MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA
Hoy nos encomendamos a:
San Eutimio, abad.
Fue este santo en los desiertos de Palestina lo que san Antonio en los de Egipto: el fundador y regulador de la vida monástica y eremítica. Hijo de padres nobles y poderosos, renunció todos los honores y riquezas de la tierra, para solo atesorar tesoros en el cielo: instruido, de hermosa presencia, y con todos los favores que la fortuna concede a los que han de hacer carrera en el mundo, su única mira fue Jesucristo despreciado, vilipendiado y muerto en cruz. Así es que desde muy joven se dedicó a la vida religiosa, y fue ascendido al sacerdocio.
A la edad de veintinueve años, fue a Jerusalén a visitar los santos lugares, y se encendió tanto su fervor a la vista de los monumentos de nuestra redención, que determinó quedarse en aquellas cercanías y fundar un monasterio para los que, como él, quisiesen emprender la vida penitente y contemplativa.
El Señor coronó bien pronto sus santos deseos, pues la fama de sus virtudes y portentos atraía todos los días a su celda multitud de personas, muchas de las cuales se ponían bajo su dirección, y permanecían para siempre en su compañía. El cielo favoreció estos laudables propósitos, poblando aquellos desiertos de grandes y esclarecidos santos, formados y dirigidos por el venerable abad Eutimio, que entregó gloriosamente su espíritu al Criador el día 20 de enero del año 473, el noventa y siete de su edad.
Leyenda de oro
R. Dr. José Palau

