CONSERVANDO LOS RESTOS II
Trigésimoprimera entrega
CALVINO. LA IGLESIA REFORMADA
A partir de 1534 surge un nuevo núcleo de innovación religiosa, el calvinismo, que, al lado del luteranismo y con el título de iglesia reformada, debía ser el movimiento más poderoso del protestantismo. Además, el calvinismo influyó en el tercero de los grandes focos del protestantismo, que fue el anglicanismo de las islas Británicas.
1. Calvino y su primera evolución. Juan Calvino nació el 10 de julio de 1509 en Noyon, antigua ciudad de la Picardía, y, habiendo conseguido ya desde 1521 algunos beneficios eclesiásticos, se dirigió a París, donde hizo sus primeros estudios en el Colegio de la Marche y luego en el de Montaigu. Este último, donde permaneció cuatro años, se distinguía por la extrema rigidez de su disciplina y por la competencia de sus estudios de dialéctica, de lo que dio luego Calvino excelentes pruebas en toda su actuación futura. Terminada la filosofía, se graduó de maestro en Artes.
Obligado por su padre, se dedicó entonces a la carrera de leyes, para lo cual se trasladó a la Universidad de Orleans; pero al año siguiente prosiguió los estudios en Bourges con el objeto de escuchar al maestro italiano Andrés Alciati, simpatizante con las doctrinas de los innovadores. El estudio de derecho contribuyó eficazmente a la formación de sus facultades, con lo cual se marcó en él una nota típica de su carácter al lado del espíritu dialéctico adquirido en Montaigu.
A las dos disciplinas que forman la base de la formación de Calvino, la escolástica y el derecho, se juntó poco después el clasicismo. En efecto, habiendo terminado sus estudios de derecho, y muerto poco después su padre, en mayo de 1531, se vio en libertad para escoger la carrera, y entonces se dirigió a París para dedicarse a las letras clásicas, donde tuvo como maestros a Pedro Danés y Francisco Varable, y hasta tal punto se adentró en los estudios humanísticos, que llegó a componer, como primicias de sus trabajos escritos, un Comentario al tratado De clementia, de Séneca.
Ahora bien, según todos los indicios, en este tiempo se realizó su paso del catolicismo a las nuevas ideas, lo que se suele denominar su conversión. Por esto, aunque él habla de «una conversión repentina», sin embargo, más bien parece que se desarrolló lentamente, si bien al fin vino una determinación rápida En efecto, ya en Orleans, donde permanece de 1528 a 1529, consta que estuvo relacionado con varios caracterizados luteranos, sobre todo su primo Olivétan, por lo cual algunos biógrafos suyos suponen que allí se inició su conversión. En Bourges, donde permaneció de 1529 a 1531, se encontró en medio de una juventud entusiasta por las nuevas ideas. Finalmente, en París, a partir de 1531, se pone en contacto con la familia Cop, conocida por sus ideas reformistas, Más significativo todavía es el hecho que ya en los escritos de este tiempo aparece preocupado por la corrupción de la naturaleza humana, contra los falsos predicadores y contra las prácticas eclesiásticas. Podemos, pues, afirmar que el año 1533 estaba ya interiormente predispuesto en favor de las nuevas ideas, pero no pensaba en un rompimiento con Roma.
El rompimiento con Roma, que es lo que puede denominarse su apostasía o conversión, debió de tener lugar durante este último año 1533 a 1534. Así lo afirman buen número de los historiadores de la falsa reforma o de los biógrafos particulares suyos, en particular M. Cristiani e Imbarl de la Tour. Así, en noviembre de 1533 tomó una parte activa en el discurso que Nicolás Cop pronunció al tomar posesión de su nuevo cargo de rector de la Universidad. Ahora bien, en este discurso, aunque se comienza con una invocación a la Virgen, se toma una posición claramente anticatólica y favorable al luteranismo, y en particular se impugna la doctrina sobre las buenas obras. Frente a la misma se propone la doctrina del Evangelio y se proclama la justificación por sola la fe.
