MIRANDO AL MUNDO
LA MODA DUGUIN III
Rusia, esperanza de restauración y salvación para el mundo
El pensamiento y activismo de Alexander Duguin, del que ya nos hemos ocupado anteriormente, sigue sugiriéndonos muchas dudas y desconfianza.
Provienen de algo que vamos a denominar «cosmovisión duguinesca», y esta se nutre en una cierta cantidad de fuentes de procedencia verdaderamente muy diversa que, y alimenta una serie de ideas tan variadas que podría decirse que Duguin hace un refrito al que se esfuerza en dar una coherencia; lo que a veces logra y otras no.
Por cierto, algunas veces pasa rápidamente sobre aspectos que, de ser profundizados, lejos de sustentar las propuestas de Duguin, más bien nos parece que las contrarían.
Desde nuestro punto de vista, las conclusiones del ruso Duguin contienen demasiadas vaguedades, arbitrariedades e inconsistencias, lo que lleva a su pensamiento a comulgar con errores más propios de la modernidad de lo que al mismísimo Duguin le gustaría admitir; como ya veremos.
Adelantemos un ejemplo de esto en la figura de un cierto «sincretismo» de lo que él considera “fuerzas tradicionales“, muchas de las cuales no lo son, o por lo menos nos resulta imposible inscribir en ese rubro.
Por otra parte, también hemos encontrado coincidencias en las acertadas objeciones que, sobre estos y otros tópicos, hace al pensamiento de Duguin el escritor e historiador YOUSEFF HINDI, un hombre de gran erudición respecto de la “cuestión judía” y la geopolítica, sobre todo en Medio Oriente (autor del muy documentado libro “El Islam y Occidente, fuentes y génesis mesiánicas del sionismo, de la Europa medieval al choque de civilizaciones”), a quien precisamente por estos días estamos leyendo con mucha satisfacción y sobre quien habremos de volver pronto.
El pensamiento «RESTAURACIONISTA» del ruso Duguin va en una dirección que es propia de la modernidad; al menos en este anhelo de restauración, porque el restauracionismo es inidentificable como “tradicional” (aunque se traslada en una autopista paralela; no obstante, no afirmamos que lo haga con la deliberada intención de camouflarse).
Lo tradicional es precisamente contrario al restauracionismo. Es ultimista, si cabe así decirlo; finalista, en lo que comprende que avanzamos hacia el fin de un Ciclo; Apocalíptico desde el punto de vista de la Tradición Católica.
Participan en el mismo espíritu restauracionista personajes tales como Bernard FELLAY (que parece querer “restaurar” la fe de Roma Modernista, devolviéndole así la “catolicidad“); o Richard WILLIAMSON (que tal vez quisiera restaurar la fe de Mons. FELLAY, devolviéndole la “tradicionalidad“; y, sin el tal vez, propugna restaurar la fe de Rusia para que ésta, a su vez, vía Putin, restaure la fe de Roma…); y muchos sacerdotes que parecen querer restaurar a Roma, a Fellay, a Williamson y a todo lo que les pasa cerca, incluyendo a Putin, Trump y el señor Rothschild…; ya que estamos, con tal de recuperar la tranquilidad procurarán restaurar la cultura, las relaciones internacionales, la economía, las buenas relaciones con los vecinos y el arroz con leche…, con casamiento y todo…, con tal de evitar que se nos venga encima el Apocalipsis.
Nada que hacer. Se nos viene igual; con o sin arroz con lecho (si con…, mejor). Y formando parte de esto (y muy pronto) una inmensa guerra.
Si se mira bien, hay restauracionistas por todas partes.
Porque también pertenecen a ese espíritu los partidarios de la «NUEVA PRIMAVERA ECLESIAL» (surgida en el CV2) de la «Neo-Iglesia», con todos sus neo-papas y neo-teólogos, que desde un principio dicen querer restaurar la simplicidad y sencillez de la Iglesia Primitiva.
¿Y qué decir otros restauracionismos? De los que procuran salvar el mundo restaurando la naturaleza (comúnmente denominados «ambientalistas» o «ecologistas», por ejemplo, inclusive muchos cercanos al pensamiento y pseudo-religión de la NEW AGE.
