LA ARMADURA DE DIOS
LA VIRGEN MARÍA
Y SU PATRONATO EN AMÉRICA
NUESTRA SEÑORA DEL SANTÍSIMO ROSARIO
PATRONA DE GUATEMALA
La devoción a María bajo la advocación de la Virgen del Rosario, se remonta al medioevo y cobra fuerza durante el Renacimiento.
En Guatemala, con el establecimiento de los dominicos en Ciudad Vieja, Almolonga, se empezó a difundir la tradición del rezo del Rosario. La primera cofradía del Rosario fue fundada en 1559.
Francisco Marroquín, primer obispo consagrado de América, exhortó al pueblo de Santiago, hoy Antigua Guatemala, a «que sería conveniente se erigiese en la iglesia de Santo Domingo la Confraternidad del Rosario, como había en muchos conventos de la Orden, para que ahí se extendiese tan santa devoción».
Siglos atrás, Santo Domingo de Guzmán y la Orden de Predicadores habían difundido la devoción en España, Portugal e Italia.
Fray Lope de Montoya, predicador dominico en Guatemala, mandó esculpir en madera y plata la imagen de la Virgen del Rosario, terminada en diciembre de 1592.
No se conoce el nombre del escultor guatemalteco que esculpió tan maravillosa imagen. Según Antonio de Remesal, «era el mejor que existía en su tiempo en Indias, 1619». Su forma original no puede ser apreciada, pues la imagen se presenta a los fieles revestida de elaboradas vestiduras y adornos.
Antonio de Fuentes y Guzmán escribiría más tarde: «Tiene dos varas de alto y lleva en sus brazos un niño, como de un mes, dormido, de movimiento tan natural, tan vivo y halagüeño…», también lleva un gran rosario en la mano derecha.
La tradición popular dice que la Virgen María salió a recorrer América y el Niño se durmió al llegar a Guatemala, por eso se quedó en la imagen así.
La imagen es producto de la orfebrería colonial. Es típicamente barroca y representa a María Reina del cielo y tierra, con manto y corona imperial, y con el cetro en sus manos. Completa el cuadro la luna bajo sus pies, símbolo de pureza inmaculada.
La Virgen tiene un hermoso rostro que, según cuentan sus devotos, cambia su color rosado encendido a otro mucho más pálido cuando surge algún conflicto o se aproxima alguna desgracia para la nación.
Fue declarada patrona de Santiago, hoy Antigua Guatemala, en 1651 con ocasión de los temblores que azotaron la ciudad.
Luego, en 1717 y 1773, la imagen fue restaurada, debido a los daños ocasionados por los terremotos de Santa Marta.
El 1 de enero de 1776, con la instalación de los dominicos en la Nueva Guatemala, hoy la capital del país, la imagen fue trasladada al templo de Santo Domingo en la ciudad de Guatemala, donde se encuentra actualmente.
Este templo que fue bendito en 1808, es de estilo neoclásico, aunque con reminiscencias barrocas. Los caudillos de la independencia la escogieron en 1821 como Patrona, cuando reunidos en los claustros de Belén, bajo las órdenes de Juan de la Concepción, determinaron liberar a su país.
Durante el tiempo de la colonia su cofradía fue una de las más grandes de todo el territorio.
La Virgen del Rosario fue solemnemente declarada «Reina de Guatemala» en 1833 y coronada canónicamente por monseñor Luis Durou y Sure el 28 de enero de 1934.
La gran ceremonia tuvo lugar en la plaza principal, al frente de la fachada de la Catedral, por autorización del Papa Pío XI.
La coronación de la imagen debió hacerse al aire libre pues no se halló ningún templo lo suficientemente grande para albergar a la multitud.
La corona que el Arzobispo le colocó sobre la cabeza de la bendita imagen, es una valiosa obra de orfebrería que manifiesta la devoción y el entusiasmo popular de los guatemaltecos.
Los artistas que la confeccionaron utilizaron entre otras piedras preciosas, 121 esmeraldas, 44 brillantes, 80 perlas y una rosa de oro.
En 1992, a 400 años de que la imagen fuera terminada, fue nombrada Alcaldesa Perpetua de la Ciudad de Guatemala. Dentro del Camarín, luce la vara edilicia que le fuera otorgada junto al honroso título.
Las indulgencias
La fama del culto suntuoso que se daba a la encantadora imagen de la Virgen del Rosario de Santo Domingo, llego hasta Roma, y el Papa Clemente VIII, conmovido por los informes de tanta devoción, indulgenció la Capilla de Nuestra Señora del Rosario en Antigua Guatemala, comunicándole todas las gracias e indulgencias que el Santuario de San Juan de Letrán en Roma tiene concedidas y todas las que se le concederán.
