MISTERIOS DE INIQUIDAD
CONFUSIÓN EN LA PIZZERIA OFICIAL
Aunque ya estemos un poco acostumbrados al hecho de que los Comentarios Eleison traigan ciertos retorcimientos, malabares y peligrosos intentos de equilibrio, con los cuales el obispo Williamson intenta explicar lo inexplicable de su muy personal posicionamiento frente a la ROMA APÓSTATA, este último intento suyo, el del ELEISON 551, nos parece particularmente insidioso.
Y todo parte siempre desde el mismo lugar; de la misma plataforma, por así decirlo, de la cual el mencionado obispo procura nunca bajarse. Él permanece impertérrito y ampulosamente asentado allí; en un punto que podemos resumir diciendo que para él la «iglesia conciliar» ES la Iglesia Católica; que una parte muy grande de dicha Iglesia Católica ES modernista, pero que no obstante, hay otra pequeña parte que no lo es; y que ambas partes, no obstante, se integran o forman parte de la MISMA Iglesia Verdadera.

Es la famosa torta episcopal que tiene algunas gotas de veneno esparcidas…
Voy a usar una imagen mejor; la de una pizza napolitana con tomates envenenados (¿sólo los tomates? Ya veremos…), por lo que los fieles podrían (con ciertas precauciones, eso sí) arrimarse a la mesa y, con sumo cuidado, abocarse al pizzeril banquete.
Lo de los tomates envenenados es mío; pero se asimila a lo de la parte algo envenenada de la torta del Obispo Williamson. Para mí es bastante difícil, por no decir imposible, que lo que tienen de contaminados los tomates no termine trasmitiéndose a la mozzarella, al aceite, al ajo, o a los morrones, y finalmente a toda la masa de la suculenta pizza; es lógico que ocurra; y más cuando, a la hora de servir las porciones, suelen producirse muchas mezcolanzas; y sobre todo cuando los comensales tienen mucha hambre y se precipitan sobre la apetitosa pizza.
Según Non Possumus, Mons. Williamson habla acerca de la posibilidad de que un sacerdote sea elegido como Superior General de la FSSPX en el capítulo general de este año, mientras que —en una jugada maestra de Roma— Mons. Fellay sea puesto a cargo de la Comisión Ecclesia Dei.
Esto último es completamente irrelevante para nosotros.
Pero tal vez todo esto sirva como disparador para hablar un poco de los conceptos IGLESIA OFICIAL e IGLESIA CONCILIAR; quizás se siga un poco de luz haciendo algunas observaciones.
“¿Iglesia Oficial”?
Roma puede maniobrar, evadir, engañar, burlar,
Pero con renglones torcidos, Dios derecho escribirá
A veces los habituales versitos me caen bien. Este es uno de esos casos. Porque al decir que Roma puede engañar, burlar, etc., se está admitiendo algo grave. No es propio de la Cátedra de la Verdad burlar o engañar. Es completamente incompatible sustancialmente con la Iglesia Católica, que es la Cátedra de la Verdad, engañar y burlar, más bien digamos que viene a ser algo contrario a su naturaleza. Ergo…, si Roma engaña y burla…, NO PUEDE SER, de hecho NO ES y NO TIENE nada que ver, con la Verdadera Iglesia de Cristo.
Dios puede escribir con renglones torcidos, sin dudas; puede escribir con un renglón tan torcido como lo es el marxismo, el liberalismo, o con sus efectos en el mundo; incluso Dios puede escribir con el renglón del proxenetismo y con los carteles de la droga…; pero se trata de campos diferentes que deben ser clarificados; por eso, de ningún modo, ninguno de los agentes de iniquidad mencionados puedan ser «apropiados» como católicos y puestos al nivel de la Indefectible Cátedra de la Verdad.
Aplíquese eso a la cuestión.
Porque la Cátedra de la Verdad… es indefectible, ¿o no?

Esto significa que, si bien Dios puede estar escribiendo con los retorcidísimos renglones de la neo-iglesia, esto no hace de esa neo-iglesia otra cosa que no sea un antro de serpientes que sirven al señor de las tinieblas.
Porque… la Mentira es propia del señor de las tinieblas, ¿o no?
Por lo cual, es tarea nuestra discernir convenientemente respecto de qué, quiénes, cómo y cuándo, sirven a dicho tenebroso señor.