Como ejemplo, ver en su verdadera realidad el XIX° Festival Mundial de la Juventud y Estudiantes en Sochi, eso mismo que oculta M. Williamson, como demostró el Padre Ceriani (ver Aquí).
Hay muchos más que, como ellos, en el fondo lo que añoran es un lejano estado de infancia/inocencia de la humanidad y cierta «frescura original» de este mundo que llamamos «TIERRA».
Todos intentan evitar lo inevitable, detener lo indetenible; una catástrofe climática para algunos; las tinieblas que todo lo invaden en esta Edad Oscura (Kali Yuga para algunos), que precede al segundo advenimiento del Único Verdadero Salvador; venida que en la previa no será sin dolor y sufrimientos, persecución y muerte, odio y amargura… (inevitable muchachos…, no hay nada que se pueda hacer al respecto); lejos de reconquistas y restauraciones mesiánicas, de factura humana.
Resultado de la carencia de espíritu apocalíptico, son muchos los que se debaten y se devanan los sesos en procura de encontrar una salida a los gravísimos problemas de la actual civilización (si es que así podemos llamarla), cuando, la cuestión es tan sencilla que hasta da un poco de risa… (no tanta risa, porque la Oscuridad de estos tiempos apocalípticos que transitamos y que comenzaron hace bastante tiempo, más que risa da miedo).
Pero vamos con Duguin y con el autor de un artículo, Bertrand Garandeau, que procura explicar el origen y las conclusiones GEOPOLÍTICAS del pensamiento DUGUINESCO. Sobre dicho artículo, extenso por cierto, haremos nuestros comentarios que procuraremos sean breves (y en rojo). Resaltados y negritas también son nuestros.
LA GEOGRAFÍA SAGRADA DE DUGUIN: RUSIA EN EL CORAZÓN DE LA TRADICIÓN
Por, Bertrand Garandeau
Desde el título queda claro que se pretende que RUSIA tiene un lugar destacado, y tal vez providencial, y que está llamada a encabezar una RESTAURACIÓN. Ese mesianismo ruso tiene sus fuentes mucho más atrás en el tiempo, como hemos de ver.
Habitualmente en el centro de atención por su supuesta influencia en el Kremlin, Alexander Duguin reanudó y desarrolló el concepto geopolítico de Eurasia. A través de esta noción preconiza el recurso a la geografía sagrada y a la tradición en la geopolítica contemporánea.
Geografía SAGRADA con Rusia en su centro, como ya veremos.
Para Duguin, la geopolítica no es una ciencia como cualquier otra. Si la alquimia y la magia han desaparecido en favor de sus formas seculares modernas, que son la química y la física, la geografía sagrada de los antiguos se mantiene viva a través de la geopolítica. Recordando la teoría del Heartland del geopolítico británico Mackinder, Duguin hace de Eurasia la pieza clave de la geografía sagrada. Con Rusia en su centro, Eurasia encarnaría el último bastión de la tradición en el hemisferio norte, la única capaz de luchar eficazmente contra la modernidad.
Esta interesante idea, sin embargo no deja de llamar la atención por las referencias que hace tanto a la MAGIA como a la ALQUIMIA. Temas comunes y en boga en ámbitos ILUMINISTAS; cuestiones caras a los sentimientos de sectarios y ocultistas de todas las épocas. La teoría de Mackinder tiene un poco de todo eso.

HEARTLAND, o teoría de la Región Cardial
En efecto; Halford Mackinder creía que el Heartland o Área pivote se encuentra en el centro de la Isla-Mundial, se extiende desde el río Volga hasta el Yangtze y desde el Himalaya hasta el océano Ártico. El Heartland de Mackinder fue la zona gobernada por el Imperio ruso y después por la Unión Soviética.
En el año 1919 Mackinder resumió esta teoría con esta frase:
«Quien gobierne en Europa del Este dominará el Heartland; quien gobierne el Heartland dominará la Isla-Mundial; quien gobierne la Isla-Mundial controlará el mundo.»
Cualquier poder que controlase la Isla-Mundial controlaría más del 50 % de los recursos del mundo. El tamaño del Heartlands y su posición central, le convierte en la clave para controlar la Isla-Mundial, según pensaba Mackinder.