Al solidarizarse, pues, Calvino con estas ideas (algunos incluso suponen que fue él quien redactó el discurso de Cop), manifestó claramente que por este tiempo profesaba ya en su interior aquellas ideas. Como el protestantismo estaba entonces proscrito y era perseguido en Francia, ante el peligro de ser encarcelado, Calvino se vio forzado a emprender la fuga. Dirigióse, pues, entonces, con el pseudónimo de Carlos d’Espeville, a Saintonge, donde en casa de su íntimo amigo Du Tillet comenzó la composición de su célebre obra dogmática Institution chrétienne. Su rompimiento con la Iglesia católica lo exteriorizó en mayo de 1534. Presentóse en Noyon y renunció a los beneficios eclesiásticos de que todavía disfrutaba, dando con ello la mejor prueba de que no quería tener nada que ver con la Iglesia católica. Su antiguo respeto se convierte en odio contra la misma, y en adelante dedicará todos sus esfuerzos a hacerle la guerra más despiadada.
Ahora bien, si nos preguntamos cuáles fueron los móviles que impulsaron a Calvino a su apostasía, diremos que la doctrina «consoladora» de la justificación por sola la fe, por los méritos de Cristo y sin las buenas obras, aprendida directamente en las obras de Lutero y por medio de sus amigos Capito, Cop y otros innovadores, fue lo que empujó a Calvino a dar el paso definitivo. Con su carácter lógico, dedujo Calvino de ese principio de la salvación por solos los méritos de Cristo y sin intervención ninguna de nuestra parte que es Dios quien nos condena y nos salva, y de ahí sacó el principio, tan característico de su doctrina, de la predestinación doble, a la salvación y a la condenación. Más aún: negó ya entonces el valor de las indulgencias y la autoridad de la Iglesia, proclamando la Sagrada Escritura como única regla de la fe.
2. Calvino, por vez primera en Ginebra (agosto 1536-abril 1538). En su ciudad natal inició una especie de levantamiento o revolución, por lo cual fue preso dos veces durante los meses de mayo y junio de 1534. Puesto al fin en libertad, se dirigió a Orleans, de donde partió luego para París No sintiéndose allí seguro al recrudecerse la persecución contra los innovadores salió de Francia, se detuvo un poco en Estrasburgo y llegó a principios de 1533 a Basilea, donde, con el pseudónimo de Marcianus Lucarnas, se entregó a sus estudios y terminó su obra fundamental, Institution chrétienne, cuya primera edición saldrá en latín en 1536.
Entre tanto, en abril de 1536, Calvino partió para Italia y se dirigió a Ferrara, donde entabló relaciones con la duquesa Renata, hija de Luis XII y simpatizante con la falsa reforma. Sin embargo, no se detuvo mucho allí. Aprovechando un breve tiempo de amnistía en Francia para los innovadores, volvió a Noyon en junio de 15361 vendió sus propiedades y partió definitivamente al destierro. Según parece, su plan era dirigirse a Estrasburgo; mas, por estar cerradas las fronteras a causa de las guerras entre Carlos V y Francisco I, hizo su viaje por Ginebra; pero al llegar a esta ciudad fue detenido en ella por Guillermo Farel, precisamente cuando acababa de salir en Basilea su obra fundamental, la Institution chrétienne.
La situación de Ginebra era en verdad crítica. Guillermo Farel era indudablemente uno de los prohombres de la falsa reforma. Ya en 1523 la había introducido en algunos círculos de París. En 1524 se trasladó a Basilea, donde desarrolló una intensa actividad en favor de la falsa reforma, Desde 1532 aparece Farel en plena actividad en Ginebra, y, tras difíciles batallas, inauguró en 1534 la primera comunidad reformada. El Gran Consejo de la ciudad organizó una disputa, en la que durante un mes Farel, Viret y Fromment discutieron contra los católicos sobre sus doctrinas, y, naturalmente, les fue asignada la victoria. En consecuencia, el Gran Consejo en agosto de 1535 publicó un edicto prohibiendo la celebración de la misa y ordenando a todos vivir «conforme al Evangelio».