Porque… es tarea de los fieles discernir respecto de las cuestiones relacionadas con la Fe, con el fin de preservarse de las falsas doctrinas, del engaño y de las maquinaciones del infierno; ¿o no? ¿Acaso no nos advirtió Nuestro Señor: Guardaos de los falsos profetas, los cuales vienen a vosotros disfrazados de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces?
Y si resulta que toda, absolutamente toda esa neo-iglesia que está ante nosotros y se identifica disfrazada en todo el mundo y para todas las personas universalmente como Iglesia Católica…, y ocupa completamente el sitio que antes ocupaba la verdadera Iglesia Católica, entonces, estaremos ante una USURPACIÓN. Una ocupación.
Entonces, hay una grieta enorme, un insalvable abismo, entre el tenebroso renglón torcido que es la neo-iglesia y la condición Divina de la verdadera e Indefectible Iglesia de Cristo.
Porque… ¿Qué amistad puede haber entre la luz y las tinieblas? NINGUNA. ¿O no es así?
Porque, si, como dice más abajo el Obispo Williamson, con las palabras opera nuestra mente sobre las cosas, entonces es necesario discernir.
Terminado lo de los versitos, continuamos.
Uno debe ser muy cuidadoso con las palabras, porque con las palabras opera nuestra mente sobre las cosas, y las cosas constituyen la vida cotidiana. Por lo tanto, de las palabras depende cómo conduciremos nuestras vidas.
Cierto. Es completamente relevante el significado de las palabras y lo que implica esto. Por eso es que debe hablarse de una «guerra semántica«. Y que esa guerra la conoce y opera Roma Apóstata, ¿quién puede dudarlo?
Pero para que Roma Apóstata encabece una tal guerra semántica contra la Fe (¿contra qué, si no?) han debido ocurrir antes numerosísimas cosas significativas y de suma importancia.
No se llega, en cuestión de unos pocos años y sin gravísimos acontecimientos, a que ALGO que antes era identificable como la Cátedra de la Verdad, se identifique y convierta en la Cátedra de la Mentira.
Y ese ALGO es Roma. Lo que entendemos por Roma, con todo lo que le es anejo.
En la iglesia parroquial emblemática de la Fraternidad San Pío X en París, Francia, hay un sacerdote de la Fraternidad que tiene el debido cuidado con las palabras. El P. Gabriel Billecocq escribió en el pasado número (333) de la revista mensual de la parroquia Le Chardonnet, un artículo titulado ¿Dijo usted ‘Iglesia oficial’?
Aclaremos por las dudas y antes de adentrarnos en los análisis episcopales.
Iglesia Oficial es la que todo el mundo (nos guste o no) reconoce actualmente como la Iglesia Católica, con sede en Roma, y que hoy encabeza el Bergoglio. Y antes la encabezaron Ratzinger, Wojtyla, Luciani, Montini, Roncalli, Pacelli, Ratti (estos SIETE, a su vez y desde 1929, fueron cabezas del Estado Vaticano), Della Chiesa, Sarto, etc. etc. etc., hasta llegar al mismísimo Pedro.
Iglesia conciliar, por su parte, stricto sensu designa algo diferente. Sería la entidad, fáctica pero informal, de alguna forma así «bautizada» por un obispo conciliar (ver Carta de Monseñor Benelli a Monseñor Lefebvre, del 25 de junio de 1976), que deviene de lo ocurrido durante y después del Concilio Vaticano II.
Ya comenzamos con algo que parte desde una observación de Monseñor Lefebvre, que es quien toma esa palabra «conciliar» y hace la distinción; y a partir de ese momento, en la Tradición todos comprendieron lo que se quería decir.
Por ejemplo, todos, absolutamente todos los Superiores Mayores de la FSSPX firmaron la Carta del 6 de julio de 1988 donde, entre otras cosas, se lee:
Nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles.

Pero, es necesario señalarlo…, nadie llevó a cabo un acto oficial y formal, a partir del cual pudiera decirse que se cambió el nombre de la Iglesia con sede en Roma.
Es decir, que partimos desde un discernimiento; desde una deducción; y desde la circunstancial utilización por parte de un funcionario romano de una palabra; no desde una comunicación oficial.