Esta teoría se desarrolló al amparo de la fascinación que tenía Mackinder por el crecimiento del poder ruso.
Va viéndosele la pata a la sota… Y en el fondo no parece que se trate de otra cosa que de IMPERIALISMO; cuestión ésta bastante seria.
Se trataría de un modelo de imperialismo moderno y no relacionado con el «Pensamiento Tradicional», con el que Duguin adorna comúnmente sus disertaciones. En definitiva sólo es IMPERIALISMO RUSO, aunque el autor del artículo se empeñe en reclamar para HEARTLAND (Rusia) el estándar de “ULTIMO BASTIÓN DE LA TRADICIÓN” en el hemisferio norte, y la única capaz de luchar contra la MODERNIDAD.
El pensador ruso pretende que la geografía da forma a las ideologías, las culturas y las religiones. Las civilizaciones de las llanuras, de las estepas y los desiertos, propicias a la expansión y la conquista, difieren por ejemplo de las civilizaciones de las montañas y de los bosques, que son más propensas a preservar las tradiciones de los pueblos. Duguin también defiende la pertinencia de la oposición tradicional talasocracia – telurocracia, utilizada para calificar dos tipos distintos de potencias. Los que dominan mediante el control del mar y los que dominan mediante el control de la tierra, entendiendo siempre que estos modos de dominación no son anodinos ideológicamente.
El antagónico «TALASOCRACIA – TELUROCRACIA» se encuentra mucho más exacta y maravillosamente descrito en el Apocalipsis de San Juan. Allí, como en ninguna otra parte, se ve con toda claridad lo que significan EL MAR y LA TIERRA, y lo que simbolizan. Y lo que los poderes mundanos representan y representarán a los efectos de operar la CONCLUSIÓN DEL DRAMA DIVINO-HUMANO.
Y en todo caso, si las ideas de Duguin fuesen tomadas al pie de la letra, su Rusia no tendría ninguna posibilidad de ser lo que él pretende, ya que sus extensas llanuras, estepas y desiertos (sus principales características geográficas son esas) pondrían a Rusia muy lejos de los países con tendencia a defender las Tradiciones. Mucho menos a restaurarlas.
DUGUIN (ni su intérprete y comentador Bertrand Garandeau) no ve, ni se remite a lo que dice el Libro Sagrado y Profético: desde los dos ámbitos, el talasocrático y el telurocrático, surgen DOS BESTIAS; una por cada uno de dichos ámbitos. Esto establece de un modo claro y explícito, además de su inherente valor SAGRADO y PROFÉTICO, que no hay espacio alguno para restauraciones de ningún tipo; ya que desde el ámbito TELÚRICO, donde Duguin dice poner sus esperanzas (HEARTLAND, EURASIA, o como quiera denominarla), TAMBIÉN SURGE UNA BESTIA… LA BESTIA DE LA TIERRA.
Se dirá que la SEGUNDA BESTIA de que habla el Apocalipsis es el Falso Profeta; o que se trata del aspecto religioso del Anticristo; que es la CONTRA-IGLESIA o FALSA RELIGIÓN. Nada de eso negamos. Sin embargo, nos estamos refiriendo a otra cosa, siempre dentro del esquema propuesto por el pensador ruso (y no por nosotros), que plantea algunos antagonismos APARENTES y que consideramos necesario desmitificar.

Parece un mapa de los que suelen usar los “terraplanistas”…
De hecho, como puede verse en el gráfico anterior, HEARTLAND no involucra a EUROPA, sino en su parte RUSA. Lo demás es la parte asiática de Rusia y de buena parte de… CHINA.
De ser cierta la teoría de MACKINDER, el dominio global de la alianza (actualmente vigente) entre RUSIA y CHINA sería absolutamente incontenible y tan sólo cuestión de tiempo que se concretase su poder mundial. Esto último, lejos de coincidir con alguna infundamentada esperanza de un mundo mejor y restaurado, más bien nos inspira todo lo contrario: un bien fundado temor ante una tiranía bizarra y satánica en ciernes.
