CLARA MALDOCENA: PATROCINIO DE NUESTRA SEÑORA

LA ARMADURA DE DIOS

LA VIRGEN MARÍA

Y SU PATRONATO EN AMÉRICA

NUESTRA SEÑORA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

PATRONA DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

La devoción a María Santísima es un importante elemento en la herencia católica legada por España y Francia a América.

La Basílica Nacional de la Inmaculada Concepción es el tributo que le confiere la feligresía de Estados Unidos, como reconocimiento del gran amor de los católicos de América por Ella.

En Washington D.C. hay un santuario nacional en honor a la Inmaculada Concepción. Es el octavo edificio más grande del mundo y tiene capacidad para seis mil personas.

A lo largo de sus naves, tanto en el nivel principal como en la cripta, se encuentran numerosas capillas y altares dedicados a las advocaciones marianas de los principales grupos nacionales y étnicos representados en los Estados Unidos.

La relación americana con María Santísima empezó cuando Cristóbal Colón arribó al Nuevo Mundo a bordo de una embarcación que llevada en nombre de Santa María.

La devoción mariana tuvo gran influencia en los católicos de Estados Unidos. Los Jesuitas franceses fueron misioneros y exploradores en el territorio de Lousiana que se extendía hacia el norte por el río Mississippi hasta Canadá. Ellos honraban a la Madre de Dios con el título de la Inmaculada.

Jacques Marquette S.J., en el año 1673 llamó al río Mississippi el “Río de la Inmaculada Concepción”.

Corría el año de 1792. No se habían cumplido siquiera veinte años desde la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos, y la recién nacida nación contaba ya con su primer Obispo católico: el jesuita John Carroll, quien habría sido nombrado Prefecto de los Estados Unidos apenas la iglesia católica comenzaba a tomar raíces en el noreste del país; y quien en 1789 pasó a ser el Obispo de la primera diócesis católica estadounidense: la diócesis de Baltimore, en Maryland, que abarcaba prácticamente todo el territorio de las antiguas colonias inglesas. Luego, sería nombrado también administrador apostólico de Florida y Lousiana.

No fue casual que el Obispo de Maryland (la “Tierra de María”) haya decidido poner al naciente país bajo la protección de la Virgen María, consagrando la nación a la Inmaculada Concepción.

Inició, además, la construcción de la primera catedral de los Estados Unidos, la Catedral de la Asunción de María, que fue diseñada por el arquitecto Benjamin Henry Latrobe (el mismo que diseñase el Capitolio estadounidense); su construcción comenzó en 1806 y concluyó en 1815.

En 1847, el séptimo concilio de provinciales de Baltimore reiteró el gesto con el que Monseñor Carroll había iniciado su episcopado, declarando a la Virgen María, con el título de “sin pecado concebida”, como la patrona principal de aquella tierra.

De allí en adelante, tres Papas se encargarían de edificar un santuario para la patrona de la nación: el Papa Pío IX formalizaría definitivamente el patronazgo de la Inmaculada sobre los Estados Unidos el 7 de febrero de 1847. San Pío X iniciaría, en 1913, la construcción del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington, D.C., dando incluso una contribución monetaria personal simbólica. Y Pío XI donó un mosaico, al mismo Santuario, con la imagen de la Inmaculada, en el año de 1923.

Recorramos rápidamente esta historia.

Monseñor John Carroll tuvo una gran influencia para que la devoción mariana se propagara en Estados Unidos. Ordenado sacerdote en 1769, era un hombre que llevaba en su corazón una gran espiritualidad mariana. Fue elegido primer obispo de Baltimore y la sede fue formalmente establecida el 6 de noviembre de 1789.

El día elegido por él para su consagración episcopal fue el día de la fiesta de La Asunción (15 de agosto de 1790), título bajo el cual la escogió como patrona de su diócesis, que en aquel tiempo incluía a todo los Estados Unidos.

La catedral que el obispo Carroll comenzó, donde más tarde tuvieron lugar los muchos concilios plenarios y provinciales de Baltimore, está dedicada a La Asunción de Nuestra Señora.

La devoción a María bajo el título de la Inmaculada Concepción floreció en el siglo diecinueve. En el sexto concilio provincial de Baltimore en 1846, los obispos de Estados Unidos pidieron que la bienaventurada Virgen María, bajo el título de la Inmaculada Concepción, fuera nombrada Patrona de la Iglesia Católica de los Estados Unidos.

El decreto fue confirmado por el Papa Pío IX el siguiente año. Esta decisión se confirmó cuando en 1854 fue proclamado el dogma de la Inmaculada Concepción por la Iglesia Universal y también por las apariciones en Lourdes de Francia en 1858.

En 1900, Monseñor Thomas J. Shahan sugirió construir una basílica nacional a María en el campus de la Universidad Católica en Washington. San Pío X respaldó el proyecto, haciendo una contribución personal de cuatrocientos dólares y llamando a todos los católicos de América a apoyar la causa.

Shahan convenció a los directivos de la Universidad Católica para que donaran una parcela de tierra y encaminó una colecta para la construcción de la iglesia.

En enero de 1914 publicó una revista llamada Salve Regina en cuyas páginas Monseñor Shahan exaltó el entusiasmo por la basílica y reportó su progreso. En la primera edición escribió su sueño de “un monumento de amor y gratitud, un gran himno en piedra, perfecto como el arte del hombre que puede hacerlo, sagrado como las intenciones que los constructores pudieran tener.”

De todas partes del país llegaron contribuciones y cartas de aliento.

El Padre Bernard McKenna fue nombrado como primer rector de la basílica en 1915 y junto con Monseñor Shahan trabajó en la construcción proyectada por los arquitectos Charles Maginnis Jr. y Frederick V. Murphy, de estilo bizantino-romano.

En mayo de 1920 el delegado apostólico Giovanni Bonzano bendijo el sitio para la futura basílica y el 23 de septiembre se colocó la piedra fundamental.

Entre 1922 y 1926 tuvo lugar la construcción de la cripta, de unos sesenta y cinco por cincuenta y cinco metros con capacidad para más de cuatrocientas personas.

La primera misa se celebró el domingo de Pascua de 1924.

Con la gran depresión de 1929 y la muerte de Monseñor Shahan en 1932, la construcción se paralizó durante veinte años.

En 1953, los obispos convocaron a la construcción de la parte superior del templo y millones de personas desde cada parroquia del país contribuyeron para la causa.

En cada una de sus capillas y en los vidrios satinados, mosaicos y esculturas de la Basílica Nacional, está grabada la herencia americana de devoción a la Santísima Virgen María.

Más que una magnífica construcción, es un testimonio viviente del lugar que la Madre de Dios ocupa en los corazones y en la vida religiosa del país.

Su complejo piso tiene más de cuarenta mil piezas individuales de mármol de treinta y nueve variedades distintas de veinte diferentes países.

En su techo se ven símbolos que representan a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Las cerámicas miniaturas de los costados de los arcos están cubiertas con símbolos de las catacumbas de la antigua Roma.

Los paneles de azulejos sobre las cincuenta y ocho columnas de la cripta nombran tradicionales oraciones marianas: Magnificat, Salve Regina, Ave Maria, y algunos extractos de las Letanías de Loreto.

En la Basílica el fiel tiene la opción de rezar en 70 distintas capillas y oratorios, frente a representaciones de la Virgen María en mosaicos, esculturas y otras formas que simbolizan la diversidad de la población inmigrante de América.