En este artículo él no menciona el Cuartel General de la Fraternidad en Menzingen, Suiza, pero se queja del “deseo” que proviene de alguna parte, presumiblemente de arriba, de que las palabras “Iglesia Conciliar” deben ser reemplazadas siempre por las palabras “Iglesia Oficial”. Y tiene razón, porque las palabras “Iglesia Conciliar” son perfectamente claras, mientras que las palabras “Iglesia Oficial” son ambiguas.
Porque por un lado, la “Iglesia Conciliar” significa claramente esa gran parte de la Iglesia actual que está más o menos envenenada con los errores del Concilio Vaticano II.
Esta definición del obispo Williamson induce al error.
Entre otras cosas, porque nadie en el mundo entero entiende de una diferenciación tal como si, por un lado estuviese la IGLESIA OFICIAL y por el otro una llamada IGLESIA CONCILIAR.
No existe tal cosa y ya dijimos por qué.
Para mayor simplificación y claridad, puede decirse que NO EXISTE la iglesia conciliar. Existe la IGLESIA OFICIALMENTE reconocida como tal en todas partes. Y es esta entidad (de continuidad formal y entitativa evidente e innegable) la que CAMBIA SU DOCTRINA desde un determinado momento.
Que eso no puede ocurrir, porque La Verdad NO CAMBIA, es absolutamente cierto.
Aunque nosotros y muchos como nosotros utilicemos esa expresión (iglesia conciliar) para referirnos a los surgido desde la realización del CVII, estrictamente hablando no hay una tal cosa. Lo que sí hay, y es inocultable, es la IGLESIA OFICIAL, que rechaza la TRADICIÓN DE LA IGLESIA y asume como propia una doctrina heterodoxa (o muchas; da lo mismo).
Esa IGLESIA OFICIAL, ha dado cobijo en su más íntimo interior a la herejía y al Misterio de Iniquidad.
Es una IGLESIA OFICIAL que adhiere a las ideologías (falsas, heterodoxas y heréticas) surgidas, aprobadas y aceptadas, UNIVERSAL Y OFICIALMENTE, como católicas por una OFICIALIDAD y por la inmensa mayor parte de los fieles en derredor del mundo que han caído en la APOSTASÍA, amigándose con el Mundo Moderno; con la MODERNIDAD que odia, persigue e intenta conculcar a la Tradición y la Ortodoxia.
Me parece que ésa es la forma correcta y precisa de expresar la realidad, y no hablar de una torta que tiene veneno en algunas de sus partes (o de una pizza en igual estado como hacemos nosotros un poco en broma), que es lo que se sigue de la utilización de los conceptos iglesia conciliar e iglesia oficial, a gusto y conveniencia del consumidor.
Esos errores consisten esencialmente en poner al hombre en el centro de la Iglesia, que debe estar centrada en Dios.
Por otro lado, la “Iglesia Oficial” es una expresión con dos posibles significados.
O bien puede significar la Iglesia instituida oficialmente por Cristo y traída oficialmente a nosotros en el curso de los siglos por la sucesión de los Papas, y esa “Iglesia Oficial” ningún católico puede la objetar, todo lo contrario.
El error de M. Williamson se hace más grande ahora al proponer que NO PUEDE SER RECHAZADA la IGLESIA OFICIAL puesto que se trataría de aquella IGLESIA instituida OFICIALMENTE por Cristo y llegada a nosotros por la sucesión de los Papas y a la que ningún católico puede objetar.
En ese primer significado que le otorga a la expresión IGLESIA OFICIAL, él da por zanjada una cuestión a priori, cual es la de la sucesión de los Papas hasta hoy, que para él es inobjetable.
Y por consecuencias evidentes, siendo ininterrumpida dicha sucesión, resultará imposible oponerse de ninguna manera.
Pero, según el obispo inglés, hay otra manera de entenderlo:
O la “Iglesia Oficial” puede entenderse como aquella masa de funcionarios de la Iglesia dedicada al Vaticano II, quienes durante el último medio siglo han estado usando su poder oficial en Roma para imponer a los católicos los errores conciliares, y a esta “Iglesia oficial” ningún católico puede no objetarla.