De hecho… va a haber próximamente una gran guerra. Será entre los EEUU y RUSIA; y es posible que CHINA se vea involucrada. Y será una guerra en la que todos los bandos serán malos; y, por supuesto, gane quien gane, perderemos todos.
Duguin, a partir de una crítica y condena (justa por cierto) del sistema que prevalece en las potencias occidentales, tales como los EEUU, o la vieja Inglaterra, las principales naciones europeas, etc. propone un modelo supuestamente antagónico y poderoso y superior; de apariencia más tradicional, pero… ¿QUÉ CLASE DE TRADICIONALISMO SERÁ ESE? ¿Acaso uno basado en las tradiciones CHINAS? ¿O en las MONGÓLICAS? ¿O en la más cercana Tradición de la Ortodoxia Rusa…? Veamos:
Según Duguin, la telurocracia encarna la estabilidad, la gravedad, la fijeza y la política, mientras que la talasocracia promovería la movilidad, la fluidez, la dinámica y la economía. Mientras que los imperios terrestres, a menudo militares, serían de forma telurocrática, los imperios coloniales, más comerciales, serían más talasocráticos. Sin embargo, el geopolítico remarca que esta tipología no se resume en una simple oposición aguas/tierra y en un determinismo geográfico estricto. Existirían así tierras marítimas (las islas) y aguas terrestres (los ríos y mares interiores). Del mismo modo, Duguin observa que la geopolítica japonesa es de tipo telurocrático a pesar de su carácter insular, mientras que ve en la potencia del continente norteamericano una talasocracia que reposa en el dinamismo de sus interfaces marítimas y comerciales. Aplicando este marco conceptual, el pensador ruso considera que Eurasia, continente terrestre que iría de Europa a Asia y cuyo centro de gravedad se encuentra en Rusia, podría constituir el modelo telurocrático opuesto a los atlantistas de Estados Unidos de América.
La primera parte de este párrafo confirma nuestro pensamiento (más que el del propio Duguin). En efecto. Esa es justamente la correcta interpretación de lo TELÚRICO y de los TALASOCRÁTICO… La Tierra representa lo firme y estable, y el mar representa lo proceloso e inestable. La Religión la primera; la Política la segunda.
No obstante hay algunas interpretaciones o aplicaciones del pensador ruso que nos parecen arbitrarias y acomodaticias, como se ve en seguida y en el mismo texto. Pero es notable que Duguin insiste (y su comentador también) en que RUSIA se encontraría (o sería) en el CENTRO DE GRAVEDAD de la Eurásia propuesta, y de la restauración tan esperada.
Un ejemplo moderno de TALASOCRACIA, o Dominio por Medio de los Mares, es el de Inglaterra, aunque por supuesto existen antecedentes muy anteriores, como es el caso de los Fenicios cuya ciudad emblema supo ser CARTAGO… odiada como pocas cosas por lo que representa un buen ejemplo de Imperio Telúrico, o Telurocrático, o Dominio por medio de la Tierra o de lo Continental, es decir, ROMA.
Famosa, por cierto la leyenda «DELENDA EST CARTAGO».
Y aquí se nos hace más evidente todavía lo que afirmamos de Duguin y su pensamiento; el intento de sostenerse y afirmarse en la vieja intención nunca resignada de constituirse MOSCÚ como la TERCERA ROMA declamada hace siglos por el monje ruso Filofei…
Veamos.
La Wikipedia, insospechable de conceptualidades políticas incorrectas, cuenta las cosas de esta manera (cierta, por otra parte):
“No habían sino transcurrido unas pocas décadas de la Caída de Constantinopla a manos de Mehmed II del Imperio Otomano el 29 de mayo de 1453 cuando ya algunos nominaban a Moscú como la «Tercera Roma», o la «Nueva Roma». Las raíces de este sentimiento comenzaron a gestarse durante el reinado del gran duque de Moscú Iván III, que había contraído matrimonio con Sofía Paleóloga. Sofía era sobrina de Constantino XI, el último soberano de Bizancio, e Iván podía reclamar ser el heredero del derrumbado Imperio Bizantino (o Imperio Romano de Oriente).
