie de milenismo. ¿Qué especie?
Aquel que sostiene que «Cristo reinará corporalmente en la tierra», dice el primer decreto informativo al arzobispo de Chile; «visiblemente», corrige el 2° decreto, extendido a toda la América del Sur (11-VII-1940 y 28-VII-1944).
[En estos últimos tiempos se ha preguntado más de una vez a esta Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio qué haya de sentirse del sistema del milenarismo mitigado, es decir, del que enseña que Cristo Señor, antes del juicio final, previa o no la resurrección de muchos justos, ha de venir visiblemente para reinar en la tierra.
Resp.: El sistema del milenarismo mitigado no puede enseñarse con seguridad. (DZ 2296).]
La corrección del adverbio «corporaliter» sustituido por «visibiliter» es fácil de comprender. El alegorista que redactó el primer decreto no advirtió quizá que sin querer se condenaba a sí mismo. En efecto, los alegoristas o antimilenistas sostienen como hemos visto que el profetizado Reino de Cristo en el universo Mundo es este de ahora, es la Iglesia actual tal cual. ¿Y cómo reina ahora Cristo en este reino? Reina desde el Santísimo Sacramento. ¿Está allí corporaliter? Sí.
Había que corregir rápidamente eso.
Está pues prohibido enseñar en Sudamérica que Cristo reinará visiblemente desde un trono en Jerusalén sobre todas las naciones; presumiblemente con su Ministro de Agricultura, de Trabajo y Previsión y hasta de Guerra si se ofrece.
Muy bien prohibido. Teología a la Fulton Sheen. «Teología para negros», llama a esta fábula Ramón Doll. Con perdón de los negros.
Ningún Santo Padre milenista —y hay muchos, como hemos visto— o quier escritor actual serio, ha descripto así el Reino de Cristo. Simplemente no añaden nada de su cosecha, que sería temeridad, a lo que el Evangelista y los Profetas dicen; y ellos no dicen tal cosa.
Dije arriba que la Iglesia NUNCA CONDENARÁ el milenismo espiritual; y he aquí mis razones:
La Iglesia enseña que las dos fuentes de la doctrina revelada son la Escritura y la TRADICIÓN. La tradición de la Iglesia Primitiva (la más importante de todas) durante cuatro siglos por lo menos ha sido milenista. Aunque fuese una tradición “dudosa” (como dicen y no parece) la Iglesia Romana no se arriesgaría a condenarla; incluso por simple “política”; quiero decir, buen gobierno. Condenarla sería como guadañarse los pies queriendo guadañar la cizaña.
Los Protestantes niegan la Tradición como fuente autoritativa. Cuando estalló el gran movimiento de la Reforma, dos doctores protestantes, Dallaeus y Dedóminis, argumentaron contra la Tradición diciendo: la Tradición primitiva se equivocó, pues sostuvo el milenismo, el cual es falso, según la Iglesia romana deste tiempo. Si la Iglesia romana condenara el milenismo espiritual haría bueno el argumento Dellaeus. Y ya no se podría saber seguro cuál cosa era «tradición», y cuál no era tradición.
Y tampoco se podría saber cierto cómo interpretar la Escritura; porque si todo el Cap. XX del Apokalipsi es «mishdrash», o sea, puro mito o alegoría ¿por qué no lo será todo el Apokalipsi? ¿Y por qué no toda la Escritura, si vamos a eso? ¿Por qué no la resurrección de Cristo? ¿Por qué no su nacimiento partenogénico? Eso dicen hoy día los «Teólogos» modernistas y protestantes liberales. Dicen que son solamente símbolos o metáforas, no realidades.
Un último punto curioso deseo brevemente relevar: muchos de los actuales alegoristas, si no todos, son en el fondo milenistas carnales. En efecto, negando el postparusíaco Reino de Cristo, se ven obligados a reponer el cumplimiento de las profecías en un futuro gran triunfo temporal de la Iglesia antes de la Segunda Venida; o sea, en una «Nueva Edad Media» (ver Berdiaeff y también R. H. Benson en «The Dawn of All») con el Papa como Monarca Temporal Universal, comandando ejércitos de alegres «jocistas» en bicicleta y camiseta de sport… Coinciden con el sueño de la Sinagoga antes de la Primera Venida.
***
Aunque, como comentamos anteriormente, este tema será tratado más adelante en profundidad, podemos ya ir comprendiendo que no hay una condena al sistema de interpretación enseñado por el P. de Lacunza y para prueba más objetiva, podemos encontrar que, posterior a “La venida” muchos autores han utilizado el mismo sistema habiendo obtenido la aprobación eclesiástica sin mediar problemas. Entre ellos podemos citar a:
Miguel Eyzaguirre, fiscal de la audiencia de lima (siglo XVIII) “Compendio de la venida”
Rafael Eyzaguirre “Una interpretación literal del apocalipsis” (Utiliza el mismo sistema de Lacunza)
Miguel Rafael Urzúa, discipulo de Rafel Eyzaguirre (Apología de Lacunza) “La Venida del Mesías”, (Revista Chilena de Historia tomos XI y XII – 1915), “Las Doctrinas del Padre Lacunza”, (1917).
Ahora sí, entremos en los pormenores, comenzando con el autor de este sistema de interpretación de las Sagradas Escrituras.
Continuará…
