MISTERIOS DE INIQUIDAD
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La Sacra Rota Romana tiene su origen en la Cancillería Apostólica. Ya en el siglo XIV le fue asignada una sede particular, y el Concilio de Lyon le asignó la condición de tribunal estable.
Los doce Capellanes Apostólicos se reunían en un auditorio circular para juzgar las causas. De esa forma redonda, en forma de rueda, procede el término Rota, que desde 1834, por decisión del Papa Gregorio XVI, se convirtió también en el Tribunal de Apelación para el Estado Pontificio.
Hoy, además de no llamarse más “Sacra”, las normas vigentes que deben seguir sus actuales 25 auditores, provenientes de numerosos países, fueron promulgadas por Karol Wojtyła y entraron en vigencia el 1º de octubre de 1994.
Esencialmente la Rota (la destruida y no la redonda) es hoy un tribunal de apelaciones que trata las causas definidas por los tribunales eclesiásticos de primera instancia. Su actividad se concentra sobre todo en los casos de las anulaciones matrimoniales (que Bergoglio se encargó de hacer “express” en sus dos motu proprio «Mitis Iudex Dominus Iesus» y «Mitis et misericors Iesus”.
Ya a principios de octubre de 2014, Bergoglio había criticado con dureza el sistema de nulidad matrimonial que aplica la iglesia conciliar, llegando a definirlo como largo, pesado, caro y, en algunas ocasiones, corrupto: “¡Cuánta gente espera durante años una sentencia!”, “La Iglesia tiene que tener generosidad para hacer justicia gratuitamente”, dijo entonces Jorge Mario Bergoglio).
La Rota (la destruida…), es también el tribunal de apelación del tribunal eclesiástico de la Ciudad del Vaticano.
Los jueces de este tribunal, escogidos por el Bergoglio de las diversas partes del mundo, constituyen un colegio; preside este tribunal el decano, nombrado de entre los mismos jueces, para un tiempo determinado. La Rota juzga por turnos de tres auditores, o videntibus omnibus.
Además de estos cambios en su tarea primordial, también han ido cambiando sus jueces; y es hoy noticia monseñor Pietro Amenta, quien se declaró culpable ante la acusación de posesión de pornografía infantil, y el pasado 14 de febrero aceptó un acuerdo con la fiscalía en un tribunal penal italiano por una sentencia condicionalmente suspendida de un año y dos meses de prisión por cargos de abuso sexual y posesión de pornografía infantil.
Según informes de los medios de comunicación italianos, monseñor Pietro Amenta, de 55 años, que posee el título de monseñor de forma honorífica, sin ser obispo (¿cómo lo sería, si han cambiado el rito…?), fue detenido por la policía después de un incidente en marzo de 2017, en el que Amenta supuestamente “molestó” a un joven rumano, pero mayor de edad, en un mercado romano. Según los informes, el hombre siguió al “juez roto”, y llamó a la policía, que detuvo al auditor romano.
Una investigación más tarde descubrió aproximadamente 80 imágenes pornográficas en la computadora personal de Amenta, algunas involucrando a menores, lo que llevó a una segunda acusación en el caso.
Amenta renunció a su puesto de la Rota la semana pasada, según un portavoz del Vaticano.
Según los informes, Amenta se había enfrentado anteriormente a cargos de obscenidad en 1991 y abuso sexual en 2004, aunque ninguno de esos cargos dio lugar a condenas. En 2013, el propio Amenta presentó una denuncia a la policía por el robo de dos transexuales…, que le habrían robado a él…, pero nunca se sabe…
Amenta es uno de los «auditores» o “jueces”, de la Rota romana, y fue nombrado para el cargo por Ratzinger en 2012.
Esto hace recordar el caso de la casta Susana, en el capítulo XIII del Libro del Profeta Daniel, esos dos jueces de quienes el Libro Sagrado dice: dos ancianos de aquellos de quienes dijo el Señor: “Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos jueces, los cuales parecían gobernar al pueblo.
Antes de su asignación actual, Amenta se había desempeñado como abogado en tribunales eclesiásticos italianos, como profesor universitario de derecho eclesiástico y como juez en el tribunal del Vicariato de Roma durante varios años.
De 1996 a 2012, Amenta también se desempeñó como funcionario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos del Vaticano.
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