Inicialmente, la noción de la Tercera Roma no era necesariamente de naturaleza imperial, sino más bien apocalíptica. Su propósito era destacar el rol de Rusia como el último recordatorio «salvaje» de la que alguna vez fue la civilización cristiana, la mayoría de la cual había sucumbido ante la herejía – el catolicismo romano era considerado herético por muchos creyentes ortodoxos – y, por lo tanto, Rusia era considerada comparable a los 7.000 israelíes que habían rehusado adorar a Baal durante la época del profeta Elías, una figura bíblica inmensamente popular en el cristianismo ortodoxo.
La historia de la Tercera Roma («la Segunda Constantinopla») comenzó en Tver, durante el reinado de Borís de Tver, cuando el monje Tomás de Tver escribió «La eulogía del Grande y Pío Príncipe Borís Alexándrovich» en 1453.
La idea cristalizó con un panegírico compuesto por el monje ruso Filoféi de Pskov en 1510, el cual en una carta al gran duque Basilio III, proclamó: «Dos Romas han caído. La Tercera se sostiene. Y no habrá una cuarta. ¡Nadie reemplazará tu reino de zar cristiano!» En forma contraria a la creencia popular errada, Filoféi explícitamente identifica a la Tercera Roma con el Principado de Moscovia como entidad estatal, en lugar de con la ciudad Moscú”.
Y un dato curioso:
“Moscú se encuentra emplazada sobre siete colinas, al igual que Constantinopla (actual Estambul, en Turquía) y Roma.”
Entonces tenemos que habiendo sido el Imperio Romano, la «PRIMERA ROMA», y la ciudad de ROMA primera cabeza de la cristiandad, una vez “caída” en la herejía (según lo entienden los “ortodoxos” rusos), habría pasado la primacía al «Imperio Bizantino», y CONSTANTINOPLA fue la SEGUNDA ROMA; y su sucesora sería, o llegaría a ser, MOSCÚ, la «TERCERA ROMA».
Como puede verse, todo esto va un poco en la línea de muchos tradis hoy dispuestos a poner sus esperanzas en cualquier parte; incluso en el ex-jefe del KGB y actual presidente ruso, Vladimir Putin, para muchos destinado a oficiar de “restaurador” de la Cristiandad.

Cómplices sonrisas y miradas
Y un dato intrigante, por cierto, el que las TRES ciudades en cuestión se encuentran asentadas sobre SIETE COLINAS…; me dejó pensando.
Como sea, se trata de mesianismo harto evidente y pretencioso; y se le ve en seguida su carácter pretendidamente RESTAURACIONISTA y, por supuesto, completamente anti- apocalíptico.
Geografía sagrada y religiones
Más allá del marco estricto de la geografía, este dualismo se encontraría en el seno de los sistemas religiosos. Los valores de la tierra transpuestos a lo religioso se manifestarían por la profundidad, la tradición, la contemplación y la mística. El principio atlantista sería al contrario más superficial y materialista, concediéndole la primacía al rito, a la organización de la vida diaria y hasta ignorando la parte divina en el hombre. Duguin ve así en la Ortodoxia el aspecto terrestre del cristianismo, mientras que el catolicismo y el protestantismo serían la cara atlantista. Del mismo modo, en el seno del islam, el principio terrestre se encontraría más en ciertas ramas del chiísmo y el sufismo. Por el contrario, el salafismo y el wahabismo serían más atlantistas por la importancia concedida al rito y por su dogmatismo religioso deseoso de erradicar las espiritualidades tradicionales de los pueblos convertidos. Frente al protestantismo americano y el salafismo saudí, cuyas alianzas geopolíticas desde 1945 Duguin señala, el mundo ruso reúne por el contrario a las religiones de tipo telúrico con la ortodoxia rusa, pero también el islam caucásico y de Asia Central.
Si alguien quiere (y puede) que intente negar el evidente intento SINCRETISTA de claros (tal vez únicamente sea por eso) objetivos políticos, sin embargo, de Alexander Duguin, al cual parece importarle bien poco la VERDAD. Es que el planteo es evidentemente PRAGMÁTICO, y procura construir desde lo DIALÉCTICO e IDEOLÓGICO, y NO desde la VERDAD. Sólo falta alguna mención al chamanismo, la Pacha Mama y la Difunta Correa; el animismo y la superstición también podrían tener su lugar asegurado en el “mundo que viene” y que predica la Cuarta Doctrina Política del mundo multipolar Nacional Bolchevique de Duguin.