Más tarde, a petición del Rey de España, el Santo Padre le concedió en 1650 un Jubileo Extraordinario para el Rosario, escogiéndose el 12 de febrero del año siguiente para ganarlo. Se realizó una magna procesión de Santo Domingo a la Catedral, la cual resultó más grandiosa y magnifica de los que se esperaba.
De regreso a Santo Domingo colocaron a la Virgen en el Presbiterio a petición de los fieles, que estaban entusiasmados. Se formaron turnos para acompañarla hasta el día 19 en que regresaría a su Capilla.
Pero el día 18, entre 12 y 13 del mediodía, sobrevino un gran terremoto que parecía se hundía la ciudad y que se acababa el mundo. Sacaron luego a la imagen a la plazuela del Convento y se estableció una guardia perpetua, rezándole el Rosario para que interviniera ante la Clemencia Divina.
Con motivo de los terremotos se comenzó a rezar el Santo Rosario todos los días en la Iglesia de Santo Domingo, costumbre que aún se conserva.
Con ocasión de la protección obtenida en los terremotos de 1651, la Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala votó y juró a la Virgen del Rosario de la Cofradía del Convento de Santo Domingo por “Patrona de la Ciudad contra los terremotos”.
Siempre que hacía erupción el volcán de fuego o temblaba en la ciudad, acudían los vecinos a postrarse a los pies de la Virgen del Rosario.
Así lo intentaron hacer la noche terrible del 29 de septiembre de 1717, al sentir la primera sacudida. Quisieron entrar al templo, pero por milagro las llaves no aparecieron; y cuando todos comenzaron a retirarse acongojados porque no habían podido entrar, sobrevino el segundo y más fuerte temblor, desplomándose por completo la cúpula de la Iglesia, sin que hubiera desgracias personales.
Algunos religiosos entraron a explorar cómo había quedado la Capilla y encontraron a la Virgen intacta. Sacaron a la Virgen y levantaron una Capilla grande de paja a donde la trasladaron, celebrando allí los oficios divinos.
Cayó ese año la Solemnidad del Santísimo Rosario, primer domingo, el día 3 de octubre. Se celebró con la mayor solemnidad, conforme lo permitieron las circunstancias, en acción de gracias por la protección que les dispenso la espantosa noche de San Miguel Arcángel.
Antes de la Misa mayor llevaron en procesión a la Virgen por el campo que estaba lleno de tiendas de campaña, para que consolara a los que allí moraban. Todos se alegraron al verla y olvidaron por un instante sus penas. Fue una de las mejores fiestas que se celebraron en la Antigua. Todo el tiempo que la Virgen estuvo en la Iglesia de paja, que fue por más de dos meses, la velaron día y noche rezándole el Rosario.
Las capillas
En 1667 le levantó una nueva Capilla con derroche de arte. Algunos años más tarde se le edifico otra Capilla, quizá la mejor que hubo en la Antigua, y que fuera destruida por completo con el terremoto de Santa Marta en 1773, y la imagen de la Virgen tuvo que ser restaurada a causa de los daños sufridos.
El 1º de enero de 1776, se funda la Nueva Guatemala. En junio de 1778 los dominicos tenían ya una Iglesia provisional construida allí, aunque no se conoce la fecha en que trasladaron a la Virgen del Rosario.
En 1792 se inició la construcción formal del hoy monumental templo de Santo Domingo, habiéndose prolongado su construcción por 16 años.
El 5 de noviembre de 1808, todas las campanas de la ciudad se echaron al vuelo. Con una gran procesión entre calles y casa profusamente adornadas e iluminadas. Bajo descargas de artillería y fuegos artificiales, la Santísima Virgen ingresó al nuevo templo, para ocupar como trono real el camarín principal del altar mayor, teniendo todo el templo como regia capilla.
Las proclamaciones
Con motivo de la solicitud de la autorización de la coronación pontificia de la imagen de la Virgen del Rosario de Guatemala, acompañada por 35.000 firmas que exponen las gracias y méritos recibidos de la Madre, Reina y Patrona de la Nación, el Papa Pío XI concedió el Decreto de Coronación Pontificia de la Virgen del Rosario, reconociéndola como PATRONA DE GUATEMALA.
El digno cargo recayó en Monseñor Luis Durou y Sure, Arzobispo de Guatemala, quien como representante pontificio coronó solemnemente a la imagen el día 28 de enero de 1934, en el atrio de la Catedral Metropolitana.
Varias personas que se encontraban muy cerca del estrado pontifical testificaron que en el momento en que el Señor Arzobispo colocaba la corona en la cabeza de la imagen, ésta la inclinó en un gesto de humildad.
La corona que el Arzobispo le colocó sobre la cabeza de la bendita imagen, es una valiosa obra de orfebrería que manifiesta la devoción y el entusiasmo popular de los guatemaltecos. Los artistas que la confeccionaron utilizaron, entre otras piedras preciosas, 121 esmeraldas, 44 brillantes, 80 perlas y una rosa de oro.



