EN LA ESCUELA DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

CONSERVANDO LOS RESTOS

SUMA TEOLÓGICA

Ia Parte

Cuestión 14

LA CIENCIA DIVINA

Santo Tomas

La cuestión sobre la ciencia divina plantea y exige respuesta a dieciséis problemas:

1º ¿Hay ciencia en Dios?

2º ¿Dios se conoce a sí mismo?

3º ¿Dios se comprende a sí mismo?

4º ¿Su entender es su sustancia?

5º ¿Conoce otras cosas fuera de sí mismo?

6º ¿Tiene de ellas conocimiento propio?

7º ¿La ciencia de Dios es discursiva?

8º ¿La ciencia de Dios es la causa de las cosas?

9º ¿La ciencia de Dios tiene por objeto las cosas que no son?

10º ¿Conoce las cosas malas?

11º ¿Conoce los seres singulares?

12º ¿Conoce los infinitos?

13º ¿Conoce los futuros contingentes?

14º ¿Conoce las cosas enunciables?

15º ¿La ciencia de Dios es variable?

16º ¿La ciencia de las cosas en Dios es especulativa, o práctica?

En cuatro entregas de cuatro artículos cada una estudiaremos es interesante cuestión.

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ARTÍCULO 1

¿Hay ciencia en Dios?

Objeciones por las que parece que en Dios no hay ciencia:

1ª. La ciencia es un hábito, y éste, por ser medio entre la potencia y el acto, no le corresponde a Dios. Por lo tanto, en Dios no hay ciencia.

2ª. La ciencia lo es de conclusiones; por tanto, es un conocimiento causado por otro conocimiento, el de los principios. Pero en Dios no hay nada causado. Por lo tanto, en Dios no hay ciencia.

3ª. Toda ciencia o lo es de lo universal o de lo particular. Pero como resulta evidente por lo ya dicho, en Dios no hay ni universal ni particular. Por lo tanto, en Dios no hay ciencia.

Por el contrario: está lo que dice el Apóstol en Rom., 11, 33: ¡Oh sublime riqueza de la sabiduría y ciencia de Dios!

Respondo: En Dios hay ciencia y del modo más perfecto.

Para probarlo, hay que tener presente que la diferencia entre los seres que tienen conocimiento y los que no lo tienen, estriba en que estos últimos no tienen más que su propia forma, mientras que a aquéllos les es connatural tener también la forma de otra cosa, pues la especie de lo conocido se encuentra en quien conoce.

Así, resulta evidente que la naturaleza de lo que no tiene conocimiento es más reducida y limitada; en cambio, la naturaleza del que tiene conocimiento es más amplia y extensa. Por todo lo cual, Aristóteles dice: En cierto modo el alma lo es todo.

La limitación de la forma se debe a la materia. Por eso, y como ya dijimos, las formas, cuanto más inmateriales son, tanto más se acercan a la infinitud.

Así, pues, queda claro que la inmaterialidad es lo que hace que algo sea cognoscitivo; y según el grado de inmaterialidad, así será el grado de conocimiento.

De ahí que en II De Anima 2 se diga que las plantas, por ser materiales, no tienen conocimiento.

Por su parte, el sentido es cognoscitivo, porque puede recibir especies inmateriales.

Y el entendimiento es todavía más cognoscitivo, porque está más separado de la materia y no se mezcla con ella.

Por lo tanto, Dios, por ser el grado sumo de la inmaterialidad, tiene el grado sumo de conocimiento.

Respuesta a las objeciones:

1ª.Porque las perfecciones que, provenientes de Dios, hay en las criaturas, en Dios están de un modo más sublime, es necesario que, cuando a Dios se le da un nombre tomado de las criaturas, el significado de dicho nombre sea despojado de todo aquello que implica la imperfección existente en la criatura. De ahí que en Dios la ciencia no sea cualidad o hábito, sino sustancia y acto puro.