En cuanto al judaísmo, no sólo no escaparía de esta oposición interna, sino que ésta se encontraría también en las formas seculares del pensamiento judío. Duguin analiza las ramas místicas del judaísmo (jasidismo, sabbatismo, cabalismo) como la expresión del aspecto terrestre de esta religión. Al contrario, el talmudismo representaría el aspecto atlantista, particularmente por el acento puesto sobre el rigor dogmático y el racionalismo. Por otro lado, recordando la influencia del mesianismo judío sobre el desarrollo del marxismo y del bolchevismo, Duguin ve en estos últimos las formas seculares del judaísmo terrestre. Al contrario, el judaísmo atlantista secularizado habría contribuido al auge del capitalismo y del espíritu burgués. El geopolítico ruso ve en esta tensión interna en el judaísmo la explicación de un recurrente «antisemitismo judío». Las intenciones de Karl Marx, afirmando particularmente que el dinero sería el Dios profano del judaísmo (La cuestión judía), serían la encarnación empírica del judío místico atacando al judío talmudista, es decir, una emanación de la tradición contra una forma de la modernidad.
Unas lecturas y relecturas profundas del texto precedente nos libran de la responsabilidad de hacer ningún comentario. En otros artículos habíamos dicho que Alexander Duguin NO SE REFIERE a la Cuestión Judía. Es la verdad. No lo hace. Y si acaso lo hace muy brevemente, como señala su comentador y simpatizante, Garandeau, es en un sentido completamente EQUIVOCADO y prescindente de la verdadera Cuestión Judía.
Tal impronta está señalada explícitamente: «Por otro lado, recordando la influencia del mesianismo judío sobre el desarrollo del marxismo y del bolchevismo, Duguin ve en estos últimos las formas seculares del judaísmo terrestre.» JUDAISMO TERRESTRE, o sea TELÚRICO. Por lo que puede verse cómo Duguin considera que el judaísmo jassidista o kabbalista o sabbatista serían formas válidas y útiles, lo suficientemente tradicionales y buenas como para participar en la RESTAURACIÓN.
A menos que la lógica haya perdido lo que de lógico supo tener en otros tiempos, podemos concluir, sin el menor atisbo de dudas, que Bertrand Garandeau nos confirma acerca de Duguin nuestras peores sospechas respecto de sus creencias y su proyecto político mostrando que lo suyo no es más que CRIPTO COMUNISMO y CRIPTO JUDAÍSMO expresados en un marco explícito de MESIANISMO simil judaico.


A la izquierda, Judíos jassidistas; los judíos buenos de Duguin. A la derecha los malos, Judíos Talmúdicos. Pa` mí son igualitos. ¡Brrrrrrr!
El talmudismo, según Duguin, estaría del lado del “atlantismo de la Élite” mundialista y unipolar. Ese judaísmo no sería aceptable. Pero, para el pensador ruso, hay un judaísmo que sí es aceptable.
En lo que a nosotros respecta, ningún judaísmo es aceptable, desde el punto de vista de la Verdad y del verdadero Pensamiento Tradicional.
Es interesante meditar (y posiblemente sea materia de un próximo artículo) lo que fueron los mecanismos de penetración del judaísmo en Europa; el “marranismo” en la Península Ibérica, por ejemplo. Las falsas conversiones y el cripto-judaísmo militante. Las diversas formas por medio de las cuales el poder judío corrompió y promovió acciones anti-europeas y anti-cristianas, sistemáticas y constantes a través de los siglos, perfectamente identificables a lo largo de la historia y que prueban la existencia de una planificación y de una organización que se asegura de su cumplimiento.