Al mismo tiempo, Farel predicaba en la catedral, y, a instigación suya, el pueblo procedió a la destrucción de imágenes y a diversas escenas tumultuosas. Así, pues, a principios de 1536, Ginebra estaba en manos de los falsos reformadores, a cuya cabeza se hallaba Guillermo Farel. Más aún, habiendo el duque de Saboya intentado apoderarse de Ginebra por las armas, los ginebrinos, apoyados por Berna y por el rey de Francia, salieron vencedores. Así pudieron abrazar libremente la falsa reforma. Sin embargo, existía todavía dentro de la ciudad una fuerte resistencia.
En estas circunstancias llegó Calvino a Ginebra, y Farel vio en él un instrumento providencial para sus fines de afianzar definitivamente la innovación. Calvino accedió a sus instancias, y desde agosto de 1536 se dedicó a la predicación de la nueva doctrina con el título de lector de Sagrada Escritura. En marzo de 1537 recibió el título de pastor. Allí, pues, desde el primer momento, por sus extraordinarias cualidades naturales, su energía de carácter y su talento organizador, fue considerado como el jefe del nuevo culto.
Apenas iniciada su actividad en Ginebra, tuvo ocasión de dar amplias pruebas de sus excepcionales cualidades en la disputa de Lausana, de septiembre y octubre de 1536. En ella Calvino, Farel y demás teólogos protestantes defendieron con entusiasmo sus doctrinas contra algunos teólogos católicos. Berna, que organizaba la disputa, les asignó la victoria.
Consolidada de este modo su autoridad, volvió Calvino a Ginebra, donde empezó inmediatamente a organizar la nueva iglesia. Ante todo procuró sustituir el culto católico por el reformado. Para ello compuso los Artículos de la disciplina eclesiástica. En consecuencia, debían desaparecer las imágenes, la ornamentación de los templos, la misa. En general, todo el culto adquirió el tono triste y lúgubre característico del calvinismo. Todo él se reducía a la predicación, a ciertas plegarias y a la recitación o canto de salmos. La cena, que sólo se celebraba cuatro veces al año, era solamente un símbolo de la presencia de Cristo.
Además, con el objeto de implantar sus doctrinas, Calvino compuso un Catecismo, que era el resumen de su Institución cristiana. Con él mismo objeto, compuso la instrucción titulada Confesión de la fe, donde designa a la misa como «invento diabólico», y a la Iglesia católica como «sinagoga del diablo». Todo esto lo fue imponiendo a todos los ciudadanos.
Mas no se contentaron con esto Calvino y Farel. Para asegurar su triunfo, quisieron establecer un organismo de vigilancia de las costumbres. Para ello exigieron el derecho de excomunión o de exclusión de la cena de los que les parecieran indignos por sus costumbres. Estas exigencias parecieron a muchos excesivas. Ansiosos de libertad, no querían entregarse al yugo de los nuevos jefes religiosos. El partido de los libertinos, o amigos de la libertad, fue engrosando más y más. Los innovadores de Berna, que al principio habían apoyado a Farel y Calvino, ahora les reprochaban que no se acomodaban a las costumbres regionales.
De este modo, el ambiente se fue haciendo, cada vez más desfavorable a Calvino, y el 3 de febrero de 1538, habiendo obtenido la mayoría en el Gran Consejo los elementos contrarios a los innovadores, se declararon en oposición a Calvino. Este se dispuso a dar a la ciudad la primera batalla. En la próxima Pascua negó la comunión a los partidarios de| Consejo, después de afearles públicamente su conducta. El resultado fue que, indignados el Consejo y la población contra el proceder de Calvino y Farel, los desterraron de la ciudad, y, efectivamente, tuvieron que salir de ella el 23 de abril de 1538, dos días después de la Pascua.
