DANIEL BUSTOS: PATROCINIO DE NUESTRA SEÑORA

LA ARMADURA DE DIOS

LA VIRGEN MARÍA

Y SU PATRONATO EN AMÉRICA

Nuestra Señora de los Milagros de Caacupé

PATRONA DEL PARAGUAY

La historia enseña que, a fines del siglo XVI, un indígena cristiano había ido hacia las selvas del Valle Ytú, para la búsqueda de alimentos y madera. Era un indio guaraní converso, llamado José, de la Misión Franciscana de Tobatí, de oficio escultor.

De pronto se encontró en grave peligro de muerte, pues quedó rodeado por los fieros Mbayaes, tribu que no había querido aceptar la Fe Cristiana y se había declarado acérrima enemiga de los conversos.

Entonces, la Santísima Virgen María se le apareció y dijo: Ka’aguy kupépe, que traducido significa Vete detrás de la yerba, en alusión a la yerba mate. Y allí detrás encontró un grueso tronco que le ofrecía refugio seguro y se escondió, agazapado y tembloroso, pidiéndole amparo a la Madre del Cielo, la Inmaculada, que los buenos frailes le habían enseñado a amar profundamente.

En los angustiosos momentos que pasó en su escondite, pidió a la Virgen María salir con vida de aquella aventura.

En ese momento prometió que tallaría, con la madera del árbol protector, una bonita imagen de la Virgen, si es que llegaba a salir del trance.

Sus perseguidores siguieron de largo, sin advertir su presencia; y el indio escultor, agradecido, en cuanto pudo regresar, tomó del árbol que le había cobijado la madera que necesitaba para su trabajo, como le prometió a la Virgen.

Los misioneros jesuitas relatan que en el sitio preciso de la aparición brotó agua milagrosa; la cual ayudó a los guaraníes a sobrevivir el calor del mes de diciembre.

Del tronco surgieron dos tallas; la mayor fue destinada a la iglesia de Tobatí, y la más pequeña la conservó el indio en su poder, para su devoción personal.

Años después, en 1603, la gran inundación que creó el Lago de Ypacaraí amenazaba con destruir los poblados cercanos. Los frailes franciscanos, acompañados de los habitantes de la región, organizaron rogativas pidiendo la tranquilidad de las aguas. El Padre Luis de Bolaños bendijo las aguas y estas retrocedieron hasta sus límites actuales.

Junto con la calma, apareció flotando un maletín sellado, que encerraba en su interior una imagen de la Virgen María, que fue reconocida por los presentes como la misma que el indio tallara años atrás.

Desde entonces el pueblo la llamó la Virgen de los Milagros.

El indio escultor se instaló con su familia en esos valles, con la seguridad de que la Virgen María siempre lo cuidaría. Construyó un humilde oratorio; y éste a su vez, atraía pobladores en su entorno, constituyéndose un poblado conocido primeramente como Los Ytuenses.

Por el año 1765, la zona ya era conocida como el Valle de Caacupé, costumbre que iba arraigándose. El 4 de abril de 1770, se toma como referencia la fundación de Caacupé.

Descripción del simbolismo de la Imagen

La imagen de Nuestra Señora de Caacupé es pequeña, de poco más de cincuenta centímetros. Es una Inmaculada, y sus pies descansan sobre una pequeña esfera, ciñendo su talle una faja blanca de seda.

Los tres círculos de estrellas, como enseña la Iglesia, representa a María «Virgen antes, durante y después del parto».

Su rostro moreno es cruce entre la raza indígena guaraní y la raza blanca europea.

La mirada maternal de la virgen, cuida a sus hijos.

La estrella brillante de la corona recuerda a María Estrella de la mañana: anuncia que la noche termina y amanece un nuevo día.

El pelo largo que cae por la espalda es propio de la mujer aborigen.

Ella viste una lujosa túnica blanca y lleva sobre sus hombros un exquisito manto azul celeste.

El manto está adornado con figuras de la flor originaria de las zonas tropicales: pasiflora. Los aborígenes, en sus migraciones, reconocían la fertilidad de la tierra por la presencia de esta flor.

La imagen de la Virgen está de pie, pisando una serpiente, sobre el globo terráqueo azul con tres estrellas doradas, y la cinta con los colores de la bandera paraguaya. El simbolismo es múltiple:

Por un lado, María vence a la maldad (a la serpiente, figura mítica del mal que amenaza a la humanidad), y supera los ídolos paganos (las tres estrellas).

Por otro lado, la cinta representa a María protegiendo al pueblo paraguayo.

Cada 8 de diciembre se celebra la fiesta de María de Caacupé, y los peregrinos llegan por millares al Santuario a demostrar su amor y gratitud a la Madre de todos, a la Virgen Azul de Paraguay.