LA ARMADURA DE DIOS
LA VIRGEN MARÍA
Y SU PATRONATO EN AMÉRICA
Nuestra Señora de la Divina Providencia
PATRONA DE PUERTO RICO
La devoción a la Señora de la Divina Providencia se originó en Italia en el siglo XIII, y está íntimamente unida a la historia de la Congregación de Clérigos Regulares de San Pablo (Barnabitas), en la casa de Roma.
Los Padres Barnabitas se fueron diseminando por varias Diócesis y parroquias Italianas, invitados por los Obispos.
En Roma, el 30 de Marzo de 1575, se tomó posesión de la Iglesia dedicada San Biagio all’Anello, la cual se tuvo que demoler y en su lugar se construyó un majestuoso templo dedicado a San Carlos Borromeo (San Carlo ai Catinari).
Hubo muchos problemas para terminarla. El Cardenal Leni, antes de morir, dejó su herencia a los Padres Barnabitas para que se utilizase en la conclusión de dicha obra.
El Padre Biaggio Palma, hacia el año 1626, al recibir esa herencia, lo atribuyó a la intercesión de la Virgen de Loreto, a la que se dirigió unos meses antes para pedirle ayuda.
Este Padre dejó una detallada relación escrita de esta gracia concedida, según su sentir profundo, por la Virgen de Loreto.
Tiempo después el Padre Jenaro Maffetti, inspirado en la relación que dejo el Padre Biaggio, inició su culto en la Iglesia de San Carlos.
En 1664 se quiso llevar al coro de la comunidad de San Carlos ai Catinari un fresco de la Virgen extraído de la Iglesia de San Pablo a la Columna.
Al intentar colocarlo en su sitio, se cayó y se hizo pedazos. El arquitecto que dirigía las labores, disgustado, entregó a los Padres Barnabitas una tela de la “Beata Virgen” que se consideraba como una de las mejores obras de Scipione da Gaeta, discípulo de Rafael.
La Virgen Santísima aparece revestida de un hábito de púrpura y de un vestido azul. Un velo finísimo cubre la cabeza y le cuelga con gracia sobre las espaldas.
En sus brazos tiene al Hijo de Dios y lo estrecha con amor a su pecho. La mano del Niño Jesús está con la de la Madre y parece que quiere mostrar la fuente sagrada del poder de María.
El Padre Mafetti mandó hacer una copia a un humilde hermano, Pedro Valentín, y la expuso a los Fieles con el título de “MADRE DE LA DIVINA PROVIDENCIA”.
El estrecho lugar donde la puso, sin adornos, llegó a ser un pequeño Santuario lleno de fieles.
Por esa razón, en 1742 se construyó el altar donde se postraron después príncipes y papas.
El culto aumentó, y para hacer más fructuosa y estable esta devoción, el Papa Benedicto XIV, con su breve del 25 de Septiembre de 1744 instituyó una Hermandad, “Hermandad de la Madre de la Divina Providencia”, enriqueciéndola con muchas indulgencias.
Pío VII, el 2 de Febrero de 1815, reconociéndose deudor a María, volviendo de su exilio en Francia, se acercó a San Carlos y se postró delante de la imagen de la Virgen y declaró el Altar con privilegio cotidiano y perpetuo.
El 10 de Marzo de 1834, los Barnabitas obtuvieron del Papa Gregorio XVI, la potestad de conferir a la Virgen de la Divina Providencia el título de “Auxiliadora de los Cristianos”.
León XIII decretó la Coronación de la prodigiosa imagen, que fue celebrada con gran solemnidad.
Pío X, después, concedió la Misa votiva y el oficio propio.
Esta devoción fue muy popular y llegó hasta España, donde se le levantó un Santuario en Tarragona, Cataluña.
Al ser nombrado obispo de Puerto Rico el catalán Gil Esteve y Tomás, llevó consigo a Puerto Rico esta devoción que conociera en sus años de seminarista.
En las manos de la Divina Providencia tuvo que poner toda su diócesis este prelado, pues encontró a la catedral prácticamente en ruinas y la economía de la diócesis en peores condiciones.