3. Calvino en Estrasburgo. Compás de espera. Es de gran interés y muy significativo para conocer el carácter de Calvino lo acaecido durante los meses inmediatos después de la salida de Ginebra. Calvino estuvo algún tiempo vacilante. Su carácter decidido y autoritario, que lo había impulsado a obrar con aquella intransigencia que constituirá siempre uno de los rasgos característicos de su conducta, tuvo un momento de debilidad y vacilación. Reflexionaba sobre las consecuencias que su conducta podría traer a la causa de la nueva religión. Tal vez su conducta rigurosa e intransigente traería consigo la destrucción de aquella comunidad evangélica. Preocupado por estos pensamientos, dirigióse, juntamente con Farel, a un sínodo que se estaba celebrando en Zurich, y el 28 de abril, en presencia de los delegados de todos los cantones que habían abrazado la falsa reforma, hicieron su confesión de haber contribuido tal vez con su intransigencia a la ruina de la iglesia de Ginebra. Esta confesión sincera les atrajo las simpatías de sus correligionarios, los cuales se atrevieron a interceder por ellos ante los ginebrinos; pero éstos persistieron en el destierro de los innovadores.
Entonces, pues, separóse Calvino de Farel, y, siguiendo la invitación de Bucer y Capito, marchó a Estrasburgo con la intención de dedicarse en adelante a la vida privada. Sin embargo, ante las representaciones de sus amigos, tomó el cuidado de los refugiados franceses, y en 1539 fue nombrado profesor de Teología.
Tres años aproximadamente duró esta estancia o destierro en Estrasburgo, que Calvino aprovechó para continuar sus estudios y completar su concepción característica, dominada por cierto fatalismo, es decir, la idea de la doble predestinación, que da a todo su sistema cierto matiz sombrío.
En 1539 publica la segunda edición latina, completada, de la Institution chrétienne; escribe su célebre respuesta al cardenal Sadoleto, quien trataba de introducir de nuevo la ortodoxia en Ginebra; participa con interés en las conferencias o coloquios religiosos de Alemania y entra en relación con los innovadores alemanes.
Durante este período se casa en agosto de 1540. Su mujer es viuda de un anabaptista, Ideleta Bure, que ya tenía dos hijos, a la que Calvino amó entrañablemente y de la que tuvo un hijo, que sólo vivió pocos años.
4. Vuelta de Calvino a Ginebra. Durante la ausencia de Calvino, los partidarios del nuevo culto, faltos de unidad y de dirección, comenzaron a vacilar en sus creencias. Esto dio esperanzas a los católicos, los cuales se sintieron más alentados con una valiente carta de Sadoleto; pero la respuesta de Calvino dio nuevos alientos a los reformados, los cuales comenzaron a echarle de menos. Entre tanto, en las elecciones de 1540 volvieron a predominar los llamados guillerminos, o partidarios de Guillermo Farel. El nuevo Consejo de la ciudad dirigió a Calvino un mensaje oficial suplicándole volviera a Ginebra. Calvino se resistió algún tiempo y aun llegó a escribirles que «antes sufriría cien muertes que esta cruz, que le traería mil torturas». De este modo les hizo esperar un año entero, hasta que, finalmente, en septiembre de 1541 volvió a Ginebra.
Esta vuelta a Ginebra tuvo el aspecto de un verdadero triunfo. Recibido por la ciudad como su salvador y reformador, Calvino sacó el mayor partido de su ventajosa situación. En general, el periodo que sigue se caracteriza por el influjo absoluto que ejerció en la ciudad, de la que bien pronto vino a ser el verdadero dictador religioso y aun político. Este extraordinario ascendiente lo aprovechó para imprimir a su reforma un carácter riguroso y férreo, que lo distingue en adelante. Por de pronto, ya el 13 de septiembre, el mismo día de su entrada en Ginebra, estableció las Ordenanzas eclesiásticas de la iglesia de Ginebra, que el Consejo de la ciudad aceptó e impuso a toda la ciudad en noviembre de 1541.
Lo que debía imprimir un carácter definitivo y ser como la norma fundamental de la iglesia reformada de Calvino era su obra Institution chrétienne, impresa por vez primera en latín en 1536, completada y reimpresa luego muchas veces. Ahora, pues, aparecía en 1541, al comienzo de su estancia definitiva en Ginebra, la edición francesa, y otras diez veces fue completada y reimpresa en vida de Calvino. Su influjo (tanto con la edición latina como con la francesa) fue en verdad extraordinario. De ambos escritos, las Ordonnances éclésiastiques e Institution de la religion chrétienne, se deduce claramente la organización y la doctrina de la iglesia calvinista o reformada.