En este segundo significado de la expresión IGLESIA OFICIAL, el obispo dice que «puede entenderse» que se trataría de los funcionarios, es decir los hombres, que han adherido a las ideologías del Concilio Vaticano II y que usan de su poder OFICIAL para imponer sus errores, y concluye con que: «y a esta «Iglesia Oficial» ningún católico puede no objetarla»
Es decir que, al mismo tiempo se podría y no se podría objetar a la «Iglesia Oficial».
Según Williamson, un simple fiel de a pie NO puede objetar a la IGLESIA OFICIAL en cuanto que deviene de aquella instituida por Cristo, pero en cambio SÍ puede objetar a la IGLESIA OFICIAL de los funcionarios oficiales que aceptan el Concilio Vaticano II.
¡El problema es que SON TODOS!
Absolutamente TODOS los funcionarios oficiales de la Iglesia Oficial aceptan el Concilio Vaticano II; para ellos es intocable. Incluso los más conservadores (¿?) entre los prelados OFICIALES, todos ellos aceptan los documentos conciliares como CATÓLICOS.
¿Entonces?
Se trata de una falsa disyuntiva. Más bien se trata de un SOFISMA y de una TRAMPA a la que se somete astutamente a los fieles.
Todo lo que sigue en el ELEISON 551 está de más, o es de descarte.
Porque incluso cuando el obispo escribe lo siguiente: «¿Quién puede dudar de la habilidad de los romanos de girar todas las situaciones para su ventaja? A no ser que… a menos que estallara de nuevo en la Fraternidad esa Fe y Verdad que fueron la fuerza motriz de Mons. Lefebvre, y de su victoria sobre todos los liberales y modernistas en Roma. Estos demonios se esfuerzan por deshacer de una vez por todas la Tradición Católica de Dios, que es el obstáculo potencial más serio para su nueva Religión Mundial Única. Y Dios puede requerir nada menos que la sangre de los mártires católicos para detenerlos. Los mártires que provendrían de entre los sacerdotes y laicos de la Fraternidad serían su gloria.»
Incluso allí, digo, demuestra el obispo Williamson que lo desvelan anhelos restauracionistas meramente clericaloides. Él espera una reconquista de la FSSPX y, por medio de la «TRADICIÓN CATÓLICA de Dios», una victoria en términos que son demasiado humanos.
Podríamos preguntarle: ¿De dónde les viene a los romanos esa habilidad para la iniquidad? No puede provenir sino de parte de la IGLESIA OFICIAL (que los forma, los instruye, los prepara y los habilita oficialmente) ¿O es que acaso se trata de romanos NO OFICIALES?
Porque, por otra parte, también podríamos preguntar: ¿Si acaso existe algún ROMANO CONCILIAR que no sea, a su vez, un ROMANO OFICIAL?
Todos lo son, a la vez «oficiales” y «conciliares».
En realidad ambas cosas, IGLESIA OFICIAL e IGLESIA CONCILIAR, expresan y representan exactamente lo mismo. Porque es inseparable una cosa de la otra.
No existe sino una IGLESIA OFICIAL, en la que todos sus miembros han caído, más o menos gradualmente, en la APOSTASÍA, que sólo se AGUDIZÓ con el advenimiento de eso que solemos llamar «iglesia conciliar».
Si se mira bien, siempre es el mismo problema. M. Williamson como muchos otros no puede ver ni aceptar lo que significa la palabra APOSTASÍA, ni aun teniendo los hechos que la ratifican delante de sus ojos.
A esta altura de los acontecimientos, pasado ya más de MEDIO SIGLO del Concilio Vaticano II, las distinciones entre CONCILIAR y OFICIAL me parece que, en realidad, son meras tonterías que procuran sostener lo insostenible y evitar lo inevitable.
Y lo inevitable es concluir que estamos viendo UNA COMPLETA Y TOTAL APOSTASÍA UNIVERSAL.
Hubo un mundo CATÓLICO; ahora hay otro, también “CATÓLICO“. Puesto que la palabra UNIVERSAL, eso significa. Ahora bien…, en el actual mundo “católico“, ha desaparecido la Fe Católica…; y eso ya es otra cosa.
La FE es la sustancia vital del SER CATÓLICO. Y es éso lo que ha desaparecido para asombro del mundo entero que, en realidad, ni se asombra ni se inmuta, y continúa con sus cosas y su vida mundana cada vez más deshumanizada muy tranquilamente, en este mundo actual de la POST-VERDAD y del TRANS-HUMANISMO.
