CONTEMPLATIVOS EN ACCIÓN

Demasiado hay que decir
para no decirlo claro;
con la claridad del faro
el cristiano ha de vivir.
De antorcha debe servir
quien vaya detrás de Cristo
pues nunca está desprovisto
ni de gracia ni de luz
un seguidor de la cruz
que tenga el cielo previsto.
Hoy que padece el cristiano
martirio y persecución
hay que enfrentar con tesón
las sinrazones del vano.
Y aunque en guerra con lo arcano
la cruz sufra profanada
por la réproba mesnada
que comulga con el mal,
nuestra batalla final
de antemano está ganada.
Se acercan tiempos tan duros
que hablar de ellos no hace bien.
Pero hay un Jerusalén
celestial tras de los muros.
Ante enemigos oscuros
consigna es no claudicar
e imprescindible afilar
la hoja de nuestra espada
porque herrumbrosa y mellada
no sirve para pelear.
Callar ante el adversario
de Dios es complicidad
con la vasta iniquidad
que hay que enfrentar a diario.
Refutar al temerario
que aspira al sitial de Dios
es honrar la propia voz
y hacer valer la justicia.
Nuestra fe es una milicia
que marcha del cielo en pos.
Servir a Cristo es deber
de todo noble cristiano
que, renunciando a lo vano
y desdeñando el poder,
se dedica a enaltecer
la voluntad de su dueño
poniendo todo su empeño
en defender su bastión;
y Dios, en compensación
lo hará arder igual que a un leño.
Nada, nada hemos traído
a este mundo miserable.
Todo lo que sea loable
del cielo nos ha venido.
No hacer del Señor olvido
es el deber primordial
de quien aspira a un sitial
humilde, pero en el cielo
cuando hay un sublime anhelo
de beatitud celestial.