5. Organización y doctrina del calvinismo. El carácter básico del calvinismo es una organización presbiteriana democrática, en la cual, ante todo, procuró Calvino evitar los defectos fundamentales de la iglesia luterana.
El primero era la teoría de la justificación, que, al establecer la justificación por sola la fe y la inutilidad de las buenas obras, había contribuido eficazmente a la relajación de costumbres.
El segundo era el haber atribuido al Estado toda la jurisdicción eclesiástica, pues esto había sometido la iglesia al poder civil y declarado a éste como juez en todos los asuntos temporales y religiosos.
Ahora bien, para obviar el primer defecto, aun manteniendo el principio de la justificación por sola la fe, se estableció la necesidad de las buenas obras, que significan nuestra colaboración a la obra de Dios.
Frente al segundo, defendió la teoría de que el Estado y la iglesia deben trabajar en íntima unión por la misma obra de la fe; pero, en contraposición a Lutero, afirmaba que el Estado debe estar subordinado a la iglesia.
Esto supuesto, estableció una serie de cargos, que constituyen una verdadera jerarquía; ante todo, los pastores, a cuyo cargo estaba la predicación; luego los doctores, que tenían por ministerio la enseñanza y dirección de las escuelas; los presbíteros, que constituían la base de la jerarquía y mantenían la dirección de la iglesia; finalmente, los diáconos, que estaban al frente de los hospitales y obras de caridad
Como complemento de la jerarquía, debemos añadir los dos grandes organismos de la iglesia calvinista. En primer lugar, la congregación, que se componía de todos los pastores de la iglesia de Ginebra, a la que pertenecía la jurisdicción sobre las cuestiones doctrinales. Caso de duda entre ellos, debían acudir al consejo de los ancianos. El segundo organismo era el consistorio, que comprendía seis pastores y doce ancianos, que eran la autoridad suprema de la iglesia. Era como un tribunal religioso encargado de la vigilancia e inspección sobre toda la iglesia, que ejerció con gran rigor. Consta que sólo hasta 1546 se aplicaron 58 penas de muerte.
Por lo que a la doctrina se refiere, notemos ante todo que Calvino tomó casi todos los puntos de su dogmática de Lutero, Melanchton y otros innovadores. Sobre todo, depende de Lutero en las doctrinas de la justificación por la fe y la naturaleza corrompida del hombre, que lo priva de la libertad.
Como doctrinas específicas de Calvino señalaremos: ante todo, la doble predestinación, a la gloria y a la condenación, con una necesidad absoluta e incondicionada, de donde se deduce el carácter rigorista y lúgubre de la iglesia reformada; pues, según Calvino, todo lo que sucede, sucede por absoluta necesidad. En segundo lugar, los sacramentos del bautismo y de la cena, que son los únicos que admite Calvino. Sin embargo, para él son sólo signos exteriores o símbolos.
6. Apogeo de Calvino. Este ideal lo realizó Calvino con relativa perfección en Ginebra gracias a su indomable energía y a su talento organizador. La ciudad vino a rendirse a su férrea disciplina, y puede muy bien decirse que desde su vuelta a Ginebra en 1541 hasta su muerte en 1564 gobernó como verdadero dictador de la ciudad. Se suprimieron todas las festividades religiosas. Cuatro veces al año se celebraba la cena, o comunión de los fieles. La ciudad tomó un aire adusto y lúgubre, resultado natural de las doctrinas calvinistas.
Durante algún tiempo, Calvino tuvo que mantener una lucha relativamente intensa. Ante todo, frente a los postores, en quienes no permitió ninguna divergencia de opiniones. Así, por ejemplo, destituyó a Sebastián Castellion por haberse permitido una opinión particular en la interpretación de la Sagrada Escritura; pues, aunque establecía el principio luterano del libre examen de la Sagrada Escritura, ejercía en su interpretación un rigor mayor que la Iglesia católica.