Igualitos
Actualización de la eterna lucha entra la telurocracia y la talasocracia, pero también fundamento subyacente de la guerra entre tradición y modernidad, la oposición entre eurasismo y atlantismo no resume la visión de la geografía sagrada según Alexander Duguin. Ésta también se apoya en los dualismos Oriente – Occidente y Norte – Sur. Para el cantor del eurasianismo, Oriente encarna el arcaísmo, la tradición y la primacía de lo supra individual sobre el individuo. Occidente representa por el contrario el progreso material, la modernidad y el individualismo. Fiel a las representaciones geográficas de numerosas tradiciones (bíblica, egipcia, iraní o incluso china), esta oposición es también corroborada por las representaciones contemporáneas frecuentes del «mundo occidental» y del Oriente. Sin embargo, en la geografía sagrada, son los valores orientales los que son superiores a los valores occidentales. Podemos observar el exacto inverso en la geopolítica moderna, para la cual los valores occidentales de la democracia liberal y de los individualistas derechos del hombre asociados a una estricta economía de mercado son erigidos en modelo.
Está claro aquí que para estos señores queda planteada la «superioridad» de Oriente sobre Occidente, sin hacer la menor distinción al respecto, en cuanto a ÉPOCAS, o MOMENTOS HISTÓRICOS, y TRADICIÓN y TRADICIONES.
Por supuesto no somos defensores de la modernidad, ni del liberalismo, ni de la civilización moderna y actual “occidental y cristiana”; menos aún de la democracia ni del actual sistema parlamentario y de partidos políticos… Claro que no. Pero trastocar la virtud de la Esperanza, poniéndola en objetos falsos y estériles tampoco es recomendable.
La tradición del Norte
A los ojos de Duguin, la pareja Oriente – Occidente no sería sin embargo más que una transposición horizontal tardía de la pareja geográfica que opone el norte y el sur. Tierra divina por excelencia, el Norte sería la tierra del espíritu y del ser. Si niega la idea de un Norte puramente objetivo, que únicamente designaría un polo geográfico, el filósofo ruso rechaza no obstante la definición del Norte reducido a una idea. Ciertamente, la tradición primordial procedería del norte geográfico, pero esta época quedó atrás. El hombre del Norte, casi divino, hoy habría desaparecido como tal, pero siempre estaría presente de modo difuso y en proporciones variables en el seno de todos los pueblos. Lo mismo ocurre con el hombre del Sur, que encarna la tendencia al materialismo y a la idolatría. Si el hombre del Sur venera el cosmos, a menudo bajo la forma de la Tierra – Madre, lo aprehende sólo por su instinto y se muestra incapaz de comprender la parte espiritual. Estos dos tipos de hombre no se opondrían hoy frontalmente sino en el interior mismo de pueblos y civilizaciones. En cualquier caso, esta oposición no puede ser comparada con un combate maniqueo del bien contra el mal. El Norte y el Sur son complementarios, el primero encarnándose en el segundo. Sin embargo, Duguin considera que el respeto del orden divino necesita la superioridad del principio espiritual del Norte sobre el principio material del Sur.
El párrafo anterior contiene lo que nos parece otro de los intentos de Duguin en adaptar ancestrales conceptos (provenientes ciertamente de la más Antigua Sabiduría), a sus propias ideas. Es decir que, en realidad, de lo que trata todo esto es de una melange de ideas tomadas en distintos ámbitos y épocas del pensamiento, incluso desde la más remota antigüedad, que luego son pasadas por el tamiz de las ideas duguinescas de «restauracionismo mesiánico», y dan como resultante, las vaguedades y acomodaciones al arbitrio que estamos denunciado respecto del pensamiento y de las propuestas de Alexander Duguin.
Estas ideas, nos parecen tan peligrosas como el «atlantismo judaico» que pretenden combatir. El de Duguin es un «euroasianismo judaico»; y es precisamente en ese ELEMENTO JUDAICO, donde radica el peligro. Y siempre es lo mismo.

Porque el verdadero problema (del cual Duguin no habla) es LA JUDAIZACIÓN DE LOS PUEBLOS CRISTIANOS y del mundo entero.
Por lo tanto, nosotros no perdamos de vista ni permitamos que desvíen nuestra atención del “enemigo principal…”, del que hablaba Carl Schmitd. El judío y sus esfuerzos judaizantes.