2ª. Todo aquello que en la criatura es diviso y múltiple, en Dios es único y simple. Por su parte, el hombre tiene diversos conocimientos según la diversidad de lo conocido. Pues, por conocer los principios, se dice que tiene inteligencia. Por conocer las conclusiones, ciencia. Por conocer la causa sublime, sabiduría. Por conocer la vida práctica, consejo o prudencia. Pero Dios de todo esto tiene un conocimiento único y simple, como se demostrará (a.7). De ahí que el conocimiento simple de Dios pueda ser indicado con todos estos nombres. Sin embargo, al darles significación divina, deberán ser despojados de todo lo que implique imperfección, conservando sólo aquello que implique perfección. Así se dice en Job 12,13: En Él están la sabiduría y la fortaleza. De Él son el consejo y la inteligencia.

3ª.La ciencia se acomoda al que conoce; pues lo conocido está en quien conoce acomodándose a su modo de ser. Así, como quiera que el modo de ser de la esencia divina es más sublime que el de las criaturas, la ciencia divina no tiene la acomodación de la ciencia creada, como, por ejemplo, que sea universal o particular, en acto o en potencia, o determinada por este o aquel modo.

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ARTÍCULO 2

¿Se conoce Dios a sí mismo?

Objeciones por las que parece que Dios no se conoce a sí mismo:

1ª. Se dice en el libro De causis: Todo aquel que conoce su esencia retorna del todo a su esencia. Pero Dios no sale de su esencia, ni hay en Él mutabilidad alguna. Por lo tanto, no le corresponde retornar a su esencia. Luego no conoce su esencia.

2ª. Como se dice en el III De Anima 5, conocer es un determinado sentir y cambiar; es también asemejarse a lo conocido; y lo conocido perfecciona al que conoce. Pero nada cambia, ni siente, ni se perfecciona por sí mismo. Ni, como dice Hilario, es imagen de sí mismo. Luego Dios no se conoce a sí mismo.

3ª. Principalmente somos semejantes a Dios por el entendimiento. Porque, como dice Agustín, por el entendimiento manifestamos ser hechos a imagen de Dios. Pero nuestro entendimiento no se conoce a sí mismo, a no ser conociendo otras cosas, como se dice en el III De Anima. Luego tampoco Dios se conoce a sí mismo, a no ser, quizá, conociendo otras cosas.

Por el contrario: está lo que se dice en I Cor., 2, 11: Lo de Dios nadie lo conoce menos el espíritu de Dios.

Respondo: Dios se conoce a sí mismo por sí mismo.

Para probarlo, hay que saber que, en las operaciones que pasan a un efecto exterior, el objeto de la operación, que es llamado término, es algo que está fuera del que actúa.

Sin embargo, en las operaciones que se dan en el que actúa, el objeto que es llamado término de la operación está en el mismo que actúa; y tal como está en él, así está la operación en acto. De ahí que en el libro De Anima se diga que lo sensible en acto es el sentido en acto, y lo inteligible en acto es el entendimiento en acto. Pues entendemos y sentimos, algo porque el entendimiento y el sentido en acto están informados por la especie sensible o inteligible. Y sólo por eso se distinguen el sentido y el entendimiento de lo sensible y lo inteligible, porque ambos están en potencia.

Así, pues, como en Dios no hay nada de potencialidad, sino que es acto puro, es necesario que en Él, tanto el entendimiento como lo entendido, sean lo mismo de todas las maneras; es decir, que no le falte nada de la especie inteligible, como le sucede a nuestro entendimiento cuando está en potencia; ni que la especie inteligible sea distinta de la sustancia del entendimiento divino, como le sucede a nuestro entendimiento cuando está en acto; pero la misma especie inteligible es el mismo entendimiento divino. De este modo, se conoce a sí mismo por sí mismo.

Respuesta a las objeciones.

