CONSERVANDO LOS RESTOS
SUMA TEOLÓGICA
Ia Parte
Cuestión 14
LA CIENCIA DIVINA
Continuación
ARTÍCULO 5
¿Conoce Dios lo distinto a Él?
Objeciones por las que parece que Dios no conoce lo distinto a El:
1ª. Todo lo que no es Dios está fuera de Él. Pero Agustín, en el libro Octoginta trium quaest., dice: Dios no ve nada fuera de sí mismo. Luego no conoce lo distinto a Él.
2ª. Lo conocido perfecciona al que conoce. Luego, si Dios conociera lo distinto a Él, algo perfeccionaría a Dios y sería más noble que Él mismo. Lo cual es imposible.
3ª. El mismo conocer toma su especie de lo inteligible, como todo acto lo hace de su objeto. De ahí que el conocer sea tanto más noble cuando lo sea lo que se conoce. Pero, como se ha dicho (a. 4), Dios es su mismo entender. Así, pues, si Dios conoce algo distinto de sí mismo, el mismo Dios quedará especificado por algo distinto de sí mismo. Esto es imposible. Por lo tanto, no conoce lo distinto de sí mismo.
Contra esto está: lo que se dice en Heb., 4, 13: Todo está desnudo y abierto ante tus ojos.
Respondo: Es necesario que Dios conozca lo distinto a Él.
Es evidente que Él se conoce a sí mismo perfectamente: en caso contrario, su ser no sería perfecto, ya que su ser es su entender.
Si algo se conoce perfectamente, es necesario que conozca también perfectamente su capacidad. Pero la capacidad de algo no se puede conocer perfectamente a no ser que se conozca aquello a lo que llega tal capacidad.
Por lo tanto, como quiera que la capacidad divina se extiende a otras cosas, pues es la primera causa efectiva de todo, es necesario que Dios conozca lo distinto a Él.
Y esto se prueba también, si se añade que el mismo ser de la causa agente primera, Dios, es su mismo entender.
Por lo tanto, como quiera que todos los efectos preexisten en Dios como en su causa primera, es necesario que también estén en su mismo conocer y que todo esté en Él de modo inteligible.
Pues todo lo que está en otro está según el modo de ser de ese otro.
Para saber cómo conoce algo distinto a Él, hay que tener presente que algo puede ser conocido de una doble manera: Una, en sí mismo; otra, en otro.
Se conoce algo en sí mismo cuando lo conocemos por su propia especie adecuada a lo cognoscible. Ejemplo: El ojo ve al hombre por la especie de hombre.
Se conoce algo en otro cuando se ve lo que se ve por la especie del que la contiene. Ejemplo: la parte se ve en el todo por la especie del todo, el hombre se ve en el espejo por la especie del espejo, o de cualquier otro modo que contenga algo en que se ve en otro.
Por lo tanto, hay que decir que Dios se ve en sí mismo porque se ve por su esencia.
Las cosas distintas a Él las ve no en sí mismas, sino en sí mismo, en cuanto que su esencia contiene la imagen de lo que no es Él.
Respuesta a las objeciones:
1ª. La frase de Agustín cuando dice que Dios no ve nada fuera de sí mismo, no hay que entenderla como si no conociera nada existente fuera de Él mismo, sino que la dice porque lo que existe fuera de sí mismo no lo ve más que en sí mismo, como acabamos de decir.
2ª. Lo conocido perfecciona al que conoce, no sustancialmente, sino específicamente, esto es, tal como está la especie en el entendimiento, como su forma y perfección: La piedra no está en el alma, sino su especie, como se dice en III De Anima. Lo que es distinto de Dios es conocido por Dios en cuanto que la esencia de Dios contiene toda especie. Por lo tanto, no puede deducirse que algo, a excepción de la misma esencia de Dios, perfeccione el entendimiento divino.
3ª. El conocer no se especifica por lo que se conoce en otro, sino por el objeto principal en el que se contiene lo demás. Pues el entendimiento se especifica por su objeto tanto en cuanto la forma inteligible es principio de la operación intelectual: pues toda operación se especifica por la forma que es principio de la operación, como la calefacción por el calor. Por lo tanto, la operación intelectual se especificará por aquella forma inteligible que pone en acto al entendimiento. Y ésta es la especie principal de lo entendido; y que en Dios no es más que su esencia en la que están comprendidas todas las especies. Consecuentemente, no es necesario que el entender divino, o mejor, el mismo Dios, se especifique por algo que no sea la esencia divina.
<>
ARTÍCULO 6
¿Conoce Dios con conocimiento propio lo distinto a Él?
Objeciones por las que parece que Dios no conoce con conocimiento propio lo distinto a Él:
1ª. Como se dijo (a.5), Dios conoce lo distinto a Él tal como está en Él mismo. Pero lo distinto a Él está en Él como en la primera causa general y universal. Luego lo distinto a Él es conocido por Dios como estando en la causa primera y universal. Por lo tanto, Dios conoce en general lo distinto a Él, no con un conocimiento propio.