Por otra parte, Calvino quitó a Ginebra su carácter democrático; pues, aunque dejó al pueblo la facultad de elegir sus magistrados, la limitó a los nombres propuestos por el Consejo pequeño de los veinte y el gran Consejo de los doscientos. No le fue tarea fácil, pues los consejos de la ciudad no se dejaban fácilmente despojar de sus privilegios, por lo cual exigían alguna intervención en el nombramiento de los pastores, de los ancianos del consistorio y aun de la excomunión de los miembros de la comunidad.
Esta lucha tuvo momentos de gran tensión, y hubo algunas personas que intentaron sacudir el yugo que Calvino trataba de imponerles. Contra su teocracia se rebelaron, en primer lugar, los llamados libertinos, los cuales encontraban demasiado intransigente el sistema calvinista. Como entre éstos había personas procedentes de la nobleza, se entabló entre ellos y Calvino una batalla encarnizada. Después de varios años de gobierno calvinista comenzó a engrosar la oposición de los libertinos, los cuales llegaron a protestar y fijar en público grandes rótulos contra la tiranía de Calvino. Este reaccionó con su acostumbrada energía; señaló como principal promotor del alboroto a Jacobo Gruet, uno de los dirigentes libertinos; hizo realizar pesquisas en su domicilio, y, aunque no encontraron las pruebas que buscaban, hallaron escritos comprometedores. El resultado fue la condenación de Gruet a la pena capital.
Esto excitó más la oposición. En diciembre de 1547 promovió ésta un gran escándalo, insultando en la iglesia de San Pedro a Calvino y a sus ministros extranjeros. Calvino se sintió desanimado por unos momentos y escribió a su amigo Farel palabras de gran abatimiento de espíritu. Mas luego reaccionó. Todo fue necesario, pues sus opositores fueron ganando terreno en el Gran Consejo en los años siguientes 1548-1553.
Esto no obstante, Calvino sostuvo con indomable valor esta ruda batalla. En 1551, el asunto de Jerónimo Bolsee le proporcionó un triunfo clamoroso sobre sus mortales enemigos. Era éste un carmelita apóstata que se había hecho protestante, y se atrevió a atacar la doctrina calvinista sobre la predestinación. Calvino exigió del Gran Consejo su condenación. Este tuvo que ceder, y Bolsee fue desterrado. El año 1553 marca el punto álgido de la batalla. Los enemigos de Calvino alcanzaron absoluta mayoría en los consejos de la ciudad. Diéronse una serie de edictos que limitaban extraordinariamente los poderes de Calvino y sus ministros. Poniendo en práctica estos decretos, autorizaron a Berthelier, enemigo de Calvino y excomulgado por los pastores calvinistas, para que participara en la cena. Los pastores protestaron; el Gran Consejo se mantuvo en su decisión. Calvino llegó a pensar seriamente en abandonar a Ginebra, dispuesto a no ceder en un punto tan fundamental.
En estas circunstancias, el célebre asunto de Miguel Servet lo sacó de tan difícil situación. Era un médico de origen español, buen humanista y conocedor del hebreo, griego y latín, que ya en su tiempo habla llegado a descubrir la circulación de la sangre. Pero, siguiendo la corriente del tiempo, quiso meterse en cuestiones de teología, y en 1551 publicó una obra Sobre los errores de la Trinidad, en la que enseñaba una Trinidad de manifestaciones divinas, no de personas. Venía, pues, a repetir la antigua herejía de los monarquianos o sabelianos. Denunciado y perseguido por los protestantes y por los católicos, anduvo errante por Toulouse, Lyon e incluso se refugió en Suiza, en Ginebra y Basilea, y al fin se retiró a Vienne con el falso nombre de Vilanova. Alli compuso una nueva obra, Sobre la restitución cristiana, en la que atacaba los principios de la Institution chrétienne, de Calvino, lo cual acabó de exasperar a éste, quien desde entonces juró la ruina del desgraciado Servet.