1ª. Retornar a su esencia no significa sino que algo subsiste en sí mismo. Pues la forma, en cuanto que perfecciona, a la materia dándole el ser, de algún modo se derrama sobre ella; pero en cuanto que tiene el ser en sí misma, retorna a sí misma. Así pues, las facultades cognoscitivas que no son subsistentes, sino que son actos de algunos órganos, no se conocen a sí mismas, como resulta evidente en cada uno de los sentidos. Pero las facultades cognoscitivas subsistentes por sí mismas se conocen a sí mismas. Por eso, en el libro De causis, se dice: El que conoce su esencia retorna a su esencia. Pero subsistir por sí mismo es algo que en grado sumo le corresponde a Dios. Por eso, y siguiendo ese modo de hablar, Él mismo es en grado sumo el que retorna a su esencia y el que se conoce a sí mismo.

2ª. Cambiar y sentir tienen sentido equívoco cuando se dice que el entender es un determinado cambiar y sentir, tal como se dice en el III De Anima. Pues entender no es un movimiento, tomado como acto de lo imperfecto, que pasa de una cosa a otra, sino acto de lo perfecto que se da en el mismo agente. De forma parecida, ser perfeccionado por lo inteligible o asemejarse a ello es algo que le corresponde al entendimiento, que a veces está en potencia. Porque, por estar en potencia, se diferencia de lo inteligible, y se le asemeja por la especie inteligible, que es la imagen de lo entendido; y se perfecciona por ella misma como la potencia por el acto. Pero el entendimiento divino, que de ningún modo está en potencia, no se perfecciona por lo inteligible ni se le asemeja; sino que él mismo es su perfección y su inteligible.

3ª. La materia prima, que está en potencia, no es ser natural más que cuando, por la forma, pasa a estar en acto. Y nuestro entendimiento posible en el orden de lo inteligible es como la materia en el de lo natural; pues con respecto a lo inteligible está en potencia, como la materia prima lo está con respecto a lo natural. Por eso, nuestro entendimiento posible no puede tener una operación inteligible más que cuando es perfeccionado por la especie inteligible de algo. Así, se entiende a sí mismo, como lo demás, por la especie inteligible; ya que es evidente que, por conocer lo inteligible, conoce su mismo conocer; y por el acto conoce la facultad intelectiva. Dios es acto puro, tanto en el orden de lo existente como en el de lo inteligible: y por eso se entiende a sí mismo por sí mismo.

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ARTÍCULO 3

¿Se comprehende Dios a sí mismo?

Objeciones por las que parece que Dios no se comprehende a sí mismo:

1ª. Dice Agustín en el libro Octoginta trium quaest. 12: Lo que se comprehende a sí mismo, para sí mismo es finito. Pero Dios es de todas las maneras infinito. Luego no se comprehende.

2ª. Si se dice que Dios es infinito para nosotros, pero finito para sí mismo, se replica: Más verdadero es aquello según lo que es para Dios que según lo que es para nosotros. Así, pues, si Dios para sí mismo es finito, y para nosotros infinito, será más verdadero que Dios es finito que el que es infinito. Esto va contra lo establecido anteriormente (q.7 a.1). Luego Dios no se comprehende a sí mismo.

Por el contrario: está lo que dice Agustín allí mismo 13; Todo lo que se conoce a sí mismo se comprehende. Pero Dios se conoce. Luego se comprehende.

Respondo: Dios se comprehende a sí mismo perfectamente. Se prueba de la siguiente manera. Se dice que algo se comprehende cuando llega al total conocimiento de sí mismo: y esto se da cuando algo es conocido tan perfectamente como puede ser conocido. Como se comprehende una proposición demostrable cuando se la conoce por demostración: no cuando se la conoce por alguna razón probable. Es evidente que Dios se conoce a sí mismo tan perfecta- mente como puede ser conocido. Pues todo es cognoscible según su modo de ser en acto; ya que no se conoce algo tal como es en potencia, sino en acto, según se dice en IX Metaphys. 14 Y la capacidad de Dios conociendo es tanta cuanta su actualidad existiendo: porque, por ser acto, y por estar separado de toda materia y potencia, Dios puede conocerse, como se demostró (a.1 y 2). Por lo tanto, es evidente que se conoce a sí mismo tanto cuanto puede ser conocido. Por eso, se comprehende a sí mismo perfectamente.