La confianza del Obispo y su trabajo dieron fruto rápidamente y antes de los cinco años ya había podido reconstruir el templo catedralicio, en el que se estableció el culto y la devoción a la Virgen de la Providencia.
Como vimos, la imagen original venerada por los Siervos de María y otras órdenes religiosas italianas, es un óleo en el que aparece la Virgen con el Divino Niño dormido plácidamente en sus brazos.
El título «de la Divina Providencia», se debe a San Felipe Benicio, quinto superior de los Siervos de María, quien al invocar la protección de la Virgen un día en que sus frailes no tenían alimentos, encontró a la puerta del convento dos cestas repletas de alimentos sin que se pudiese conocer su procedencia.
El Obispo mandó a tallar una imagen en base al óleo, que fue hecha en Barcelona.
Se trata de una hermosa imagen sentada, «de ropaje» (es decir, hecha para ser vestida).
María Santísima se inclina sobre el Niño, que en total actitud de confianza duerme plácidamente en su regazo.
Las manos de la Virgen se unen en oración mientras sostiene la mano izquierda del Divino Infante.
Estuvo expuesta al culto en la catedral durante 67 años, hasta que en 1920 fue sustituida por otra talla, toda de madera, que es la imagen de Nuestra Señora de la Divina Providencia más familiar y conocida por las comunidades puertorriqueñas.
La talla más antigua, que data del 1853, fue la elegida para ser coronada solemnemente. El día 5 de diciembre de1976, el primer Cardenal puertorriqueño coronaría la imagen de la Virgen, en el solar del estacionamiento del Coliseo Roberto Clemente, como Patrona de Puerto Rico.
La noche anterior, una mano criminal quemó la recién restaurada imagen de la Madre de Dios en la Parroquia de Santa Teresita de Santurce. Pero eso no detuvo la solemne coronación, que ocurrió, ante la emotiva presencia de unos cien mil devotos puertorriqueños, muchos en lágrimas; cardenales, arzobispos y obispos de toda Latinoamérica asistieron al acto.
El Cardenal, dijo entonces a los presentes: «El fósforo que se utilizó para quemar a la imagen incendió una llama en el corazón de todos los puertorriqueños.»
La imagen quemada fue enviada a España para ser restaurada y actualmente espera la construcción del proyecto gran santuario nacional para ser allí colocada.
Desde su proclamación como Patrona de Puerto Rico, la devoción a la Virgen de la Providencia ha aumentado grandemente, no solamente allí, sino también en los Estados Unidos, donde residen muchos puertorriqueños.
HIMNO
Virgen Santa de la Providencia,
Madre de Clemencia,
Honor del Caribe.
Protectora, Borinquen te aclama.
Patrona te llama y a tu amparo vive.
Los Boricuas, tus hijos amados,
llegan confiados a buscar los bienes,
que les brinda con todo el cariño,
por tu mano, el Niño,
que en tus brazos tienes.
Ese Niño que reposa en calma,
despierto en el alma
en Borinquen sueña.
Y se alegra de que hayas querido
por trono escogido, tierra Borinqueña.
Puerto Rico, Te tiende su brazo,
sólo en tu regazo, descansar añora,
y Te pide, que sigas constante,
siendo en cada instante
su fiel Protectora.
Oh Madre poderosísima de Dios y Madre amorosísima nuestra: con todo el afecto y fervor de nuestras almas te rogamos que nos concedas, no sólo a nosotros, sino también a todos nuestros parientes y amigos, y a los habitantes de toda la Isla, la gracia de cifrar en Ti nuestra esperanza y de agradarte con una constante y fervorosa devoción.
Dígnate conservar y aumentar el amor que te profesa Puerto Rico, y que echen cada día en nuestro suelo raíces más profundas la moral, la piedad, la Religión Católica.
Derrama tus luces soberanas sobre nuestros gobernantes, para que, con acertadas leyes y disposiciones saludables, promuevan nuestro bien temporal y eterno.
Haz que te seamos fieles hasta la muerte, a fin de que, después de haberte amado, venerado, invocado a imitado en la presente vida, te amemos, veneremos, ensalcemos a imitemos en la gloria, por eternidad de eternidades.
Así sea.