Así, pues, lo denunció al tribunal de la Inquisición de Vienne, valiéndose para ello de un intermediario y utilizando cartas privadas del mismo Servet. Servet fue condenado al fuego; pero pudo escapar de Vienne en agosto de 1553 y vino a refugiarse a Ginebra. Era precisamente el tiempo en que Calvino se veía tan duramente atacado por el Gran Consejo de la ciudad y a punto de caer del pedestal de su prestigio. Pensó indudablemente Servet que un empujón suyo bastaría para derribarlo, y se atrevió a pedir públicamente que su denunciador fuese juzgado sobre una serie de errores que señalaba en su acusación. Pero Calvino reaccionó violentamente, presentando una acusación formal contra él, en la que constaban 38 errores sacados de sus escritos. El 26 de octubre, el Gran Consejo condenó al fuego a Servet. En febrero de 1554 publicó Calvino su Defensa de fe ortodoxa. Su autoridad quedó plena y definitivamente confirmada.
Por esto, a partir de 1554, durante el decenio siguiente que todavía vivió, apareció delante de todos como el guardián de la fe y celebró sus mayores triunfos. Sus partidarios más decididos obtuvieron la más absoluta mayoría en el gobierno de la ciudad. Como verdadero dictador, perseguía implacablemente a los blasfemos públicos y a los que se atrevían a oponerse a cualquier punto de sus doctrinas. Quiso deshacerse de los libertinos, sus más encarnizados enemigos, para lo cual hizo decapitar públicamente a cuatro de sus jefes.
Por otra parte, Ginebra debía convertirse en centro de cultura y formación evangélica. Para ello Calvino organizó en 1559 un centro de estudios, la llamada Academia, con cátedras de latín, griego y hebreo. En esta labor, como en otras de este período de triunfo de Calvino, su principal colaborador fue Teodoro Beza, teólogo francés, procedente de una familia noble. Puesto al frente de dicha Academia, Beza la convirtió en una especie de facultad teológica calvinista, que vino a ser poco a poco centro de irradiación internacional. A Beza se debe el haber limado algunas asperezas del carácter y de la doctrina de Calvino.
7. El calvinismo fuera de Suiza. Bien pronto se propagó el calvinismo a otros territorios de Suiza, donde se puede decir que al poco tiempo absorbió casi por completo al zwinglianismo. Al mismo tiempo hizo su entrada en Francia, como se verá más adelante, donde llegó a constituir una formidable potencia que mantuvo en jaque durante largos años a todo el poder católico y estuvo a punto de apoderarse de la nación. La entrada del calvinismo en Francia fue tanto más fácil cuanto que una buena parte de los colaboradores de Calvino, según hemos observado diversas veces, eran emigrados franceses, muchos de los cuales fueron formando en Francia diversos núcleos de calvinismo.
De gran significación fue la actividad de los calvinistas en Hungría, Polonia y otros territorios del centro y oriente de Europa, e incluso en Alemania, de donde pasó a los Países Bajos, que bien pronto constituyeron uno de los centros más poderosos de calvinismo. Preparados los ánimos con las propagandas luteranas, les fue más fácil el abrazar luego las doctrinas de Calvino. Esta ideología, en contraposición a la de Lutero, comenzó a ser designada como iglesia reformada, nombre con el que en adelante se la distinguirá del luteranismo. En otra forma muy diversa, como se verá en su lugar, hizo el calvinismo su entrada en Inglaterra y Escocia.
8. Muerte de Calvino: 27 de mayo 1564. De este modo, hacia el año 1560 pudo ver Calvino su obra completamente consolidada en Ginebra y en toda Suiza y extendida a multitud de territorios de Europa. Los últimos cuatro años fueron para él un verdadero martirio. Ya antes de 1559 empezó a echar sangre y se le declaró una tisis manifiesta. A esto se juntaron pronto otras enfermedades y dolores de estómago, de gota y otros. Su cuerpo se desmoronaba rápidamente.
Peores que los físicos fueron los sufrimientos morales, causados principalmente por los escándalos de su propia hija. Todo esto fue agriando su carácter de tal manera, que ni su íntimo amigo Teodoro Beza era capaz de contenerlo. Mas como, por otra parte, la obra de toda su vida se iba extendiendo y consolidando, se veía forzado a trabajar incesantemente, sobre todo en las nuevas ediciones de sus obras fundamentales y en la composición de nuevos escritos.