Es una Apostasía Global; y por ende, solamente contemplada como un hecho real y previo a los hechos narrados en el Apocalipsis, por medio únicamente y través del Apocalipsis, y que sólo mediante una visión apocalíptica puede ser entendida.
Es la FE puesta a prueba; tal vez en su ÚLTIMA PRUEBA.
Una vez más la solución apocalíptica no está dentro de las posibilidades de Monseñor Williamson, que continuará indefinidamente debatiéndose en esto de diferenciar “iglesias” y esperando “la carroza” de restauraciones y reconquistas imposibles.
MIENTRAS TANTO; EN UNA PIZZERÍA DE LA CALLE CORRIENTES…
(un inédito diálogo entre algunos fieles y M. Williamson)

Fiel 1: — Monseñor…, ¿me pasa una porción de pizza…? Sin tomates, por favor…, gracias.
MW: — Cómo no… Pero…, es una napolitana; ¡¡casi todo tiene tomates!!
Fiel 1: — Yo sé, pero… fíjese de darme una parte que no hayan tocado los tomates; usted sabe…, están envenenados…
Fiel 8: — ¿Esta pizza es oficial?
MW: — ¡¡Ay!!… algunos funcionarios conciliares envenenan los tomates; pero dejen de embromar con eso. No es totalmente conciliar. Pueden comerla.
Fiel 5: — ¿No podemos pedir otra cosa…, o mejor ir a otra pizzería?
Fiel 2: — Monseñor; permítame que le diga que desde Roncalli, y antes aún…, nos envenenan los tomates, la mozzarella, y la pizza.
Fiel 8: — Pero Monseñor, no me ha contestado… ¿Esta pizza es oficial?
MW: — Ufff…

Fiel 3: — La mozzarella y el resto, ¿están buenos? ¿Y el aceite? ¿No estará rancio?… Dicen que también…
Fiel 4: — Mejor ni hablar de la mozza… Un asco. Me parece que es mozza «conciliar».
Fiel 8: — Mejor vamos a otro lado… Es que…
MW: — Esperen un poco… Veamos lo bonitas que están las aceitunas. No todo es dudoso en esta pizza; además les repito que…
Fiel 8: — ¿Nadie me va a decir si la pizza, los tomates y las aceitunas son o no son OFICIALES?
Fiel 3: — A mí me parece que con lo del aceite ya se hace imposible no ver que…
MW: — No podemos asegurarlo. Además…, algo hay que comer; y la pizza tiene todavía algunas buenas partes que tienen buen aspecto y, que posiblemente, no están envenenadas.
Fiel 3: — Pruebe usted primero, Monseñor, digo…, y en media hora lo acompaño.
Fiel 8: — Y si se muere envenenado, ¿estará OFICIALMENTE o sólo conciliarmente muerto?
Fiel 1: — Pero se va a enfriar…
Fiel 8: — ¿El muerto o la pizza?
Fiel 6: — A mí me parece una pizza medio escatológica.
MW: — Es pizza, no teología…
Fiel 6: — Eso es lo que nos gustaría que usted enseñase…, teología y no pizzalogía…
Fiel 8: — Insisto…, quiero irme a otra parte…, antes que alguien se muera oficialmente. Especialmente si llegara a concernir a mi persona. No quiero velorio, ni conciliar ni oficial.
MW: — Esperen un poco; todos reconocemos que se trata de una pizza. Y que es la pizza que amamos; y queremos comer pizza. Esta pizza nos ha llegado oficialmente desde las manos del Maestro Pizzero.
Fiel 6: — ¡Y dale con la pizzalogía!
Fiel 8: — No sé…, yo al Maestro pizzero no lo vi…; pero la cara del mozo no me gusta ni un poco.
Fiel 7: — ¿Cómo se llama esta pizzería?
Fiel 2: — A ver…, se llama… ¡¡¡UUUUUUGH !!! «LA OFICIAL», se llama…
Fieles 1, 2, 3, 4, 5 y 6 (a coro): — Mejor dejamos la pizzaaaaaa…
Fiel 8: — Vayamos a mi casa. No hay pizza, pero tengo quesos y vinos.
Fiel 1: — ¿Son buenos los vinos?
Fiel 6: — Yo creo que sí; por lo que vi el otro día, no tienen estampilla ni oficial, ni conciliar.
