CONTEMPLATIVOS EN ACCIÓN
Señor, hoy que mi lucha contra el mal
–más que el dolor–, deja su estela amarga
y el vivir se convierte en una larga
procesión de batallas sin final;
hoy que mi cruz se vuelve inconsolable,
más áspera que nunca, más gravosa
y cae sobre mi alma pesarosa
como el zarpazo de lo inevitable;
hoy que insisto en hablarle de la altura
a la futilidad que me rodea,
que siembro y no hay quien quiera cosechar,
me sostiene, no obstante, la premura
de continuar envuelto en la pelea
hasta caer o ver tu cruz triunfar.

