EN HONOR A LA VERDAD

¿Debió ser circuncidado Jesucristo?
SI
¿Por qué?
RESPUESTA DOCTRINAL
Justificación teológica: IIIª Parte, Cuestión 37ª, Artículo 1º:
Objeciones por las que parece que Cristo no debió ser circuncidado:
1ª. Cuando llega la verdad, cesa la figura. Ahora bien, la circuncisión fue impuesta a Abrahán en señal de la alianza que se establecía con la descendencia que nacería de él, como se ve por Gén., 17. Y esta alianza se cumplió con el nacimiento de Cristo. Luego la circuncisión debió cesar al instante.
2ª. Toda acción de Cristo es una instrucción para nosotros; por lo cual se dice en Jn., 13, 15: Ejemplo os he dado para que, como yo hice, hagáis también vosotros. Pero nosotros no debemos ser circuncidados, según palabras de Gal., 5, 2: Si os circuncidáis, Cristo no os servirá para nada. Luego parece que ni Cristo debió ser circuncidado.
3ª. La circuncisión se ordena al remedio del pecado original. Pero Cristo no contrajo tal pecado. Luego Cristo no debió ser circuncidado.
Contra esto: está lo que se dice en Lc., 2, 21: Cuando se cumplieron ocho días para circuncidar al Niño.
Respondo: Hay que decir que Cristo debió ser circuncidado por muchos motivos.
Primero, para demostrar la verdad de su carne humana, contra Maní, que sostuvo que Aquél tuvo un cuerpo fantástico; y contra Apolinar, que defendió que el cuerpo de Cristo era consustancial con la divinidad; y contra Valentín, que afirmó que Cristo trajo su cuerpo del cielo.
Segundo, para dar por buena la circuncisión, instituida antiguamente por Dios.
Tercero, para demostrar que era de la raza de Abrahán, la cual había recibido el precepto de la circuncisión en señal de la fe que había tenido en Él.
Cuarto, para quitar a los judíos el pretexto de no aceptarle si hubiera sido un incircunciso.
Quinto, para recomendarnos con su ejemplo la virtud de la obediencia. Por eso fue circuncidado al octavo día, como estaba mandado en la ley (Lev., 12, 3).
Sexto, para que el que había venido en semejanza de carne de pecado, no desdeñase el remedio con que se había acostumbrado a purificar la carne de pecado.
Séptimo, para que, cargando sobre sí el peso de la ley, librase a los demás de la carga de la misma, conforme a las palabras de Gal., 4, 4-5: Dios envió a su Hijo, nacido bajo la ley, para que rescatara a los que estaban bajo la ley.
A las objeciones:
1ª. La circuncisión, que consiste en la ablación del prepucio del órgano de la generación, significaba el despojo de la vieja generación, de la que somos liberados por la pasión de Cristo. Y por eso la realidad de esta figura no se cumplió plenamente en el nacimiento de Cristo, sino en su pasión, antes de la que la circuncisión mantenía su virtud y su posición. Y, por ese motivo, fue conveniente que Cristo, antes de su pasión, fuese circuncidado como hijo de Abrahán.
2ª. Cristo asumió la circuncisión en el tiempo en que estaba preceptuada. Y por eso su acción debe ser imitada por nosotros en el sentido de que observemos las cosas que están mandadas en nuestro tiempo. Porque como se dice en Ecl., 8, 6: Para cada negocio hay un tiempo y una oportunidad.
Y además porque, según dice Orígenes, como hemos muerto con Cristo cuando Él murió, y hemos conresucitado con Él cuando resucitó, así hemos sido circuncidados con una circuncisión espiritual por medio de Cristo. Y por este motivo no tenemos necesidad de una circuncisión carnal. Y esto es lo que enseña el Apóstol en Col., 2, 12: En el cual, es decir, en Cristo, fuisteis circuncidados con una circuncisión no hecha a mano por despojo del cuerpo carnal, sino con la circuncisión de Nuestro Señor Jesucristo.
3ª. Como Cristo asumió por propia voluntad nuestra muerte, que es efecto del pecado, sin tener Él ningún pecado, para librarnos de la muerte y para hacernos morir espiritualmente al pecado, así también asumió la circuncisión, instituida para remedio del pecado original, sin tener Él tal pecado, con el fin de librarnos del yugo de la ley y para realizar en nosotros la circuncisión espiritual, es a saber: para que, tomando la figura, cumpliese la realidad.
De un total de 82 respuestas:
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Según esta estadística la mayoría contestó correctamente.
Insistimos en la importancia de conocer la doctrina de nuestra Iglesia para conservar intacta nuestra fe como nos ha sido mandado por Nuestro Señor y, de esta manera, no correr el riesgo de ser engañados por los errores, que pueden llevarnos a una eternidad sin Dios.