En esta forma llegó el año 1564, y, conociendo que se acercaba su fin, reunió en torno suyo el 24 de marzo a los pastores y a los consejos de Ginebra, hizo ante ellos confesión de sus pecados y negligencias, y luego, durante un largo rato, fue notando los principales defectos que todos debían corregir. Un mes más tarde se repitió una escena semejante, y el 27 de mayo expiró plácidamente. Como heredero de su espíritu y director de su obra le siguió Teodoro Beza, su discípulo favorito.
Calvino era un carácter completamente distinto de Lutero y de Zwinglio. Sin ser sentimental como Lutero ni tan filósofo como Zwinglio, era un hombre de un carácter decidido y de un talento extraordinario como organizador. Por otra parte, poseía un espíritu de religiosidad a su manera, por lo cual desplegó una energía extraordinaria contra los vicios y corrupción de costumbres y, sobre todo contra la herejía, sin advertir que, cegado por su orgullo, cometía él mismo muchas de aquellas faltas que tan duramente corregía en otros.
Esta ceguera y obstinación en sus propias concepciones es lo que lo condujo a la guerra más apasionada contra la Iglesia católica y contra todos los que se oponían a sus opiniones, constituyéndose, por su propia voluntad y autoridad, en juez supremo de la verdad, siendo así que negaba esa autoridad al Romano Pontífice, a los Concilios y a la Tradición cristiana.
Si sus grandes cualidades de predicador y organizador, unidas a la situación en que se encontraban los diversos territorios de Europa y, sobre todo, el favor y protección de las autoridades civiles, fueron las que realizaron la escisión de la verdadera Iglesia de gran parte de la Europa cristiana, claramente se ve que recae sobre él una gravísima responsabilidad.
LLORCA, GARCIA VILLOSLADA, MONTALBAN
HISTORIA DE LA IGLESIA CATÓLICA
Primer entrega: LAS GRANDES HEREJÍAS ¿Qué es una herejía y cuál es la importancia histórica de ella?
Segunda entrega: La herejía en sus diferentes manifestaciones
Tercer entrega: Herejías durante el siglo IV. El Concilio de Constantinopla (381)
Cuarta entrega: Grandes cuestiones dogmáticas. San Agustín. Pelagianismo y semipelagianismo
Quinta entrega: El semipelagianismo
Sexta entrega: Monofisitismo y Eutiques. San León Magno. Concilio cuarto ecuménico. Calcedonia (451)
Séptima entrega: Lucha contra la heterodoxia. Los monoteletas
Octava entrega: Segunda fase del monotelismo: 638-668
Novena entrega: La herejía y el cisma contra el culto de los íconos en oriente
Décima entrega: El error adopcionista
Undécima entrega: Gotescalco y las controversias de la predestinación
Duodécima entrega: Las controversias eucarísticas del siglo IX al XI
Decimotercera entrega: El cisma de oriente
Decimocuarta entrega: El cisma de oriente (continuación)
Decimoquinta entrega: La lucha de la Iglesia contra el error y la herejía
Decimosexta entrega: Herejía de los Cátaros o Albigenses
Decimoséptima entrega: Otros herejes
Entrega especial (1era parte): La inquisición medieval
Entrega especial (2da parte): La inquisición medieval
Vigésima entrega: La edad nueva. El Wyclefismo
Vigésimo primera entrega: El movimiento husita
Vigésimo segunda entrega: El movimiento husita (cont.)
Vigésimo tercera entrega: El pontificado romano en lucha con el conciliarismo
Vigésimo cuarta entrega: Eugenio IV y el concilio de Basilea
Vigésimo quinta entrega: La edad nueva. El concilio de Ferrara-Florencia
Vigésimo sexta entrega: Desde el levantamiento de Lutero a la paz de Westfalia (1517-1648). Rebelión protestante y reforma católica
Vigésimo séptima entrega: Primer desarrollo del luteranismo. Procso y condenación de Lutero
Vigésimo octava entrega: Desarrollo ulterior del movimiento luterano hasta la confesión de Augsburgo (1530)
Vigésimo novena entrega: El luteranismo en pleno desarrollo hasta la paz de Ausgburgo
Trigésima entrega: Causas del triunfo del protestantismo