Respuesta a las objeciones:

1ª. En sentido propio, comprehender significa que algo tiene y encierra otra cosa. Y así, es necesario que todo lo comprehendido sea finito, como todo lo encerrado. Pero no es éste el sentido con el que se dice que Dios se comprehende a sí mismo, como si su entendimiento fuera distinto a El mismo entendiéndolo y encerrándolo. Sino que todas estas expresiones hay que entenderlas como negaciones. Pues, así como se dice que Dios existe en sí mismo porque no está encerrado en nadie fuera de Él, así también se dice que se comprehende a sí mismo porque no desconoce nada de lo que es. Dice Agustín en el libro De videndo Deum 15: De tal manera se comprehende todo lo que se ve, que nada queda oculto a quien lo mira.

. Cuando se dice: Dios para sí es finito, hay que entenderlo según una determinada semejanza de proporción: Porque así como no sobrepasa su capacidad de entender, así algo finito no sobrepasa su capacidad finita de entender. Pero no se dice que Dios para sí es finito como si se diera a entender que El se tiene por algo finito.

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ARTÍCULO 4

El entender de Dios, ¿es su sustancia?

Objeciones por las que parece que el entender de Dios no es su sustancia:

1ª. Entender es una determinada operación. Y operación significa algo que procede del que actúa. Luego el mismo entender de Dios no es la misma sustancia de Dios.

2ª. Cuando alguien sabe que se conoce, esto no es conocer algo grande o principal, sino secundario y accesorio. Así pues, si Dios es el mismo conocer, conocer a Dios será como cuando conocemos el conocer. Y, así, conocer a Dios no será algo grande.

3ª. Todo conocer implica conocer algo. Luego cuando Dios se conoce, si El no es más que su mismo conocer, sabe que se conoce, y sabe que conoce el conocerse, y así indefinidamente. Luego el entender de Dios no es su sustancia.

Por el contrario: está lo que dice Agustín en VII De Trin.16: En Dios lo mismo es ser que ser sabio. Y ser sabio es lo mismo que entender. Luego en Dios lo mismo es ser que entender. Pero, como quedó demostrado (q.3 a.4), el ser de Dios es su sustancia. Luego el entender de Dios es su sustancia.

Respondo: Es imprescindible afirmar que el entender de Dios es su sustancia. Pues si el entender de Dios fuera algo distinto a su sustancia, sería necesario que, como dice el filósofo en XII Metaphys.17, alguna otra cosa fuera acto y perfección de la sustancia divina, a la cual estuviera orientada la sustancia divina como lo está la potencia al acto (lo cual es imposible); pues entender es la perfección y el acto del que entiende. Hay que analizar cómo sucede. Como se dijo (a.2), entender no es una acción que tienda a algo extrínseco, sino que permanece como acto y perfección en quien actúa, como el ser es la perfección de lo que existe. Pues bien, así como el ser sigue a la forma, así también el entender sigue a la especie inteligible. En Dios, como quedó demostrado (q.3 a.4), no hay forma que sea distinta a su ser. Por eso, como su misma esencia es también especie inteligible, como se dijo (a.2), necesariamente se sigue que su entender es su esencia y su ser. De todo lo establecido (a.2), queda claro que, en Dios, su entendimiento, lo conocido, la especie inteligible y el mismo entender, son completamente uno y el mismo. Por todo lo cual resulta evidente que, al decir que Dios conoce, nada se le añade a su sustancia.

Respuesta a las objeciones:

1ª. Entender no es una operación que salga del mismo que actúa, sino que permanece en él.

2ª. Cuando se entiende aquel conocer que no es subsistente, no se entiende algo grande: como cuando entendemos nuestro conocer. Por eso, no es comparable al entender divino, que es subsistente.

3ª. La respuesta resulta clara por lo dicho. Pues el entender divino, subsistente en sí mismo, es de sí mismo y no de algún otro, pues lo contrario justificaría un proceso indefinido.

Continuará