2ª. Cuanto dista la esencia de la criatura de la esencia divina, tanto dista Ésta de la primera. Pero la esencia divina no puede ser conocida por la esencia de lo creado. Luego tampoco la esencia de lo creado puede ser conocida por la esencia divina. Por lo tanto, como quiera que Dios no conoce más que por su esencia, se sigue que no conoce a la criatura esencialmente, es decir, que no conoce lo que es, pues esto es lo que significa tener un conocimiento propio.
3ª. No se tiene conocimiento propio de algo más que por su concepto propio. Pero, como quiera que Dios lo conoce todo por su esencia, no parece que lo conozca por su concepto propio; pues el mismo concepto propio no lo puede ser de cosas múltiples y diversas. Luego Dios no tiene de las cosas un conocimiento propio, sino general; ya que no conocer algo por su concepto propio es conocerlo sólo en general.
Contra esto: tener conocimiento propio de las cosas es conocerlas, no sólo en general, sino en cuanto distintas unas de otras. Y así las conoce Dios. Por eso se dice en Heb., 4, 12s: Penetra hasta el punto de la división del espíritu y del alma, de órganos y medula, juzga pensamientos y sentimientos. No hay criatura que escape a su mirada.
Respondo: Sobre esto algunos se equivocaron diciendo que Dios no conoce lo distinto a Él más que con un conocimiento general, es decir, en cuanto que son seres.
Pues, así como si el fuego se conociera a sí mismo como principio del calor, conocería la naturaleza del calor y todo lo demás en cuanto que es caliente, así también Dios, en cuanto que se conoce a sí mismo como principio de ser, conoce la naturaleza del ser y todo lo demás en cuanto que es ser.
Pero esto no es posible. Pues conocer algo en general y no específicamente es conocerlo de forma imperfecta.
Por eso, nuestro entendimiento, mientras pasa de la potencia al acto, tiene un conocimiento general y confuso de las cosas antes que un conocimiento propio, como un paso de lo imperfecto a lo perfecto, tal como consta en I Physic.
Así, pues, si el conocimiento que Dios tiene de lo distinto a Él fuera sólo general y no específico, se seguiría que su entendimiento no es absolutamente perfecto, y, consecuentemente, no es su mismo ser; lo cual va contra todo lo que ya quedó demostrado.
Así, pues, es obligatorio afirmar que conoce lo distinto a Él con conocimiento propio, y no sólo por la coincidencia conceptual de ser, sino en cuanto que un ser se distingue de otro.
Para probar esto hay que tener presente que algunos, queriendo mostrar que Dios en uno conoce a muchos, utilizan algunos ejemplos. Como: Si el centro se conociera a sí mismo, conocería todas las líneas que salen del centro; o: Si la luz se conociera a sí misma, conocería todos los colores. Pero tales ejemplos son válidos en cuanto que se parecen a algo, como puede ser la causalidad universal; sin embargo son insuficientes, porque la multiplicidad y la diversidad no son causadas por aquel principio universal en cuanto que no es el principio de diversificación, sino sólo de lo que hay en común. Pues la diversidad de colores no la produce la luz del sol, sino la diversa diafanidad del que la recibe. Lo mismo puede decirse de las diversas líneas y de su diversa situación.
De todo esto se deduce que la diversidad y multiplicidad no puede ser conocida, en su principio, con conocimiento propio, sino sólo general.
Pero en Dios no sucede así. Pues ya quedó demostrado, que cualquier perfección que hay en cualquier criatura, preexiste y está contenida totalmente en Dios de modo sublime.
Además, no sólo aquello en lo que las criaturas coinciden, como el ser, pertenece a la perfección; sino también todo aquello en que se distinguen, como vivir, entender, y todo aquello por lo que se distinguen los vivientes de los que no tienen vida, los dotados de entendimiento de los que no lo tienen.
Y toda forma, por la que una cosa queda constituida en su propia especie, es una determinada perfección.
Así, todo preexiste en Dios, no sólo en lo que tienen de común las cosas, sino también aquello en lo que se distinguen realmente.
Así, como quiera que Dios contiene todas las perfecciones, se compara la esencia de Dios a todas las esencias de las cosas, pero no como lo general a lo particular, como puede ser la unidad a los números o el centro a las líneas; sino como el acto perfecto a los imperfectos, como si dijéramos, el hombre al animal; o el seis, que es número perfecto, a los números imperfectos que contiene.
Es evidente que los actos imperfectos pueden ser conocidos, no sólo en general, sino también con conocimiento propio por el acto perfecto. Como el que conoce al hombre, conoce al animal con conocimiento propio; y el que conoce el seis, conoce el tres con conocimiento propio.
