CONTEMPLATIVOS EN LA ACCIÓN
Esta poesía popular viene de la España del Siglo de Oro; y en esa tradición hispano-católica encontramos el fondo mismo del alma nacional, que muy poco debe al barbarismo precolombino, tan reivindicado por los revolucionarios.
Los Cantares son trasunto del alma española de la época colonial; todos ellos revelan una tradición poética nacida al arrullo del romance clásico, que los soldados y misioneros de la España grande de los siglos XVI y XVII trajeron al Nuevo Mundo.
El deber de la hora actual es salvar esa cultura y reanudarla.
Por esta razón, entregamos al pensamiento católico estos florilegios, con el deseo de que muchos jóvenes recojan este tesoro poético, y reanuden la honrosa tradición de cultura bruscamente interrumpida por la irrupción de una civilización tan brutalmente material que ha olvidado el significado esencial de la vida cristiana, e incluso ya de la simplemente humana.
QUE TIEMPOS TAN DESGRACIADOS
¡Qué tiempos, tan desgraciados!
vidas tan sin esperanzas,
con tantas revoluciones
sólo el que muere descansa.
Ya no hay Rey, ya no Hay corona,
no hay hombre que nos defienda,
nadie es dueño de su hacienda;
y las milicias de ahora
según lo veo a cada hora,
todo, todo han sublevado.
No hay oficial, no hay soldado
Que se quiera persignar
Hasta a Dios quieren negar,
¡Qué tiempos tan desgraciados!
Los tiempos van muy cambiados
según se distingue ahora,
la iglesia es auxiliadora;
los diezmos son del Estado
los pueblos se han sublevado
con tanta contribución,
ya no hay ley, ya no hay razón,
no hay hombre que no nos deje,
y curas, frailes y jefes
van a la revolución.
Ya no se encuentra e n la tierra
criaturas inocentes,
porque la malicia ardiente
está avivando la guerra.
Y la humanidad entera
se halla en este andar tan lerdo,
y aquí mato y allá muerdo,
ya no hay cosa reservada
sin duda el mundo se acaba
Por las señales que vemos.
Hoy ni la muerte es temida
ni el Infierno es espantable
ya ni Dios es respetable
por su justicia divina.
Ni su pasión es creída,
ya las cosas van sin freno
y el mundo de dolor lleno,
de las cosas más terribles
nos da señales visibles,
Pero no las conocemos.
Finalmente ya camina
El mundo a la sepultura,
Donde Dios de las alturas
Ha tenido prometido.
¡Ah, qué cuenta tan pulida
Daremos al Soberano!
Y el infiel, como el cristiano,
Todos la cuenta daremos,
Ninguno la acertaremos
Porque ciegos caminamos.