Aunque la oposición entre el Norte y el Sur prima sobre la del Este y el Oeste, el estratega ruso observa que la primera pareja toma una coloración diferente según las transposiciones geográficas que se produzcan. Diversas combinaciones pueden ser formadas por la espiritualidad del Norte, el materialismo del Sur, el holismo del Este y el individualismo del Oeste. Duguin establece así que los valores sagrados del Norte son conservados estérilmente por el Sur, destacados por el Este y fragmentados por el Oeste. En cuanto a los valores del Sur, según su medio de inmersión opacan el espíritu del Norte, transforman el holismo oriental en negación pura del individuo, y generan un materialismo individualista en Occidente. Es bajo esta última forma como la modernidad occidental aparece a los ojos del filósofo eurasianista. Fruto de la combinación más negativa de la geografía sagrada, el supuesto éxito de los países occidentales esencialmente situados sin embargo en el norte geográfico, predica valores opuestos a la tradición. Esta inversión de los polos constituiría una característica de la edad sombría, o Kali Yuga, en la cual se encontraría el mundo hoy.
Como vemos, Duguin y su mentor también hacen referencia al KALI YUGA. Y por cierto que su pensamiento aparenta, o tiene un cierto tono «apocalíptico»… pero NO ES APOCALÍPTICO en el sentido verdadero y cristiano del término. Duguin no hace ni el menor intento por «cristianizar» las ideas «finalistas» del Kali Yuga. Al contrario…, coloca lo «apocalíptico» dentro del ámbito de interpretaciones orientales corrompidas por la distorsión que los siglos provocaron en la mentalidad de los pueblos desarraigados de la Verdad.

Lo que demuestra también que Duguin no es tradicionalista.
Sin embargo, Alexander Duguin no considera que la salvación deba venir del Sur. Estéril por esencia, éste sería únicamente apto para conservar fragmentos de la tradición nórdica que la mística rusa percibe en el mundo islámico, en la India hinduista, incluso en China a pesar de su conversión parcial a la modernidad. La salvación vendría pues de la alianza entre este sur conservador y los islotes de tradición auténtica todavía presentes en el norte, y particularmente en el nordeste. Duguin sitúa pues en el mundo ruso el corazón actual de la tradición y de la lucha contra la modernidad. Incluyendo Rusia, pero igualmente sus periferias diversas, el mundo ruso reuniría cualidades geográficas (estar situado en el nordeste en el sentido de la geografía sagrada), religiosas (ortodoxia, islam euroasianista, judaísmo ruso) y las características de una potencia telúrica que le permitirían desempeñar un papel determinante en la lucha contra la modernidad atlantista, occidental y opuesta al espíritu del Norte.
Siguen las acomodaciones e incluso contradicciones (algunas muy notables) en el texto, y una manipulación de antiguas y muy respetables tradiciones (con el fin de obtener fundamentos para sus inconsistentes ideas).
Sólo nos referiremos a una cosa: Duguin afirma que «La salvación vendría pues de la alianza entre este sur conservador y los islotes de tradición auténtica todavía presentes en el norte, y particularmente en el nordeste.»
¿En el nordeste…? Claro: en Rusia. El mesianismo duguinesco es obsesivamente rusófilo.
La verdad es que si vamos a hablar de salvación, resulta ser que la SALVACIÓN ya vino hace más de 2000 años, y ES CRISTO; y VUELVE; y restaura todas las cosas en Él, inaugurando los Mil Años; pero antes sangre y fuego; dolores y lágrimas.
No hay salvación posible surgida de ideas estrambóticas para este mundo. Ni del liberalismo, ni del comunismo, ni del bolcheviquismo, ni del judaísmo, ni de ninguna otra. Es por eso que no puede haber restauración. Primero porque está escrito. Y segundo porque, aunque no estuviera escrito, hasta el sentido común muestra que es imposible remontar una pendiente que cada día verticaliza aún más el ángulo de caída.
Harían bien, aquellos a los que les parezca interesante o seductor el pensamiento de Duguin, en leerse entero el primer capítulo del Evangelio de San Juan, y seguidamente el Apocalipsis del mismo sagrado autor…, para aprender de dónde viene la Salvación.
Y bastaría con que observaran la “inercia revolucionaria” para ver hacia dónde van las cosas y cómo concluirán; sin que exista ni la menor posibilidad de restauraciones ni de mesianismos a la violeta.