Así, pues, como la esencia de Dios tiene en sí misma todas las perfecciones que tiene la esencia de cualquier otra cosa, y muchas más, Dios puede, en sí mismo, conocerlo todo con conocimiento propio. Pues la naturaleza propia de alguna cosa consiste en que de algún modo participa de la naturaleza divina.
Además, Dios no se conocería a sí mismo perfectamente si no conociera perfectamente todo lo que puede ser participada su perfección por otros. Como tampoco conocería perfectamente la naturaleza de su ser si no conociera todos los modos de ser.
Por lo tanto, es evidente que Dios conoce todas las cosas con conocimiento propio, en cuanto unas se distinguen de otras.
Respuesta a las objeciones:
1ª. Conocer algo tal como está en quien conoce, puede ser entendido de dos maneras:
1) Una, cuando el adverbio tal como se refiere al modo de conocimiento por parte de lo conocido. Entonces el tal como es falso. Pues no siempre quien conoce, conoce lo conocido según aquel ser que tiene en su conocimiento. Ejemplo: El ojo no conoce una piedra según el ser que tiene en el ojo, sino que, por la especie de piedra que tiene en sí, conoce la piedra según el ser que tiene fuera del ojo. Y si alguien conoce lo conocido según el modo de ser que tiene en él, no por eso deja de conocerlo según el que tiene fuera. Ejemplo: Nuestro entendimiento conoce una piedra como el ser inteligible que tiene en el entendimiento, en cuanto conoce que conoce. Pero no por eso conoce lo que es la piedra en su propia naturaleza.
2) Otra manera es: Cuando el adverbio tal como se refiere al modo de conocimiento por parte del que conoce, es verdad que así sólo el que conoce, conoce lo conocido; porque cuanto más perfecto está lo conocido en quien conoce, tanto más perfecto es el modo de conocer.
Así pues, hay que decir que Dios no sólo conoce las cosas tal como están en Él mismo, sino que, en cuanto que en sí mismo contiene las cosas, las conoce en su propia naturaleza. Y tanto más perfectamente cuanto más perfectamente están en Él cada una de ellas.
2ª. La esencia de la criatura se compara a la esencia de Dios como el acto imperfecto al perfecto. Así, la esencia de la criatura no lleva suficientemente al conocimiento de la esencia divina, pero sí al revés.
3ª. Lo mismo no puede ser tomado como concepto adecuado de realidades diversas. Pero la esencia divina es algo que sobrepasa todas las criaturas. Por tanto, puede ser tomada como concepto propio de todo en cuanto que de varias formas la pueden imitar y participar.
<>
ARTÍCULO 7
La ciencia de Dios, ¿es discursiva?
Objeciones por las que parece que la ciencia de Dios es discursiva:
1ª. El saber de Dios no es un saber habitual, sino un conocer en acto. Pero, según el Filósofo en II Topic., el saber habitual abarca muchas cosas a un tiempo, pero el conocer en acto, una sola. Como quiera que Dios conoce muchas cosas, a sí mismo y a los demás, como quedó demostrado, parece que no lo conoce todo a un tiempo, sino que su conocer lleva un orden pasando de una cosa a otra.
2ª. Más aún. Conocer el efecto por la causa es un saber discursivo. Pero Dios lo conoce todo por sí mismo, como el efecto por la causa. Luego su conocer es discursivo.
3ª. Dios conoce cualquier cosa mucho más perfectamente que como la conocemos nosotros. Pero nosotros conocemos los efectos de las causas creadas, y así pasamos de las causas a lo causado. Luego algo parecido sucede en Dios.
Contra esto está: lo que dice Agustín en XV De Trin.: Dios no ve las fosas de una en una, o pasando la mirada de aquí a allá, o de esto a aquello, sino que todo lo ve a un tiempo.
Respondo: En el conocer divino no hay ningún proceso discursivo. Se demuestra de la siguiente manera.
En nuestro conocer hay un doble proceso discursivo.
Uno, centrado sólo en la sucesión. Ejemplo: Cuando conocemos algo, pasamos a conocer otra cosa.
Otro, centrado en la causalidad. Ejemplo: Por los principios llegamos a unas conclusiones.
El primer proceso discursivo no puede corresponderle a Dios. Pues muchas cosas que nosotros conocemos sucesivamente cuando consideramos cada una en particular, las entendemos todas a la vez cuando están en un solo objeto. Ejemplo: Cuando entendemos las partes presentes en el todo, o cuando vemos diversas imágenes en un espejo.
Como quedó establecido, Dios lo ve todo en uno solo, Él mismo. Por lo tanto, todo lo ve a un tiempo, no sucesivamente.
Lo mismo puede decirse del segundo proceso, pues tampoco le corresponde a Dios.
1) En primer lugar, porque el segundo proceso presupone el primero, pues pasar de los principios a las conclusiones implica que no se consideran a un tiempo.
2) En segundo lugar, porque tal proceso discursivo pasa de lo conocido a lo ignorado. Por lo cual, resulta evidente que, cuando se conoce lo primero, todavía se ignora lo segundo. Así, lo segundo no se conoce en lo primero, sino a partir de lo primero. El proceso discursivo tiene su final cuando, reduciendo los efectos a las causas, se ve lo segundo en lo primero. Entonces acaba el proceso discursivo.
Por lo tanto, como Dios ve sus efectos en sí mismo como en la causa, su conocer no es discursivo.
Respuesta a las objeciones:
1ª. Si bien es cierto que el acto de entender en sí mismo es uno solo, sin embargo, como ya se dijo, pueden conocerse muchas cosas en una sola.
2ª. Dios no conoce efectos ignorados porque conozca con anterioridad la causa, sino que los conoce en la causa. Por lo tanto, como ya se dijo, su conocer no es discursivo.
3ª. Dios ve los efectos de las causas creadas en sus mismas causas mucho mejor que nosotros. Sin embargo, el conocimiento que tiene de los efectos no es producido, como en nosotros, por el conocimiento de las causas creadas. Por lo tanto, su ciencia no es discursiva.
<>
ARTÍCULO 8
La ciencia de Dios, ¿es causa de las cosas?
Objeciones por las que parece que la ciencia de Dios no es causa de las cosas:
1ª. Dice Orígenes en su comentario a la carta Ad Rom.: No sucederá algo porque Dios conozca el futuro; sino porque el futuro existe antes de que sea presente ya es conocido por Dios.
2ª. Establecida la causa, le sigue el efecto. Pero la ciencia de Dios es eterna. Luego si la ciencia de Dios es la causa de las cosas creadas, parece que lo creado exista desde la eternidad.
3ª. Como se dice en X Metaphys.: Lo cognoscible es anterior a la ciencia; también es su medida. Pero lo que es posterior y medido, no puede ser causa. Luego la ciencia de Dios no es causa de las cosas.
Contra esto está: lo que dice Agustín en XV De Trin.: Todas las criaturas, espirituales y materiales, no porque existan las conoce Dios, sino que existen porque las conoce.
Respondo: La ciencia de Dios es la causa de las cosas. Pues la ciencia de Dios es a las cosas creadas lo que la ciencia del artista a su obra.
La ciencia del artista es causa de sus obras; y puesto que el artista realiza su obra porque le guía su pensamiento, es necesario que la forma del entendimiento sea principio de operación como el calor lo es de la calefacción.
Pero hay que tener presente que la forma natural, en cuanto forma que permanece en aquello a lo que da existencia, no es principio de acción, sino que tiende al efecto. De manera parecida, la forma inteligible no es principio de acción en cuanto que está en el que conoce, a no ser que se le añada una tendencia al efecto, cosa que sucede por la voluntad.
Como quiera que la forma inteligible puede representar cosas opuestas (pues el conocimiento de cosas opuestas es el mismo), no producirá un efecto determinado a no ser que estuviera determinado para ello por el apetito, como se dice en IX Metaphys.
Es evidente que Dios causa las cosas por su conocer, pues su conocer es su ser. Por lo tanto, es necesario que su ciencia sea causa de las cosas, pues la tiene unida a la voluntad.
De ahí que la ciencia de Dios, en cuanto causa de las cosas, suela ser llamada ciencia de aprobación.
Respuesta a las objeciones:
1ª. Lo expresado por Orígenes va referido al concepto de ciencia que no conlleva causalidad a no ser que esté unida a la voluntad, como se dijo. Con respecto a que Dios conoce previamente algo que sucederá, hay que entenderlo como causalidad de consecuencia, no de existencia. Por lo tanto, algunas cosas sucederán porque Dios ya lo sabe; sin embargo, que vayan a suceder no es la causa de que Dios lo sepa.
2ª. La ciencia de Dios es causa de las cosas en cuanto que las cosas están en su ciencia. Pero no estuvo en la ciencia de Dios el que las cosas existieran desde la eternidad. Por lo tanto, aun cuando la ciencia de Dios sea eterna, no se sigue que las cosas existan desde la eternidad.
3ª. Las cosas naturales son el punto medio entre la ciencia de Dios y la nuestra. Pues nosotros adquirimos la ciencia a partir de las cosas naturales cuya causa es Dios por su ciencia. Por lo tanto, así como las cosas naturales que pueden ser conocidas son anteriores a nuestra ciencia y también su medida, así también la ciencia de Dios es anterior a las cosas naturales y su medida. Sucede algo así como un edificio que es el punto medio entre la ciencia del arquitecto que lo hizo y la ciencia de aquel que lo conoce después de hecho.

